TODD FIELD

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poder y prestigio

Es fascinante y complejo la confrontación entre el talento y el mérito que constituyen una cierta tiranía y esa sociedad patética que persigue y cancela amparándose en los movimientos de moda o las venganzas personales.

Es por ello que Field, inteligentemente, utiliza una protagonista, mujer y lesbiana, que destruye por completo y de inicio cualquier debate o muleta que se refiera al machismo, centrando sus miras en el poder con elemento corruptor, además de destrozar toda esa idea con profundidad y hondura.

La propia Tár tocará el tema del machismo reivindicando el papel de la mujer y el cambio de los tiempos dentro del mundo de la música, donde ella no sufrió ningún tipo de prejuicio, infravaloración, discriminación o problema. También reflexionará sobre lo mal visto que está la “diversidad” en los artistas que expanden sus inquietudes.

“Un alma elige su propia sociedad”.

Tratará sobre la evolución musical en una clase magistral e hipnótica que, sinceramente, me encantó. Esa entrevista inicial la bebí por los ojos y los oídos con absoluto interés, si bien entiendo que a otros les aburra. En lo personal, esta conversación y explicaciones me atraparon.

Los cambios de los tiempos también serán un tema a tratar y, de alguna forma, lo que aquí se va tocando tendrá un reflejo en la trama posterior. Jean-Baptiste Lully cambiando la idea de que el primer violín dirigiera la orquesta será uno de los ejemplos.

El tiempo, que el propio Field variará en su narración, acelerándola en la parte final, como si de un adagio pasáramos a un allegro. La función de metrónomo del director de orquesta, del domino del tiempo, que lo es todo…

“No hay mérito en copiar, Eliot”. “Dirige a tu manera”. “Arco libre”.

“Todo es copia”.

 

 

Tár es un indiscutible talento, que medró no siempre de las formas más puras, si es que es posible medrar así, ya que se insinúa que su pareja, Sharon (Nina Hoss), la colocó en buena situación tras ser seducida por ella, lo que además deja en esa querida ambigüedad de la película si esa relación ha sido de puro interés.

“El narcisismo por las pequeñas diferencias, conduce al conformismo más aburrido”.

Lydia Tár cree en la meritocracia por encima de cualquier cosa, y según ella se moverá, aunque pueda mover hilos de forma “poco democrática”. Si alguien vale más (Olga), intentará que suba, lo mismo que si alguien no da la talla (Sebastian).

Esa ambigüedad en el retrato de Tár y sus abusos de poder, queda muy bien plasmada en ciertos detalles, como ese bolso de una fan en el que se fija al principio del film y que luego vemos que lleva a su casa. ¿Se lo regaló la mujer tras tener algo más con ella? ¿Lo compró simplemente porque le gustó al verlo?

 

 

Obviamente, Tár despierta envidias y es víctima de las ambiciones de otros, como Eliot Kaplan (Mark Strong). Éste parece admirarla mucho, algo de lo que ella es consciente, insistiendo en leer sus composiciones y descubrir sus secretos para copiarlos… De hecho, será su sustituto finalmente…

Andris (Julian Glover) es el mentor de Tár, ya superado por la alumna. Ciertamente da gusto oír hablar a este hombre y sus historias. Si bien a Tár le atormenta sonar como otro, Eliot no tendrá problema en copiar sus recursos y Andris le dirá que “todo es copia”, poniendo como ejemplo a Beethoven con Mozart.

En la sensacional secuencia donde Tár da una clase magistral, un plano secuencia de 10 minutos del que ni te das cuenta por su depuración estilística y la naturalidad con la que se mueven actores y cámara, terminará “humillando” a un alumno en el debate. Más bien lo abruma con argumentos, salvo en generaciones de cristal y demás, pero desde un puesto jerárquico de poder, con la limitación a la que lleva al chico, que, eso sí, terminará insultándola. Debate, en el que, por otra parte, tiene toda la razón y que, además, plasma a la perfección el signo de los tiempos.

“Schopenhauer medía la inteligencia según la sensibilidad al ruido”.

