PARQUE JURÁSICO (1993) -Última Parte-

PARQUE JURÁSICO (1993) -Última Parte-

STEVEN SPIELBERG

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El contenedor.

He explicado en multitud de ocasiones lo mucho que Spielberg hace por conservar el legado del clásico. Son infinitas las referencias en sus films, incluso muchas de sus cintas son, además de todo, homenajes a grandes maestros del clásico. Spielberg ha logrado aglutinar y contener las esencias del cine clásico en su estilo personal. Así lo vemos en “Salvar al soldado Ryan” (1998), “Lincoln” (2012) o “El color púrpura” (1985) citando a Ford; a Capra en “La terminal” (2004), a Hawks en sus aventuras, como la tetralogía (hasta ahora) de “Indiana Jones”; a Anthony Mann o Victor Fleming en muchos momentos de “War horse” (2011) o “Always” (1989); a Wyler en esa precisión técnica; a Hitchcock, a Tourneur, en su capacidad para el suspense y la sugerencia… Y así hasta pasado mañana.

En “Parque Jurásico” esto también se hace evidente. Está contenido Hawks y su aliento aventurero, Hitchcock en sus suspenses, Tourneur en el uso del terror y las sombras… pero sobre todo es una pura cinta de Steven Spielberg

Imposible no recordar a Hawks en el aliento aventurero, como digo, pero también al ver esa maqueta de un gigantesco dinosaurio en el lugar donde acontecerá el clímax con ese cartel que versa: “When dinosaurs ruled the earth”, que es muy “La fiera de mi niña” (Howard Hawks, 1938), y que acabará derruida, como aquella con Cary Grant y Katharine Hepburn.

 

 

 

La vegetación moviéndose, insinuando un terror, memorables y estruendosos efectos de sonido… Las sombras en siluetas de los dinosaurios siguen ese mismo patrón, en puro expresionismo. Una garra que desaparece, una cabra que de repente no está… Es pura sugerencia, puro Tourneur, como en “La mujer pantera” (1940), puro cine de terror clásico, donde no se ve nada, sólo se sugiere.

Las pantallas escindidas, la división del encuadre para generar suspense, como esos planos de las garras de los velociraptores contrastados con las manitas de los niños dirigiéndose en sentido contrario… la cabeza del velociraptor sobre Tim mientras se esconde tras un mueble… Son Hitchcock. Es en el clímax, con otro suspense estiradísimo, como él sabe hacer, recuperando la esencia clásica.

 

 

 

La misma inverosimilitud, con esas irrupciones repentinas de los dinosaurios, o ese precipicio que aparece sin sentido, o ese árbol por el que cae el coche que parece no terminar nunca… Puro Hitchcock.

Muy hitchcockianos también son esos encuadres sobre un objeto al que se sigue sin corte, por ejemplo el maletín con el dinero que porta el enviado de la empresa que compite contra Hammond para dárselo al informático, Nedry (Wayne Knight), o el bote de espuma que contiene los recipientes para colocar los embriones. Es un recurso que le gusta mucho a Spielberg también, y que vemos a menudo en su cine.

 

 

 

 

Los acentuados contrapicados, siempre significativos, como los que enlaza en una panorámica cogiendo a Samuel L. Jackson y Richard Attenborough. O picados y contrapicados para generar suspense, como ese cenital con Lex colgando del techo y el velociraptor saltando para alcanzarla, por ejemplo. Angulaciones tan de Welles como de Hitchcock.

 

 

Muy de Welles son los planos donde se usa un travelling de retroceso haciendo aparecer personajes o elementos del escenario en el encuadre para que intervengan o redefinan la escena. O incluyendo panorámicas. O un plano amplio, medio o general, en el que aparece alguien en primer plano, recurso que a Spielberg le gusta mucho, y que también hacía Welles a menudo. Hay muchos ejemplos de esto.

