REGRESO AL FUTURO (Trilogía)

REGRESO AL FUTURO (Trilogía)

CINE

 

 

 

 

 

 

El futuro llegó el 21 de octubre de 2015, cuando Marty McFly nos hizo una visita desde 1985.

Mi profesor de literatura me comentó que cuando iba terminando de leer “451 Fahrenheit” de Ray Bradbury, estaba al borde del sofá de la tensión que la novela le producía… Esa imagen me viene a la cabeza cada vez que recuerdo la primera entrega de “Regreso al Futuro” y su parte final, uno de los clímax más legendarios y perfectos que se han logrado en la historia del cine, si no el que más.

Siempre que veo la parte donde Doc intenta devolver a Marty a su tiempo me cuesta mantenerme sentado donde esté. Ese clímax hay que verlo de pie, incluso dando paseos o saltando con la emoción, como Marty sobre el capó del Delorean, hasta que lleguemos a 1985… Verlo de otra forma es vino aguado.

Ese clímax que homenajea a “El Hombre Mosca” (Fred C. Newmeyer, Sam Taylor, 1923) con Harold Lloyd…

He dicho siempre que “Con la Muerte en los Talones” (Alfred Hitchcock, 1956) es la película más entretenida de la historia, y lo mantengo, pero en los 80 surgió otra que debe ser considerada como una de las cintas más entretenidas de esa década, del cine moderno y, por extensión, por qué no, de la historia del cine. Los que crecimos en los 80 la conocemos bien, se llamó “Regreso al Futuro” y se estrenó en 1985.

Y es que la vida en la juventud de los 80 era ir en bici o en monopatín, como Marty McFly, al ritmo de “The Power of Love” de Huey Lewis and the News (Huey Lewis es uno de los miembros del jurado que rechaza al grupo de Marty al inicio de la película en una magistral broma metalingüística), disfrutar de buen Rock y escabullirte con la chica que te gusta. La vida, la que se recuerda, la buena, es “Regreso al Futuro”. Mi mundo por un Delorean y su condensador de Fluzo (nombre puesto por error).

Esta obra maestra, referente absoluto e indispensable de las películas sobre viajes en el tiempo, la mejor, sin entrar en parámetros científicos, derivó en una trilogía, para el regocijo de todos los fans.

H. G. Wells y su “La Máquina del Tiempo” es la gran referencia de este tipo de historias, evidentemente. Esta novela ha tenido innumerables adaptaciones u obras que se han basado en su idea. Una de las más conocidas es “El Tiempo en sus Manos” (George Pal, 1960), a la que “Regreso al Futuro” rinde tributo, por ejemplo, en ese plano inicial que sobrevuela unos relojes, que también veíamos en la película del 60. Y es que, al contrario que otras aproximaciones al tema de los viajes en el tiempo, la película de Zemeckis tiene, como estos referentes citados, algo de carácter moralizador, un interés en ello mucho mayor que en recrearse en las paradojas espacio-temporales. De hecho, en “Regreso al Futuro” viajaremos al pasado, al contrario que en la novela de Wells. No será hasta la segunda parte cuando nos sumerjamos en esos vericuetos de los universos alternativos y las paradojas, aunque todo en un tono lúdico y distendido.

Uno de los muchos triunfos de “Regreso al Futuro” es que en su viaje nostálgico consigue retratar su esencia verdadera, que no se vertebra en la tristeza, sino en la felicidad pasada. La nostalgia desde su vertiente positiva. La nostalgia es el anhelo de la felicidad pasada, y el paseo que Marty hace por ese pasado de una América ingenua, pura y sana, es aventurero, vital y eufórico, tan entrañable como emotivo, tan vigoroso como auténtico. Por supuesto consigue transmitir ese anhelo, esa nostálgica, pero su punto de vista y cómo se transmite dicha nostalgia es espléndido.

