TERMINATOR (1984) -Parte 1/3-

TERMINATOR (1984) -Parte 1/3-

JAMES CAMERON

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Producto de un delirio pesadillesco de Cameron, el director comenzó aquí una carrera que lo ha elevado a los altares (su anterior trabajo, Piraña II, resulta intrascendente), convertido por derecho propio en uno de los grandes innovadores técnicos del cine moderno, así como en uno de los grandes narradores y realizadores de secuencias de acción, con una imaginería y unos proyectos que han conquistado al público de las cuatro últimas décadas.

Siempre tuve claro, de manera visceral, que el gran triunfo de Terminator sobre todas las demás que se parecían, la copiaban o imitaban, era que lograba la difícil, casi imposible, sensación de amenaza real en el espectador, incluso en el espectador moderno. Hay cierta sensación de impotencia ante la aparente invulnerabilidad de la máquina, del villano, en un contexto realista (más allá del planteamiento y la propia naturaleza del villano). La huida se hace necesaria, la escapada un alivio y el miedo se siente genuino. Es su gran virtud, todavía vigente.

Y se logró con los conceptos manejados, pero en la misma medida que por las imágenes creadas.

No es un hombre. Es una máquina. ¡Un Terminator! Modelo Cyberdyne 101”.

No siente lástima, ni remordimiento, ni miedo. Y no se detendrá ante nada. ¡Jamás! Hasta que estés muerta”.

 

 

Esto logró Cameron. Y sobre esto fundamentó la segunda parte, que lograba lo mismo multiplicándolo, cuando parecía imposible debido a la sencillez de la propuesta una vez lanzada y planteada (una persecución). Un riesgo tremendo que alcanzó el éxito gracias tanto a la capacidad narrativa y visual del director como al logro inaudito de sus efectos visuales nunca antes vistos.

Hasta que intentó matarte no pude encañonarle”.

Cameron tenía clarísimo el concepto y cómo debía conseguirlo. Es tremendamente hábil evitando cualquier debilidad en su villano, no sólo en la aventura principal. En los viajes al futuro, que son recuerdos de Kyle Reese, el protagonista, Cameron muestra cómo se las gasta el Terminator en ese futuro, dejándolo vivo, superior, aterrador, para dar esa sensación de invulnerabilidad. Si Cameron hubiera decidido matar a uno en esas escenas, el personaje, su monstruo, perdería toda su fuerza y hegemonía. No cayó en la trampa.

Es por ello que “Terminator”, las dos primeras, emocionan y erizan la piel cada vez que las ves, quedando a un nivel completamente ajeno y distinto al de todas o casi todas las cintas actuales de este tipo. Y la primera vez lo logró con un paupérrimo presupuesto de 6 millones de euros. Lo escribo y no me lo creo…

 

 

Y es que estamos hablando de una película que fue rechazada por todos los estudios importantes hasta que la pequeña Orion Pictures tuvo a bien apostar por ella. Eso sí, veían la película como un mero entretenimiento de acción al que esperaban sacar cierto partido con su público potencial. Simple y llanamente. No tardaron en darse cuenta de que aquello no era como los convencionales entretenimientos de acción, ya que los primeros pases anunciaron un éxito brutal y sorprendente.

Asombra que no lo vieran venir. Una película que mezclaba el tema de los viajes en el tiempo con lo apocalíptico y la trama de depredador perseguidor en apariencia inaccesible… ¡Cómo no iba a gustar! Una especie de “Qué bello es vivir” (Frank Capra, 1946) con pistolas, como la definieron, algo muy parecido a lo que escribí un Día de los Inocentes sin haber oído siquiera esa referencia… Quizá no imaginaban semejante brillantez visual y narrativa…

Sarah: Aún no se pueden fabricar cosas así.

Kyle: Aún no. Faltan unos 40 años.

El caso es que la televisión, el video y el tiempo la fueron haciendo crecer en el imaginario colectivo, generación a generación, tanto en el apartado popular como en el crítico. Un éxito que fue un gran incentivo e impulso moral para Cameron, que estaba comenzando y que había puesto grandes esperanzas en este proyecto en el que sólo Schwarzenegger parecía creer sin fisuras y durante todo su proceso. Un éxito que no precipitó a sus responsables, que esperaron el momento adecuado para la continuación a pesar de la demanda.

