ROMA (2018) -Parte 2/3-

ROMA (2018) -Parte 2/3-

ALFONSO CUARÓN

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mujeres y oleaje.

Una de las escenas por la que se recordará “Roma” es la de la playa en la parte final del film. Cleo (Yalitza Aparicio) luchando sin saber nadar contra el oleaje para salvar a dos de los chicos. Metáfora perfecta de su vida. La lucha de una mujer contra el oleaje que es su vida. Es una imagen poderosa y tensa que escenifica como clímax toda la idea, la maternidad sobrevenida, el amor… pero si nos damos cuenta, Cuarón ha planificado y estructurado su película en varios clímax similares a lo largo del film, en los que Cleo lucha contra oleajes mostrados de otra manera, pero ante los que debe sobreponerse para enfrentar su responsabilidad. Una lucha femenina. Veamos.

 

 

 

  • Oleaje

-Cuando Cleo va con toda la familia al cine, algunos de los chicos se adelantan y la madre de ellos le pide a Cleo que no los pierda de vista ante el temor de que les suceda algo. Es un largo travelling, majestuoso, por las calles, donde el oleaje de gente impide a Cleo seguir de cerca a los críos, a los que pierde de vista. Un momento inquietante y tenso, que contrasta con paseos o carreras de Cleo anteriores por las calles, despreocupada.

La cámara la seguirá en todo momento, apreciaremos su preocupación y desconcierto al no ver a los chicos, hasta que finalmente, siguiendo el camino marcado, los encuentra a las puertas del cine… para descubrir saliendo de él al padre de los mismos con una joven…

 

 

De nuevo Cleo aparece de manera tangencial en el drama soterrado, en una traición que se le va acercando, que amenaza con fracturar esa familia de la que cuida. Es ella la que verá el anillo matrimonial en la cómoda donde el marido guarda su ropa…

 

 

-Durante la Masacre del Corpus Cristi, Cleo romperá aguas, por lo que tendrá que ir rápidamente al hospital… pero no podrá. A las convulsas calles se añade un tremendo atasco que la impide avanzar mientras el niño puja por salir, por lo que tendrá que luchar con ayuda contra viento y marea para llegar al hospital…

 

 

 

 

 

 

-Finalmente tenemos la célebre escena de la playa, cuando Cleo, sin saber nadar, se mete en el agua, azotada por las olas, intentando salvar a los niños que desobedecieron las órdenes de su madre al irse… logrando su propósito en un excelso plano secuencia, lleno de tensión y suspense donde volvemos a tener un contraste: la salvación de los chicos y el sentimiento de culpa de Cleo por haber deseado que su hijo no naciera. El plano con el que termina la secuencia es ya iconográfico. Bellísimo.

Y es ahí donde entra en juego el simbolismo de la orilla. El reinicio, un nuevo comienzo, una redención. Del punto de inflexión que supone el hijo fallecido, la búsqueda de un cambio con esas vacaciones algo depresivas donde la familia busca reinventarse sin el padre y Cleo consolarse tras su tragedia, a la redención con ese hermosísimo plano final de esa familia disfuncional abrazada en la orilla, redimiéndose, purificándose de sus sentimientos de culpa y dolor.

Cuando la tragedia se asome, los sentimientos renacerán, y cuando Cleo rescate a los niños todo lo que de verdad importa les golpeará el rostro con fuerza, renovándolos. Oleaje simbólico al que Cleo se sobrepone una y otra vez hasta llegar al clímax y subir esa escalera.

 

 

 

Son mujeres, madres, que deben luchar contra todo mientras son sometidas o tienen un rol secundario. Por eso la maternidad parece perturbar a todos. Cleo es esa madre funcional citada que acaba deseando no serlo de manera real o biológica. Cuanto tiene el embarazo parece un problema para todos, para la sociedad… Su jefa la ayudará y comprenderá, pero tendrá un gesto de pesar.

El trato que se le da en el parto es funcional también, mecánico, frío. La abuela se ve incapaz de dar los datos de Cleo, incluso su nombre; los médicos la apelan a despedirse de su hijo muerto forzada y apresuradamente… incluso el viaje hacia el hospital muestra un entorno hostil ajeno a su drama, con sublevaciones y atascos…

 

 

 

  • Mujeres

Roma” es un evidente alegato a favor de la mujer, a la que reivindica en todo momento, situándola como víctima de un entorno hostil, pero a la vez como valedora indispensable de esa sociedad. Un gran retrato femenino.

