TERMINATOR 2: EL JUICIO FINAL (1991) -Parte 3/5-

TERMINATOR 2: EL JUICIO FINAL (1991) -Parte 3/5-

JAMES CAMERON

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Humanidad

Se plantea con el juego de personajes y el cambio de sus roles una reflexión sobre la humanidad. ¿Dónde está? ¿En qué radica? ¿En qué consiste?

Un interesante cambio de roles y juego de relaciones donde se diluyen las barreras entre la humanidad y la frialdad maquinaria y tecnológica. Y de la amenaza que la tecnología puede suponer para la humanidad, para las relaciones humanas…

Para lograr esto es básica la idea inicial del film. “Terminator” es una historia convencional, de esas que tantas veces hemos visto en las que hay que evitar el fin del mundo. Montones de sagas de acción han salvado el mundo. Pero aquí hay una diferencia. La destrucción del mundo ya ha ocurrido (recurso para darle otro toque), pero aún se puede evitar gracias a los viajes en el tiempo. Es decir, lo mismo en esencia, pero metiendo elementos de Ciencia Ficción que potencien la intensidad de la narración. Y esa idea tan buena, la de incluir los viajes en el tiempo, genera una serie de reflexiones que aparecen aunque no fuera la intención desarrollarlas. La principal de ellas es la confrontación de épocas. La actual, aún con valores humanos, pero que están siendo amenazados, y la del futuro, deshumanizada, despiadada… Una modernidad muy superior tecnológicamente, amenazante, pero una época actual, de valores humanos, donde el sacrificio, el poder del amor, la lucha por la vida y la supervivencia son lo que da sentido a todo.

Es una diatriba que se desarrolla con los tres personajes positivos principales. La humanidad que va perdiendo Sarah, la que se pretende asuma la máquina y el equilibrio del que será líder, John.

¡Mi propio Terminator!”.

 

 

Desde estos puntos se expone la naturaleza puramente emocional, que no cerebral, del ser humano, que debe aprender a racionalizar. Esto no significa que no seamos racionales, tenemos esa capacidad, pero a ello debemos aprender, lo emocional es instintivo. La ira, el enfado, la tristeza, la pena, la alegría, la satisfacción, el entusiasmo… vienen de serie, desde que eres bebé posees esa capacidad, pero para las matemáticas o a escribir se necesita una instrucción, un método. En la capacidad y búsqueda del equilibrio entre nuestra esencia y nuestras capacidades radica parte de la naturaleza humana. Curiosamente, la máquina es lo opuesto. Es puramente mecánica, es su esencia, pero John se pondrá como misión que, desde esa racionalidad, “aprenda” a sentir. Humanizarlo. Su humanización provendría del cumplimiento de órdenes, no del entendimiento… al menos al principio, ya que en la última escena se atisba cierta comprensión.

Lo mismo ocurre con Skynet, que es pura racionalidad y lógica.

Ahora sé por qué lloráis, pero es algo que yo nunca podré hacer”.

 

 

Lo primero sobre lo que John “concienciará” a la máquina es sobre esa pequeña manía que tiene de ir matando humanos. Para eso se dedica esa escena digresiva con los dos cachas que acuden a proteger a John creyendo que está siendo atacado por el Terminator… Dota a la máquina de una moral, esa que parece perder Sarah cuando está dispuesta a “terminar” a Dyson.

Claro, soy un Terminator”.

Curiosamente, estos conceptos son contradictorios, ya que lo de hacerse daño y matarse es profundamente humano.

 

 

Está en vuestra naturaleza destruiros”.

John: No puedes andar por ahí matando gente.

Terminator: ¿Por qué?

