CLINT BENTLEY

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Sueños de Trenes” es la película pequeña, modesta y discreta, intimista, muy intimista, lírica, de las nominadas al Oscar de este año. La incluyen muchos dentro del Western por el lugar donde acontece y por la presencia de pioneros que vivieron apostando por la libertad, la individualidad y, por supuesto, la aventura. La película se basa en la novela de Denis Johnson.

No esperéis, en realidad, un Western. Ni un protagonista relacionado con nada de eso. Robert Grainier es un tipo normal, un hombre cualquiera, vulgar, o excepcional en su particular vulgaridad, que acabó allí como podía haber acabado en otro lado porque es huérfano y sin pasado. Y tendrá una vida normal, pero en la que sentirá y sufrirá toda la experiencia humana.

Su iniciativa es la espera. Robert Grainier (Joel Edgerton) se dedicará a esperar y la vida le dará las luces y las sombras de la experiencia humana. Grainier no necesita nada de todo aquello que se mueve fuera de su acotada, pero complaciente vida, ni siquiera cuando le vienen mal dadas. Se enterará de suerte del viaje a la Luna del mismo modo que desconoce quiénes fueron sus padres. Jamás vio el mar ni habló por teléfono…

Robert experimentará el amor (Gladis, su hija), la ternura (su hija), la paternidad, la camaradería (sus compañeros de trabajo, trotamundos o sin techo), el sacrificio (la tala), la amistad (Arn, Ignatius Jack, Claire), la pasión, el miedo, la pérdida (familia), el duelo, el horror… Porque todo ello está conectado. Si experimentas el amor experimentarás el miedo o la pérdida…

“Se le despertó un interés por ir a misa que jamás había sentido”. “Y a los tres meses ya eran inseparables”.

 

 

Sólo tras conocer a Gladis, Robert comenzará a vivir. Robert y Gladis (Felicity Jones) vivirán una vida tan sencilla como corta juntos. Clint Bentley apuesta por una narración pausada, lírica y metafórica para contarnos esta historia de espíritu panteísta llena de detalles y sutilezas que vamos a desgranar.

“En el fondo lo sabe, aunque aún ni siquiera sepa que lo sabe”.

No sé qué os pasará a vosotros al final de la película. Robert no es un tipo divertido, quizá ni siquiera sea alguien atractivo o con el que se pueda hablar de muchas cosas, pero desde luego me hubiera gustado conocerlo y tenerlo como amigo.

La madera y la vida

Es un acierto que nuestro protagonista sea un leñador. De igual manera, es un gran detalle que se mencione que no vio el mar nunca, aunque estuvo cerca. Estos aspectos encajan a la perfección tanto con los conceptos que Bentley quiere mostrar como con la definición del personaje.

 

 

La madera siempre estará ligada a su vida porque, de hecho, Robert se identifica metafóricamente con ella. Y es que Robert es como un árbol. Un ser vivo que parece limitar su existencia a la espera. Con madera creará su hogar. Una cabaña acogedora donde apetece estar. Junto a un río. La madera será su trabajo… Robert, como los árboles, como la madera, desde su estatismo, ve la vida pasar.

Y es que la madera, como será su vida, y de tantos otros, tendrá un paralelismo con la vida de Robert. Todo eso que se hace a la madera, a los árboles, a los bosques, lo vivirá Robert en sus carnes.

 

 

El crecimiento, los cambios del entorno, las vigorosas ramas que se van formando, las flores que adornan, la tala, la poda, los cambios sin sentido e imprevistos… todo eso lo vivirá Robert cuando, sin buscarlo, sin tener ningún tipo de interés por nada, se encuentre con Gladis y luego con su hija. Mujer e hija de las que se alejará para sentirse podado en su ausencia.

Una madera, unos árboles, unos bosques, a los que se podan y talan, que se queman, que mueren o se secan, que renacen… algo que Robert también vivirá. El horror, la pérdida, en forma de incendio que se llevará todo por delante en el bosque y la pradera donde tenía su hogar. Y, del mismo modo, la resurrección, el cambio, con nuevos árboles, como él se tendrá que rehacer para volver a ver pasar la vida.

 

 

Una madera que tiene su principal función en la transformación. La madera se corta y se transforma para darle los más variados usos, como hará Robert, que de pasivo ser humano se convertirá en marido y padre, que de leñador pasará a ser transportista… Es un ciclo que no cesa. Vida y muerte. Esa madera joven talada que volverá a crecer en unos años. Como ese puente construido por Robert que quedará obsoleto 15 años después por otro más moderno.

“¡Qué rápido crece todo!”.

“Todo está entrelazado”. Esta frase la dicen Arn y Claire.

La película incide en eso constantemente. Que lo que es, dejará de ser. Y puede que vuelva a ser… de otra forma.

 

 

La ilusión de Grainier y Gladis será crear un aserradero en su propiedad y dedicarse a ese negocio para que él no tenga que ausentarse. Esto le llevará a una última temporada de tala en el bosque. Pero la ilusión se quemará como la madera en un incendio cuando Robert pierda a su familia. Una metáfora bien ligada.

Al final, Robert queda integrado en la naturaleza. Su cadáver, en la cama, aparece arropado por el verdor de la naturaleza, dentro de su cabaña de madera. Es la rúbrica perfecta al lirismo de la película. Donde al principio lo vimos casi confundido con un tronco, ahora lo veremos confundido con el verde de las plantas. Sin legado… o sí. Porque todo está conectado.

“Un árbol muerto es tan importante como un vivo”.

 

 

Robert sólo comprenderá ese misterio que le atormenta cuando suba a los aires. Allí rememorará su vida sencilla y esa conexión con el todo sobre la que reflexiona la película en consonancia con la filosofía panteísta.

