PIRATAS DEL CARIBE: LA VENGANZA DE SALAZAR (2017)

PIRATAS DEL CARIBE: LA VENGANZA DE SALAZAR (2017)

JOACHIM RONNING y ESPEN SANDBERG

 

 

2/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pues la exitosa saga comandada por el Capitán Sparrow ya va por la quinta travesía, si bien la calidad que disfrutamos en la primera entrega se quedó allí, en 2003.

No, ni mucho menos esto es “Transformers”, aunque vaya también por la quinta entrega, aquí hay otro sabor y aroma, además de una rica tradición que la eleva, pero su infantilismo puede con ella, desgraciadamente. Eso sí, visto lo visto y observando la deriva que todo esto ha tomado, la saga podría eternizarse, proyectarse hasta el infinito, si bien sería recomendable que fuera terminando ya.

La película es tremendamente infantil en su concepto y desarrollo, puede que la más infantil de todas, algo lógico en cierta medida, ya que Disney está detrás, si bien en su inicio no era tanto de esta forma, sepultada en un exceso de humor que ronda lo paródico y lastra la diversión de la aventura. Esto no significa que no haya ocasionales aciertos en la aventura y el humor. De hecho, y con todos los defectos que mencionaré, el humor sólo funciona, básicamente, con Johnny Depp y sus registros lascivos, irónicos y cínicos.

 

 

Son los mismos ingredientes. Humor, aventura, estética macabra y decrépita, de toque marino y monstruoso, lo fantástico y demás aspectos temáticos, pero la clave, como en todo, está en cómo se manejen esos ingredientes. Pasablemente interpretada.

La tradición del cine y la literatura de piratas hicieron de estas nuevas entregas, que además añadían elementos fantásticos, un fascinante éxito, un justo triunfo, con unos ingredientes magníficos, donde la aventura y el romanticismo relucían con luz propia. Un universo, el de “Piratas del Caribe”, lleno de seres malditos, condenados, de familias separadas por maldiciones que buscan reencontrarse y redimirse, pero que a menudo ceden a la podredumbre moral y la denigración en ese mundo de piratas y sortilegios sin moral. Así ocurre con Sparrow y su querido barco, “La perla negra”, así le ocurre a los Turner, así le ocurre a los Barbosa

Seres desarraigados. A todos les falta algo: A Jack su barco, un capitán sin embarcación; a Henry Turner le falta su padre; Carina Smith no conoció a su padre; a Salazar le falta la libertad; a Barbosa su hija…

 

 

Pero lo más bello y poético que ha dejado la saga son las fugacidades. Son historias de fugacidades, sublimado en el final de la tercera entrega, con esos breves momentos en los que la pareja puede verse cada muchos años. Aquí también tenemos la fugacidad de la mirada de una hija y su padre, que no se habían conocido, como fugaces son los encuentros de Sparrow con la Perla Negra… Y de la fugacidad a la eternidad, con esas maldiciones que padecen los personajes. La pérdida y la crueldad, elementos muy de la saga, curiosamente. Aquí, aquel cruel romanticismo se redime en cierta medida, convirtiéndose en una película de reencuentros. Una padre con su hija, Turner con Swann, Sparrow con la “Perla Negra”… Lástima que todo resulte tan paródico.

Con tanto episodio, esto ha terminado por parecerse, en cierta medida, a una especie de “Star Wars” de marinos y piratas, con familias rotas y separadas que nunca se conocieron y reencuentran o buscan repentinamente…

Un universo donde casi todo es inmoralidad, pero con matices. El mundo pirata está lleno de lealtades muy particulares, volubles, donde la traición está a la orden del día, pero se asume con naturalidad, como la mentira y el engaño, las manipulaciones. Son un orden ajeno a la ley y lo convencional de la vida normal, pero tienen ciertos códigos y una mirada cariñosa, cierta camaradería y comprensión entre ellos. Respetan sus chantajes, asumen sus pagos y particulares y difusas reglas… si es que las hay.

También es interesante el uso de objetos, unos grandes y otros pequeños, casi siempre vinculados a ese ingrediente fantástico que es esencial en la saga. Un objeto que crea maldiciones, otro que las elimina. Una brújula que puede liberar a Salazar, como también haría, a gran escala, el “Tridente de Poseidón”; la botella donde se resguarda “La Perla Negra”, que renacerá para surcar los mares, convirtiéndose en otro objeto, bien grande, en sí mismo. El “mapa que ningún hombre puede leer”, al que se llega con el diario de Galileo Galilei, otro objeto que se hace importante en la trama…

 

Con un simpático inicio en la onda de “Los Goonies” (Richard Donner, 1985), donde un desván, un chico y un mapa nos llevan hasta uno de los viejos conocidos, imprescindible aunque no apareciera en las últimas entregas de la saga, como es Will Turner (Orlando Bloom) en “El holandés”, la embarcación donde está atrapado, en lo que parece una insinuación, si tenemos en cuenta el final de la cinta, de un posible regreso de él y de Keira Knightley encarnando a Elizabeth Swann para una posible sexta entrega… No es poco ni está mal, en lo que es un inicio prometedor.

