READY PLAYER ONE (2018) -Última Parte-

READY PLAYER ONE (2018) -Última Parte-

STEVEN SPIELBERG

 

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Spielberg y el pasado

Buena parte del cine de Spielberg tiene mucho de viaje al pasado, de indagación en los orígenes. Hay una especie de incomodidad con el presente, desde el que va y viene tanto al pasado como al futuro. Son muchas las cintas de época en las que expía pecados, revisa momentos determinantes o analiza claves de nuestro mundo actual (por ejemplo los pilares democráticos americanos en sus últimos trabajos).

En esta tenemos ambos mundos. Una visita al pasado desde un futuro próximo. La película es puramente spielbergiana en lo conceptual, recuperando además el espíritu más aventurero de su cine más lúdico.

Los protagonistas no tienen padres. Por eso Wade vive con su tía Alice. Este aspecto, esa orfandad, la falta o ausencia paterna, es puramente spielbergiana (“E. T. El extraterrestre” de 1982; “Mi amigo el gigante” de 2016; “Indiana Jones”; “Inteligencia Artificial” de 2001…).

La estructura de búsqueda, una de las predilectas y más usadas por Spielberg, vuelve a ser la elegida para la película. Se buscan múltiples cosas. Llaves, Huevos de Pascua, soluciones a acertijos…

La infancia, o el espíritu infantil, son pieza clave en el film. Tanto con el grupo de protagonistas, como unos Goonies digitales, como con el genio de John Halliday, que vive anclado en esa infancia.

Infancia, detente, eres bella”, por parafrasear a Goethe.

 

 

 

 

Una voz over nos va guiando en la historia, apareciendo en momentos concretos, de transición. La de Wade. La banda sonora es magnífica, con momentos espléndidos, tanto por el lirismo de Alan Silvestri como por la inclusión de temazos rockeros (personalmente hubiera metido bastantes más). Lo mismo cabe decir de la iluminación, con esos focos de luz externos tan característicos del cine de Spielberg, del siempre notable Janusz Kaminski.

 

 

 

 

 

El estilo de Spielberg aparece en todo momento. Ese aliento clásico al servicio de la modernidad de los efectos especiales. Planos generales, largos, con muy pocos cortes para que la acción (en ocasiones en exceso trepidante) se aprecie con claridad. Con ellos también maneja el suspense con su maestría habitual. Una cámara flotante o voladora por los entornos, sus míticos y clásicos primeros planos spielbergianos, que resaltan emociones o momentos (ese que se acerca a Parzival mientras habla de Halliday a Art3mis). Es una gozada ver cómo Spielberg saca todo el partido a los efectos especiales con el plano secuencia y los generales. Espectacular.

 

La presentación de Delorean, en un solo plano, es un ejemplo perfecto de esto, así para comenzar. Me encanta ese detalle de la banda sonora que son toques de la que se usara en “Regreso al futuro” (Robert Zemeckis, 1985), cuando se produce un descubrimiento.

Dos secuencias destacan estilísticamente sobre las demás. La trepidante escena de la carrera con el Deloran y el clímax en el planeta Doom. El tiroteo en la discoteca Distraced Globe tampoco está mal.

 

 

 

–La carrera es soberbia, eso sí, va a un ritmo exageradísimo, que hace imposible ver todos los detalles. Todas esas referencias que temes se te escapen. Es una secuencia para ver ralentizada. Planos larguísimos, sin corte y una velocidad tremenda, como de videojuego, claro. Una gran secuencia.

 

 

 

–El clímax en Doom tiene los mismos elementos. Otra escena trepidante y espectacular, con tal acumulación de elementos que es imposible seguir todas las referencias, pero en la que la acción se muestra de una forma asombrosa gracias a las claves de estilo mencionadas. Una fantástica batalla.

 

 

 

Con todo, señalaremos ciertos defectos o aspectos cuestionables en la puesta en escena dentro de la lógica de la batalla, por ponerme tiquismiquis: ¿Por qué el villano, I-R0k, estalla la bomba antes de que pasen los protagonistas, Art3mis y Zeta/Parzival, cuando podía hacerlo mientras están pasando para eliminarlos? ¿Cómo sabe Samantha que estalló el “Cataclista” (esto lo tomaré como homenaje al error del inicio de “Ciudadano Kane”, cuando la enfermera informa de algo que no pudo oír, habida cuenta de que se menciona la película y “Rosebud” varias veces)? ¿Por qué no camuflan la furgoneta que sabían habían registrado los villanos y por tanto podrían localizar con su tecnología? Esas cosillas. La última no es de la batalla en sí, sino de su paralelo en la realidad.