Un planteamiento kafkiano para una saga, sobre todo en lo que respecta a las dos primeras partes, que debe considerarse como el “¡Qué bello es vivir!” (Frank Capra, 1946) del cine moderno, algo que queda más que sugerido en la primera parte, pero que se define completamente en la segunda, cuando Marty llega a ese universo alternativo, a Hell Valley, remedo de aquel Pottersville, y donde el Jazz es sustituido por Rock y moteros…

Un hombre atrapado en un mundo que no es el suyo, atrapado en el tiempo, es algo que resulta profundamente asfixiante y agobiante, logrando una mayor identificación en el espectador que las manidas aventuras para salvar el mundo.

Habrá dos capítulos más de las aventuras de Marty McFly y Doc, aunque no están a la altura de la original. Con todo, la segunda parte, “Regreso al Futuro 2”, no desmerece en absoluto y es necesario reivindicarla como una de las grandes secuelas de la historia del cine. Una secuela atípica, mucho más oscura y menos espectacular, incluso minimalista en el clímax, pero asombrosamente profunda y que expande el universo de la saga y sus opciones de una manera ejemplar. Sus excentricidades y estética algo kitsch, ese punto de ensoñación vitriólica, quizá la perjudicaron, pero fue un tremendo éxito también.

 

 

 

La tercera, “Regreso al Futuro 3”, es como una guinda, una obra lúdica, efectiva, una secuela que se lanza a desarrollar uno de los aspectos que analizaré a continuación, la mitología y la idea de examinar la esencia americana, pero que resulta redundante y no va más allá, perdiendo el efecto sorpresa, y aunque entretenida queda muy lejos de las anteriores. El único interés de esta secuela desde el punto de vista integral con respecto a la saga, está en la visita al oeste como continuación de ese viaje por la cultura, vida e historia americana que es “Regreso al Futuro”. A pesar de todo es difícil no disfrutarla.

¿Qué hace tan especial a “Regreso al Futuro”? Pues todo. Además de su originalidad, su morbo encubierto en naturalidad pasmosa, es que se trata de una película de Ciencia Ficción, de aventuras, juvenil, de instituto, comedia… ¡y en todas esas facetas resulta perfecta y sublime!

 

 

 

Un viaje por la esencia de América.

La intención última de toda la idea y concepción de “Regreso al Futuro”, es realizar un viaje hacia la esencia misma de los Estados Unidos, a su cultura, su evolución, su vitalidad, su espíritu, su breve historia, su pasado, su inocencia… Su corazón. Sí, “Regreso al Futuro” es, posiblemente, el mejor y más grande homenaje que se ha hecho a la cultura y forma de vida americana. Una nación joven que una vez descubierta y civilizada ha creado su propio estilo, que ha tenido un impacto en el mundo occidental absolutamente brutal. Elementos y movimientos de una influencia global y que “Regreso al Futuro” retrata a través de sus tres capítulos.

El Rock; el lejano Oeste; los vaqueros; el reloj calculadora digital y con alarma; el plumas sin mangas; la familia y las cenas; la mochila colgada de un solo hombro; las cazadoras, las playeras y las camisetas; el monopatín (se va a poner a la venta en breve el monopatín volador que descubrimos en la segunda parte para consumo ordinario); los pins; los bares de sillones de skay acolchados; los burguer; la soda y el café de 5 centavos; la bici con cesta; los batidos y la Pepsi “sin”; la cultura del instituto con animadoras, bailes, matones y ligues; los grafiti; los 4×4 y los parquímetros; los casetes con recopilaciones; las tiendas de vinilos y las gasolineras Texaco; la primera televisión; los pololos en botas o calcetines; los leggins y las cintas para el pelo para el gimnasio; los neones; las casas con jardín; los cereales para el desayuno; las cocinas diáfanas; las dobles puertas con mosquitera; el walkman; las gramolas en los bares y las máquinas recreativas; el gusto por lo retro; los guantes de media mano; el 3D; las expresiones guays como “¡Qué fuerte!”; las camisas arremangadas y la gomina para el tupé; la Ciencia Ficción de los 50; los pandilleros y los descapotables; los microondas; Chuck Berry y Johnny B. Goode; Van Halen; Clint Eastwood; Ronald Reagan; Darth Vader; Star Trek… Tiburón 19…

No es algo raro en Zemeckis, es un tema que le gusta especialmente, como apreciamos en la también sensacional “Forrest Gump” (1994), otro icono del cine moderno.