 

 

Es justo reconocer que, tras la primera entrega, la cruel maldición a la pareja Bloom-Knightley es uno de los puntos fuertes de la saga. Ese chico que busca a Turner no es otro que su testarudo y tenaz hijo, al que recuperaremos años después.

 

 

Johnny Depp creó un personaje inmortal, otro más, pero también hay que reconocer que su creación en esta quinta entrega, y viene de anteriores, es ya casi una parodia de sí misma. Jack Sparrow es un eterno pirata pícaro, de ademanes amanerados, desastrado pero competente e inteligente, amoral y disperso, alejándose de todo lo visto antes, permitiendo además al actor dar rienda suelta a su gusto por la excentricidad y el disfraz. Un maravilloso antihéroe. Desgraciadamente ahora parece que sólo busca desesperadamente el chascarrillo, la gracia, la ocurrencia, para que el público infantil ría, y con una encarnación cada vez más exagerada y paródica, menos convincente y auténtica. Y a pesar de todo es lo único que merece rescatarse de la nueva entrega…

 

 

 

 

Un personaje que está porque tiene que estar, porque si no, no sería “Piratas del Caribe”, pero que casi resulta intrascendente, viéndolo todo como espectador, incluso las balas que nunca le alcanzan. Un Depp cada vez más exagerado e histriónico, aunque ocasionalmente divertido, en especial en las escenas de aventura.

Sparrow es hijo del azar y la fortuna, que le llevan a salvarse milagrosamente de todo peligro y a encontrarse con quienes serán sus futuros aliados en el momento más oportuno, como ocurre con Henry o Jane. Lo lamentable es que Sparrow es básicamente intrascendente en la trama. La aventura sin él se hubiera desarrollado más o menos igual.

 

 

Básicamente reducido al humor gestual y físico de Depp, entregado a set pieces y gags más o menos acertados, como en su presentación con la ocurrencia del frustrado robo de un banco, literalmente, es decir, el recinto entero. Una simpática, y absurda, escena de acción con ocasionales y hábiles planos generales (que evitan los vericuetos conflictivos de las calles donde sería difícil transitar con un banco entero) del banco en su enormidad huyendo tirado por caballos. La posterior escena de la evasión en la ejecución resulta muy escapista, volviendo a caer en lo increíble con un humor infantil que resta diversión a la aventura, en una escena que cita a la guillotina como nuevo invento situando cronológicamente la acción.

 

 

Hay otras escenas de acción que funcionan irregularmente. La divertida evasión de los protagonistas utilizando tiburones fantamas/zombies funciona bien, con cierto ingenio. En cambio, la batalla marina que nos lleva al clímax tiene momentos absurdos: Marineros experimentados con catalejos que descubren los barcos que les persiguen cuando están al lado… mirando por dicho catalejo, cuando no hacía precisamente falta… Además, lo de luchar contra fantasmas está complicado.

 

 

 

Aquí, la presencia de Sparrow deja algo perplejo. Se le ve como el principal recurso de hijo de Turner, Henry (Brenton Thwaites), la solución, el único vehículo capaz de llevarlo hasta el “Tridente de Poseidón” para romper todas las maldiciones marinas, pero un análisis superficial de la trama lo coloca como absolutamente intrascendente, no ya porque no sea capaz de solución alguna ni de salir victorioso de casi nada, sino porque se pasa dos tercios de la película preso o amordazado… Es cierto que salva a Henry de los tiburones y que recupera la “Perla Negra”, pero su inconsciencia libera al villano dificultando todo…

 

 

El villano interpretado por Javier Bardem, un capitán español azote de piratas, presenta una fascinante imaginería y una eficaz presentación en “El triángulo del demonio” junto a su ejército de tullidos, cuando lo vamos viendo por partes de su cuerpo y rostro hasta su potente aparición completa final ante Henry, con esos efectos acuosos para su figura que tan bien resultan. Pero lo cierto es que también tiene relación con aspectos absurdos, ajenos al trabajo del actor español, provenientes de un mediocre guión. Por ejemplo: ¿Está en disposición de amenazar a nadie fuera del “Triángulo del Demonio”? ¿Por qué quiere lanzar un mensaje a Sparrow de la mano de Henry cuando su única esperanza de escapar de ese encierro maldito es que el propio Sparrow se olvide de él, no sepa o no recuerde lo que implicaría deshacerse de su brújula (hacerlo liberaría de su maldición a Salazar)? Es decir, pretende advertir a través de un mensaje al único que tiene la posibilidad de liberarle amenazándole de muerte y recordándole toda su circunstancia… ¿Por qué le da esa clave, precisamente, al chico? Es absurdo, sólo explicable desde la torpeza de un guión que no sabe cómo informar al público del hecho y lo hace de la forma más ilógica y lamentable posible… Es algo que deja la primera secuencia, la de la presentación de Salazar, sin sentido alguno, incompresible…

Hombres muertos no cuenta cuentos”.