 

 

 

Hay momentos que nos recuerdan al Spielberg de siempre. Ese beso final de Wade a Samantha, con él en vilo colgando de los cables, es puramente spielbergiano, recuerda al mítico beso de “E. T. El extraterrestre” (1982), donde se mezcla todo con humor y un toque infantil. O esas escenas donde se manejan pantallas y artefactos, puros recursos de videojuegos, que nos remiten en cierta medida a “Minority Report” (2002).

 

 

 

El trabajo de adaptación es francamente notable, aunque los fans del libro muestren muchas quejas por los muchos cambios realizados. Teniendo en cuenta que el escritor, Ernest Cline, forma parte del grupo de guionistas, estas quejas hay que ponerlas en cuarentena y analizar. Y analizado el asunto, tenemos que el trabajo es excelente, destilando la esencia de los temas con la magistral construcción desarrollada en el análisis, coincidente con las reflexiones que se realizan en el libro, aunque haya peripecias que se manejen o expongan de forma distinta. Es más, resultan mucho más depuradas, cohesionadas y centradas en el film, como he ido explicando. Resultan intrascendentes los cambios que colocan una situación o un detalle en un lugar que nada tiene que ver con el que aparece en el libro, porque además se ha hecho un esfuerzo por incluir gran parte de los aspectos que en el referente literario se contienen, aunque de otra manera para favorecer la narración aventurera del film (esto tiene el riesgo de cometer algún error de coherencia, si bien poco significativo, como comentaré). Es decir, las diferencias radican en las peripecias, que sólo son el medio, distintas aventuras con elementos que también se usan en la película, pero que de forma efectiva da igual cómo se utilicen o resuelvan respecto al fondo del film. Es indiferente que la prueba sea una carrera en coche o superar un videojuego en primera persona… Quienes se centran en estos aspectos sólo se han quedado en la superficie, la carcasa, la distracción, como bien saben Halliday, Cline y Spielberg. Para distinguir una buena adaptación, que, recordemos, es otra creación distinta a la original, donde el autor de dicha adaptación también introduce sus temas y obsesiones, o subraya los que más le interesan, como he ido analizando, hay que sustraer la esencia, como en la propia tesis del film, destilar los temas esenciales que se desarrollan y serles fiel, algo que se cumple con extraordinaria lucidez.

¿Y cómo lo sé? Pues porque leí el libro después de ver el film y, sobre todo, hice este análisis antes de leer el libro, para comprobar si las tesis divergían tras la reflexión. Por supuesto, coinciden.

Es cierto que en esos cambios hay algunos trucos, lagunillas o recursos típicos del trabajo de adaptación, que no se aprecian en el libro, que como referente literario tiene la capacidad de explicar y cerrar todos los detalles para dar la mayor verosimilitud y coherencia. Es aquí donde podemos poner los mayores “peros” a la adaptación, si bien son menores. Aunque ojo, también los hay en la novela que no aparecen en la cinta.

Trucos de guión como la contraseña visible que Wade ve en el despacho de Sorrento para hackearle posteriormente. Que nadie antes haya probado por puro placer a introducirse en una película tan conocida como “El resplandor” (Stanley Kubrick, 1980), teniendo la opción libre de hacerlo (en el libro es un camino obligado y sólo accesible si se ha encontrado antes la llave y superado otras pruebas)…

Es absurdo pensar que Odgen Morrow se pasaba el día entero como bibliotecario, “El conservador”, de “Los diarios de Halliday”, papel que no tenía en el libro…

Donde el libro se expande más que la película, algo lógico por otra parte, es en la creación de su propia mitología, a la que puede dedicar más tiempo y giros, que en el film ralentizarían, serían costosos de explicar y no funcionarían (por ejemplo, la consecución, algo arbitraria, de esa vida extra que en el film se resuelve con simpatía).