Así, conceptos como la protección adquieren ambiguos sentidos, creando un conflicto dentro de este conflicto, humanizando y deshumanizando dependiendo de la lógica o prisma utilizado. La protección busca salvar vidas, pero, en ocasiones, para ello se eliminan otras…

 

 

Sarah, que odia y desconfía del Terminator, con razón, en realidad ha adquirido un proceder y una forma de ser fría, cercana a la deshumanización, que la emparenta con el mismo Terminator. Sarah (Linda Hamilton) pasa de víctima a protectora, como lo era Kyle (Michael Biehn) en la primera, pero también de protector a verdugo, como lo era la máquina… De alguna manera, se robotiza, adquiere una determinación, un único objetivo, el de educar a John (Edward Furlong) como jefe militar y protegerlo, que la lleva a encauzar todas sus acciones a eso. Programada… Liándose con tipos que pudieran enseñarle algo sobre adiestramiento militar…

No lo mato, lo destruyo”.

 

En buena parte del metraje, Sarah y la máquina casi son indistinguibles, opinando y procediendo de la misma manera. La bronca materna a John por ir a rescatarla, coincide plenamente en sus argumentos con los que dio el T-800 (Arnold Schwarzenegger), incidiendo en la “robotización” adquirida en esos años, entre la primera y la segunda película. Tal es su frialdad, que será el robot el que se preocupe por el llanto de John ante la aparente indiferencia de su madre, que prioriza lo práctico… También coinciden en lo conveniente que sería eliminar a Dyson, de hecho Sarah se pondrá manos a la obra…

De todos los posibles padres que vinieron y se fueron año tras año, aquella cosa, aquella máquina, era el único que daba la talla. En un mundo enloquecido era la opción más sensata”.

 

 

Hay cierto simbolismo en la escena del intento de asesinato a Dyson. Sarah, convertida en un puro Terminator, llega a ejecutar su misión, sólo falla por “mala suerte”, desde la distancia, pero cuando pueda ejecutar el acto en corto, frente a la familia de Dyson (Joe Morton), no podrá hacerlo, recuperando su humanidad en ese acercamiento tras la distancia tomada desde el trauma de la primera entrega de la saga.

 

 

 

 

 

El Terminator lleva un camino opuesto. Desde la ausencia de sentimientos y el objetivo de matar, irá asumiendo un aprendizaje que le lleva a una especie de “humanidad”, no sentida, sino programada, comprendida, al menos hasta cierto punto. En un principio será en aspectos superficiales, una humanización mecanizada en la que John instruye a la máquina sobre ciertos comportamientos que beneficien su integración, desde jerga típica a asimilación de comportamientos o gestos (la escena donde se le enseña a “sonreír”, que después demostrará haber aprendido cuando nos dedique una sonrisa ladeada; también aprende dónde suelen guardarse llaves dentro de los coches). Así, en su ordenado equilibrio y protección, la máquina se convierte en una figura paterna.

Schwarzenegger nunca ha tenido problemas ni complejos para reírse de sí mismo, y su sonrisa mecanizada es uno de esos momentos que se me quedaron grabados…

Te comportas como un estúpido. Sonríe de vez en cuando”.

Tranqui, capullo”. “No problemo”. “Confi, tío”.

Está en vuestra naturaleza destruiros”.

 

 

 

De alguna forma, esa figura paterna, que también es alumno de ese mentor que terminará siendo líder y pretende dotarlo de humanidad, se convertirá en confidente, una persona que responde y escucha la voz de John. Es con él con el que se desahogará hablando de su infancia excéntrica y particular, de los vaivenes militares y clandestinos de su madre y sus distintas y estrafalarias parejas… El miedo.

Sarah termina valorando los valores intrínsecos de la máquina, su fiabilidad, su lealtad a su misión, su compromiso abnegado… su programación, en suma, conducida hacia el bien, hacia la protección, hacia unos valores eminentemente paternales.

Te ordeno que no te vayas”. Ese padre que vuelve a marcharse.

