MATT REEVES
4/5
Expresionismo grunge
La estética, unida al fondo además, es una de las grandes virtudes del film. Ese nihilismo, esa decepción vital, ese poco apego por la vida que, en cierta medida, definen a Batman y a Gotham y lo entroncan con acierto con la filosofía Grunge a la que se hace constante referencia en el film junto al expresionismo estético que la decora.
En palabras de Reeves: El Bruce Wayne de Robert Pattinson está inspirado en Kurt Cobain.
Reeves escuchaba a Nirvana cuando escribió el primer acto de la película. Dice: “Fue entonces cuando se me ocurrió que, en lugar de hacer de Bruce Wayne la versión del playboy que hemos visto antes, había otra versión que había pasado por una gran tragedia y se convirtió en un recluso. Kurt Cobain tenía una relación con la fama en la que ser famoso no era su objetivo. Amaba la música, pero la idea de ser famoso por ella era un arma de doble filo para él. Y eso me hizo pensar en Rob Pattinson, porque Rob es una persona muy reservada y no necesariamente le gusta la parte de ser reconocido en todas partes como actor”.
Y es que, como comenté con anterioridad, el arco de este Bruce Wayne puede llegar a ser fascinante. Explorar el origen de esta obsesión, desviación, patología, en la que a un señor brillante, millonario y que lo tiene todo, pero con un trauma de infancia, le da por disfrazarse y salir a ajusticiar villanos y maleantes, tiene mucho donde rascar y un desarrollo que puede dar mucho juego psicológico, nada simple ni sencillo.
En esta primera película, no hay más que ver la cara de asco con la que Bruce Wayne enfrenta cualquier acontecimiento social, como el funeral del alcalde…


En la película, donde todo está medido al milímetro, quizá demasiado, como ya dije, observad ese vínculo que crea Reeves entre Batman y el niño que ha encontrado el cadáver de su padre, el alcalde Mitchell (Rupert Penry-Jones). Es lo mismo que le ocurrió a Bruce Wayne, por lo que la identificación del personaje con el crío es total. Es en ese mismo instante cuando Reeves introduce a Nirvana, que comienza a cantar “Something in the Way”, definiendo así el origen de la perturbación y actitud del personaje. El Porqué. Y me parece un estudio mucho más maduro y preciso, más coherente y real, con más sentido, especialmente si ese arco evoluciona en las posteriores entregas hacia un Bruce más reconocible por el público, más cercano al tópico, según vaya evolucionando, superando las cosas y entendiendo lo que le conviene más en su cruzada…
“Pero tengo que intentarlo”.
Respecto a lo estético, es interesante esa textura difuminada en pantalla, sobre todo en los bordes del encuadre, desenfocados a menudo, que tiene la película, muy acorde con las intenciones ambientales, atmosféricas y conceptuales del film. Es una estética como la de un Turner truculento o gótico. Siempre difuminada.















Y es que la idea del contraste entre sombra y luz, la definitoria del expresionismo, es clave conceptual del film además de estética. Hay que entender, por tanto, la película como un neo Noir, Cine Negro modernizado, con sus luces y sombras y el expresionismo como base estética. Y con referencias pictóricas. Es fácil reconocer el “Nighthawks” de Hopper en determinados planos del film…
“Creen que me escondo en las sombras. Pero yo soy las sombras”.



En intermitencias lumínicas o irrupciones desde las sombras, se presentan a villano y héroe. Ya comenté en “los antagonismos” la presentación de Enigma/Edward Nashton/Patrick Parker y el uso expresionista de luces y sombras. Lo mismo con la de Batman… y sus diferencias.


De las sombras sale Batman en su primera intervención. De las sombras aparecerá en la iglesia ante la amenaza de muerte al Fiscal…
Batman es luz y sombra, y se juega muy bien con ese concepto de manera simbólica. Observad cómo, cuando comienza la voz over del personaje, se enciende una bombilla, elemento lumínico, que se asemeja a la máscara del personaje, de hecho sería la batseñal… Pero en esa presentación, la oscuridad y las sombras atemorizan a los maleantes, mientras que Batman las usa para su protección y provocar ese terror, como si fuera su hogar. Esa ventana encuadrada en medio de un atraco, ese plano oscuro en el metro, ese callejón lóbrego, ese espray que entra en un edificio ante el maleante que hace grafitis… Todo insinúa su presencia sin que se sepa realmente dónde está, en qué lugar saldrá. Su aparición es contundente, surgiendo, claro, de las sombras.
“Dos años con sus noches me han convertido en un animal nocturno”.
Fantástica atmósfera la que se crea en el orfanato abandonado, con una estética puramente expresionista. Luces, sombras, linternas, dropainónamos como consecuencia de las labores mafiosas y la amenaza a Bruce Wayne…