 

 

Spielberg rueda con planos largos y un uso ejemplar del plano general. Esto sublima su excepcional puesta en escena. Es de todos sabido que por esos ingredientes es uno de los maestros rodando escenas de acción, ya que deja ver todo lo que ocurre con una claridad expositiva ejemplar. La manera en la que se muestran los entornos es perfecta. Y cuando usa el montaje es otra lección de lenguaje cinematográfico, donde el espectador sabe en cada momento dónde está cada personaje y cómo es la geometría de la estancia en la que se desenvuelven. Citaré ese contrapicado donde vemos caer el coche tirado por el T-Rex sobre Alan y Lex, sin corte, agudizando el suspense y dejando ver toda la secuencia claramente, provocando el entusiasmo. Pero cuando usa el montaje es igual, sino fijaos en el clímax, la escena en la cocina, donde los velociraptores entran buscando a los niños, Tim y Lex. Siempre sabemos por donde andan los animales y los críos, donde está la puerta del congelador donde uno de los raptores es encerrado por Tim, con los insertos de suspense para los resbalones en el hielo de ambos, dónde se intenta ocultar Lex reflejada en el aluminio… Es la perfección.

 

 

 

 

Las conversaciones, cuando se usa el plano y el contraplano, también están rodadas con un rigor extraordinario. Tomad el ejemplo de la primera conversación entre Hammond y los dos paleontólogos. Del plano frontal donde se incluye a todos, pasamos a los planos y contraplanos donde se aísla a la pareja, pero no al mecenas Hammond, que siempre aparece incluido con ellos de espaldas, salvo algún inserto para sus momentos más “seductores” hablando del parque. Él lo abarca todo, ellos son el objetivo.

 

 

 

Puro Spielberg. Observad la primera escena. Isla Nublar. 120 kilómetros al oeste de Costa Rica. La noche, misteriosa vegetación moviéndose, la luz filtrándose entre las ramas nocturnas en focos frontales, rostros tensos y un clásico primer plano spielbergiano, en ligero contrapicado y acercándose a la cara… Planos cortos sobre armas y rostros, subjetivos para el dinosaurio… Estamos de lleno en el universo de “E. T. El Extraterrestre” (1982) y el momento en el que Elliot se encuentra con E. T. en la noche, tanto cuando huye como cuando se acerca (recuerden que también es de noche, la vegetación y los columpios se mueven a su paso, pero nunca lo vemos…)…

 

 

 

 

 

Una trampilla que contiene un animal al que se pretende encerrar, algo que sale mal en el momento cumbre, un trabajador que cae, un plano sobre la boca de un personaje que grita “¡disparadle!” (muy Orson Welles en “Ciudadano Kane”), juegos lumínicos con los potentes focos de luz que se filtran a través de objetos y agujeros y neutralizan los fondos, travellings; el trabajador es atrapado por la criatura, que lo mueve y eleva a su voluntad, zarandeado sin compasión… vemos un ojo del dinosaurio… Estamos de lleno en el universo de “Tiburón” (1975). De “E. T.” a “Tiburón” en décimas de segundo. Y de Tourneur (esa iluminación), Welles (ya citado), Hitchcock (y el suspense).

 

 

 

La iluminación exterior, que se filtra por ventanas, puertas, cuevas, rendijas, potenciando siluetas y sombras, expresionista, es muy utilizada por Spielberg. Lo vemos en la primera secuencia con el ataque al trabajador de un dinosaurio, también en la mina donde se buscan mosquitos en ámbar… y en muchos lugares más. Es frecuente el uso de focos de luz frontales, situados a la espalda de los personajes, dotándolos de un aura irreal, idealizada. Una fotografía que corre a cargo, en esta ocasión, de Dean Cundey.

 

 

 

 

¿Y a donde nos lleva esa excavación con ese protagonista y su sombrero? Evidentemente… “Indiana Jones”. Como lo hacía la escena anterior en la cueva, encontrando el mosquito conservado en ámbar y los focos de luz… Como si Indiana estuviera en la primera secuencia de “El Arca Perdida”, antes de que le salga la gigantesca bola. La comida que ofrecen a los visitantes tras ver alimentarse a los velociraptores, remite en cierta medida a “El templo maldito” (1984).

