STAR TREK: MÁS ALLÁ (2016)

STAR TREK: MÁS ALLÁ (2016)

JUSTIN LIN

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tercera entrega el reboot cinematográfico de la mítica saga que encabezara en sus dos primeros títulos J. J. Abrams con notable éxito, sustituido en este tercero por Justin Lin. Es evidente que vamos de más a menos desbocadamente, pero se mantiene el interés y el vigor, lo que dará para nuevos episodios de la indispensable franquicia convertida en serial cinematográfico.

Tras varias series y 10 películas con el elenco original y la nueva generación, se lanzó por todo lo alto un nuevo reboot con los mejores efectos especiales, director de relumbrón y nuevo reparto encabezado por Chris Pine. El homenajeador oficial ochentero y revitalizador de franquicias clásicas de culto, J. J. Abrams, se marcó un gran éxito con su primera entrega en 2009 y su secuela en 2013.

Esta es la tercera, con Abrams fuera ocupándose de “La Fuerza” (hay jerarquías…), menos impactante y oscura, con sus alicientes y cierto deje a títulos anteriores, como “La última frontera” (William Shatner, 1989).

 

 

Con cierto humor inspeccionamos la rutina de nuestros diplomáticos intergalácticos mientras van de misión diplomática en misión diplomática. Una rutina que va pesando y erosionando a los ocupantes del Enterprise al tener que pasar larguísimos periodos en el espacio, como desarraigados, o arraigados al tránsito, al viaje, lo que incita a reflexiones, evoluciones vitales y la búsqueda de la normalidad en el pequeño microcosmos de la nave. La soledad, la apatía, el aburrimiento, las relaciones nacientes, las que se mantienen en pausa (vemos una homosexual, Sulu)… Estas angustias son especialmente agudas en Dirk (Chris Pine), del que veremos su cumpleaños, lo que le lleva al pasado, a su padre, al recuerdo… A querer cambiar de puesto, abandonar ese trabajo por uno alejado de tanto viaje, que de alguna forma le permita echar raíces, por ejemplo el de vicealmirante en esas instalaciones que visita al comienzo del film, la base estelar Yorktown, por lo que cedería la capitanía del Enterprise a Spock (Zachary Quinto). Este es el caldo de cultivo que luego no acaba de integrarse ni trascenderse una vez empiece la aventura que los curará de sus males y redimirá de sus agobios.

 

 

Este planteamiento pretende reflexionar sobre los actos de renuncia, de supuesta responsabilidad y conveniencia, de lógica ante lo que se espera de nosotros e, incluso, nosotros pensamos que queremos, hasta que la vida nos muestra el absurdo y define lo que somos y queremos. Una reflexión e ideas que se mantienen en secreto y no verbalizadas entre los personajes, una incomunicación que en realidad expone sus profundos afectos.

Kirk y Spock quieren renunciar al Enterprise y su trabajo de embajadores, Spock romperá con Uhura (Zoe Saldana), pero en silencio y sin dar explicaciones ni confesar sus intenciones (en casi todos los ejemplos)… todos ellos rectificarán en demostración de su profunda amistad y apego final a su trabajo. Una secreta, íntima y discreta amistad la de Kirk y Spock.

También destaca la idea de unidad, muy socorrida en estos títulos.

 

 

La película está bien dirigida por Justin Lin desde el plano visual, con planos largos y elaborados durante todo el metraje, con seguridad, incluso en ese tranquilo inicio y fase de planteamiento. Se deleita en los entornos, con ese universo, como en la moderna base Yorktown. Lo mismo podemos decir de las escenas de acción, rodadas con solvencia, incluso con momentos de brillantez. Un ejemplo perfecto lo tenemos en la secuencia de la misión de rescate a la nave varada en una nebulosa.

 

 

 

Una emboscada y un brutal ataque muy bien mostrado y coherente, ya que aunque te preguntas por qué no destruyen la nave en esa situación y con ese poder, queda claro que es porque buscan algo que una vez encuentran sí desencadenará la destrucción total del Enterprise. Es cierto que son más cuestionables las evasiones de los protagonistas y las persecuciones que los villanos hacen a nuestros héroes, que podrían haberse trabajado mejor desde el guión. Cogerán presa a la tripulación, suponemos que como sustento vital de ese vampiro galáctico que es Krall.

 

 

Destacables son los planos generales de batalla, la exposición de los ataques, bien montados, o el plano subjetivo desde el punto de vista de Kirk en la caída del Enterprise… Del mismo modo que sobresalen las escenas de exterior, son excelentes las del interior de la nave con las peleas y los tiroteos, jugando también con la estabilidad de la nave que obliga a los personajes a volar, sujetarse o deslizarse… Buena escena de acción de más de quince minutos.

