ROMA (2018) -Parte 1/3-

ROMA (2018) -Parte 1/3-

ALFONSO CUARÓN

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos dicen que “Roma” les aburre, que no pasa nada… pero ninguno de esos argumentos tienen que ver con la calidad de una película. El aburrimiento va por libre y a cada uno le aburrirá una cosa como le divertirá otra. Es cierto que no pasa nada, pero eso no es ningún problema ni define la calidad de una cinta… En “Roma” no pasa nada pero se dice mucho, que es lo importante. Y se dice desde lo emocional a lo cinematográfico. Si le dedicamos un poco de atención, si aceptan mi invitación, quizá aquellos a los que no les gustó entiendan porqué en un solo plano de esta cinta hay más CINE que en la mayoría de las estrenadas este año, y sin siquiera ser una obra maestra, o quizá puedan descubrírseles algunas sutilezas y detalles donde, aunque no cambien su opinión, les ayude a apreciar ciertos aspectos al menos.

Roma”, como en general el cine de Cuarón, podría definirse como Naturalismo poético o alegórico, incluso como Naturalismo mágico, donde la realidad y veracidad de un entorno y contexto es salpicado con elementos metafóricos, alegóricos o, incluso, irreales, que lo dotan de una nueva dimensión. Así es en “Gravity” (2013) o en “Hijos de los Hombres” (2006)…

¿Roma o Amor? Sí, «Roma» se refiere a la Colonia Roma mexicana donde se desarrolla la acción, pero la esencia y tesis del film trasciende el localismo para indagar en el sentimiento de un tiempo que fue y marcó a su director. Tiempo de transformaciones en distintos ámbitos, también en lo social. El tiempo del amor de Libo y hacia Libo, la chica que cuidó al director y que recuerda de su infancia (a quien dedica la película). Esas otras madres. Esas mujeres. Y esa inversión (Roma-Amor) cobra mucho más sentido si profundizamos un poco. Observen.

 

 

 

-Fíjense con detenimiento en el maravilloso plano inicial del film, realmente soberbio, estéticamente sublime en una idea visual excelsa, pero que va más allá de la belleza de la imagen. Observen el hecho. Una chica, sirvienta, limpiando el pasillo donde resguardan el coche y donde los perros campan a sus anchas dejando sus excrementos. Una chica que limpia la mierda lanzando cubos de agua y jabón que se pierden en un desagüe que vemos en picado en plano fijo, agua enjabonada que termina reflejando el paso de un avión en lo alto del cielo. Estamos en el infierno terrenal añorando el cielo idealizado. Una imagen y planificación virtuosa, pero que no desprenderá todo su sentido hasta el último plano del film.

 

 

-Ahora recuerden ese último plano de la película. Es justo el inverso. Ya no limpia mierdas, sino que va a tender lo limpiado. Hacer la blanca colada. Ya no es un picado, es un contrapicado. Ya no se ve el reflejo del cielo, sino el cielo en su esplendor, donde vuelve a aparecer oportunamente un avión al tiempo que vemos ascender, trascender, a la muchacha que al inicio limpiaba la mierda, subiendo escaleras hasta desaparecer.

De la ilusión y el sueño a la realidad de la madurez y la trascendencia. Del trabajo escatológico y mundano a la sublimación del alma. Completamente renovada, tras los cambios y los sufrimientos, a pesar de todo lo que sigue igual… (incluso en la casa).

 

 

Y es que esa presencia del avión es recurrente en la película. Cuando lo volvemos a ver aparecer, la mente nos lleva a ese plano inicial, porque entonces entendemos que Cuarón nos quiere decir algo, que no era una mera solución visual y estética, sino que planteaba un trasfondo mucho más profundo.

Si de esto no te percatas, te aburrirá, si te percatas pero te da pereza este tipo de cintas que te invitan a jugar y reflexionar así, también, pero si entras a ello o analizas, disfrutarás o, cuanto menos, apreciarás su calidad.

-Pero es que hay otro avión más. En el entrenamiento de “los halcones”, el “Profesor Zovek” (Latin Lover), que está siguiendo el entrenamiento, dará ciertas claves a los chavales que entrenan allí y hacen artes marciales. Durante su disertación y movimientos, un avión volverá a aparecer, un avión más cercano, que incluso apreciamos junto a dicho profesor en algún plano más corto. Y otro más acto seguido, mientras acomete el “asombroso acto” con los ojos vendados. Y hasta un tercer avión… sucesivamente.

El único milagro radica en su propia voluntad”. “Este acto requiere de una absoluta concentración física y mental. Solamente los Lamas y los grandes maestros de artes marciales, y algunos grandes atletas han podido realizarlo”.