 

 

 

–¿Y qué me dicen de los efectos de sonido, esos que avanzan la aparición del T-Rex? Esos temblores, ese retumbar de la tierra, remarcado en vasos de agua o charcos, como hacía en “Tiburón” con la música.

 

 

O ese nuevo aviso, con otro temblor, pero distinto: el de la gelatina de Lex, plano que se te graba en la cabeza. Mítico es también el ojo del velociraptor en el cristal circular de la puerta, para taparlo, acto seguido, con el vaho de su nariz.

 

 

 

 

–La mirada, el rasgo de autor más grande de Spielberg. La mirada fascinada, infantil, ingenua e incrédula. Pura. Gusta a Spielberg alargar los planos con la mirada, retrasando la aparición del contraplano.

Uno de los planos de la película, donde Spielberg se desnuda una vez más, es en la mirada fascinada y asombrada de los protagonistas, la primera mirada, ante los dinosaurios.

 

 

 

 

 

 

Todos se sorprenden, pero sólo uno es despreciable para Spielberg: el abogado. Él sólo ve las posibilidades económicas del parque, no su esencia.

Vamos a hacer una fortuna con este parque”.

 

 

No se reduce a ese momento mágico, sino que hay muchas miradas significativas, ilusionadas, cómplices, como la de Hammond a Alan cuando éste observa cómo se alimentan los velociraptores; las de Ellie a Alan cuando se relaciona con los niños; la de los propios niños a Alan, al que ven como una figura paterna, esa que añoran… Alan siempre es objeto de miradas.

También es llamativa esa que mantiene a los visitantes expectantes ante la aparición de los dilofosaurios o el tiranosaurio, sin que aparezcan…

O la mirada en esa mencionada escena de Lex con su gelatina temblorosa, anticipando la aparición del velociraptor.

 

 

 

Spielberg, además de todo, es uno de los directores que mejor rueda escenas de acción. Pocos logran crear tensión, atmósfera y suspense como él en el cine moderno. Saca el máximo partido a cada situación, las estiras hasta el infinito. La escena más recordada del film es la de la presentación del T-Rex.

Una hora tarda en aparecer. Se dice pronto. Maravilloso.

La noche de nuevo, la lluvia, coches parados por fallo tecnológico, el plano de la cabra que vimos como reclamo para el Tiranosaurio… “¿Dónde se han parado los vehículos?”. ¡Dónde va a ser!

Panorámicas insinuantes, avisando sucesos, tensión creciente, atmósfera excepcional dentro de la tempestad. El sonido de las gotas cayendo con fuerza en la carrocería de los coches, los focos rompiendo la oscuridad de la noche, los truenos, los rayos, la humedad, el exterior hostil, a resguardo en el interior de los coches… Los intermitentes golpes, cada vez más cercanos, de los pesados pasos. Los vasos de agua temblando, el zoom hacia los mismos… La cabra desapareciendo… salvo la pata que cae sobre el techo del coche… Ya está todo preparado…

El tiranosaurio escindido, su garra, su cabeza dando buena cuenta de la cabra, su mirada al coche. Los cables cediendo, las ramas moviéndose violentamente ante una presencia invisible… y la imponente presentación del T-Rex en plano general con su ensordecedor grito.

Espectacular… Así se dirige. Tourneur mezclado con Hitchcock y en esencia personal spielbergiana.

¿Dónde se han parado los vehículos?”. ¿Y cómo responde Spielberg a esa pregunta? Visualmente, por supuesto, con un plano de la cabra puesta como cebo para el T-Rex.