 

 

Además, es triste estar condenado por la eternidad y cuando logras liberarte dedicar tu tiempo a buscar a un tipo para matarlo como primera y acuciante actividad… A mí se me ocurren otras mucho más interesantes.

Por otro lado, cuando Henry explica a Sparrow lo que Salazar le dijo, da por sentado que éste no tiene la brújula. ¿Cómo lo sabe? Es más, ¿cómo sabe y conoce Salazar la maldición de la brújula y su solución? Visto cómo cayó en ella y lo que se cuenta, nada lo explica… En fin…

El flashback que se dedica a Salazar, para que veamos cómo se las gastaba y definir más aún el maniqueísmo y maldad del personaje, presenta una escena de acción con triquiñuelas tácticas resueltas de aquella manera… Fue el día en el que Salazar y su tripulación quedaron atrapados en el “Triángulo del Demonio” por culpa de un jovenzuelo Sparrow, que gracias a los efectos especiales veremos en el lozano rostro de Johnny Depp. Las explosiones que vemos en la escena se antojan pelín exageradas.

 

 

Bardem encarna a un villano muy español que entra a matar como un torero con el estoque (detalle que no sé si calificar de simpático o de ridículamente patético). Un personaje a todas luces intrascendente en la trama (como le ocurre a Sparrow), donde todo lo que le rodea, como expliqué, tiene nulo sentido. Otra más. ¿Por qué no se libera de la maldición Bardem? Es decir, una vez rota la maldición al deshacerse Sparrow de su brújula, él queda liberado, pero sigue pareciendo un fantasma decrépito… Se ve que la anulación de maldiciones es algo arbitraria… Se ve que son maldiciones distintas o algo, que la otra debería terminar con el “Tridente de Poseidón”, pero el caso es que hasta posee a los vivos…

 

 

Kaya Scodelario interpreta a Carina Smyth, un nuevo personaje que hará pareja con ese otro al que vemos crecidito, Henry Turner, para insinuar un nuevo romance y engrandecer ese universo marino y familiar lleno de maldiciones que separan familias. Una científica (cita a Galileo Galilei, posee su diario, para dar credibilidad a su afirmación), a la que llaman bruja y que busca al padre que no conoció. Descubrirá que Barbosa (Geoffrey Rush) es su padre, aunque ninguno parece saberlo, pero de nuevo el azar y el espíritu de “Star Wars” aparecerán para unirlos… Ella es una chica prepotente, egocéntrica y obstinada, aunque así todo es fachada (espero), recurso de una mujer fuerte en un mundo machista. Con esta joven pareja se pretende recuperar ciertas claves y esencias de la primera cinta.

 

 

El clímax es fallido. Intenso, con unas luchas entre las aguas divididas del océano, a lo Moisés con el Mar Rojo, pero donde se pretenden mezclar tonos, sentimientos y situaciones que no pueden encajar con coherencia. Esos momentos de extrema tensión mezclados con el dramatismo sentimental de pausas lánguidas chirría. Los nervios y las penas no encajan de ninguna manera en el mismo momento… Sí es eficaz ver ese mar uniéndose de nuevo, generando una buena tensión, pero las miradas de padre e hija ante el sacrificio de Barbosa, esos tiempos muertos en un apresurado rescate contrarreloj y demás, funcionan regular. Además tiene cambios de tono muy drásticos, de la aventura al humor y al dramón familiar…

 

 

Volveremos a ver junta a la pareja Will TurnerElizabeth Swann, un esperado reencuentro, donde ella no emite palabra. Un final que insinúa cosas y deja confuso en otras. Ese epílogo donde se insinúa un posible retorno a la saga de Bloom y Knightley, pero una aparición extraña que contradice la idea de la liberación de las maldiciones… ¿Sigue habiendo malditos?

 

 

 

En definitiva, más de lo mismo, pero muy lejos de lo que llevó al éxito a la saga. Sólo merece la pena el trabajo de Depp, con sus defectos mencionados, los reencuentros con viejos conocidos para los más fans de la saga y la música, un himno cinéfilo ya, una de esas bandas sonoras que marcan épocas, y el cameo de Paul McCartney, que reemplaza en estas lides a Keith Richard.

 

 

 

 

 

sambo

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