 

 

La única, de todos los allí presentes, incluidos los atletas, que logrará imitar al “Profesor Zovek” será Cleo (Yalitza Aparicio), en otro juego de espejos, frente a frente. Así liga y manifiesta Cuarón su admiración por Cleo, capaz de sobrellevar su carga, “una proeza”, que los demás creen al alcance de cualquiera y sin mérito… pero Fermín (Jorge Antonio Guerrero), al saber del embarazo, perderá el oremus, como todos los allí presentes el equilibro…

 

 

 

 

 

 

Pero es desde lo estilístico y visual donde se aprecia el genio de Cuarón, ya que los planos sobre ese nuevo avión no serán en picado o contrapicado (hay alguno en leve contrapicado como mucho), sino desde la frontalidad, perfectamente integrado en la sucesión de apariciones. El picado de la primera escena y el contrapicado de la última…

 

 

Cuarón, como ya hizo en la aparentemente sencilla historia de “Gravity”, sublima la metáfora visual y conceptual. Desde la épica espacial, donde el director reflexionaba sobre cómo se forja la fe, a la rutina terrestre en la que superar la épica y sufrimientos cotidianos.

Porque ese final sólo tiene sentido a través de un acto de voluntad, ese que explica el entrenador ante el grupo de atletas mientras otro avión pasa a su espalda.

Y es que la aparición de aviones, de uno u otro tipo, desde el punto de vista de Cleo, a quien seguimos siempre, podemos vincularlos con Fermín.

-Una vez veamos el primer avión en el reflejo del agua, Cleo recibirá una llamada, de Fermín, por supuesto, con el que fijará una cita.

 

 

 

-Oiremos en off el sonido de aviones mientras Cleo limpia mierdas en el pasillo, para llevarnos a la oscura sala del cine donde descubrimos que esos aviones son los de la película que Cleo y Fermín no ven porque están dedicados al morreo (o un sonido de avión que se confunde con los de la película). Es un presagio, donde la mierda se vincula a los aviones, y a su vez se vinculan al universo masculino, donde el padre pisa una, Cleo confiesa su embarazo y Fermín sale por patas aunque a la película le quedan pocos segundos… Es una escena tan cruel como sutilmente humorística. Y es que toda la película tiene un humor sumamente sutil, pero muy presente.

 

 

Observen, por tanto, la sutileza con la que va construyendo Cuarón: el pasillo donde se limpian mierdas y la aparición de aviones. El cochambroso lugar mundano comandado por hombres (es el lugar donde el padre de familia aparcará su lujoso Galaxy viéndose obligado a pisar algunas de esas mierdas), y el deseo de escape y trascendencia simbolizado en los aviones.

De hecho, si están atentos, verán como nada más decirle Cleo a Fermín que está embarazada durante la proyección de la película (es “La Gran Juerga” de 1966, dirigida por Gérard Oury y protagonizada por Louis de Funés), un avión caerá en picado, lo que supone un divertido y negro presagio.

 

 

-Durante el entrenamiento con el «Profesor Zovek» veremos otro avión, como expliqué, momento en el que Cleo vuelve a enfrentarse con Fermín para recordarle su deber, algo a lo que él responde con amenazas violentas y cobardía.

 

 

-La última aparición ya no tiene que ver con Fermín, una vez perdido el niño, sino con la trascendencia y madurez de todo ello, la superación y paso adelante, en otra proeza diga de Zovek.

Cleo es la mujer del desarraigo que viene a arraigar a los otros. La que añora una niñez que pertenecía a un lugar del que la alejaron.

Y así suena”. “Y así huele”.

Y es que Cleo es la abnegación, la responsabilidad y el deber, la entrega a los demás. Una madre. Una de esas mujeres que son madres más allá de lo biológico. A ella la veremos limpiando las ropas de los niños, dándoles de comer, durmiéndolos, dándoles cariño y comprensión…

Cleo siempre parece estar al margen, pero atenta, un elemento tangencial a la familia pero imprescindible, al que los niños acuden, respetan y necesitan. Así la vemos pasear por la casa en sus quehaceres, rozando la cotidianeidad de esa familia… pasando a veces ante puertas cerradas… Así la veremos a la salida del cine tras la espantada de Fermín, una zona de ocio, festiva, vital, llena de jolgorio, que contrasta con su estado de ánimo y soledad y con la anterior tarde donde también iban a ir al cine, pero cambiaron de planes para tener una “bonita tarde” de pasión…

 

 

 

Porque en Cleo parecen darse cita los dramas íntimos y universales de lo personal, mientras que en la familia, de una manera más tangencial, se relacionan con el contexto histórico, fundiéndose finalmente todo. Ella es el paso intermedio entre esas clases separadas, como vemos en la fiesta de Fin de Año, donde baja de la sala de los “señores” a la de los trabajadores de la hacienda. Ella es el nexo de unión y el hilo conductor de esos dramas que se miran y tan solo se rozan, los universales y sociales y los íntimos y personales.

 

 

 

Así queda claro que esa imagen, ese avión lejano, es lo idealizado, lo inalcanzable, lo irreal en principio. Los sueños por cumplir.

 

 

 

 

Dedicada a Azurri. Espero que la lectura al menos la reconforte un rato en estos momentos.

 

 

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sambo

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