 

 

John necesita de esa figura que nunca tuvo. Las opciones elegidas por su madre eran, obviamente, insatisfactorias, como se nos deja claro en diversas líneas de diálogo. Los valores intrínsecos, programados, de la máquina son, paradójicamente, los que le convierten en una figura paterna ideal, fiable. Es un cómplice, un protector, pero también alguien que escucha y lo tiene en cuenta…

Uno de los puntos culminantes lo tenemos cuando presenciamos la vulnerabilidad extrema de la máquina, reducido a un microprocesador que puede sostenerse en un dedo. Es una secuencia extraña, porque se habla de reprogramarlo, algo que no vemos hacer, ni vemos que tengan medios para hacerlo y menos aún conocimientos de una tecnología tan avanzada, con lo que más allá del concepto, de mostrar esa vulnerabilidad, tiene poco sentido. Una reprogramación que buscaría dotarlo de la capacidad para aprender y entender mejor la humanidad, precisamente. Es una escena que quedó fuera, finalmente. Creo que con buen criterio.

 

 

 

Hay un diálogo madre-hijo introspectivo, soterrado. La película es como un eco que de repente se hace físico. Diálogos pasado-futuro, madre-hijo, en pensamiento. John es consciente de los dolores y pesares de su madre, recuerda otras parejas, sus enseñanzas… y a ese padre que no conoce, afianzándose así, de paso, la idea del Terminator como figura paterna, a la vez que contenedor de conocimientos para dar y recibir. Ellos, madre e hijo, no se comunican, lo hacen a través de referencias.

El tío Bob”.

 

 

 

La protección de Dyson, ilógica, es un punto de inflexión en John Connor como figura líder del futuro. La muerte del científico evitaría la guerra, pero matar no es una opción. Por supuesto, Sarah lo verá como un plan necesario de acometer, algo que la máquina ve lógico. La oposición de John lo postula como el líder que será.

Es el punto culminante en la evolución de Sarah, convertida ya en Terminator definitivamente. Hubiera ejecutado su misión con escrupulosa frialdad de no ser por la fortuna. Es el cara a cara con la humanidad, el rostro de su víctima y su familia, lo que la retrotrae a un estadio anterior, humano. El arrepentimiento del que carece la máquina.

Es un riesgo que John acuda, sobre todo sin una necesidad crucial en una misión que podría acometer el Terminator, pero es indispensable para desarrollar la evolución de los personajes.

Me están juzgando por algo que ni siquiera he hecho aún”. Como en “Minority Report” (Steven Spielberg, 2002).

 

 

Este conflicto entre tecnología y ciencia y humanidad, tiene más desarrollo con otra de las escenas eliminadas, esa donde vemos a Dyson en su entorno cotidiano siendo recriminado por su mujer por no dedicar tiempo a su familia, sus hijos, ensimismado en su trabajo con el microprocesador que destruirá el mundo. Es, precisamente, uno de los aspectos sobre los que Sarah reflexiona en un momento del film… Además, la propia Sarah expondrá otro conflicto: el de creación, comparando el de la vida de un ser humano con el de ese microchip que traerá muerte, desarrollando así ideas que comento en el punto siguiente sobre la infancia.

El Terminator jamás se detendría, jamás le abandonaría y jamás le haría daño. Ni le gritaría o se emborracharía y le pegaría, ni diría que estaba demasiado ocupado para pasar un rato con él. Siempre estaría allí y moriría para protegerle”.

¿Por qué nos casamos, Miles? ¿Por qué tuvimos hijos? No los necesitas. Tu corazón y tu mente están aquí dentro. Sin embargo no te quiere como nosotros”.

¿Qué te parece si pasas un rato con tus otros amores?”.

 

 

Infancia

Podemos ligar todo esto con otro elemento que puntúa y salpica el film, con intermitentes pero constantes apariciones a lo largo del metraje. Es el de la infancia.

La infancia, la inocencia, lo ajeno a ese mundo a punto del apocalipsis, lo que hay que defender y proteger. Así era Sarah y debía serlo John, inocentes que terminan pervertidos por un mundo en colapso. Ese mundo ajeno a la historia principal, la inocencia absorta e inconsciente.

