FRED ZINNEMANN

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Exteriores e interiores

“Solo ante el peligro”, en su subtexto y puesta en escena, reflexiona sobre cómo afrontamos la vida, las responsabilidades y compromisos, con nuestras decisiones, tanto con el pasado como para el futuro. Cómo afrontamos la vida, en definitiva, con aquello que hacemos, decidimos e hicimos.

Esto lo desarrolla Zinnemann desde la puesta en escena con un juego y una idea muy sencilla, pero muy eficaz. Las escenas en interiores o en exteriores.

Un personaje se moverá por exteriores, Will Kane. Otros también pasarán la mayor parte del tiempo en exteriores, aunque esperando. Alguno, como el que encarna Grace Kelly, tiene un sentido mixto, pero la mayoría guardará espera a resguardo en interiores…

 

 

–Si observan, el único personaje que se mueve por los exteriores es Will Kane, el único decidido a afrontar su responsabilidad, negándose a huir. Él y los villanos…

Will Kane no es un héroe de inicio, es un tipo normal en una situación límite y traumática ante la que decide dar la cara, no evadirse ni huir, es decir, más heroico aún. Tiene debilidades, se plantea huir cuando ve el rechazo de todos, asqueado ante su entorno, esa sociedad sin valores, adocenada y acobardada, donde el deber o la amistad no tienen cabida. Un tipo íntegro, como demuestra en todo momento, incluso en el duelo final, por ejemplo, avisando a su enemigo para no dispararle por la espalda…

A Gary Cooper y su Will Kane debemos uno de esos planos iconográficos, que son historia del cine. Ese sheriff andando por las arenosas calles del pueblo buscando ayuda, especialmente en un momento, cuando Zinnemann enfoca la sombra andante de Cooper, como símbolo de su amenaza de muerte.

 

 

Veremos a Will Kane desplazarse por los exteriores del pueblo continuamente, de un lugar a otro, buscando un apoyo. Irá a las casas de varios amigos y conocidos, irá al bar, irá a la iglesia… donde todos se mantienen a resguardo, como escondidos ante un peligro latente y próximo.

Will es el único personaje capaz de enfrentarse a sus responsabilidades, a su deber, a pesar de buscar ayuda (eso que soliviantaba a Hawks). Por eso le vemos a la intemperie, en exteriores, expuesto a la vida que ofrece amenazas, pero también satisfacciones.

“No es que quiera ser un héroe, si crees que eso me gusta te equivocas”.

En el bar, “Salón Ramírez”, con todos a resguardo, claro, recibirá la humillación del rechazo de todos al pedir ayuda (esta escena fijo que desesperó a Hawks). El mismo rechazo recibirá en la iglesia tras un debate.

 

 

Nada más casarse será apelado para irse sin mirar atrás, dirigirse a esa nueva vida sin reparar en la pasada. Aunque lo hará en principio, rectificará de inmediato, contradiciendo las hipótesis que oímos a Harvey Pell sobre su cobardía.

“Ellos me están haciendo huir y yo jamás he huido ante nadie”.

Es importante reseñar que Will ya no tiene por qué cumplir con su responsabilidad. El puesto de sheriff ya no es suyo, queda bacante hasta que llegue el próximo, al día siguiente, pero aún así asumirá ese compromiso y responsabilidad. Es decir, podría ceder a la excusa burocrática sin problema para justificarse.

“No trates de ser un héroe, no tienes por qué serlo, ni siquiera por mí”.

Muchos de los personajes con los que se encontrará acaban simbolizando escollos habituales en la vida. Desde la competencia con Harvey Pell al de su responsabilidad como marido hacia su mujer (un tira y afloja drástico hasta el final, donde ella propone la huida); de la falta de lealtad en los amigos, a la lealtad imprevista que viene de jóvenes o desahuciados; del amor voluble al vértigo de unas instituciones tambaleantes…

Ojo, hay algún personaje que vemos en exteriores, hablando con Will, que, por supuesto, será ejemplo de comportamiento heroico dispuesto a enfrentarse con Miller y los suyos. De hecho, es curioso ver la diferencia entre los dos voluntarios que se ofrecen a ayudar a Will. Uno de ellos lo hará en interiores, en la comisaría, pero cuando se entere de que el sheriff no ha conseguido más apoyos, se arrepentirá y abandonará su propósito. El otro, Jimmy (William Newell), el borrachín del parche en el ojo, se ofrecerá sin excusas, pero será rechazado por Will al ser arriesgado para él en su situación…

Este personaje, ya que Howard Hawks suele salir al mencionar esta cinta, recuerda en cierta medida al de Dean Martin en “Río Bravo”, donde quizá estuviera su origen, al pedir una oportunidad para demostrar su valía.