 

 

Una impresionante escena de acción maravillosamente preparada y que se dispara sacando partido a todos los ingredientes mencionados de una manera deslumbrante, al estilo Spielberg, generando peripecia tras peripecia, subiendo la apuesta constantemente de las dificultades de los héroes, que solventarán de la forma más ingeniosa: El coche será el elemento esencial, convertido en cascarón, como he comentado. El tiranosaurio destrozando el coche, plantando sus fauces ante los chicos con tan solo un cristal separándolo de su objetivo; el coche, que el dinosaurio ha aplastado y se ha hundido en el barro generado por la lluvia incesante; el abogado comido sin anestesia en el baño donde se ocultaba; un dinosaurio aterrador visto a retazos, su ojo, su cabeza cerca de los protagonistas, husmeando en el coche, su gran pata en el barro, en lo que es uno de los planos míticos del film… su cola, sus gritos y apariciones, volcando y mordisqueando el coche de los niños, la estúpida niña con el foquito de las narices; la distracción con el fuego de Alan, sus intentos de sacar a los niños de ese cascarón; el dinosaurio haciendo girar al automóvil y a los protagonistas con él; el coche al borde del precipicio y Alan con Lex (Ariana Richards), la niña, descendiendo por un cable por ese precipicio mientras Tim (Joseph Mazzello) permanece en el coche; el contrapicado con la amenaza de caerles el coche encima, y que de hecho les cae, pasándoles por el mismo lado en un magistral plano sin corte… Nueve minutos justos de secuencia que está en la antología del género.

 

 

 

¡Y eso que tiene un error mítico! Si se dan cuenta, el precipicio por el que descienden Alan y Lex, y por donde el T- Rex tira el coche, no estaba ahí al inicio, había una barrera, tras la que colocaron a la cabra para atraer al T-Rex y la selva por la que se movería el gigantesco animal. Se sacan un precipicio, un nuevo decorado, donde había otro de la manga por motivos narrativos… ¡La incoherencia hitchcockiana sublimada, porque la mayoría ni siquiera se da cuenta!

 

 

 

 

–Todas las presentaciones, no sólo la del tiranosaurio, son excepcionales. Desde la del doctor Grant apareciendo en plano repentinamente al elevarse, solución visual puramente spielbergiana, a la de Hammond, con uno de los míticos primeros planos del director. O la del mismo Parque Jurásico, con esa gigantesca puerta y su imponente cartel mientras atruena la música del maestro John Williams (con obligada referencia a King Kong incluida).

 

 

 

 

–Es una delicia cómo maneja los efectos sonoros. La mítica escena analizada arriba con la presentación del tiranosaurio, prescinde por completo de la música, pero los efectos sonoros lo envuelven todo, desde la lluvia cayendo a los gritos del animal.

 

 

–Hay una estructura sólida como película de aventuras desde el guión. Con buenos diálogos, uso de cebos con sus ecos y una narración precisa (los continuos errores en el parque, las características cazadoras de los dinosaurios…). Es asombroso como atrapa Spielberg al espectador, tomándoselo todo con calma. Una hora tarda en dispararse la acción. Lo hará a través de la trama del informático traidor, que es su principal fundamento.

Por lo demás, tenemos recursos prototípicos de este tipo de cintas de acción, como la misión que obliga a los protagonistas a salir y arriesgarse ante el peligro que los acecha (en este caso encender manualmente ciertas palancas para devolver la electricidad al parque), y así verse expuestos a ellos, dejando, generalmente, alguna víctima por el camino (momento gore con ese brazo que se posa sobre Ellie).

 

 

Bien es cierto que en este caso, Ellie va con una especie de Indiana Jones que la protegerá, aunque sirve de poco…

 

 

–Transiciones visuales. Hay un ejemplo maravilloso cuando el barro se vincula a la muerte y además entierra el frasco de espuma con los embriones robados, regodeándose en el desprecio al macguffin que inició los acontecimientos; para ligarlo en el plano siguiente al agua, que es la vida, donde Alan comienza su relación con los niños, calmando a Lex.

 

 

 

 

 

 

–Los contadores de historias siembran la filmografía del director. El relato oral, o de cualquier otra forma, es para Spielberg parte de la magia infantil (“E.T.”, “Mi amigo el gigante”, “Tiburón”…). Aquí se usa un documental explicativo, con detalles metalingüísticos, para contarnos el proceso de clonación de los dinosaurios, donde incluso se habla de realidad virtual.