De hecho, en los primeros planos, a los que volveremos en varias ocasiones, muestran un parque, entorno tranquilo y feliz, esencialmente infantil, con niños jugueteando, ajenos a lo que se cierne sobre ellos. Cameron inserta cada cierto tiempo escenas donde aparecen niños.

 

 

Niños que se vinculan a la vida, a la felicidad, al juego… juegos que en ocasiones ya avisan de la perversión, el influjo de ese mundo amenazante (disparándose). Así los vemos en la gasolinera o cuando van a suministrarse de armas en el desierto. Niños que juegan con sus pistolas de juguete e inspiran reflexiones sobre la deriva autodestructiva de los humanos al T-800, o estampas familiares, que impulsan a la protección a Sarah y que se dirija a por Dyson.

O esa manera en la que el T-800, otrora amenaza de muerte, coge a un bebé, como a un saco de patatas, para mirarlo con extrañeza. La inocencia vulnerable y la amenaza reconducida…

Está en vuestra naturaleza destruiros mutuamente”.

 

 

 

 

Es interesante el juego de paralelismos que también tiene que ver con la idea de inocencia. Concretamente con la de nacimiento. Un Terminator es enviado del futuro a 1984 para evitar un nacimiento, el de John Connor. Ahora ese nacimiento y unos aliados luchan para evitar otro nacimiento, el de Skynet…

Un niño salvará a Dyson, su propio hijo jugando con un coche teledirigido, en un truquito de guión, pero coherente con la idea mencionada. Infancia=vida.

 

 

 

 

Personajes

Sarah Connor (Linda Hamilton): La recogemos ya con 29 años. Ha cambiado completamente. Escéptica, desconfiada, seca, borde y muy irascible… Ahora la vemos con un carácter opuesto al de la primera entrega. De la ingenuidad y el carácter asustadizo, ha pasado a una plena determinación que ya se comenzó a intuir al final de la cinta original. Atacará con contundencia al enfermero que la maltrata, no dudará en usar las armas, le cogerá la suya al T-800 en la escena del ascensor del hospital Psiquiátrico… Sarah ha perdido, en cierta medida, el foco de la realidad y de su relación con su hijo debido a una obsesión.

Sarah ha adquirido elementos de Kyle, al que tiene como referente, pero también de la máquina, con quien tiene muchos elementos coincidentes. Su proceder es casi mecánico, buscando un único objetivo, como la máquina. Proteger a su hijo, evitar “el día del juicio final”. De vulnerable víctima a determinado protector, y de ahí incluso a decidido verdugo… Es por ello que la escena onírica en la que sale Kyle Reese (Michael Biehn) se eliminó con acierto al valorar que era un paso atrás en la evolución de una mujer que ya no es vulnerable, que es fuerte y poderosa, capaz de sobreponerse por sí misma, sin ese impulso psicológico, esa muleta que supondría Reese.

Es contestataria y violenta, por eso los enfermeros la medican, usando la fuerza además… Educará a su hijo al margen de la ley, enseñándole trucos poco legales para manejarse de esa manera en caso de necesidad…

Se expresa a través de una voz over en ciertas ocasiones, lo que implica que la narración tiene su especial punto de vista, aunque no se respeta en absoluto este aspecto, ya que el punto de vista está diversificado. Vemos el de las máquinas, el de John

John Connor (Edward Furlong): John tendrá un arco amplio en el film. Los motivos para su vida hedonista y rebelde, pasota y frívola, basados en la oposición a la vida que su madre le ha dado, se caerán por completo al asumir la realidad. Un chico acostumbrado a vivir en el margen de la sociedad y la ley. De ahí llevará un rápido camino de madurez hacia la toma de conciencia y la responsabilidad. Le gusta el Rock, Guns and Roses, aunque parece que especialmente una canción (“You Could Be Mine”). Llevará una camiseta de “Public Enemy” todo el tiempo.

