SOUND OF METAL (2019)

SOUND OF METAL (2019)

DARIUS MARDER

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra de esas películas que algunos han querido elevar a los altares en este mediocre año… la necesidad. Es otra de las nominadas que bien podría haber sido un documental, lo que la hubiera hecho, quizá, más acertada e interesante.

Sound of Metal” cuenta la historia de un batería de una banda de metal que pierde el 80% de la audición de la noche a la mañana. Ruben (Riz Ahmed) forma un dúo con Lou (Olivia Cooke). Él es un rockero sano, que come bien y hace ejercicio, redimido de vicios anteriores.

Es un film de personajes, o más bien de un personaje en una situación crítica que le cambiará la vida. Una reflexión sobre la aceptación, la resignación o el conformismo, depende de la mirada… Y sobre cómo nos afecta y cómo nos comportamos ante los cambios imprevistos.

Darius Marder, que también escribe la película junto a Abraham Marder, apuesta por la asunción, la aceptación, la resignación en este viaje de redención de su protagonista, pero igual puede entenderse como una apología del conformismo, sin que esto sea negativo. De la aceptación sobre lo que es irremediable, un viaje de madurez que evite la desesperación. Una idea bastante vital, en realidad. Un viaje existencial.

Una idea y concepción que iría muy en la onda de “The Rider” (2017), película de la nominada este año por “Nomadland”, Chloé Zhao.

La presentación de los personajes, su dibujo y relación, está bien expuesta, con agilidad, casi con prisa para llegar al núcleo de interés del film, la fase de aceptación/resignación del personaje, de aprendizaje. Todo va bastante rápido. Esto no significa que sea apresurada, en absoluto. Aunque hay ciertos problemas, eso sí.

 

 

Y eso que se permiten ciertas fases digresivas. En su intimidad, la pareja escucha música mucho más suave de la que practican, hablan de Meat Loaf y “I’d Do Anything for Love (But I Won’t Do That)”, de Jeff Goldblum y “La Mosca” (David Cronenberg, 1986)… Bromean sobre el merchandising… Están de gira.

Luego la cinta, en su núcleo esencial, se atasca un tanto, haciéndose en exceso morosa, sobre todo cuando se sumerge en ciertos tics de cine indie y la exposición más documental.

 

 

Lo del sonido.

Me asombran los comentarios acerca del juego con el sonido que tiene la película. Comentarios que los califican como innovadores y demás. Seré comprensivo, ya que quizá hayan visto poco cine o no se hayan percatado con anterioridad por no dedicarse al análisis cinematográfico, pero al retrato subjetivo de una conmoción, perturbación o defectos visuales o sonoros se ha mostrado en innumerables ocasiones, incluso en thrillers no especialmente sofisticados… No es nada nuevo ni novedoso. Aquí se acentúa más, quizá, por el hecho de querer sumergir al espectador en la experiencia de manera más reiterada y por definir más concretamente la minusvalía del personaje, pero originalidad no hay en absoluto.

Esto no significa que no sea eficaz ni que funcione mal, todo lo contrario, de hecho ahora vamos a analizar su ejecución y resultados.

El mencionado recurso consiste en que para que entendamos lo que le ocurre a Ruben, esa sordera, el sonido nos llega atenuado, sordo, como si tuviéramos un tapón, o nos enrolláramos en una almohada, de manera que escuchamos lo que escucha el personaje, o sea, casi nada.

Ruben, en un principio, guardará su problema en la intimidad, confiando en recuperarse, suponemos.

 

 

 

Se juega con ese efecto para sumergirnos en su subjetividad. Se marca muy bien desde la dirección: Cuando se monte un plano general, objetivo, se escuchará normal, pero cuando nos acerquemos al personaje, nos situemos junto a su cabeza, aparecerá la subjetividad, el audio sordo y atenuado, confuso.