“Quiero ser útil. Necesito una oportunidad. Por favor, Kane, déjame tomar parte”.

Es un hombre denostado que en otro momento fue brillante (él menciona que tenía buena puntería antaño), necesitado de apoyo y una oportunidad para redimirse, consciente de una responsabilidad que debe asumir, que quizá le quede grande, pero a la que está dispuesto. Es, posiblemente, el personaje más digno… Pero Will lo desechará, es más, le dará dinero para que beba (condenándolo, ya que sabe de su alcoholismo), en lo que me parece un gesto algo despreciable que seguramente Hawks se empeñó en redimir en su obra maestra.

 

 

Hay otro personaje que se ofrece a Will. Un chiquillo de 14 años, que incluso miente sobre su edad para tratar de convencer al sheriff, que se negará. Son de esos pequeños matices que ofrece la película, donde debo resaltar esa tierna mirada y sonrisa, impecable Cooper, al chico cuando éste ya no lo ve…

“Si no lo entiendes es inútil que te lo diga”. De Will a Harvey.

“Si usted lo ignora, yo no puedo explicárselo”. De Helen a Amy.

En la parte final, Zinnemann retratará su inmensa soledad con ciertos recursos enfáticos. Una soledad que hemos observado en todo momento, pero que en esa parte final se confirma plenamente tras su infructuosa búsqueda de ayuda, con la esperanza de no estar solo.

 

 

 

 

Es tremendo, por tanto, ese plano en exteriores con el carro que llevan Amy y Helen hacia el tren, ese que trae la muerte, dispuestas a seguir su vida (tren simbólico), pasando ante Will con Amy rehuyendo la mirada de su marido.

Imponente es la grúa que enfatiza la soledad del héroe en las solitarias calles esperando el duelo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En Will Kane tenemos una oda al individuo que se opone y resiste a toda presión social, a todo colectivismo, esos que le amenazan o apelan a marcharse, incluso cuando no le apoyan en misiones que son justas.

–El resto del pueblo se mantendrá en casi todo momento en interiores, acobardado, sin iniciativa, sin involucrarse. Cuando la amenaza atraviese el pueblo, apoderándose de esos exteriores, todos se mantendrán a resguardo… El miedo buscando seguridad, a buen recaudo. Observen a los que acuden a la iglesia justo cuando los jinetes llegan al pueblo, o ese que se mete en su caballeriza…

Los demás ven el espectáculo, a Will pasar, la espera, desde porches o ventanas, que salen constantemente. Es un pueblo que parece solitario, desierto, sobre todo cuando vemos al protagonista avanzar por sus calles.

El juez huirá despavorido (ese simbólico gesto de quitar la balanza, símbolo de la justicia, que cuelga de la pared para llevárselo, eliminando cualquier atisbo de civilización… de no ser por Will Kane), tras mantenerse a resguardo, reflexionando sobre la mediocridad social y su cobardía.

 

 

El regente del hotel será otro espectador a resguardo, deseoso de que lleguen Miller y los suyos, ya que no le complace el sheriff Kane. Lo mismo ocurrirá con el camarero, entusiasta de los villanos, con algún matiz interesante, siempre dentro de su bar.

En el bar encontraremos a buena parte de ese pueblo, oculto, seguros, rechazando a Will en su petición, incluso simpatizando con los asesinos…

Acudirá a un amigo, Sam (Harry Morgan), a su casa, donde se esconde y escuda cobardemente en mentiras de su mujer para no dar la cara.

“Márchate, Will”.

 

 

 

 

En la iglesia encontrará a otro buen porcentaje de los miembros de esa comunidad. También lo rechazarán, si bien la escena es de las más interesantes, ya que se sacan a relucir todos los puntos de vista, desgranando algunas de las tesis del film. Es importante el lugar donde acontece la acción, la iglesia, lugar sagrado y de depuración del alma.