Se usan a su vez los cebos, como esas explicaciones sobre los métodos de caza de los tiranosaurios y los velociraptores, donde unos sólo ven a través del movimiento y otros cazan en grupo. También hablan de la extrema inteligencia de los propios velociraptores, y lo letales que son (lo que veremos posteriormente confirmado cuando sorprendan al cazador, Muldoon (Bob Peck), con una emboscada).

Por supuesto, la tempestad que cae sobre la isla tiene carácter metafórico. Un recurso narrativo clásico. Avanza el desastre que se avecina y acentúa el suspense. Sólo durará la primera noche y se vincula al mal. Cuando Nedry pulse el botón de “ejecutar”, pasaremos a la tempestad y el sonido de un trueno.

Por si fuera poco, la película tiene un sutil pero claro tinte feminista. También en esto se anticipó Spielberg, ahora que está tan de moda en lo mediático y también en el cine.

 

 

 

 

Malcolm: Dios crea a los dinosaurios. Dios destruye a los dinosaurios. Dios crea al hombre. El hombre destruye a Dios. El hombre crea a los dinosaurios…”. (El hombre juega a ser Dios).

Ellie: Los dinosaurios se comen al hombre. La mujer hereda la Tierra.

Hammond: Pero… soy yo quien debería ir.

Ellie: ¿Por qué?

Hammond: Porque yo soy… y usted es

Ellie: Oiga… hablaremos de machismo en situaciones de supervivencia cuando vuelva. Ahora, guíeme paso a paso.

También hay ciertos errores, aunque muchos son más que buscados, como el reseñado y célebre del precipicio en la mítica escena de presentación del T-Rex. Por ejemplo, en el clímax, con la “familia” encerrada e intentando impedir el paso del velociraptor mientras Lex toquetea el ordenador, Tim permanece parado y saltando estúpidamente, cuando no va a charlar con su hermana, en vez de acercar el arma caída que está a los pies de Alan. De hecho, tanto Alan como Ellie podían pedir esa ayuda en un momento tan urgente… Un suspense algo forzado.

 

 

 

 

 

También es oportuna la aparición del coche nada más salir los apurados protagonistas del recinto donde el T-Rex da buena cuenta de los velociraptores, pero no es como para escandalizarse, ya que estaban avisados.

Las apariciones repentinas de los dinosaurios, sin aparente lógica, sí tienen coherencia interna dramáticamente, para generar el necesario suspense.

 

La reunión familiar en el cine de Spielberg.

La familia es uno de los temas primordiales del cine spielbergiano. Familias bien avenidas o disfuncionales, con problemas, pero que de una forma u otra anhelan reunirse y que juntas llegan a buen término, en general. El trayecto y proceso durante las narraciones en los films de Spielberg suelen versar sobre la reunión de la familia protagonista, que coge formas muy diversas, incluso metafóricas, como conclusión a un periplo redentor.

En “El diablo sobre ruedas” (1971) el protagonista no sólo lucha por salvar su vida, sino por regresar a salvo con su familia. “Encuentros en la 3ª fase” (1977) narra un poco lo contrario, la desintegración familiar por la obsesión de un soñador, pero en la que también habrá reencuentros familiares.

La saga de “Indiana Jones” vuelve a escenificar problemas paterno-filiales y reconciliaciones. La ausencia paterna, que marcó al director, es vertebral en “E. T. El Extraterrestre” (1982), que de alguna forma es sustituida por el alien.

Los terrores familiares, especialmente entre padres e hijos, componen parte del entramado dramático de “El color púrpura” (1985).

En “El imperio del sol” (1987) la odisea del protagonista finaliza con la reunión familia. Lo mismo ocurre en “La guerra de los mundos” (2005), con la que “Parque Jurásico” tiene muchos aspectos en común, tanto en los elementos de suspense (ese acoso de los velociraptores y los aliens), como en esa estructura de reunión familiar con la que concluyen ambos films.

 

 

En “Hook” (1991), Peter Pan se redime por lo descuidada que tiene a su familia por culpa del trabajo. En “La lista de Schindler” (1993) no sólo se reúnen y salvan familias, sino que el concepto se expande al pueblo judío como familia global.