 

 

 

Lo retro ochentero… y no ochentero

Se ha entendido “Ready Player One” como un homenaje a los 80, que no deja de ser incierto, pero es sumamente restrictivo… en la película. Hay infinidad de referencias culturales, concretamente centradas en la “cultura Pop”, que de alguna forma tienen cierta predilección por los 80, más que nada porque se refieren a la infancia de Halliday, el personaje clave, como he ido desgranando, de la película. Es una mirada a su infancia, donde creó sus gustos, donde forjó la personalidad que luego desarrollaría. Pero no sólo se centran en los 80 los homenajes, ni mucho menos.

Spielberg marca el tono de inicio, abriendo la película con un himno rockero ochentero, nada más y nada menos que el “Jump” de Van Halen. Las canciones, que abren capítulos en el film, tienen un sentido muy concreto en sus apariciones. De hecho, “Jump”, saltar, tendrá mucha relación con la evolución del protagonista y una de las claves, en la que se hablará, precisamente, de dar “el salto”.

 

 

 

El “I hate myself for loving you” de Joan Jett (compuesta junto al maestro Desmond Child) nos presenta la primera prueba, la carrera, así como el momento en el que Parzival y Art3mis se conocen… “Stand on it” de Bruce Springsteen preside la entrada de Wade y Hache en la tienda donde el primero va a gastarse su dinero recién ganado.

George Michael y su “Faith” aparecen cuando Wade entra en “Los Diarios de Halliday”, que es donde nuestro protagonista indagará en el alma del creador. Significativo, ¿no?

Twisted Sister hace una memorable aparición para dar comienzo a la batalla del final en el planeta Doom. Su “We’re not gonna take it”, ese himno por la libertad y la lucha contra lo establecido, en este caso los abusos de IOI, no puede estar mejor elegida…

Daryl Hall & John Oates” da por concluido del film con su “You make my dreams”, en perfecta rúbrica con lo acontecido.

Take on me” de A-ha es el videoclip favorito de Halliday, y “Video killed the radio star” de “The Buggles” su tema predilecto. “Billy Idol”, el “Thriller” de Michael Jackson; “Duran Duran”… “Tears For Fears”; “Bach”; “Prince”; “The Temptations”; “Blondie”; “Earth, Wind and Fire”, “New Order”; «Bee Gees«… rematan la ochentera banda sonora.

Se incluyen pequeños fragmentos de las bandas sonoras de “King Kong”, “Regreso al futuro” o “El resplandor”.

Referencias a cómics y superhéroes como Batman, Clark Kent, Peter Parker o Bruce Banner. Otras cinéfilas a Freddy Krueger; “Regreso al futuro” con el mítico Delorean, menciones a Marty McFly o Robert Zemeckis, el ese cubo Zemeckis que lleva atrás en el tiempo un minuto o los “qué fuerte” que exclama Wade; “Algo pasa con Mary” (hermanos Farrelly, 1998). “Star Wars”, por supuesto. “Akira” con la moto de Art3mis. Un T-Rex, que podría ser el de “Parque Jurásico” en autohomenaje spielbergiano; “King Kong”, que está lejos de ser ochentero. Vemos también el coche de Batman en la serie de los 60. Jason de “Viernes 13”. “Mad Max” en un póster.  “Cristal oscuro” (Jim Henson, Frank Ox, 1982) de donde saca su nombre la enamorada de Halliday y Morrow. “Buckaroo Banzai” (W. D. Richter, 1984), en el atuendo elegido por “Zeta” para ir con Art3mis a la discoteca. “El gigante de hierro” (cuento de Ted Hughes que llevó al cine Brad Bird en 1999), que tendrá un gran protagonismo en la batalla final. Referencias explícitas con apariciones de “Bitelchús” (Tim Burton, 1988); el monstruo de “Alien, el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1979) atravesando un pecho; el David Bowie de “Dentro del laberinto” (Jim Henson, 1986)… “Fiebre del sábado noche” (John Badham, 1977) con los Bee Gees y los protagonistas bailando a lo Travolta… Películas de John Hughes, un clásico de la comedia ochentera, como “El club de los cinco” (1985) o “Todo en un día” (1986)… y otras que no son de John Hughes como “Desmadre a la americana” (John Landis, 1978) o “Aquel excitante curso” (Amy Heckerling, 1982)… “La mosca” (David Cronenberg, 1986), “Un gran amor” (Cameron Crowe, 1989). “La guerra de los mundos” (Byron Haskin, 1953), “Lost in space”. “Chuky, el muñeco diabólico” (Tom Holland, 1988) tiene una estupenda aparición en la batalla final. “Las alucinantes aventuras de Bill y Ted” (Stepehn Herek, 1989). También salen las “Tortugas Ninja” y “Mechagodzilla” como vehículo exterminador del villano Sorrento.

