TODD FIELD
4/5
Debo decir que me gustan bastante las películas que tratan sobre temas culturales, literatura, música, arte… ¡Qué sé yo…!, “Descubriendo a Forrester” (Gus Van Sant, 2000), “Jóvenes Prodigiosos” (Curtis Hanson, 2000), “La Mejor Oferta” (Giuseppe Tornatore, 2013)… “Whiplash” (Damien Chazelle, 2014), por supuesto.
Pues “Tár”, ante la que me hice un poco el remolón para ver y analizar, es una estupenda película, con mucho de hipnótica, sobre todo en su primera parte. Es cierto que va de más a menos y se va precipitando en exceso según avanza, pero tiene virtudes incuestionables. Es una película cultureta, en la que muchos perderán interés cuando se hablan de ciertos términos o personajes, por ejemplo, al inicio del film, pero que si te atrapa el tema, como es mi caso, te quedas embobado escuchando y aprendiendo, claro.
Se mencionan nombres que, seguramente, el espectador medio o no muy ducho en música (y otras artes) desconozca, referencias que le son ajenas. Max Brunch, el libro de Schweitzer sobre Bach, Vita Sackville-West y su libro “Challenge” (1923), Visconti… son infinidad…
Un retrato profundo y complejo sobre el que impactan determinados temas de actualidad y/o universales en su reflexión sobre el poder, la ambición, la presión mediática, el mérito, el prestigio, el talento. Poseedora de una ambigüedad pretendida a la que quizá se le ve sutilmente el plumero, pero que está lo suficientemente medida para que cada uno reflexione y saque sus conclusiones contrapuestas.
“Tár” es el retrato, como una especie de biopic ficticio, de un genio musical. Lydia Tár. Un currículo impresionante que ahora llega a la Filarmónica de Nueva York. Directora principal en Berlín, ciudad en la que vive. Un currículo que oímos en over mientras vemos los preparativos de la compositora entre modistos y portadas de discos para inspirarse… Su carrera, su influencia, las influencias que ella recibió…

Obra compleja y sugerente que, además del poder, sus tensiones y su abuso, la cancelación, el prestigio y la manipulación mediática y social desde y por las redes sociales (y no sólo), toca y desarrolla múltiples temas, con mayor o menor acierto, como la culpa, la necesidad de control, la ambición que se aprecia en casi todos los personajes, la contaminación y corrupción del debate…
Ganadora del Emmy, el Grammy, el Oscar, el Tony… triunfadora en el cine, el teatro… Relacionada con Audrey Hepburn, Andrew Lloyd Webber, Mel Brooks… que tiene a Leonard Bernstein como mentor y a Mahler como especial inspiración. Ha dirigido las 8 de Mahler, menos la 5ª, que será clave en la película y que tendrá que dejar sin realizar cuando el trabajo ya estaba hecho…

Una Quinta de Mahler que Tár considera un misterio a desentrañar porque es distinta al resto, producto de un matrimonio complejo en el que se admiten distintas visiones, como Field propondrá en su retrato de Tár. Bernstein tenía una visión de esta sinfonía basada en la teshuvá (arrepentirse de los pecados, volver a los orígenes), mientras que ella la enfocará desde la kavanah (intención, sentimiento sincero). La visión trágica de Bernstein le llevó a una obra de 12 minutos, la de Tár, desde el amor, de 7.
“Lo que me dice el amor”.
Esto, de alguna forma, define “Tár”, la película, como una especie de interpretación de esa Quinta, donde Tár terminará recurriendo a la teshuvá…
El trabajo de Cate Blanchett es lo que abruma de la película, que es inteligente y plantea temas espinosos con valentía y huyendo de tópicos, si bien se ven eclipsados u opacados por la labor de esta descomunal actriz, que está espectacular y desprende inteligencia y naturalidad. Estas mujeres potentes y duras se le dan de lujo a la Blanchett.