La estructura de “Salvar al soldado Ryan” (1998) no puede ser más evidente en este sentido, con un comando buscando al único hermano vivo para que se reúna con su madre. En “Inteligencia artificial” (2001) el robot protagonista anhela reunirse con la que fue su familia, una vez es abandonado por ellos. Lo mismo le ocurre al protagonista de “Munich” (2005), que debe cumplir su misión para reunirse en paz con su mujer embarazada. El caballo en “War horse” (2011) representa a la familia, esas que se separaron por culpa de la guerra, con un continuo anhelo de reunión.

Lo mismo pasa con el protagonista de “El puente de los espías” (2015), que al final del film alcanza la paz en su entorno familiar, después de luchar, precisamente, por devolver a sus respectivas familias y seres queridos a los presos de distintos lugares.

En “Lincoln” (2012) la idea se vuelve a expandir una vez los esclavos alcancen la libertad. O en “Mi amigo el gigante” (2016), donde la protagonista es una niña sin familia que acaba adquiriendo una.

El mismo concepto se observa en su último film hasta el momento, “Ready player one” (2018), donde el protagonista pierde a su disfuncional familia para terminar forjando otra.

Y así… incluso algunas de las que vienen, como “The kidnapping of Edgardo Mortara”, prevista para 2021.

Lo oculto.

En el cine de Spielberg siempre hay algo oculto, y no sólo las alegorías y tesis esenciales de los films, como he desarrollado. Lo oculto, por tanto, es un elemento esencial en su cine. Lo oculto que se descubre o que hay que descubrir, con lo que hay que terminar o lo que hay que redimir.

Lo oculto que esconde una sorpresa o la esencia de un todo. Es curioso que en la última “Ready Player One” se recurra, precisamente, a los huevos de Pascua como metáfora, aunque es plenamente coherente si se tiene en cuenta la esencia (también oculta) del film.

Lo oculto, con figuras análogas a los huevos de Pascua (o no) no sólo viene de elementos vertebrales en la trama, sino que se utilizan dentro de la puesta en escena en numerosas ocasiones como solución a muchas secuencias, por ejemplo de acción (en “Parque Jurásico” es paradigmática la ya destacada en la que el coche cae encima de Tim y Alan).

Oculto, y metido en su cascarón, está el villano invisible de “El diablo sobre ruedas”; el mismísimo océano mantiene oculto bajo su manto a “Tiburón”; la nave de “Encuentros en la 3ª fase”, así como ese lugar oculto donde aparecen (o el piso y la habitación donde Dreyfuss se obsesiona a placer), hacen las veces de huevo y manejan el concepto de lo oculto.

 

 

El mismo “Arca de la Alianza” y eso que oculta en su interior y que no se puede mirar; “E.T. El Extraterrestre” renaciendo en un cubículo, como un huevo. Un extraterrestre al que se pretendía mantener oculto, por supuesto.

Oculto está el “País de Nunca Jamás”; y las naves de “La guerra de los mundos”, que a su vez ocultan a los aliens en “huevos”, caparazones; y los espías de “El puente de los espías” o “Munich”…

Lo oculto para Spielberg es la clave de todo, de su mismo cine, ese que sostiene en alegorías, metáforas y tesis ocultas, de las que distrae con atractivas tramas llenas de dinosaurios, extraterrestres o tiburones. Allí radican los miedos, los anhelos, los deseos… el alma.

La búsqueda.

Siguiendo la línea de la reunión familiar, Spielberg suele utilizar la estructura de búsqueda, reseñada ya en otros análisis cinemelódicos a sus obras.

En el cine de Spielberg casi siempre se busca. Se busca algo. Y una de las cosas que se buscan es la figura paterna. Esto es especialmente evidente en el cine más accesible, más comercial, de entretenimiento o aparentemente evasivo, que seguramente es el más personal por parte del director.