Acudirá allí, rebajándose al máximo, a suplicar ayuda a los mismos que piden a Dios. Él no es un gran religioso ni acude con asiduidad a la iglesia. Su matrimonio, como vimos, no fue religioso, aunque por cumplir un deseo de Amy, que quería casarse en una iglesia de su pueblo.

Se tocan aquí con acierto todos los puntos de reflexión. En el debate que se forma, en un primer impulso, varios se sumarán a la causa de Will voluntariamente, encontrando razón en defender su pueblo de asesinos, en un gran detalle de guión que elimina el simplismo y el esquematismo de la propuesta de esta obra maestra. Unos argumentan a favor de intervenir y ayudar y otros en contra. Esgrimen que lo que peligra es el pueblo con la llegada de esos asesinos, de los que bien se conoce su forma de proceder, por tanto es un asunto que incumbe a todos, no sólo al sheriff (no creo que Hawks estuviera en desacuerdo con este argumento, lo que le escamaba era la actitud del profesional pidiendo esa ayuda)…

La cuestión aquí estriba en por qué, tras el debate, los que defendieron la postura de ayudar a Will, los entusiastas voluntarios iniciales, no se suman finalmente a nuestro protagonista…

 

 

Eso sí, uno de los que argumenta en contra de Will podría haber sido el propio Hawks: “Hemos contribuido con dinero al sostenimiento de un sheriff y otros agentes y, ahora, en la primera ocasión que pasa algo, somos nosotros quienes debemos resolverlo. ¿Para qué hemos estado pagando tanto tiempo? No somos policías, no es ese nuestro oficio”.

A esto se le llama tocar un tema, exponer, verbal o visualmente, un tema y que el espectador reflexione sobre todas las implicaciones posibles. Añadir el matiz de que Kane ya no es sheriff en ese momento, acude por la responsabilidad que tuvo.

Finalmente, la solución será política, un estamento hacia el que se cargan las tintas especialmente, ya que son los que de alguna forma propician la situación con sus leyes. Será Thomas Mitchell, que se autodefine como uno de los mejores amigos del protagonista, el que desde su cargo de alcalde/major cierre el debate. Tras defender a Will con unas amables palabras y reivindicar su labor, le invitará a marcharse del pueblo para evitar el conflicto, motivo en el que se escuda argumentando que una trifulca dificultaría el progreso económico de la ciudad, ya que nadie querría ir… Es el “bienquedismo” e hipocresía política, amparándose en buenas palabras y otros subterfugios para rehuir responsabilidades. Solución entre ingenua y cobarde.

 

 

Las menciones a Hawks vienen porque criticó la actitud del protagonista en el film, ya que atentaba a su noción de profesionalidad, un tema clave del maestro. Tanto que hizo “Río Bravo” (1959) como réplica a esta. Le desquiciaba ver a Gary Cooper mendigando ayuda, suplicando que un alma cándida le acompañara a cumplir con el que es su deber. Para Hawks esto era inconcebible. Cooper debe cumplir con su trabajo, no pedir a gente normal que arriesgue su vida para una misión que le corresponde a él.

Cuando Will terminé con los asesinos, todo el pueblo saldrá, ahora sí, a la calle, momento adecuado para otro de los grandes momentos iconográficos del film: Will Kane quitándose su placa y tirándola al suelo en muestra de desprecio hacia ese entorno que decidió proteger, que ahora sale de su cobarde cueva, aunque no lo mereciera.

Hay algunos personajes que tienen una naturaleza ambivalente, es decir, a los que vemos ocasionalmente en exteriores, si bien pasan la mayor parte del tiempo en interiores.

 

 

 

 

 

–Amy Fowler (Grace Kelly). Ella es intermitente e itinerante, mostrándose así sus dudas en ese juego de exteriores e interiores. Es uno de los personajes ambivalentes, que dudan, ya que quiere huir, pero no quiere dejar a su marido, al que reta y presiona con chantajes psicológicos de todo tipo. La veremos en exteriores, en la estación, para comprar un billete y marcharse de allí, junto a los villanos que esperan, momento en el que apreciamos su vulnerabilidad. Se debate entre la lealtad a su marido, su amor hacia él, y el miedo y orgullo como esposa. Le dará un ultimátum, incluso. ¿Esposa o viuda? Will Kane tendrá que elegir entre su responsabilidad conyugal y su responsabilidad profesional.