Retrato subjetivo
Todd Field, director de las más que interesantes “En la Habitación” (2001) y “Juegos Secretos” (2006), apuesta por un estilo depurado que insinúa ciertas referencias polanskianas o polanskistas
No parece tomar partido Field sobre su personaje manteniendo cierta lejanía desde la admiración y el rechazo, desarrollando una compleja conversación entre un individuo, un personaje, también complejo y poco ejemplar, y una sociedad maniatada por lobbies, manipulaciones mediáticas y presiones ideológicas.
Esta frase sobre Bach parece ser una de las claves conceptuales pretendidas en la película: “Bach no pretende estar seguro de nada porque sabe que es siempre la pregunta la que involucra a quien escucha, nunca la respuesta”. Eso pretenderá Field, que sea el espectador el que juzgue… si quiere.
La incursión de ciertos recursos artificiosos, enfatizan el subjetivismo, como esas pesadillas que tiene Tár, sobre todo en la parte final, si bien mantienen la ambigüedad. Es el subconsciente que trae recuerdos y mala conciencia, o trae deseos frustrados mal encauzados que ahora la persiguen… Rumores, una cama incendiada en un paraje natural, Krista amándola… Quizá este aspecto, ese toque particular, ese contraste entre lo realista y el subjetivismo, encaje regular al final.


En el retrato que Field hace de Tár, destacan sobremanera los espejos. La vemos reflejada en uno cuando la voz over que la presenta para la entrevista al inicio menciona a Mel Brooks, como si fuera una impostura.
Son muchísimas las escenas en las que Tár aparece reflejada en espejos o elementos análogos (un piano, por ejemplo). Se logra con ello también una ambigüedad conceptual, ya que este recurso parece señalar su doblez, pero también podría ser la fragmentación de su personalidad o esas dos vidas que chocan, la pública y la privada.
Por cierto, es especialmente curioso la gran cantidad de planos donde Tár aparece reflejada en espejos de baños. En su casa, en la ópera, en un avión… Algunos son sucios, como ese ante el que pone una vela, otros son reflejos en otras superficies… Hasta en un ascensor la veremos reflejada.










También Francesca (Noémie Merlant) aparece ante espejos en la escena donde la atiende y habla a Tár de su madre, que la ha escrito (en ese momento Tár aparece desenfocada), anunciando, en este caso con claridad, su doblez. Ese pie para elegir look sobre la portada de un disco, escenifica la complicidad entre ambas, más allá de lo profesional (Francesca incluye a Krista en ese trío). Cuando le da el libro de Vita Sackville-West, una lesbiana ilustre, parece saber y querer más de lo que creemos (libro que seguramente le deja Krista para Tár con mensajito). La reacción de Tár al abrir el paquete con el libro es significativa. Lo elíptico.
Uno de los primeros elementos de extrañeza, muy episódico y sutil, es la presencia de una mujer pelirroja sin rostro. Vemos su nuca desde la frontalidad durante la entrevista de la primera secuencia. Luego volveremos a verla fuera del hotel. O en un sueño… Krista Taylor (Sylvia Flote) es como un ente latente que amenaza a Tár, incluso después de muerta.





Desde el comienzo, Tár tiene algo raro. Ese primer plano, con esos tics, tensa, empastillándose ante la entrevista, dan un primer toque de lo que se irá viniendo en este retrato subjetivo que en su estilo recuerda al Polanski de “Repulsión” (1965) y, en otro sentido, al Kubrick de “Eyes Wide Shut” (1999). De hecho, Field trabajó con Kubrick como actor en esa cinta.
Lo mismo ocurre con su tránsito por túneles, pasillos oscuros o lúgubres o ambientes malsanos, que parecen retratar una psique resquebrajándose, una mala conciencia que va haciéndose sitio para dar paso a la locura. Es ese lado oscuro.
Así tenemos el lugar donde, supuestamente, tiene la casa Olga, una especie de decrépito y abandonado suburbio… El cadáver de la madre de la vecina es el vaticino final para Tár…





Tras esos planos, o durante ellos, es cuando se suceden los hechos más extraños, esos ruidos o sonidos que escucha (ese metrónomo a lo Poe, esos gritos en el parque) y que la van hundiendo en un estado de locura. La veremos convertida en silueta varias veces, en túneles o los pasillos de casa.
Esto contrasta con el resto de la puesta en escena de decorados oxigenados, pulcros, amplios, espaciosos y fríos, que definen a su vez el interior de Tár. Del mismo modo, estos dos ambientes diferencian la vida pública de la privada de nuestra protagonista.
También abundan los decorados vacíos, al estilo de Robert Bresson.
El retrato de Tár irá oscureciéndose. Aparecen cada vez situaciones más raras, que la acercan a la citada “Repulsión”, sobre todo cuando está en sus pisos. Va teniendo cada vez más gestos de desequilibrio. Oye cosas, se insinúan visiones. Gritos mientras corre, voces, teclas de piano, la nevera… La misma función tendrán las apariciones de la desaliñada vecina preguntando por el periódico, pidiendo ayuda para su madre o tras su fallecimiento…