Esa será la obsesión del protagonista de “Tiburón”, encontrar al escualo. La misma obsesión que tiene Indiana Jones, encontrar reliquias imposibles, así como el respeto y consideración de su progenitor. O Richard Dreyfuss en “Encuentros en la 3ª fase”. O Tintín en “Las aventuras de Tintín. El secreto del unicornio” (2011). “E.T. El Extraterrestre” busca volver a casa, y en la 2ª Guerra Mundial se buscará “Salvar al soldado Ryan”.

En “Inteligencia artificial” se busca volver con la familia y en “War Horse” un caballo. En “Minority Repot” se busca a nuestra víctima y en “La terminal” (2004) una salida.

 

 

 

 

En “Ready Player One” se busca un huevo de Pascua…

Curiosidad. Se menciona a Richard Kiley en la novela y, curiosamente, aparece también como narrador del recorrido durante la película.

 

 

 

JUNE, 1997 : Film director Steven Spielberg with some dinosaurs from film «The Lost World», 06/97.
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Pic. Supplied N4120107

Todo el reparto está impecable, empezando por los niños, Joseph Mazello como Tim y Ariana Richards como Lex (eso sí, hay un plano donde pone una cara de perturbada siniestra que realmente asusta…), y terminando por los adultos, como el impecable Richard Attenborough, el sobrio Sam Neill (se tuvo que retrasar el rodaje para contar con él, y eso que se barajaron los nombres de Harrison Ford, Richard Dreyfuss o William Hurt), la acertada Laura Dern y el travieso y gozoso Jeff Goldblum, que es de los personajes más recordados del film.

John Williams merece elogio aparte. Parece imposible e increíble, pero logró otro himno eterno con la melodía de esta película… Se acaban los adjetivos y los dedos de las manos para recordarlos todos…

Parque Jurásico” no me sedujo como a otros, no me embelesó como tantas otras obras del maestro, pero poco a poco y a través del análisis, de los visionados y de darme cuenta de lo que escondía, nació ante mí de su cascarón como una obra maestra completamente redonda.

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del Análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del Análisis.

Lee aquí la 3ª Parte del análisis.

 

sambo

There are 4 comments on this post
  1. Ed
    octubre 30, 2018, 7:37 pm

    Un apunte sobre la tormenta.

    El tema de la novela es la matemática no lineal, que se resume así: si retrocedemos en el tiempo y alteramos las condiciones un poco, es decir, introducimos una perturbación, el resultado final será muy diferente al que conocíamos.

    La tormenta es la perturbación (no prevista por Nedry) que altera drásticamente el resultado final. Sin esa tormenta, Dennis Nedry no se habría perdido.

    La película y la novela son muy diferentes.

    • sambo
      octubre 30, 2018, 9:22 pm

      Lo son! Muchas gracias por este aporte, Ed.

  2. Alekhine
    noviembre 19, 2018, 3:36 pm

    Magnífico análisis de esta espléndida obra del maestro Spielberg, uno de mis directores favoritos. Acabo de leer las cuatro partes del mismo y, en una de ellas, me ha parecido que atribuyes a Steven algo que no es suyo, sino del autor de la novela en la que se basa el film: Michael Crichton. Casi todas sus novelas tienen una base científica más o menos oculta. En ésta, es la Teoría del Caos, como, en «La amenaza de Andrómeda» es el Método Científico; en «Rescate en el Tiempo», la Física Cuántica o en «Micro», la nanotecnología. Si lo he entendido mal, mis disculpas. De todas formas, gracias por tu blog. Imprescindible.

    • sambo
      noviembre 20, 2018, 12:02 am

      Hola, Alekhine! Un alegría verte por aquí. No, no pretendo atribuírsela, simplemente desarrollo los planteamientos que se exponen en la película. Sé que parte de la novela, aunque tiene muchas diferencias, y desde ahí Spielberg también desarrolla su discurso oculto que más le interesa, con esas dualidades de la segunda parte y el desarrollo de su reflexión sobre la asunción de la paternidad de la primera y su vínculo con los dinosaurios de la tercera. Es decir, que no pretendo hurta a Crichton su mención al caos, simplemente también aparece en la peli.

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