ROMA (2018) -Última Parte-

ROMA (2018) -Última Parte-

ALFONSO CUARÓN

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vida y muerte.

Y en este juego de espejos, contrastes y opuestos, dos conceptos antagónicos por excelencia. La vida y la muerte. Siempre que aparece la vida en la película de Cuarón acudirá la muerte a darle réplica.

-Cuando Cleo observa a los bebés en el hospital, un terremoto lo sacudirá todo, suponiendo la amenaza mortal de la que un bebé sólo se librará gracias a la protección de la incubadora, la cápsula en la que se mantiene a salvo de los escombros. Es más, esa figura de vida, un bebé recién nacido, aunque sea bajo unos escombros que no lograron alcanzarle, viene seguida de un plano de cruces conmemorativas en una cuneta.

 

 

Por no mencionar el recuerdo a los perretes fallecidos, con las cabezas disecadas, que Cleo encuentra en esa casa de recreo a la que van en ese viaje acto seguido…

-Esta idea queda especialmente bien plasmada en los sucesos de la Masacre de Corpus Cristi, con los “halcones” y sus matanzas. Un asesinato a sangre fría en la tienda donde Cleo y la religiosa abuela acuden a comprar una cuna, que termina con Cleo rompiendo aguas, antesala del nacimiento…

Poco después, cuando tratan de llevar a Cleo al hospital, sacándola de la tienda, vemos cadáveres y chicas llorándolos.

 

 

 

 

 

 

-Como clímax tenemos el escalofriante momento del parto, en plano secuencia y fijo, donde la idea se condensa en ese mismo instante. La vida con el recién nacido y su muerte, con Cleo en primer plano enfocada y el bebé con los médicos al fondo desenfocados.

 

 

 

Encapsulando instantes.

Congratula ver a un director rodar de esta forma, apostando por el plano general (en 65 mm) y el plano secuencia, sobre todo en estos tiempos. Da gusto verlo rodar así una historia tan sencilla en apariencia y en contraste con la espectacular “Gravity”.

Aquí hace una cinta eminentemente contemplativa. De hecho, Cuarón ha reconocido que no se ha preocupado de lo narrativo, algo que no hace falta que explique, como hemos citado, sino de lo emocional y sensitivo. Es una cinta que se escucha, se palpa, de huele… Esa cadencia de los cubos de agua lanzados para limpiar el suelo, esas calles bulliciosas o la rutina casera, ese oleaje que golpea inmisericorde… se escucha, se palpa.

Una película con mucho de autobiográfico, rodando en calles en las que vivió (la Calle Tapeji), recordando aquello que experimentó… sobre todo, sentimientos.

 

 

 

En “RomaCuarón no parece recrear una época, sino que nos lleva a un puro viaje al pasado, como si hubiera grabado en aquella época y recuperado el metraje. Ha rodado todo el film en 65 mm, lo que le da un aspecto visual asombroso, de una belleza extraordinaria en ese blanco y negro. Logra un sensacional retrato de ese México caótico y embriagador, fascinante y perturbador, desde lo sensitivo, algo que parece aglutinarse en esa escena del incendio en Fin de Año, absolutamente excéntrica, tomándoselo como si de un juego se tratara, con los niños deambulando por allí, los adultos copa en ristre lanzando cubos (que sirven para más cosas que limpiar mierdas), señores disfrazados y cantarines mientras la vegetación prende…

 

 

Cuarón sigue fiel a su estilo fluido y sin corte, como un ballet en el que los actores ponen el movimiento coreografiado mientras la cámara los sigue, en largos planos secuencia, prescindiendo del corte siempre que es posible, utilizando la panorámica, el travelling o el fuera de campo. Cuarón encapsula instantes en tiempo real. Así queda claro desde el primer plano de la película, sin corte, con panorámicas, usando el fuera de campo cuando la protagonista sale de cuadro…

 

 

Los decorados y entornos, siempre mostrados en plenitud y plano general, contienen a los personajes en su fugaz transitar por ellos. Pero la cámara siempre seguirá a Cleo con suaves y elegantes panorámicas, solidaria con ella, con una naturalidad y sosiego perfectos. Un ejemplo es cuando apaga todas las luces de la casa una vez ha terminado la jornada laboral para irse a dormir… después de unos ejercicios en la intimidad adolescente a la luz de una vela con su compañera… Con panorámicas fluidas, incluso circulares de 360 grados. Son tomas, en general, que muestran esa época y ese entorno global, como esa otra panorámica donde vemos al vecindario, junto a Cleo, haciendo la colada. De nuevo lo personal y lo universal.