 

 

 

Aquí se presenta al villano, Krall, interpretado por Idris Elba, con un look que recuerda al Duende Verde de Spiderman. Un vampiro galáctico del que tuvimos un cebo al ver a algún componente de la tripulación chupado hasta los huesos. Cebo fue también la escena inicial del artilugio que el Enterprise y Kirk logran salvar, luego anhelado por este villano. Finalmente conseguirá el artilugio, parte de un arma mortífera, aunque se le resistirá cierto tiempo. Su consecución se antoja algo escapista, y el retrato gratuito… Hay más cebos: la música, la moto, la nave encontrada…

 

 

El clímax no está mal, con momentos minimalistas y lúgubres, tenebrosos y oscuros en interiores en un principio, y la resolución vulnerando las leyes gravitatorias en total libertad para cuerpos y cámara en esa lucha entre Krall y Kirk.

 

 

Otras escenas, en cambio, no son tan afortunadas. La evasión de los protagonistas del siniestrado Enterprise ante el acoso de los villanos rompiendo el cristal frontal con un par de disparos y la solución de los propulsores tienen tela, aunque también su ingenio. La escena de las motos con esas imágenes multiplicadas para distraer y la teletransportación de 20 en 20 personas a la tripulación cuando como máximo lo adecuado eran dos dan como resultado un momento poco destacable. Una escena cogida por los pelos, mediocre, poco llamativa.

 

 

Gusta Lin de las grandilocuentes y en apariencia arbitrarias y equívocas grúas. Esas que muestran entornos y parecen desperezarse para ver quién perturba su paz al comenzar la escena, en los planos de situación. Travellings con panorámicas circulares y oblicuas abundan y son recurrentes como recurso en una película que, como suele ser habitual, deja vagar a la cámara con cierta libertad.

 

 

La película pierde fuelle en la fase de desarrollo hasta que llega el aceptable clímax final, diversificando las historias mientras seguimos las peripecias de los destacados miembros del Enterprise por separado. Pequeños episodios con los desperdigados personajes para reflexionar sobre lo sucedido, sacar conclusiones, explicar propósitos de ese repentino villano y planificar soluciones… en un guión muy cándido, artificial, esquemático e infantil, de principiante.

 

 

Para ello nos servimos de Jaylah (Sofia Boutella), la salvadora de Scotty (Simon Pegg), del descubrimiento del USS Franklin, antigua nave de la flota estelar, de las aventuras de un herido y delirantemente sincero y risueño Spock junto a “Bones” (Karl Urban), de Kirk con esa aparente inofensiva Kalara (Lydia Wilson) que apesta a traidora desde el inicio y deberá explicar ciertas cosas… Kalara sufrirá la inteligencia de Kirk, que la pilla con el carrito del helado, pero nadie la matará porque son unos humanistas, eso sí, le caerá la nave encima, cosa que los nuestros no pueden evitar… Estas soluciones siempre me han parecido algo hipócritas, villanos a los que los protagonistas no matan pero son condenados desde el guión y la dirección a morir por malos…

 

 

De paso descubriremos el planeta. Un planeta y un universo de contrastes, donde tienen la última tecnología, como comprobamos en el ataque al Enterprise, que han logrado piratear y espiar durante todo ese tiempo, tanto a la información de Yorktown como a los diarios de a bordo de las naves… pero todo en un entorno primitivo, invadido por la naturaleza y circunscrito a una pequeña base de infraestructura un tanto silvestre… que además no tiene la más mínima vigilancia en los sitios clave y de vital importancia.

 

 

Las debilidades de guión además se traslucen de diversas maneras, desde la estructura simplista, las incoherencias oportunas o las coincidencias afortunadas muy típicas en este tipo de películas sin mucha elaboración (descubrimientos para informarnos de cosas y enviar señales, que los descubran justo después de cumplido su propósito y tantas otros)… Por fortuna, nuestros amigos cuentan con el ingeniero Scotty, que emite juicios a la velocidad de la luz sin comprobar ni mirar absolutamente nada… Que una cosa es saber improvisar y otra sacarse las cosas de la manga…

 

 

Se supone además que la identidad del villano debe sorprendernos, pero se ve venir de lejos, es más, cuando dice explícitamente “mi vieja amiga”, a nadie puede caberle la más mínima duda. El capitán de la USS Franklin que ha vivido a través del tiempo consumiendo otras vidas. Suponemos que sus esbirros hicieron lo mismo. La explicación de las causas de tanta maldad, rencor y dolor en Krall, resuelta en una breve escena vertiginosamente, es irrisoria… Un antiguo soldado de la Federación que se sintió abandonado… Muchos tópicos, el que más me desespera es la idea de enjambre, que parece debe usarse en casi todas las películas de ciencia ficción.

 

 

Llama la atención el protagonismo en esta entrega del médico, “Bones”. No tanto el de Scotty, ya que Simon Pegg hace las veces de guionista, incluso aparece el primero en los títulos de crédito. Abrams aparece como productor. El reparto, liderado por Chris Pine, cumplidor. La película está dedicada a la memoria de Leonard Nimoy. Tendremos el recuerdo de la tripulación original en una foto, para los más nostálgicos, y dos parejitas felices, Spock con Uhura y Scotty con Jaylah, además de apreciar a velocidad supersónica la reconstrucción, una vez más, del Enterprise.

 

 

Un sano entretenimiento, digno de la época estival, inferior a las anteriores entregas, pero satisfactorio para los amantes del blockbuster. Cumple sin alardes.

 

 

 

sambo

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