Tár controla todo lo concerniente a su profesión, desde su trabajo puro y duro hasta las sesiones fotográficas, su look…

 

 

Ejercerá su poder despidiendo con buenas palabras a Sebastian. Largándole de allí para que deje de ser un director suplente y se convierta en uno titular… Pero esta decisión no la toma por algo personal ni por capricho. Es más, lo mantuvo mucho tiempo en contra del pensamiento de muchos. Es lógico que elija a sus colaboradores desde el mérito y la competencia teniendo potestad o influencia… Daos cuenta de que, en su conversación con Eliot, es ella la que defiende a Sebastian ante las críticas del otro director, que lo considera mediocre y la apela a sustituirle. Ella no pasará de considerarlo un director decente, raro y extravagante. La cuestión es que su cese será por propia voluntad, con diplomacia, sí, pero negando una votación que es propuesta.

Cuando Sebastian (Allan Corduner) haga una corrección o una observación, Tár consultará al resto si esta crítica es correcta, a lo que le responderán que en absoluto… Tras esto tomará la decisión de buscar una opción mejor.

Utilizando su impactante prestigio y presencia, abrirá una audición a costa de la chelista titular para dar la opción a Olga (Sophie Kauer) de participar… Esto, claro, generará ciertos celos entre músicos.

“No todas pueden dirigir, cariño. No es una democracia”. Tampoco en la democracia…

 

 

Así, queda patente que el poder, el puesto, el prestigio, el orden jerárquico condicionan, sin necesidad que alzar la voz, ante las posibles consecuencias, por complejo, por respeto… pero condicionan, más allá de que se tenga razón o no.

A la vez que mueve sus hilos, aunque sólo en cierta medida, para que Olga logre el puesto de chelista solista, impedirá el ascenso de Francesca, que se las prometía muy felices, pero se curará en salud guardando determinados correos comprometedores.

De alguna forma, Tár es sutilmente tiránica, no cree en la democracia desde su posición, como queda explicitado en dos momentos especialmente: cuando uno de sus músicos plantea una votación sobre el futuro de Sebastian que ella niega, o cuando juega con su hija Petra y dice: “No todas pueden dirigir, cariño. No es una democracia”.

Hay algo de elitista o clasista en Tár. No para de lavarse las manos con gel hidroalcohólico o con jabón en los baños, pero su reacción tras ayudar a la madre de la vecina, depurándose a duras penas, es especialmente significativa, más allá de la psicosis postpandemia.

 

 

Egocéntrica, veremos cambiar su perfil en Wikipedia, aunque luego esto creará ciertos conflictos manipuladores por parte de otros. Con todo, tiene ramalazos de cierta humildad que no parecen impostados, si bien es conocedora de su propio talento.

“Después de dirigir La Consagración de la Primavera, me convencí de que todos podemos ser asesinos”.

 

 

A la vez que su carrera se pone en duda, los elementos de la trama que se destacan también van en esa dirección. Un ejemplo evidente es cuando llegan esos vecinos a preguntar a que horas dejará de tocar “ese ruido” para poder traer a sus posibles compradores… La reacción de Tár, con su parte de locura, es genial. Sólo Petra parece mantener su admiración incondicional hacia ella. De hecho, tendremos una escena en la que la niña se cubre con una cortina, las separa un velo, símbolo de la pureza, la relación más auténtica de Tár.

 

 

Al final, Tár, que no asume haber perdido su poder, no tanto su prestigio, que, en realidad, ya queda en un segundo plano, caerá en la locura e intentará recuperar su puesto agrediendo a Eliot, que es cuando se dará cuenta de su posición real…

En su redención es posible que haya también una renuncia a ciertas prácticas que hizo, como demostraría que vomite al ver a una de las “masajistas” levantar la mirada como hacía la chelista Olga, pero con la firme intención de seguir creando.

 

 

Manipulación e ideología

“Hoy, ser acusado es lo mismo que ser culpable”. Una escalofriante frase que retrata perfectamente el signo de los tiempos.

Esta mujer empoderada y lesbiana, se pone como ejemplo en esa espléndida secuencia con el alumno, Max (y su tic nervioso en la pierna, interpretado por Zethphan D. Smith-Gneist), que tiene prejuicios hacia Bach, sobre cómo tendría que valorar a alguien como Beethoven, por ejemplo, siendo lesbiana.

Alguno podría considerarla machista porque no acepta la imposición feminista actual. De hecho, reivindica la inclusión de hombres en la beca que lleva, defiende a Mahler insinuando una infidelidad de Alma… pero lo cierto es que sus elecciones son francamente meritocráticas.