–Hay un plano en «Roma» que ejemplifica la mirada de Cuarón en esta película reivindicativa del mundo femenino. Es esa escena en el ascensor del hospital. Allí nos reencontramos con Antonio (Fernando Grediaga), quien se mete en el ascensor con la apurada Cleo. Él es médico y trata de calmarla, pero pone una excusa para no seguirla (que es falsa), como sabemos acto seguido cuando la doctora que va a tratar el parto de Cleo le da la oportunidad de acompañarlos, por lo que pone otra excusa… es decir, la abandona y se aleja de las dificultades.

Ese momento casi inadvertido, de aparente poca importancia, resulta desolador al ver el contexto, al recordar de dónde venimos en la película…

 

 

 

Fermín (Jorge Antonio Guerrero) abandona a Cleo en la mismísima sala de cine al enterarse de su embarazo. Lo hace con una mentira, torpe, patética, infantil… Lo mismo ocurre con Antonio, que finge viajes a Canadá cuando en realidad se va con su joven amante… utilizando de nuevo la mentira, sin querer afrontar la realidad ni su responsabilidad. Actúan con aparente hombría en lo “profesional” y con patética cobardía en lo personal y familiar.

 

 

 

No hay un solo hombre positivo en el film. Son los hombres cobardes, deshonestos. Los hombres que abandonan, en lo fácil y lo difícil, en sus responsabilidades. Obsesos del sexo, violentos, egoístas, infantiles e irresponsables… Tan solo Fermín (al que vemos un gesto cutre apurando la coca cola que deja Cleo en un bar cuando ésta se levanta), parece mostrar algo de autenticidad en la escena post coito. Una desnudez física, pero también psicológica cuando habla de las artes marciales, lo que suponen para él y cómo le redimieron de su mal camino. Finalmente será una ilusión superficial.

 

 

 

Los patéticos intentos de la mujer por conservar el amor del hombre, que no se sienta incómodo, en una escenificación de evidente sumisión provocada de manera soterrada, asimilada.

Todo ese deterioro se verá plasmado en arranques de ira, como ese que tiene Sofía (Marina de Tavira) con su hijo al verse espiada (que se extenderá a la familia en general, como vemos en la pelea entre los críos jugando al scalextric), así como en la metáfora con los coches que desarrollaré posteriormente. Una mujer que poco a poco va siendo consciente de la mentira en la que vivía.

Observad la magistral progresión dramática. Fermín amenazará a Cleo cuando va a buscarlo. En la siguiente escena tendremos el bofetón de la madre a su hijo. En la siguiente dos hermanos se pelearán jugando al scalextric, hasta el punto de que uno lanza un objeto y rompe un cristal con las asustadas exclamaciones de la abuela diciendo que pudo haberlo matado… Todo esto, escenas consecutivas, va creando el clima y el tono perfecto en la película y el espectador, predisponiéndole con una sutileza ejemplar para lo que vendrá justo en la secuencia siguiente con la Masacre del día de Corpus y el aborto… Escenas que no tienen que ver apenas con lo narrativo, sino con lo sensitivo, ya que van generando esa tensión progresiva (una amenaza, un bofetón, un lanzamiento de un objeto que puede ocasionar graves daños) que llega a un clímax. Lo emocional y sensitivo como base estructural y dramática.

Mujeres que se defienden como pueden en un entorno hostil. Hostil desde lo explícito y desde lo sutil, manifestado de las más diversas formas.

 

 

Es brillante ese momento donde Sofía pretende presionar a su marido con las cartas de sus hijos, removerle la conciencia ante lo que sabe o intuye. Será el momento elegido por Cleo para explicarle lo de su embarazo. Es una escena francamente bien resuelta, con la comprensión de su jefa, la ternura del crío con el que Cleo tiene especial complicidad, el “dolor de panza”…  Una maternidad que Cleo no quiere de esa manera, pero que ejerce a diario en realidad.

 

 

 

 

 

 

 

Las vacaciones redentoras muestran esa expiación, donde ese tono depresivo y triste que embarga a todos (donde se explica la separación de los padres), trata de ser compensado con la energía de la madre… y unos helados. Observad de nuevo el uso del contraste por Cuarón, con esa familia comiendo helados con caras mustias y miradas perdidas mientras en segundo plano se celebra una boda… El cinismo y escepticismo del que ya viene de vuelta… Con el amago de tragedia final, la fortaleza, especialmente femenina, relucirá en todo su esplendor.