Esa confrontación entre inocencia y perversión es uno de los puntos clave de la temática del cine de Zemeckis, la inocencia interrumpida o amenazada. La América puritana que avanza hacia la hipocresía, en su paso de los 50 a los 80. Una América hacia el cambio y los nuevos modos de vida, simbolizado en la aparición del televisor en los hogares.

Llegamos de una América algo cínica, decepcionada, puritana, quizá hastiada, donde se rechazan grupos de Rock por ruidosos, se cuestionan los sueños, se tienen trabajos paupérrimos, la vida familiar es rutinaria y algo triste, donde el romanticismo cae en saco roto, donde los abusones y matones tienen el poder… para redescubrir una América más joven, ingenua, que cree en seres del espacio, que apuesta por el idealismo, el romanticismo y la ilusión, porque cree que todo es posible, porque vencer al matón es una necesidad… Un viaje de reencuentro al visitar el pasado.

Una reflexión última, la de Zemeckis, que apela a su país a recodar el pasado, lo que les hizo grandes, para serlo aún más.

La América de Zemeckis es grandiosa sin ocultar su lado oscuro, puro sabor que se ha extrapolado al infinito, con un universo que el resto del mundo occidental ha adoptado como propio. Un universo que define la estética, la vida y la cultura de una nación.

El estilo Zemeckis.

Robert Zemeckis, junto a Steven Spielberg y James Cameron, es el mejor director de cine de evasión. Un maestro de la puesta en escena y la realización cinematográfica, gracias a su absorción de la esencia clásica y un talento narrativo excelso.

¿Por qué es tan bueno Zemeckis? Pues porque maneja el plano general como los dioses, y ese aspecto es clave, especialmente en el cine de aventuras, acción etc. etc.

Su estilo es una virguería. Su utilización del punto de vista no tiene nada que envidiar al del propio Hitchcock, de hecho, de habérselo propuesto podría haber sido el digno heredero de aquel. Incluso le homenajeó directamente en un film, “Lo Que La Verdad Esconde” (2000), un ejercicio de manierismo que fue incomprendido, pero demostraba el virtuosismo visual de un director superdotado.

En “Regreso al Futuro” tenemos toda una exhibición de esto, con el mismo suceso visto desde distintos lugares y logrando distintos efectos, exponiendo distintas consecuencias en la trama, impactando emocionalmente de las más diversas formas al espectador. Así veremos la supuesta muerte de Doc a manos de terroristas libios desde distintos sitios (1ª parte), el puñetazo de George a Biff desde otros ángulos (2ª parte) etc.

El plano general y, en él, el juego con la escisión del encuadre y el segundo plano. Así se genera suspense, así se muestra toda la acción en todo su esplendor, potenciando la emoción con sencillez o con laboriosa planificación. Es puro encuadre, el saber dónde colocar la cámara.

Otro rasgo más: el uso de las panorámicas, describiendo entornos, con mimo, con detalle, con grúas y también, cómo no, en planos generales. Cuando Zemeckis use el montaje será para potenciar la imagen y el efecto, por ejemplo en las presentaciones, como la de Marty en la primera entrega, con elementos escindidos: Sus playeras, su monopatín, su vestuario, su espalda… Lo mismo con el laboratorio de Doc en ese inicio… Una panorámica sublime. Eso es narrar.