La película, entre otras muchas cosas, indaga en la cultura de la cancelación impuesta por las nuevas inquisiciones ideológicas. Tár apelará por la igualdad en entornos donde se da primacía a las mujeres, para hacerla más inclusiva, hablará de los prejuicios recibidos por no ser judía en una sinfonía en Israel…

Es un tremendo acierto de Field elegir a una mujer lesbiana como protagonista, porque elimina cualquier sesgo de género, como comenté. Centra la clave en la posición de poder.

El tema de la vida y la obra, de separar una cosa de otra o de cuando hacerlo, sale varias veces en la película y será uno de los motivos de la caída de Tár en los tiempos de postpandemia y la cultura de la cancelación. ¿Cuándo la vida de una persona deja de importar para poder valorar sólo su obra? De eso también habla Tár en relación a las “culturas” de la cancelación.

“Tocas muy bien, pero no me atraen los compositores blancos, hombres y cisgénero”. “No me gusta Bach”.

“Como persona bipoc y pangénero, la vida misógina de Bach hace que me sea imposible tomar su música en serio”.

 

 

El tema es interesante, porque algunas cosas son cuestión moral, que está a otro nivel, pero otras van más allá. ¿Se deben obviar ciertas cosas para dar prioridad al artista sobre la persona? ¿Dónde empieza y acaba, o debe empezar y acabar, esa priorización? Este es un buen debate intelectual que, en ciertos casos, coarta la cultura de la cancelación cuando juzga o prejuzga sin respetar ciertos pasos, ya que hace buenas las palabras de Andris: “Hoy, ser acusado es lo mismo que ser culpable”. Con ello, se pervierte todo debate.

Y otra preguntita que añado yo. Si nos enteramos de que el que inventó o hizo posibles los móviles, el Pc, la televisión, el frigorífico, el microondas, el lavavajillas, el fuego, la rueda… el mejor cirujano, el único que es capaz de hacer lo que sea… es un cabrón, ¿dejaríamos de usarlos o pondríamos excusas para cancelarlo a él aliviando una moral selectiva mientras seguimos con nuestra cómoda existencia? ¿Por qué centrarnos en los artistas? ¿Quizá porque son más débiles?

¿Debemos negarnos lo que nos gusta o decidir que no nos gusta o fingir que no nos gusta algo en función de quién lo hace?

“Aislar lo que es aceptable y lo que no, es el constructo básico de la mayoría de las orquestas sinfónicas de hoy, que se creen con el derecho de elegir en nombre de los ignorantes”.

 

 

Entraríamos en ese debate del inicio entre teshuvá y kavanah, de interpretar las intenciones desde el presente, teniendo en cuenta sus consecuencias, o interpretarlas desde la perspectiva del que las creó y cuando las creó, la inicial, que sería, como explica Tár, la más pura respecto al creador.

Tár parece tener cierta falta de empatía con muchas de las mujeres que la rodean, por ejemplo, su madre, a la que rechaza cuando quiere ponerse en contacto con ella. No es algo de género, ya que la vemos cariñosa con otras, especialmente su hija, de igual modo que no trata bien a algunos de los hombres que la rodean.

Con Sharon su relación es cómplice, si bien en un primer momento la veremos fría, hasta que se da cuenta de que ella está con palpitaciones y le da su medicación, calmándola con cariño, bailando suavemente.

Lo que también queda claro, es que su relación tiene mucho de interés, donde a Sharon le importa relativamente poco el comportamiento de Tár hasta que se hace público y eso puede alterar la existencia de su familia. Del mismo modo que a Tár le vino muy bien la posición de Sharon para medrar.

 

 

 

Su relación con Krista, que trata de ocultar haciendo callar a Francesca y borrando sus mails. Cuando se entere del suicidio, contrastará la emotividad de Francesca con la frialdad de Tár, que consolará a la primera de manera formularia.

Claro, esta mujer lesbiana y genial, tiene poco de ejemplar, de icono feminista al que reivindicar, otro de los aspectos que se suman al acierto del personaje. Es una mujer, una persona, un personaje complejo del que tú, que has visto la película, tendrás tu propia opinión, porque aquí no te la dan. Más o menos.

“No era una de nosotros”.

Se plantea que el rechazo sistemático de Tár a Krista es la causa de su suicidio. Ella mandó correos recomendando que no la contrataran, desincentivando la opción por considerarla inestable hasta lograr que nadie contara con ella.