Dinero fácil”.

Aunque su madre se ha robotizado, él también tendrá que cambiar su perspectiva respecto a ella, ya que la desprecia y no la cree. Pensará de ella que es una perdedora y una perturbada, teniendo que redimirse de todos esos pensamientos injustos al conocer la verdad.

John (también Sarah en menor medida), en su ignorancia y por sus preguntas, sirve al espectador de guía, un truco narrativo habitual, para que se nos vayan explicando cosas que no sabemos, cuestiones técnicas, científicas o tácticas sobre el enemigo o la situación que nos dará Schwarzenegger. Este papel lo tenía Sarah en la primera, obviamente.

 

 

 

 

 

 

 

Terminator T-800 (Arnold Schwarzenegger): Cyberdyne Systems modelo 101. Una figura paterna. Las mismas cualidades que lo hacían aterrador, lo convierten también en una figura paterna ideal. Hay ciertos cambios, obvios al colocar un Terminator en sentido positivo, que matizan el personaje. Pero había que tener cuidado. En la versión extendida se añade la idea de la capacidad de aprendizaje de la máquina para entender mejor al humano, introduciendo varias escenas en el desierto al respecto, incluyendo también elementos humorísticos… Esto podía tirar por tierra la imagen invulnerable del Terminator, convirtiéndolo en parodia y haciéndole perder su esencia aterradora. Por ello ese uso del humor se redujo y se utilizó siempre de forma que la máquina tenía que ser inconsciente del mismo, sólo accesible a nosotros en determinadas situaciones.

Tú. Dentro de 35 años me reprogramarás para ser tu protector aquí, en esta época”.

Nos explican que tiene una vida útil de unos 120 años, que posee capacidad de aprendizaje, que cicatriza, tiene conocimientos de anatomía humana, sabe coser, es paciente y se “humaniza”… Un Schwarzenegger, mucho más definido muscularmente que en la primera entrega, al que las camareras se lo mirarán todo al entrar desnudo en el bar al inicio del film (en realidad iba en bermudas).

Yo lo veo todo”.

Todo este proceso flexibiliza ligeramente la interpretación de Schwarzenegger, menos robótico, utilizando ciertos gestos e ironías…

Probaré el mío”. “Necesito unas vacaciones”.

Terminator T-1000 (Robert Patrick): Si bien la interpretación de Schwarzenegger es más robótica, coherente con la esencia de lo que representa, el personaje de Patrick se amolda más a esa idea inicial que Cameron tenía para su Terminator, capaz de camuflarse entre la gente como uno cualquiera pasando desapercibido. Capaz de imitar gestos y comportamientos que le hagan pasar inadvertido. Mucho más flexible en su imitación humana. Un camaleón. Su retrato es impecable, siempre saliendo de llamas o brumas. Sensación de absoluta invulnerabilidad que aterra.

Logra crear una tremenda inquietud e incertidumbre porque vamos descubriendo cada vez más habilidades en esta máquina. Una progresión paulatina que no parece tener fin ni mostrar punto débil. Aguanta balas, fuego, es capaz de recomponerse de cualquier desperfecto en segundos, transformarse en objetos metálicos, asumir formas que lo oculten, mimetizarse en personas… Velocidad, resistencia, fuerza…

Es un T-1000. Un prototipo más moderno”. “Metal líquido”.

Yo no me preocuparía por él”.

Tiene capacidad deductiva, como demuestra en la escena del perro, al comprobar el nombre, no era Wolfie, sino Max, entendiendo que ha sido descubierto… Son muy listos los Terminators.

Aunque en líneas generales es una cinta con pocos defectos, bastante sencilla en su narrativa y planteamientos, recurre a ciertas coincidencias desde el guión que Cameron trata de sortear con habilidad, desde la afortunada salvación de Dyson en primera instancia gracias al coche teledirigido de su hijo a la evasión de Sarah con la llegada de las máquinas el mismo día…

 

 

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sambo

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