 

 

 

El cambio de coche es un símbolo marcadamente feminista. Es algo así como el empoderamiento de Sofía, que alcanza su independencia finalmente, deshaciéndose del preciado bien que era para su marido (recordemos el cuidado con el que lo aparca e introduce en la casa), para adquirir otro coche más cómodo y personal. Todo resaltado con la tonada “… cuando me enamoro…”.

 

 

 

 

 

Malos presagios y juegos de espejos.

Durante este periplo de varios meses en el que seguimos a Cleo, Cuarón retrata, entre muchas otras cosas, la asunción de una maternidad ya ejercida desde múltiples aspectos y sentimientos, contradictorios, ocultos, insondables… Ese periplo hacia la maternidad que debe asumir Cleo está salpicado de un montón de presagios, malos presagios colocados oportunamente durante la narración y que completan toda una reflexión, siempre en planos alegóricos y/o brillantes.

-Cuando Cleo va al hospital para que la reconozcan y examinen cómo evoluciona su embarazo, la veremos observando la sala donde descansan los bebés. En ese momento un terremoto sacudirá la ciudad. Cuarón insertará un soberbio plano de un bebé en una incubadora que lo ha protegido de los escombros que han caído sobre él y se amontonan encima… Incubadora como su vientre protector ante todos los avatares que debe sufrir, una protección que descubriremos no quiere asumir, un terremoto como presagio de lo que acontecerá.

 

 

-En la fiesta a la que la familia (sin el marido) acude invitada por unos americanos, Cleo será llamada para pasar un rato con el resto del servicio en una planta más baja. Allí una veterana mujer le ofrecerá alcohol, que ella rechazará pensando en su bebé, pero brindará con leche por la salud del crío. En el momento en el que va a beber para culminar el brindis, una pareja que baila a su lado chocará con ella (la verdad es que el choque es muy artificiosos y el hombre le mete un buen empujón en el momento señalado a su compañera) y derramará el vaso sin que pueda probarlo, en otro claro mal presagio.

 

 

 

Además, Cuarón parece plantear o estructurar la cinta en base a tríos o reiteración de elementos. Usar un objeto, un elemento o una situación que se repite evolucionando en cada aparición para completar una significación y entrelazar una idea global. Ecos o reflejos (como ese de Cleo en la mesa cuando la limpia tras las amenazas de Fermín al ir a buscarlo), rimas y reiteraciones.

El caso citado de los aviones es paradigmático, así como el del oleaje o los impedimentos contra los que debe luchar Cleo para alcanzar a los niños, pero hay más.

 

 

 

  • Coches: La familia protagonista es una familia acomodada. Lo observamos desde el mismo inicio al tener chicas de servicio, como nuestra protagonista, perros, chicos con numerosos juguetes (algún muñeco roto o balón deshinchado que indican abundancia y dejación), que casi inundan sus habitaciones… Pero si algo remarca el estatus familiar es el coche vinculado al padre.

La evolución de ese matrimonio y la familia a través del juego que hace Cuarón con los coches es magistral.

 

 

 

 

 

 

El padre es presentado de manera escindida, con aparatoso lujo, ese coche que apenas cabe en el angosto pasillo donde debe ser resguardado. El Galaxy. Debe hacer múltiples maniobras para no rozar su impoluta carrocería. Es la pura fachada, alarde, apariencia. La mentira. Lo importante es el coche.

Ese mismo coche lujoso se lo quedará la mujer una vez su marido se marche, y en él se escenificará el deterioro de su relación y los sentimientos encontrados de ella. Observad ese paseo que hace en coche donde ella se pone a hacer, repentinamente, gestos infantiles, cantando mientras conduce y dice “pío pío”. Una fingida inocencia que la llevará a rayar voluntariamente el coche intentando pasar entre dos camiones donde no hay espacio… Es su forma de venganza hacia ese hombre que la abandona, hacia ese símbolo de apariencia y sometimiento dominador que supone el coche.

 

 

Posteriormente veremos a ese coche ser aparcado donde lo hizo pulcramente el padre de la familia, pero en esta ocasión con las maniobras realizadas por la mujer, que va borracha, rayando y golpeando el coche sin consideración alguna antes de soltar una frase lapidaria a Cleo.

Estamos solas. No importa lo que te digan. Siempre estamos solas”.

No cabe duda del sentido con el que el director maneja la metáfora de los coches y cómo la hace evolucionar. Fachada, deterioro, absurdo material…

 

 

Para rematar la idea, Sofía, la madre de la familia, venderá el lujoso coche y lo sustituirá por uno mucho más práctico y cómodo, en otro símbolo de renovación, que además se vincula con el matrimonio, donde ya la fachada no es importante, donde lo necesario y práctico se impone, donde la mujer asume su independencia.