Y los travellings, sostenidos, perfectamente diseñados, exhibiendo una sabiduría y una planificación visual fuera de toda duda. Un gusto por el plano secuencia o el plano estirado, sostenido, mantenido, como filosofía básica.

El travelling de acercamiento al rostro de un personaje para retratar su fascinada mirada es muy socorrido, un plano muy spielbergiano. También lo hace al revés, acercando o moviendo a sus personajes hasta primer plano, un recurso muy de Capra, con el que esta saga tiene paralelismos. Rompe la cuarta pared y dialoga con el público, cómplice con su perplejidad. Incluso haciendo aparecer repentinamente a los personajes en primer plano.

El clímax de la primera parte del que hablaba al inicio sublima todos estos rasgos estilísticos. Un montaje más acelerado, pero siempre dejando ver con exactitud y precisión toda la acción, metiendo insertos y planos cortos para el detalle y el suspense.

Zemeckis, como sus dos compañeros citados, son maestros del cine de entretenimiento porque en sus puestas en escena se aprecia que han mamado del cine clásico y tienen en la idea de “dar más”, de aumentar las dificultades y las peripecias del protagonista, de llevarlo al límite, a una situación sin aparente salida, pero sin precipitación ni pausa, la base de sus planteamientos. Así ocurre aquí, donde las dificultades se van sumando para Marty McFly hasta llegar al excelso clímax que comentaba al principio.

Ese clímax es una lección de lenguaje cinematográfico. Un cable que se suelta, una escalada a la torre, una cornisa que se rompe, un hombre que queda colgado, un coche que no arranca, un cable que se engancha en un pantalón, otro que se enchufa y otro que se suelta, una tirolina… La concepción clásica del plano general. Cuando termina estás exhausto… Y jamás hay precipitación, porque aunque el montaje se acelera, usa insertos y demás, siempre deja apreciar la acción manteniendo los planos unos segundos, sin resultar nunca confuso, logrando una intensidad, un frenesí visual y una emoción pocas veces igualadas.

Guión de anticipación.

Regreso al Futuro” tiene un guión sencillamente memorable, un guión de anticipación que se estudia en todas las academias de cine. Su juego de ecos y cebos, de rimas perfectas con sentido narrativo, es sublime. Crean suspense, intriga, expectación, desarrollan ideas, conceptos o, simplemente, juegan junto al espectador con una idea casi mágica.

Un guión de anticipación consiste en presentar una serie de ideas, un mundo concreto, pistas, para luego ir dialogando con todo ello, haciéndolo cambiante y que el espectador acuda a ese planteamiento cuando vea referenciadas esas ideas, esas pistas. Por ejemplo, en “Regreso al Futuro” se habla de donar dinero para conservar el reloj de la torre de Hill Valley, reloj que será pieza clave y del que descubriremos cómo se rompió… Así es toda la película, elementos que anticipan otros en forma de cebo, para que cobren sentido con su eco.

Si la primera parte es la base de todo este concepto (son infinidad los ejemplos y guiños, en cada escena hay varios), en la segunda entrega de la saga hay un juego metalingüístico que enriquece y glorifica la idea, ya que dialoga a la vez con la película precedente y con la que será su secuela, la tercera (además de consigo misma)… Un ejemplo: En esta segunda parte veremos desde otro punto de vista el momento en el que George (Crispin Glover), el joven padre de Marty, le parte la cara al abusón de Biff (Thomas F. Wilson), remitiéndonos de forma directa a la primera entrega, de hecho volveremos a 1955; pero además se hablará de “Perro Rabioso Tannen” como un antepasado de Biff, y veremos cómo el villano sobrevenido millonario disfruta de una escena de “Por un Puñado de Dólares” (Sergio Leone, 1964), con Clint Eastwood, elementos que veremos recreados y referidos en la tercera parte. Una obra de orfebrería.