Esa ambivalencia, en la que aunque se alejará de su marido acabará rectificando y siendo la única ayuda que recibirá éste (toma conciencia con Helen), tiene, en cierta medida, una justificación al dotarla de cierto pasado. Incidirá en su versión pacifista por lo que le ocurrió a su hermano y su padre, muertos en un tiroteo aunque la razón estaba de su parte… Es decir, por experiencia, mala, sabe del absurdo de la violencia y de su resultado incierto.

 

 

Es un personaje interesante, porque en ella se plasma y desnuda la indiferencia o neutralidad mezquina de toda esa gente, con ella al frente, cuando se dirige al tren e ignora la mirada de su marido de igual forma que lo hace ante los villanos que van a matarlo. Una infame equidistancia.

En última instancia rectificará para redimirse cuando oiga un disparo, plasmación de una realidad que antes sólo era potencia.

 

 

–Harvey Pell (Lloyd Bridges) es un personaje atractivo. No se le presenta como un acobardado, como a la mayoría de los otros. En principio es un tipo que no temería el enfrentamiento, pero su motivación es medrar, sustituir al sheriff. Juzgará a Will como un cobarde ante Helen (Katy Jurado) en interiores, pero le veremos pasear por exteriores, incluso apelando a Will.

“¿No será porque tenga miedo a esos tres bandidos?”

“Sólo el hombre listo es el que sabe retirarse a tiempo”.

Con él tenemos un plano paradigmático de toda esta idea, una imagen recurrente. Harvey, perturbado por su situación, acomplejado por Will, al que parece querer imitar y seguir en todo (lo quiere sustituir como sheriff, sale con Helen, que antes fue novia de Will), mirando desde interiores a ese tipo que le resulta inalcanzable, que pasea en ese momento por los exteriores… Por supuesto, esto sólo puede terminar desencadenando un conflicto físico.

 

 

Una buena pelea, mucho más realista de lo que se acostumbraba, entre el ambicioso (y borracho) Harvey y Will en un patético y desesperado intento del primero de suplantar al segundo, de “matar al padre”, de demostrarse que es mejor… Pero aunque casi lo deja K.O de inicio, terminará derrotado por nuestro protagonista. Es la representación de la ambición como modo de enfrentarse a la vida.

 

 

–Helen Ramírez (Katy Jurado) se mantendrá a resguardo la mayor parte del metraje, salvo en su viaje hacia el tren. Es un personaje curioso, ya que es de los más dignos. Tiene las ideas claras, es decir, teóricamente defendería sin ambages a Will, pero su condición de ex la impide hacerlo, por lo que se marchará de esa ciudad que termina despreciando. ¡Menuda mujer, la Ramírez! Dejará por los suelos a Harvey al ver en él la personificación de la mezquindad y la ambición sin sentido. Puro feminismo del bueno.

–Helen: Yo, en cambio, no la comprendo a usted. Aunque él diga lo que quiera, si Kane fuera mi esposo no le dejaría en esta situación. Cogería un arma y lucharía.

–Amy: ¿Por qué no lucha usted?

–Helen: No soy su esposa. Lo es usted.

Con este diálogo, Helen vuelve a recalcar uno de los temas indispensables del film. La responsabilidad. Aunque estaría dispuesta a ayudar, la responsabilidad de hacerlo corresponde a Amy, ya que se trata de algo personal.

 

 

Helen es un personaje de principios firmes. Ha estado relacionada con los tres hombres principales, Will, Harvey y Frank. De hecho, será cuando llegue a la estación y mire desafiante, cuando se nos descubrirá el rostro del villano principal, incapaz de ocultarlo ante el poderío de esa mujer que parece lograr que todos saquen sus interioridades.

Observen el contraste en el duelo de mujeres. Una rubia de blanco, virginal. La otra morena, en tonos más oscuros y que ha tenido relaciones con Will, Harvey y Frank…

 

 

 

 

 

 

 

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