Observad su maestría. Una panorámica por el piso de arriba, con un movimiento suave de izquierda a derecha y luego de vuelta… cuando llega el corte para situarnos en el piso de abajo, descubriremos a la cámara haciendo la misma panorámica exactamente de derecha a izquierda. Y digo bien, descubrimos, porque el movimiento no se inicia una vez realizado el corte, sino que la cámara ya estaba en movimiento, produciendo una hipnótica sensación de continuidad, remedo de plano secuencia, que logra una cohesión estilística perfecta… Detalles que al público medio se le escaparán, pero que definen la calidad cinematográfica del film. No sólo es una cuestión estética, porque todo esto tiene que ver con el fondo, el tono y el clima de la película.

 

 

Así vemos a Cleo, perfectamente integrada en esa familia, seguida por la cámara, donde se marcan las jerarquías, pero donde es tratada y recibida con cariño y respeto mientras la familia se reúne ante el televisor y ella puede permitirse un rato para compartirlo con ellos… hasta la siguiente orden.

 

 

 

 

 

 

 

El uso de la frontalidad o la diagonal en el encuadre refulge con fuerza. La diagonal parece abundar en interiores, mientras que la frontalidad suele aparece para presentar exteriores, si bien conforme el metraje avanza esta planificación se mezcla y varía. Lo que sí está claro es que el plano general con gran profundidad de foco da un aspecto estético deslumbrante a cada plano, a cada encuadre.

Frontalidad (y estatismo) en interiores, siempre desde el punto de vista de Cleo o centrada en ella, la tenemos en su intimidad con Fermín (Jorge Antonio Guerrero) mientras hace ejercicios de artes marciales desnudo ante ella; en el reconocimiento médico por su embarazo (primero sobre Cleo, luego lateral viéndose el entorno); cuando Cleo observa a los bebés en el hospital; en el trágico parto…

 

 

Un estatismo muy preciso y calculado, por ejemplo en esa mencionada escena en el hospital cuando Cleo mira a los bebés. Cuarón la planifica con detenimiento. Plano de Cleo mirando a los bebés, a los que vemos desde el reflejo del cristal (otro reflejo), plano lateral de una niña hablando con su abuela que también los mira y hablan del futuro (donde también se incluye a Cleo), plano trasero general mostrándolo todo, incluida la sala donde se encuentran dichos bebés…

 

 

 

Hay un momento interesante en un cambio de eje. Es esa comida familiar en la que se nos presenta a los hijos, que en dos planos distintos, pasando por la cocina entre medias, la cámara cambia de posición, una vez ha aparecido la madre, que ocupa, más o menos, el lugar en el que estaba Cleo.

 

 

 

 

 

 

Usa los travellings y las panorámicas de manera magistral para definir entornos, en una puesta en escena deslumbrante: Viendo correr a Cleo y su amiga por las calles; en el campo con niños disfrazados y adultos disparando; con Cleo siguiendo a los chicos hasta el cine…

 

 

 

 

 

 

 

Pero también utiliza el montaje recogiendo significativas estampas, por ejemplo en los interiores de la casa donde la familia va a pasar unos días, con biberones que conviven con licores y tabaco… Grandes escenas descriptivas y expositivas que desnudan un tiempo, una manera de desenvolverse y comportarse… Tradiciones y hábitos.

 

 

 

Los planos de entornos solitarios, vacíos, de espíritu bressoniano, también adquieren gran significación en el contexto, como hacía el gran director francés.