 

 

La inmersión subjetiva que pretende la película no es, ni lo pretende, rigurosa. Es decir, no nos sumergimos en ella durante todo el metraje identificándonos plenamente con Ruben, aparece sólo ocasionalmente para situar su subjetividad en los distintos ambientes (por ejemplo en la fiesta en casa de Lou en la parte final). Nos sumerge en el angustioso periplo del protagonista.

Allí, en la mencionada fiesta, escuchamos un batiburrillo sonoro y melodías distorsionadas en su nueva realidad auditiva, metálica. Una escena donde pasaremos del sonido subjetivo al objetivo como contraste efectivo.

Es desconcertante las cosas que la memoria conserva sin que lo sepas”.

Es un gran acierto sensitivo el uso de ese contraste usando la subjetivad sonora.

 

 

Tras la operación volveremos a sumergirnos en la subjetividad auditiva de Ruben, un sonido metálico que remeda el real, pero que dista de ser auténtico. Encaja mal su sorpresa, ya que es lógico pensar que le advirtieran del resultado, como hacen justo después, en la prueba a la que se somete… Una nueva realidad.

 

 

 

SOUND OF METAL
Courtesy of Amazon Studios

 

 

Redención indie.

Ruben es un ex adicto que había encontrado su camino a través de la música y Lou. Cuando pierda la audición, y por amor, acudirá a un retiro (con ayuda de la iglesia) para aceptar su situación y aprender a ser sordo. Esta fase, el núcleo central del film, es básicamente documental. No es raro, su director, Darius Marder, sólo había hecho un documental hasta ahora. Se nota.

Allí veremos la evolución de Ruben en su camino hacia la redención. Ira, conflicto, aislamiento, desconcierto, miedo… Ese retiro es un lugar para la aceptación, no para el reposo o la superación (superación en el sentido de cambio de estado).

 

Una terapia donde acuden adictos y sordos, donde deben aislarse de su vida anterior. Así, poco a poco, irá superando sus vergüenzas iniciales con el lenguaje de signos, su desconcierto e inseguridad, e irá integrándose en esa pequeña comunidad, aprendiendo a ser sordo. Pero incluso con su evolución, ese aprendizaje no le llevará de inmediato a aceptar su situación, ya que tiene algo fuera, un deseo, que puede más.

 

 

 

 

 

Aunque no lo sepa, en el interior de Ruben se ha iniciado una lucha entre su nueva vida y la pasada, aunque todavía no es del todo consciente, debe cerrar etapas pasadas.

Darius Marder plantea ciertos cebos, como ese reto que le propone el director del centro a Ruben, dejándole una habitación para escribir todo lo que le pase por la cabeza hasta que asuma su condición, hasta que pueda estar sentado sin más…

 

 

Se integrará, sobre todo, a través de los niños… Donde antes había desconcertantes comidas, ahora es uno más, participando de las conversaciones, enseñando, escribiendo… Su decisión lo terminará alejando de allí. Aunque se integró, no llegó al sosiego exigido por el director, no llegó a entender el propósito real. Allí se le ofreció una nueva vida, pero él aún necesitaba probar si podía recuperar la que tuvo… Esa lucha entre la vida pasada y la futura.

 

 

Un director que, en cierta media, se siente traicionado, que no cederá a los ruegos de Ruben, a pesar de afectarle su marcha, mostrando unos principios irreductibles. Pierde a alguien a quien tiene cariño y al que ha ayudado. Una pérdida irremediable, ya que Ruben debe concluir ese camino que desea, pero en quién se ha sembrado algo que le hará cambiar…

 

 

 

SOUND OF METAL (2020).Courtesy of Amazon Studios

En este camino hay un elemento bastante significativo, desde lo simbólico y lo narrativo. Es la caravana con la que Ruben y Lou viajan y en la que viven. La caravana es para Ruben un anclaje al pasado, la esperanza de recurar aquello que tuvo. Saldrá de su retiro para tocar en la caravana, en una catarsis necesaria que le impulsará a moverse. Como si hubiera temido dejar atrás aquella vocación… La caravana como tránsito y pausa. Ruben venderá su equipo e, incluso, la propia caravana, con opción de recompra, para realizarse la operación con la que recuperaría la audición. La caravana también como vehículo de maduración. Deberá desprenderse de ella para su último paso.