Bruce Wayne, como Drácula, parece huir de la luz, que lo debilita. Al despertar tras la primera secuencia de investigación, con Alfred dando el primer paso en la resolución del criptograma, Bruce hará un gesto de molestia ante la luz del día.
El clímax estético, en cuanto a belleza expresionista se refiere, lo tenemos en esa brillante escena de acción, desde lo visual, iluminada solamente con los disparos de los villanos. Puramente expresionista. Eso sí, siempre me preguntaré por qué no disparan nunca a Batman en la cabeza…
La luz que Batman acaba representando al final, una vez convertido en la “Esperanza”, se relaciona con la candidata a la alcaldía, aparentemente honesta.
Ese Batman, antorcha en mano, guiando a los atemorizados ciudadanos de Gotham para salir del Square Garden, es tan expresionista como simbólico. Como en el cuadro de Delacroix, aquí tenemos a la “Esperanza guiando al Pueblo”.
Bien es cierto que la oscuridad, en más de una ocasión, es excesiva, tanto que no se aprecia bien la imagen.


El Gotham de Reeves es sumamente brillante. Con parámetros muy definidos de realismo y expresionismo estético, logra una ciudad sucia, amenazante, lluviosa, oscura, nocturna, gris, con mucho de “Blade Runner”, por supuesto. Basura, calles decrépitas, taxis en las últimas… Esa criminalidad en dorados y negros. Una ciudad donde los anuncios de renovación y un mejor mañana aparecen sucios, mugrientos, olvidados…
“Es una ciudad muy grande. No puedo estar en todas partes. Pero no saben dónde estoy”.
Es una imaginería extraordinaria, de dorados y negros… y rojos.
Aprovechará Reeves las transiciones, así como las escenas de persecución o viaje, por ejemplo, de Batman y Catwoman, para que veamos ese particular Gotham, incluido el Gotham Square Garden bajo la lluvia, que será clave al final del film, a modo de cebo.









La turbiedad, los cristales borrosos o empañados (el descubrimiento de Catwoman, el ataque de Enigma al fiscal en su coche), los desenfocados… escenifican un universo enfermizo y de fronteras morales difusas.







Es fascinante también el uso del sonido. En una película tan atmosférica, pausada, los sonidos adquieren especial efecto e importancia. El sonido de las pisadas de Batman es atronador.
La acción es muy eficaz, tanto en sus coreografías como en sus resoluciones estéticas en muchos casos. Sobria, sin alardes en general, bien rodada. El primer ejemplo lo tenemos en la contundente entrada de Batman en la Sala Iceberg, local de El Pingüino, que nos llevará a la presentación de Catwoman…


Y es que, en líneas generales, en las coreografías de las escenas de acción, sobre todo los enfrentamientos cuerpo a cuerpo, esta sale claramente vencedora respecto a las de Nolan.
Lo mismo ocurre en el primer encuentro entre Catwoman (Zoë Kravitz) y Batman (Robert Pattinson), los dos personajes con sus máscaras. Bien coreografiada y donde ella no es rival para él.
La evasión de la comisaría es espectacular y deja algunos grandes planos.
La presentación del Batmóvil es brutal, con una buena persecución que también deja estupendos momentos visuales.











Los círculos están muy presentes en la “guarida” de Falcone, el local de El Pingüino, como vemos en los paseos de Selina o cuando Bruce va a charlar con Falcone.
El clímax tiene aceptables coreografías, con Batman en plan Deus ex Machina. Intensos momentos con acción, peleas, niebla, desenfocados…




Uso del punto de vista subjetivo
Esa subjetividad estilística utilizada ocasionalmente, vuelve a vincular a héroe y villano. Batman es, básicamente, un observador, como he ido comentado, idea esencial en la concepción detectivesca que se ha buscado en la película.
El recurso del desenfocado es muy utilizado por Reeves en la película, y es el más conflictivo de todos. La idea de retratar y crear más atmósfera con él, termina por ser incómoda y redundante. Sí, ya sabemos de la turbiedad, la ambigüedad moral, los valores difusos y emborronados, la corrupción decrépita, la suciedad perenne, pero todo ello queda perfectamente plasmado con los recursos anteriores. Este es un subrayado constante que aporta poco más que esteticismo.
En la primera secuencia, la del brutal asesinato del alcalde (antes, durante), ya se usa mucho el desenfocado, de igual manera que se usa con la banda callejera en el metro, con sus móviles y su pretendida violencia viral, antes de la aparición de Batman.