 

 

 

  • Mierdas: Oímos a Cleo limpiar el pasillo, aunque de una manera general, con la hipnótica cadencia del agua deslizándose por el suelo. Poco después veremos ese mismo lugar repleto de las cacas de los perros, justo antes de la entrada del lujoso coche familiar. Posteriormente, cuando el coche pise una de ellas, volveremos a ver a Cleo hacer esa función, centrada ahora en las mierdas concretamente, limpiando el suelo. Mierdas vinculadas a lo masculino, ya que el padre las pisará dos veces.

 

 

 

  • Perros: Los perros adquieren también tintes simbólicos cuando analizamos sus apariciones, que casi siempre van ligadas a Cleo. Ellos son la fidelidad y la abnegación, rasgos que definen a la protagonista.

 

 

 

En la primera escena vemos a Cleo limpiando el pasillo, suponemos, por lo visto después, de los excrementos dejados por los perros, para acto seguido juguetear con el perro que allí aparece, Borras. Habla de bañarlo y tendrá gestos cariñosos con él. En cambio, cuando Antonio, el padre de la familia, llega a casa, criticará esos excrementos que se encuentra, incómodo…

 

 

En la casa donde pasan el Fin de Año, Cleo encontrará perros disecados, todos los que pasaron por la hacienda (lo que denota cariño hacia ellos), para acto seguido recibir los mimos y lametones de uno, en este caso vivo. Vida y muerte una vez más.

 

 

 

Observad en la escena durante la fiesta de Fin de Año. Unos perros descansan tranquilamente en un pasillo por donde pasa Cleo junto a otra mujer. A su vuelta esos perros han desaparecido. En su lugar está Sofía, que recibe el acoso de un tipo borracho. Cuando ella lo rechace, ante la mirada de Cleo, los perros aparecerán oportunamente por una esquina. Ellos son la fidelidad, ya saben.

 

 

 

 

 

 

 

En la escena previa a la visita al cine donde descubrirán a Antonio con su amante, vemos jugar a uno de los niños con Borras. Y dos perros se cruzarán con Cleo en su búsqueda a Fermín, cuando se encuentra con el “rockero” Ramón (José Manuel Guerrero Mendoza).

 

 

 

A distancia, en su depresión postparto, ve Cleo a Borras desde la altura. Cuando baje y la inviten a unas vacaciones en la playa, la escena terminará con el perro lamiendo también a nuestra protagonista. Otro perro los recibirá en el destino vacacional. Son rimas lanzadas con toda la intención.

¡Mira, un perro!

 

 

 

  • Cine: El cine parece el lugar de las traiciones. Iremos tres veces. En la primera ocasión no entraremos, ya que Cleo se va con Fermín. En la segunda veremos a Cleo y Fermín besándose ante la pantalla, poco antes de que el chico salga corriendo de allí cuando nuestra protagonista le dice que está embarazada… En la tercera Cleo verá salir al padre de los chicos junto a una joven, confusa traición mostrada de pasada del padre.

Las películas tienen una relación directa con los acontecimientos. Como ya expliqué, un avión caerá en picado justo cuando Cleo le da la noticia del embarazo a Fermín (“La gran Juerga” de Gérard Oury de 1966). En el segundo caso veremos una escena de “Atrapados en el espacio” (John Sturges, 1969), el rescate a un astronauta solitario (cinta del 69 aunque allí parece estrenarse en el 71), lo que es un claro símbolo de la soledad a la que están abocadas las dos mujeres y sus anhelos interiores…

Por mencionar un par de referencias culturales más, se citan a los Beatles y a la Creedence Clearwater Revival.

 

 

 

  • Astronautas: Como acabo de mencionar, una de las películas que proyectan en el cine es “Atrapados en el espacio”, cinta de Ciencia Ficción que llama la atención de los chavales. Astronautas a la deriva en el espacio (no hace falta ser muy lúcido para ver la relación con la propia “Gravity”, de 2013, del mismo Cuarón).

Pues bien, si observan, en otro juego de espejos y contrastes, en la fiesta de Fin de Año a la que la familia es invitada, veremos a un chaval vestido allí de astronauta, en un elaborado disfraz, cruzando un charco, lo que denota la influencia de la película en él, en sus sueños… Lo genial llega cuando Cleo va a buscar a Fermín en una pobre barriada llena de barro y chabolas, donde encontramos a otro chaval jugando con un disfraz, este muy rudimentario, pobre, tosco… también cruzando un charco. Así separa y a la vez vuelve a unir las distintas clases, donde los medios son distintos, pero los juegos y, sobre todo, los sueños (simbolizados en los aviones citados), son exactamente los mismos.