 

 

 

 

Ruben, tras un breve paso por el desarraigo, irá en busca de su vida anterior, si bien el espectador avezado sospechará que el viaje no será lo que espera…

Cuando vaya a encontrarse con Lou, se adentrará en la nueva/vieja vida de ésta. Ella había vuelto a tocar, tenía sus planes. Aquí terminamos por definir al personaje de Lou, en un giro interesante.

Lou tiene un tic nervioso. Se rasca la parte interna del brazo hasta herírselo. En el pasado, Ruben fue una salida para una vida que no la complacía, un bálsamo y una huida, pero cuando la encuentra se percata de que está tranquila, bien integrada en esa nueva vida alejada de él. Cuando Ruben menciona la idea de volver a su vida anterior, reiniciar la gira, recuperar la caravana, Lou comenzará a rascarse instintivamente. De alguna forma, Lou estaba con Ruben por amor y devoción, incluso por agradecimiento, pero ahora pensar en volver a aquello, algo a lo que parece dispuesta, le genera angustia. Ruben se da cuenta, por eso se marcha al final. Se da cuenta de que se aferraban a algo que ya no les convenía…

 

 

Es una buena escena final, sobre todo teniendo en cuenta el cebo planteado. Ruben saldrá a la calle, abrumado por el ensordecedor sonido mecánico, metálico, artificial, que parece invitarle al final de su viaje, a la aceptación plena, que llegará sentado, como le pidió su mentor en el retiro, Joe (Paul Raci). Se quitará el aparato que le permite esa escucha, y en el silencio alcanzará la paz. ¿Volverá?

Una evolución, la de Ruben, bien mostrada, con sutiles recaídas y debilidades que la hacen creíble.

 

 

El estilo del film remite de forma clara al cine independiente estadounidense. Abunda el plano fijo, a menudo enmarcado, por ejemplo en la caravana (esos despertares al inicio, dos contrastes, su rutina, pero la segunda vez con el impacto de su sordera), y también la cámara al hombro, que en ningún caso es incómoda, ya que su inestabilidad es moderada. Esta cámara al hombro también es inmersiva, lo que enfatiza la subjetividad buscada cuando conviene.

La película se acaba atascando, mucha estampa impresionista, muy típica del cine independiente más clásico. Tiene problemas de ritmo y está demasiado alargada. El guión es bastante justito, básico, funcional.

 

 

Hay comportamientos en sus personajes algo apresurados o extraños, una toma de decisiones algo brusca y drástica. No se entiende la sorpresa de Ruben ante su nueva audición, cuando es algo que debieron explicarle desde un principio, que se oculta en la narración, imagino que con fines dramáticos…

Hay grandes momentos, como esa escena en la que Ruben, dando un paso adelante en su integración en el centro, a través de los niños, se comunica con uno mediante golpes en un tobogán, usando la percusión, su modo de vida, para hacerlo. Un niño que parece relajarse con ello.

 

 

La naturaleza actuará como signos de puntuación narrativos, apareciendo ocasionalmente, como elipsis también.

Las interpretaciones son correctas, destacando, obviamente, la de Riz Ahmed. Olivia Cooke acompaña con acierto.

Sound of Metal” es una película correcta, que funciona aceptablemente como drama psicológico e indaga con tacto en su propuesta e intenciones, huyendo de efectismos y sensiblerías, contando lo que le ocurre a ese personaje con profundidad, en ritmo irregular, a veces en exceso moroso. Película de actor que los guionistas (uno de ellos director) dedican a su madre.

 

 

 

 

sambo

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