 

 

Qué bello es vivir” con la frase “Ningún hombre es un fracasado si tiene amigos” que le dice el avatar de I-R0k (T. J. Miller) al avatar de Sorrento (Ben Mendelsohn).

Superman” (Richard Donner, 1978) y una cita a la que yo también recurro mucho: “Unos pueden leer Guerra y Paz y pensar que han leído una simple novela de aventuras, otros leer los ingredientes de un chicle y descifrar los secretos del universo”. Una cita que tiene mucho que ver con estas concepciones metafóricas de Spielberg.

 

 

Mención clave a “Rosebud”, de “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941), en una referencia metalingüística que incide tanto en el concepto de “Huevo de Pascua” que contiene la película como en el subtexto creado por Spielberg acerca de la profundización en el interior del ser humano y descubrimiento de su alma. Su yo oculto y sincero.

¡Y a “El resplandor” (1980) de su amigo Stanley Kubrick, Spielberg le dedica una secuencia entera!

 

 

Naves como las de la serie “Galáctica”, la “Sulaco” de “Aliens” (James Cameron, 1986), la “Valley Forge” de “Naves misteriosas” (Douglas Trumbull, 1982), la fragata Harkonnen de “Dune” (David Lynch, 1984) o el propio “Halcón Milenario” de Star Wars….

La propia idea de OASIS, o al menos muchos de sus elementos o propuestas, como las pruebas que marca Halliday para encontrar su Huevo de Pascua, son un remedo o la plasmación de un videojuego interactivo en sí.

 

 

Minecraft”, “Goldeneye 007” como el shooter (videojuego de acción y disparos) favorito de Halliday. “Mario Kart”,  “Asteroids”, “Space invaders”, “Robotron”, “Pitfall!”, “Swordquest”… la videoconsola Atari 2600Joust, en un poster en la recreada casa infantil de Halliday

Adventure”, de Warren Robinett, considerado el primer juego de acción y aventuras, el primero en dejar al jugador manejar artículos seleccionables en cualquier momento, como los “artefactos” que se citan en el film, y el primero en incluir un “Huevo de Pascua”, será el juego clave en la última prueba.

 

 

Comidas y bebidas como TAB o Hot Pockets… Hay muchas más referencias, pero os dejo a vosotros que investiguéis en la película o por la red.

Tras un análisis exhaustivo como este, viendo como construye sus films el autor Spielberg, maestro de maestros, contenedor de las excelencias clásicas y renovador visionario, sólo queda descubrirse, reivindicar el talento y el entretenimiento inteligente, bien hecho, más allá de la mera evasión… porque guste más o guste menos, con este desarrollo aquí analizado sólo puede concluirse que estamos ante una obra maestra.

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la 3ª Parte del análisis.

sambo

There are 4 comments on this post
  1. enero 08, 2019, 9:38 pm

    Completísmo post! Pero se te ha olvidado mencionar una referencia que, según estás viendo la película, sabes que va a pasar (fue como si la incluyera yo mismo a la vez que avanzaba el metraje, es decir, pensé: «Va a hacer el gesto» y va y lo hace.. jajajaja..): la muerte del robot gigante al hundirse en el río de lava, durante la batalla final. Grandiosa!

    • sambo
      enero 08, 2019, 9:49 pm

      Jaaajajajajaja CIERTOOOOOOOOOOOOO! Bien apuntado!

  2. Yo
    febrero 18, 2019, 7:16 pm

    «Un T-Rex, que podría ser el de “Parque Jurásico” en autohomenaje spielbergiano»

    En realidad, parece ser que Spielberg puso como condición para hacer Ready player one el evitar referencias a sus propias películas. Así que, más que autohomenaje, un gol que le han metido los chicos de los efectos especiales (Y es que ¿qué es el cine de los 80-90 sin Spielberg?).

    • sambo
      febrero 18, 2019, 9:36 pm

      Gracias por el aporte :))

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