No terminan ahí sus virtudes. Que un mainstream plantee cosas tan morbosas como que una madre tenga pulsiones sexuales por su hijo, ya sería más que suficiente para descubrirse ante esta obra maestra. Un sexo soterrado y muy morboso, pero discreto y absolutamente natural, coherente y lógico. Un fetichismo trasgresor, una sutileza en la puesta en escena, una ambigüedad y perversión sexual, siempre frescas y naturales, divertidas, que se digieren como si nada, nunca ofenden ni perturban…

Del mismo modo, el retrato de la familia es profundo y muy brillante e inteligente. Una familia, en los 80, acomodada, pero hastiada, distante, aburrida, puritana… algo que comienza a gestarse, quizá, en los 50, cuando aún había ingenuidad, alegría, complicidad y roles muy marcados. El vigor de la familia en los 50, sus conversaciones, parece haberse ido perdiendo en los 80, donde prima la incomunicación y el hastío… Un puritanismo que ha ido creciendo además, como se aprecia perfectamente a través de Lorraine (Lea Thompson), la madre de Marty.

El guión define a la perfección los caracteres de los personajes, todos clichés estereotipados, pero a la vez plenamente individualizados. La chica salida y coqueta de instituto, el matón de instituto también, el chico tímido y pusilánime (George de joven), el científico loco…

Marty y Doc forman un mismo cuerpo. Doc es la cabeza y Marty el cuerpo que ejecuta las órdenes. Nunca cuestionará ninguna de las teorías de Doc más allá de su incredulidad o sorpresa. Del mismo modo, Marty termina adoptando o cambiando su rol con respecto a sus padres, ya que se convertirá en guía de ambos, especialmente de George, convirtiéndose en su Cyrano incluso.

 

 

La maravillosa expresividad y complicidad de Michael J. Fox y Christopher Lloyd ha pasado, por derecho propio, a los anales de la historia. Una de las grandes parejas del celuloide. Inseparables.

Ellos son dos seres ajenos al tiempo, por eso es brillante la idea de que Marty sea siempre un “sustituto”, una especie de avatar. Sustituye al perro en el Delorean, a su padre y a un guitarrista en el pasado, a su hijo en el futuro…

El humor funciona en todas sus vertientes, tanto como slapstick (comedia física), como en lo verbal y en los enredos. Un humor que sigue funcionando a la perfección, plenamente actual y moderno. Las múltiples caídas y tropezones de Marty, sus conversaciones con Doc o su madre, todo lo que concierne a ese científico loco, dejan momentos hilarantes. Con todo, la columna vertebral de ese humor que rezuma toda la película, está en la confrontación de futuro y pasado, el impacto que el futuro tiene en ese pasado que visita Marty y viceversa…

 

 

Regreso al Futuro” esconde agudas reflexiones. Una de las que más me gustan es esa idea de que en realidad no conocemos a los que nos rodean porque no nos preocupamos de ello, que incluso nos cuesta conocernos a nosotros mismos, sin reconocer nuestros cambios… En la mirada al pasado se apela también a ese conocimiento, a observarnos mejor, a interesarnos de verdad por la gente que nos rodea y, sobre todo, nos quiere. Marty se sorprenderá de la sensibilidad de su padre y su gusto por la escritura, por ejemplo… La madurez, la dificultad de la paternidad, la necesaria capacidad de adaptación… son otros temas que expone una película inagotable.

Todo ello define una película absolutamente imprevisible, ingeniosa e inteligente.

Regreso al Futuro” me llena de vida porque me hace sentir con intensidad todo cuanto acontece en pantalla, desde la fascinación juvenil del descubrimiento y la aventura, a la reflexión inteligente de sus ideas desarrolladas, pasando por la vibrante y delirante pasión provocada por su locura y frenesí narrativo.

En fin… ¡Cómo me gusta, cómo me entusiasma esta trilogía, especialmente su primera cinta…! Pero, ¿a quién no?

 

 

sambo

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