Terminator” expone una idea de omnipotencia muy atractiva que lo sobrevuela todo, en la que el lado negativo libera de ataduras morales y clichés sociales (Terminator), así como el positivo ensalza al individuo que puede terminar imponiéndose y siendo esencial a pesar de la aparente mediocridad inicial (Sarah Connor). Es quizá por eso que triunfan estas películas de “monstruo” y persecución, donde la creación del monstruo es básica, ya que si él funciona el éxito es casi seguro, pero si además se beneficia de un universo cuidado y bien mostrado, sostenido por un esqueleto básico (similar en casi todas), todo termina por ser absolutamente seductor (Alien, Tiburón, Parque Jurásico, Depredador… incluso Matrix posteriormente…).

Esta primera entrega de “Terminator”, con todas sus limitaciones económicas y técnicas, se terminó convirtiendo en brillante boceto para la segunda una vez visto el resultado de aquella. Hay escenas que son directamente idénticas en su planteamiento y concepción, que van más allá del guiño, porque no es necesario, simplemente son una buena idea que Cameron perfeccionó. Un ejemplo lo tenemos en la escena de la cabaña de los padres de Sarah, donde un travelling va mostrando el paso del Terminator, las consecuencias de la elipsis, donde no hace falta mostrar a los padres siquiera, para desvelar la presencia de la máquina haciéndose pasar por la madre de Sarah, exactamente igual que pasará en la segunda con el Terminator fingiendo ser la madre adoptiva de John, en un travelling de recorrido opuesto, de la mujer mimetizada al hombre ensartado en un mueble de la cocina.

 

 

O esa otra, con el Terminator montándose en el camión y diciendo al copiloto que se marche, exactamente igual que en la segunda, pero en este caso en un helicóptero… Y ese clímax en una fábrica, que tendrá su eco en la metalúrgica de la segunda entrega.

 

 

El impacto de “Terminator” es esencial y genuinamente emocional más que intelectual. No hay un subtexto definido, al contrario de lo que suele suceder en el cine de Spielberg, pero su concepto y planteamiento admiten interpretaciones diversas y elaboradas. De hecho, Cameron interpreta al Terminator como el lado oscuro de la mente humana, que podría hacer cualquier cosa con ese poder, pero esto es reduccionista, ya que el Terminator (Arnold Schwarzenegger) se limita a matar, sólo mata, en una programación absolutamente determinista y concreta, por si fuera poco. Esa interpretación de Cameron encajaría más, por ejemplo, con “El hombre invisible”.

Una cinta que habla y reflexiona del presente, donde nunca solemos estar, y sus consecuencias, sobre el impacto que representa en el futuro. Del remordimiento.

Hay amor imposible, lucha por la supervivencia, descubrimiento del yo (una de las tesis fundamentales)… Y es divertida la idea que vincula locura con futuro, una vez Kyle Reese explica la situación en la policía… Pero es especialmente interesante, una vez más y como casi siempre, la interpretación religiosa.

Sarah es una chica jovencita, de la que quizá sea osado asegurar que es virgen, porque tiene pareja, pero, en cualquier caso, es lo más cercano a una especie de María del siglo XX, guardando las distancias. De un lugar imposible, el futuro, vendrá un ángel salvador y revelador, que a su vez será asignado como su pareja, con el que tendrá una relación y convertirá en padre de su futuro hijo, un padre que no debía existir así y un hijo concebido desde lo imposible. Un José aparecido como si fuera deidad fecundadora.

Ese hijo, a su vez, está destinado a ser el salvador del mundo. Un Jesús que hay que preservar, porque, como ocurre en la historia de la Sagrada Familia, intentarán eliminarlo.

Además hay cierto tono poético en su final que da matices y más dimensiones al film, remarcando su diferencia. El hecho de que Kyle muera es ya un toque diferencial.

 

 

Ese cierre del círculo donde vemos a Sarah grabando cintas para su hijo, que también es de Kyle, con las implicaciones que esto conlleva, y haciéndose la foto que luego enamorará al propio Kyle desvelándonos lo que piensa, algo que era lo que el protagonista venido del futuro se preguntaba al mirarla, es magnífico y sugiere y transmite muchas cosas. Por ejemplo, que John sabía…

Antes de que llegue la tormenta”. “Siempre me pregunté lo que estarías pensando”.

 

 

Terminator” se inicia en Los Ángeles, en 2029. Una fantástica primera escena en un futuro nocturno y apocalíptico logrado con 4 duros y muchos trucos de iluminación y perspectiva. Muy bien resuelta. Naves, láseres, carros blindados, esqueletos y calaveras aplastadas, la humanidad en vías de extinción, una heroica resistencia superviviente y esas máquinas exterminadoras… Un mundo gélido y deshumanizado.