 

 

Francesca es otra interesada, en realidad, que sólo moverá ficha, un tanto cobardemente, cuando no sea elegida para el puesto que espera. Pura venganza. Tár parece sentir afecto por Francesca, del mismo modo que se intuyen sentimientos de Francesca hacia Tár, pero finalmente es la asistente la que, cuando no ve saciadas sus expectativas (de nuevo Tár es puramente meritocrática), intenta destruir a Tár de forma burda, manipulando imágenes y videos grabados, además, sin consentimiento para hacerlos virales.

Olga, la chelista, tiene un retrato interesante. Es borde, distante, apasionada, independiente, feminista. Así lo demuestra no eligiendo el menú que le recomienda Tár en su comida juntas o cuando habla de la inspiración de Clara Zetkin para ella, fundadora del movimiento socialdemócrata femenino en Alemania… Descarada, no parece sentir especial respeto o admiración por Tár, incluso se atreverá a tocar su composición y hacer recomendaciones…

Será Tár la que parezca seducida por ella (por su talento más que nada, que reconoce a ciegas), a la que elegirá en la audición, verá en youtube y procurará dar el puesto de solista que, en principio, no le correspondería, pero cree que merece (más allá de la atracción que le provoque).

“Uno dicen cosas que otros recuerdan, pero tú no”. “Dios nos observa”.

 

 

 

Con Andris, por ejemplo, tendrá el gesto altruista de pagarle un chófer, aunque él no lo sepa, para que siga creyendo que mantiene cierto estatus. Estupendo el cebo de la impuntualidad del chófer que luego tendrá su eco en la queja de Andris por ese motivo. También tendrá el detalle de dar ciertas claves a Eliot…

La ambigüedad se mantiene con acierto, ya que en ningún momento tenemos un juicio legal ni se da la opción de defensa a Tár, que salvo ramalazos no explica su versión ante las acusaciones.

Será el propio Andris el que advierta el nuevo signo de los tiempos. Hablará de nazismo y acoso sexual, de cómo determinadas acusaciones o hechos afectaron a Jimmy Levine o Charles Dutoit, a Furtwängler o Karajan… Sus concienzudas precauciones.

“Hoy, ser acusado es lo mismo que ser culpable”.

 

 

Como dije, Field plantea una narrativa ambigua. Por ejemplo, ¿quién graba esos videos en directo desde el dispositivo móvil que vemos al principio? Al final veremos a Olga haciéndolo, pero si era ella, ¿con quién habla? ¿Quizá está aliada a Francesca? ¿Quién roba la partitura a Tár? ¿Quizá Sharon también está involucrada en ciertos aspectos?

De alguna forma, esa asistente que se sabe la presentación de la primera secuencia de memoria, que es extremadamente competente y solícita, que se impaciente y desespera en segundo plano un tanto con los coqueteos de Tár con una fanática o periodista tras la entrevista de la secuencia inicial de 15 minutos, da rostro a una época hipócrita y falsa donde desde el arribismo se pasa a la venganza cuando no logra sus propósitos.

Del mismo modo, Sharon siente la amenaza de verse sustituida por una “versión” más joven…

 

 

Tár será cancelada, como lo fueron otros de los que se habló antes. Su huida oriental, asumida la pérdida de su poder, ese reinicio con depuraciones incluidas, la llevará a la repulsión cuando le ofrecen un determinado masaje… La mención a la habitación de Plácido Domingo y la ironía, van en ese sentido…

Es el camino de una redención. Sí, estaríamos en la teshuvá. Primero volverá a casa, a sus raíces, a recibir las emociones que sólo alcanza la música con los videos que hicieron nacer su vocación. Aunque ese no será su sitio, ya que recibe el desprecio de su hermano, que retrata su desorientación.

Luego su paso oriental, a un trabajo que debería ser humillante para su ego y prestigio, poner música a un videojuego, Monster Hunter, con un auditorio lleno de fans… pero que se toma en serio, empezando desde abajo, como ya hizo en su día…

 

 

“Tár” es una película compleja, extraña, que entronca bien con el universo de Field, al que le gusta tocar temas complicados. Una cinta inteligente, brillante, irregular e imperfecta, ambigua y opacada por el descomunal trabajo de Cate Blanchett.

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

 

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