Con sutiles elipsis hace avanzar el tiempo sin que apenas nos percatemos. “Roma” abarca un año más o menos. Pasamos por la Navidad y el Fin de Año, por el verano y otras estaciones a lo largo del embarazo de Cleo.

 

 

 

Las interpretaciones son muy correctas, con mención especial para Yalitza Aparicio, que interpreta a Cleo, en quien se vertebra toda la película, en su estoicismo. Una mujer de 25 años que encaró este difícil reto sin experiencia en el mundo de la interpretación, ya que ella se dedica al mundo de la docencia. No es la única, Fernando Grediaga, que interpreta a Antonio, el padre de la familia, tampoco es actor.

Roma” no es la obra maestra sin igual que muchos han vendido, pero es una extraordinaria película, aburra o no a algunos. Tiene ciertas coincidencias y encuentros casuales que restan cierta verosimilitud a una cinta tan sencilla y pretendidamente realista, pero son defectos menores, que además entroncan con esa idea alegórica que se fusiona con la realista que tanto gusta a Cuarón. Desde luego no se la recomendaría a cualquiera porque no es una cinta para todos los públicos, pero sí de inmensa calidad.

 

 

 

Dedicada a Azurri, con todo el cariño.

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

sambo

There are 4 comments on this post
  1. R
    enero 23, 2019, 9:38 pm

    MAGNÍFICO ANÁLISIS!! De principio a fin. Me ha entusiasmado, como suele.
    Muchas más ganas de verla, ahora que voy equipada con tu estupendo trabajo. Lo disfrutaré muchísimo, por partida doble, porque leer todos esos aspectos han supuesto una experiencia rica ahora, y harán el visionado más brillante gracias al conocimiento y a curstiones que quizá sin tu ayuda me habrían pasado desapercibidas.
    Muchas gracias, como siempre. Y enhorabuena, también como siempre, porque lo mereces.
    Bss

    • sambo
      enero 24, 2019, 7:33 pm

      ¡Gracias, Reina! Ha sido muy exigente, aunque ya suponía que iba a ser así. Me gustará saber, si la ves, qué opinas al verla con apuntes jaja

      Besos.

  2. enero 24, 2019, 12:05 am

    Magnífico trabajo, Sambo, gran explicación, plena de detalles, varios de los cuales se me habían escapado. Coincido en muchas cosas contigo, en la belleza de los planos, en la sencillez y complejidad de la historia, en la maestría del director y la técnica, en la brillantez de los símbolos empleados. Pero por otro lado, cada vez que alguien me pregunta si la recomiendo, suelo terminar de un modo muy parecido al tuyo, diciendo que a mí me encantó, pero que no es recomendable para todo el mundo, en especial para algunos de mis colegas que sé qué tipo de cine gastan, y este tan personal y tan de autor no es el suyo, no es el habitual de las masas. A ver qué suerte tiene en los Óscar.
    Un saludo.

    • sambo
      enero 24, 2019, 7:32 pm

      ¡Muchísimas gracias, Amiguete! Me alegra que te haya servido. Es que no hay películas para todos. Hay que conocer los gustos para recomendar, aunque las películas sean malas. Luego están los hechos objetivos, que hay más que subjetivos en las valoraciones a pesar de lo que se pueda suponer en esto del arte. Hay películas, como libros (pongamos un ensayo o estudio científico), que no son para todos, pero no por ello dejan de ser buenos. De hecho es fácil que de esas obras salgan otras por su influencia, buenas y malas. Pongamos el caso de un riguroso estudio sobre viajes en el tiempo o el universo. Eso dará para infinidad de obras de las que pocos sabrán su origen, pero… ese origen es esencial.

      Sería aplicable a la música. Ese músico virtuoso que innova en técnicas, pero que no es comercial, ahora, se aplicarán luego a otras cosas que serán más accesibles seguro…

      Esta película es notable objetivamente, pero es complicado que la disfrute la mayoría porque exige un tipo de entretenimiento distinto al convencional, más poético, intelectual si se quiere…

      Un abrazo fuerte.

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