 

 

Pérdida y duelo

“Sueños de Trenes” y “Hamnet” (2025) comparten la pérdida y el duelo como temas vertebrales de su narrativa. Si en “Hamnet” tenemos desgarro, aquí se recurre más a lo sutil, lírico y suave.

A Grainier le persigue la muerte. Como a todos, imagino. Pero a Grainier le persigue de forma tenaz y constante, hasta el punto de hacerle temer, según nos cuenta la voz over de Will Patton, que hace las veces de narrador. Una voz over de buena calidad literaria que nos habla del eco de un viejo mundo, que es en lo que se convertirán todos los mundos.

Ya de niño, en el epílogo de su presentación, mientras nos dan sus primeros datos biográficos, vemos cómo Robert da agua a un moribundo herido y agonizante. Es su primer encuentro con la muerte. O quizá el segundo, ya que no sabe nada de sus padres. Es huérfano. En ese primer encuentro no veremos al susodicho morir, por lo que ese tema parece algo tangencial.

Cuando comienza a trabajar como leñador, en la temporada de tala, sí tendrá un encuentro directo con la muerte que lo seguirá durante varios años. En 1917, coincidiendo con trabajadores chinos mientras hacen un puente para el ferrocarril, ve como, sin sentido ni explicación alguna, lanzan por dicho puente a un joven chino con el que parecía llevarse bien. Una muerte incomprensible para Robert, pero ante la que no logra hacer nada, algo que le perturbará durante años.

 

 

El fantasma o la presencia de ese hombre oriental acompañará a Robert desde entonces hasta la muerte de su familia, como si se tratara de una mala conciencia que no logra superar. Lo veremos silencioso y observante junto al protagonista, como esperando una explicación.

La siguiente aparición de la muerte en la vida de Robert será en otra temporada de tala. Siempre lejos de su familia. El apóstol Frank, asesinado en un plano fijo ante la perpleja presencia de sus compañeros de trabajo. Una venganza por el asesinato que Frank cometió en 1893 al hermano del vengador.

“¿Tú crees que las malas acciones nos persiguen toda la vida?”.

Si os dais cuenta, las apariciones de la muerte se ceban con personas cada vez más cercanas a Robert. Con el hombre oriental no le vemos cruzar palabra, sólo trabajar juntos, pero con Frank sí.

Así llegaremos a Arn Peeples (William H. Macy). Arn será el primer hombre con el que Robert tendrá una complicidad, una amistad, al menos que veamos. No sólo eso, sino que, extrañamente, coincidirá con él en temporadas de tala distintas. Arn es un artificiero y un contador de historias. No muy trabajador, pero da el aliento y el necesario entretenimiento que todo grupo necesita. Un charlatán sabio y entrañable.

“En la Tierra somos niños que quitan tornillos de la noria jugando a ser dioses”.

“Recuerdo pensar lo mismo cuando era joven. Sí, lo mismo”.

“Mi familia está allá donde vea una sonrisa”. “Con poca gente me cruzo más de una vez en esta vida”.

 

 

Una rama seca terminará con la vida de Arn (en picado). Lo hiere, apagando su memoria poco a poco. Recordemos la metáfora de la madera. Con este personaje tendremos los momentos de más humor y también más reflexivos.

“Aunque había sido testigo de la muerte, nunca había perdido a alguien cercano”.

 

 

Robert comienza a ser extrañamente consciente de la cercanía de la muerte sin entender ni ver el sentido a nada, simplemente sintiendo el miedo de aquello que no logra controlar. Una fatalidad acechante.

“A Grainier le preocupaba que algo terrible anduviera tras él. Que la muerte le pillara allí, lejos del único lugar en el que quería estar”.

Esa fatalidad acechante se manifiesta visualmente con las recurrentes pesadillas de Robert. Trenes, fuego, incendios… Ese momento temido llega a su regreso a casa. El incendio que volverá su vida del revés.

“Pasaron los años y Robert aún seguía esperando, aunque ya no sabía qué esperaba”.

 

 

La muerte de su mujer y su hija causará un impacto tremendo en la vida de Robert, dando por concluida esa progresión ligada a la muerte tan bien regulada desde el guión.

“Ellas no van a volver. Nunca”. El derrumbamiento.

Habrá una muerte más a la que asista Robert, aunque algo ha cambiado, porque esa muerte “le vendrá bien”, ya que posibilitará la compra de los caballos y el carro de su anterior dueña para ser transportista. Es la superación del duelo.

La muerte aparece de otras formas. Esas botas que vemos incrustadas en árboles. Funerales cristianos de leñadores, que honran así a los que mueren trabajando con la madera y por la voraz industria maderera. Claire también hablará de la pérdida de su marido.

Todo ello, que ya se muestra tras el asesinato del trabajador chino, genera un gran sentimiento de culpa en Robert al perder a su familia, ya que él no estaba allí con ellas para protegerlas. De alguna forma, al entender lo irremediable del ciclo, adquirirá algo de paz al final.

“¿Por qué?”.

Los planos de entornos vacíos, exteriores e interiores, también traen la idea de muerte, de ausencia, al espectador.

 

 

Robert, finalmente, morirá en 1968 para fundirse con el todo… Entenderá cómo la muerte está ligada a la vida y viceversa. Este concepto del film puede verse muy bien en el mismo cartel de la película, con esas botas, que simbolizan la muerte, en ese frondoso árbol que es la vida. Plano que, como ya comenté, también vemos en la película.

Ligado a ese aspecto conceptual y narrativo, se sumará uno visual.

 

 

Lee aquí la Última Parte del Análisis.

 

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