En la escena del primer crimen también los vemos, con Batman indagando, por ejemplo, con sus pies al lado de la huella del arma del asesinato. En la primera aparición del rostro desenmascarado de Bruce Wayne también tenemos el desenfocado.
Por supuesto, el desenfocado aparecerá en el seguimiento de Bruce a Selina una vez la ha conocido. Aquí volvemos a utilizar el punto de vista subjetivo, desde la lejanía además, con prismáticos, como vimos hacer a Enigma al inicio.
Desenfocado estará Enigma mientras se prepara para amordazar al Fiscal en su coche. Y desenfocado lo hará…
En el clímax no faltarán los desenfocados, con concepción dramática, sobre todo cuando Batman o Catwoman peligran, pero no sólo… Y muchos más, obviamente…
La mirada indirecta y/o oculta es un recurso de punto de vista muy interesante y muy usado. Batman verá a través de los ojos de Selina con sus lentillas. Así se nos presentará a Falcone (John Turturro).



La mirada de nuestro dolido protagonista al niño que ha quedado sin padre, que plasma de nuevo ese punto de vista subjetivo de manera brillante al hacer sentir al espectador lo que pasa por la cabeza de Bruce.
La mirada turbia inicia el relato con Enigma espiando al alcalde. Lo mismo hará Bruce con Selina. O Batman en la planta de reciclaje donde se trafica con “drop”, de nuevo con la lluvia y la imagen difusa. Es un gran detalle que lo que vemos a través de la mirada de Enigma en esa primera secuencia espiando al alcalde, sea la fingida muerte de éste mientras juega con su hijo.
Imagen turbia y difusa con cristales sucios la tenemos en el hospital donde se repone Alfred también…
Los reflejos abundan. Un ejemplo lo tenemos en ese de Batman y Gordon en un coche antes de descubrir el dedo y el puerto usb…
El uso de la voz over, que también remite a “Blade Runner”, es otra de las características narrativas más significativas de la película. Una voz reflexiva, pausada, lánguida y fría, muy acorde con el ritmo y tono de la película, que puede envolver o aburrir, ciertamente…





Esperemos que las nuevas entregas mejoren los más que aceptables propósitos y resultados de esta primera cinta, donde ya en el final se insinúan prometedoras perspectivas con esa conversación de Enigma con Joker. Un Joker tras cristales turbios en honor al look de la cinta y, también, a la propia personalidad del personaje. ¿Futura alianza?
“Eres un payaso”.
Robert Pattinson está francamente bien. Hace una magnífica encarnación desde la mirada, sobre todo como Batman. Crea un Batman de tintes nihilistas, misántropo, del que, como he comentado, espero una evolución para que ese Bruce Wayne que es indistinguible de Batman, coja un camino que lo aleja de él, como ya ha comenzado a ocurrir en el arco de esta entrega. Escenas como el encuentro en la cárcel con Enigma, donde el villano parece insinuar saber cuál es su identidad real tras la máscara, y el alivio que se aprecia tras dicha máscara sólo con la expresividad de sus ojos (y el cese de la música), es buen ejemplo del gran trabajo del actor.
El resto del reparto cumple con lo esperado…



Tenemos además una gran banda sonora a reivindicar, con varios temas brillantes, tanto en lo épico como en lo romántico o siniestro, así como el uso de las canciones o melodías clásicas.
En definitiva, “The Batman” es un trabajo esmerado y concienzudo, ambicioso, pero no brillante ni genial, aunque, desde luego, promete cosas que invitan a esperar lo mejor de las futuras entregas.







Lee aquí la 1ª Parte del análisis.
Lee aquí la 2ª Parte del análisis.
Lee aquí la 3ª Parte del análisis.
4/5