Hay un juego interesante respecto a las distintas edades. Tár sentirá cierta predilección por las mujeres jóvenes, como un anhelo de esa juventud que se le escapa y a la que cree acceder a través de ellas gracias a su prestigio y posición. Krista quizá fue una joven que no quiso entrar en ese juego, o que quiso entrar de una manera extraña a lo que Tár se opuso, o que entró y Tár se cansó de ella. Con su asistente Francesca se insinúan cosas, como una escapada de ellas dos junto a Krista poco concreta. Por Petra (Mila Bogojevic), la niña, sentirá devoción y no dudará en amedrentar a la chica que la acosa en el colegio…
Por supuesto, siente atracción hacia Olga, que la rechaza a ella, de la misma manera que ella se va alejando de Sharon (Nina Hoss) o se limpia escrupulosamente tras ayudar a la anciana madre de la vecina.







Tár hacia Krista, ¿siente culpa, deseo no consumado, frustración, ansiedad por lo que pueda ocurrir? ¿Qué pasó? Fijaos que los planos que inserta Field sobre Krista son significativos respecto a lo que se habla sobre ellos. Las becas para directoras de orquesta, pasantías, amor…
Es curioso el juego que se hace con Olga, la talentosa chelista que llamará la atención de Tár y a la que parece querer seducir de una manera casi avergonzada. La vemos ligada a ciertos objetos. Con su pisada y tacones Tár la reconocerá, tras verla en un baño, en la audición a ciegas. Su chelo la acompañará en sus ensayos en casa de Tár… y un osito de peluche dará para una escena tan extraña como tensa.
Y es que Tár mentirá sobre las heridas que se provoca mientras busca a Olga (Sophie Kauer) en ese siniestro sitio que se supone su hogar, con la amenaza de un perro. Del mismo modo, recibirá azorada el rechazo de la chica cuando la lleva de viaje y le propone cenar, para luego descubrir que sale sin ella… También en las despedidas se aprecia su rubor… Es como si no se atreviera a dar el paso, tan sólo ir entregando gestos generosos con la esperanza de una reacción pasional que no llega. Mentirá a todos sobre sus heridas…






La depuración estilística de Field es total. Planos muy largos, amplios, a menudo sin corte, otras en sobrio y estricto plano-contraplano que pasarán a planos más cortos en momentos muy concretos (en la entrevista de la primera secuencia, siempre dependientes del sentido de la conversación) o cambiando la perspectiva, como en la secuencia del restaurante junto a Mark Strong, donde saltaremos de eje cuando ella hace referencia a alguien que los mira, siguiendo la conversación en planos más cercanos. Dentro de esta clásica planificación, será Tár la que vertebrará la puesta en escena siempre.
Lo mismo ocurre en sus encuentros con Andris (Julian Glover). Estilo sobrio, clásico y depurado.
Field usa muchísimo el plano secuencia y el plano fijo, resuelve muchas escenas así, algunas con cierto riesgo, pero casi siempre, o al menos algunas veces, con la idea de fusionar fondo y forma. Un ejemplo interesante lo tenemos en esa conversación en la platea donde Field sitúa la cámara detrás de Tár y la mujer que le informa de las acusaciones que están surgiendo por el caso Tyler. Como si fuera espía, discreta. La mujer que se sienta con ella, de hecho, mira hacia todos lados procurando que nadie las escuche, con lo que la forma transmite bien ese tono confidencial.







Me gusta bastante la narración elíptica de la película, donde se nos eliminan datos y opiniones para mantener esa ambigüedad buscada. Además, también se utiliza de otras formas expresivas, por ejemplo, cuando eligen a Olga como chelista solista, de la que sólo vemos su entusiasta reacción al salir corriendo. O el viaje que hace con Olga, también narrada de una manera bastante elíptica.
Todo en la vida de Tár se irá derrumbando, con el apoyo metafórico de esas escenas que son cada vez más asfixiantes y oscuras. Su relación de pareja, su carrera profesional… hasta caer en la locura y el reinicio obligado.




Lee aquí la Última Parte del análisis.
4/5