 

 

 

  • Disparos y pistolas: Observen al inicio de la película el inocente juego de los niños en la azotea. Es un juego que sigue a un comentario en la comida en la que uno de los niños relata cómo unos chicos tiraban globos de agua y después de que uno impactara en un jeep del ejército provocó la ira de un soldado que le metió un tiro en la cabeza. Violencia relatada, violencia imitada, violencia real. Lo real se difumina con lo lúdico en el juego de los niños.

Me gusta estar muerta”.

En la casa a la que es invitada la familia, veremos cómo los invitados disparan lúdicamente a blancos inertes para pasar el rato…

 

 

 

Finalmente tendremos la “Masacre de Corpus Christi” o la “Masacre del jueves de Corpus”, acontecida el 10 de junio de 1971, donde los disparos serán absolutamente reales y provocarán muertes, algunas al lado de los protagonistas… En este caso, lo lúdico y fantástico convertido en tragedia real…

 

 

 

  • Banda: En dos ocasiones veremos a una pequeña banda militar pasar frente a la casa de los protagonistas. En situaciones opuestas, de nuevo.

En la primera de las ocasiones asistimos a una despedida que transmite cierta fatalidad y angustia. El marido marchándose ante las efusivas muestras de cariño de su mujer en primer plano mientras Cleo y uno de los hijos se mantienen en segundo. La banda oculta el coche tras su marcha y rodea a la mujer con la mirada perdida…

En la segunda ocasión asistimos a un regreso, el de la familia recompuesta tras las penalidades.

Una banda militar, símbolo de los convulsos momentos que se vivían y que pasa ignorante e indiferente a los sufrimientos cotidianos de sus gentes.

 

 

 

  • Fenómenos atmosféricos: Hay varios fenómenos, algunos atmosféricos, que adquieren también sentido metafórico y actúan de espejo de los personajes, sus peripecias y sentimientos, que reiterados funcionan de ecos o presagios desafortunados.

Una lluvia marca la antesala al descubrimiento de la infidelidad en la familia, sumiéndola en la incertidumbre. Un terremoto sirve de mal presagio cuando Cleo observa a los bebés, una vez se confirma su embarazo. Un incendio acontece en Fin de Año, de bella aparición, atisbado tras unos árboles, algo que parece casi producido por la propia Cleo, tras otro mal presagio y un intento de propasarse de un hombre con Sofía. El oleaje del mar la azota dificultándola el rescate de los niños… Cada elemento termina definiendo un momento importante en la vida y los sentimientos de Cleo y la familia.

 

 

 

  • Despertares: Los modestos despertares de Cleo, en soledad, contrastando con los de los niños, a los que despierta ella misma dulcemente en sus abundantes habitaciones.

 

 

  • El Profesor Zovek: Sí, lo vemos haciendo los ejercicios con los «halcones», pero antes los vemos en una televisión, en el sitio al que va Cleo con su amiga para encontrarse con Fermín.

 

 

 

  • Afilador: Un afilador, profesión en peligro de extinción, pero que siempre me da alegría ver y oír, aparece en varias ocasiones. Una antes de la visita al cine donde descubrirán la infidelidad de Antonio y otra tras la muerte del niño de Cleo

 

 

 

  • Agua: La película comienza con esas fregadas, agua para fregar un suelo que emite un reflejo… Desde el mismo inicio Cuarón muestra la importancia simbólica del agua, que aparecerá en diversas ocasiones de manera significativa. Un agua que limpia mierda para empezar.

Una granizada decora el momento en el que Cleo debe confesar a su jefa que está embarazada. Agua congelada… momento de incertidumbre. Posteriormente veremos una lluvia adecuada al estado anímico a su regreso de la fiesta de Fin de Año, justo antes de ir al cine y descubrir la infidelidad de Antonio.

 

 

 

En una tienda, en medio de las sangrientas sublevaciones callejeras, Cleo romperá aguas, antesala de la vida que terminará, mediante los malos presagios comentados, en desgracia.

Finalmente, en una orilla de la playa, se encontrará la redención y la depuración tras un tenso baño del que se rescata a unos niños apurados.

 

 

 

 

 

Dedicada a Azurri, para que se levante y se anime.

 

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sambo

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