Con un encadenado pasaremos de las máquinas de guerra asesinas a las de basura en una urbe de estética sucia, en los bajos fondos.

 

 

 

Igualmente brillante y utilizando otro enlace visual (una perforadora que nos lleva a una oruga del futuro), en este caso del presente al posible futuro, será la siguiente escena de 2029. Una gran escena de acción que hace del escaso presupuesto virtud. Una estética expresionista en un entorno desolador, máquinas sin compasión, si bien es cierto que no se sabe muy bien a dónde disparan todo el tiempo… Gran juego con las proyecciones, la imagen real y las maquetas. También es necesario reconocer que al cañonero del vehículo conducido por Kyle se le ve el cartón: menos un hombre parece cualquier cosa… Y que no los rematen una vez están a merced, una fortuna…

 

 

 

Todos estos viajes al pasado nos muestran un poco sobre la mitología de la saga, por ejemplo en los refugios de los humanos, llenos de podredumbre, ocultos de las máquinas, que se las ingenian para sortear sus precauciones, sólo detectados por perros. A Kyle casi le vemos morir en varias ocasiones, Cameron lo deja agonizante al menos dos veces, incluso vemos cómo se quema la foto de Sarah en uno de esos viajes al futuro (símbolo de fatalidad, como se confirmará con Kyle). Es casi como si se escenificaran varios futuros posibles, no uno definido y concreto.

 

 

 

 

La narrativa es fascinante, porque siendo una cinta de trama sencilla, de persecución, todo el planteamiento se va desgranando lentamente, de forma inquietante e intrigante, sin que se sepa qué es lo que pasa, qué pretenden esos seres llegados del futuro, por qué vienen, cuáles son sus intenciones… Esas pequeñas extrañezas incluidas, como las preguntas de Kyle por el año en el que se encuentran…

Iremos conociendo las intenciones y el objetivo sistemático de la máquina, pero no el de Kyle, que también busca el mismo objetivo: Sarah Connor (Linda Hamilton). Una historia en apariencia sencilla una vez sorteado el planteamiento, pero muy bien narrada, sosteniendo la intriga en distintos niveles.

 

 

Los intentos policiales por desmentir la historia planteada, una vez hemos visto todo ya, intentando dar explicaciones lógicas al comportamiento sobrehumano del Terminator y achacando locura a las diatribas de Kyle Reese (Michael Biehn), tienen poco efecto o sentido, pero funcionan como un obligado contraste dramático que justifica la evolución de la trama y las decisiones, lógicas, de la policía. Esas interpretaciones policiales de los asesinatos como si fueran de un asesino en serie son interesantes…

Cameron demuestra su talento narrativo y sentido del ritmo en todo momento. Lo hace de una forma muy hábil, integrando y fusionando las fases de exposición con las de acción, de manera que apenas tiene que detener la película para explicar las claves.

Combinaba la acción con la exposición”. “Me facilitaba la labor de no aburrir al espectador” (Michael Biehn).

Una de las escenas paradigmáticas de esto la tenemos en la persecución en coche (me emocionó que Michael Biehn, que encarna a Kyle Reese, también señalará este aspecto, algo que supe tras ponerlo en mis notas para el análisis, pequeños placeres de analista). Una persecución primero a pie y luego en coche (que tanto mejorarán los efectos de la segunda entrega), que aquí resulta magnífica, está fantásticamente rodada y llega a poner los pelos de punta. Mientras la persecución se sucede, con intervalos donde callan ante un momento complicado con coches cerca o maniobras complejas, Kyle va dando informaciones clave a Sarah, consiguiendo un dinamismo extraordinario donde interesa tanto cómo se las ingeniarán para escapar como lo que está contando el personaje…

 

 

Esta escena de acción, de persecución, en coche, en tránsito, sella el entendimiento y la comprensión entre Kyle y Sarah. Él, finalmente, le hace entender la situación y explica todas las circunstancias para que entienda su propia importancia, pero es justo reconocer que, aunque manteniendo en todo momento el suspense, las últimas trascendentales revelaciones y el afianzamiento, la asimilación de todo ello, suceden en un momento de pausa, leve sosiego, con el coche estacionado, ocultos a la persecución de la máquina, antes de emprender, de nuevo, la huida.

Aquí tendremos noticia, al fin, de John Connor. El salvador.

 

 

 

 

 

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

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sambo

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