PARQUE JURÁSICO (1993) -Parte 2/4-

PARQUE JURÁSICO (1993) -Parte 2/4-

STEVEN SPIELBERG

 

 

 

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Dios y demonio. Orden y caos. Dualidades.

 

 

Spielberg vertebrará el desarrollo de la narración en base a dos corrientes de pensamiento personificadas en dos arquetipos. El orden y el caos. Dios y el demonio. Dos personajes seductores y tentadores.

–Fíjense en cómo viste el personaje interpretado por Richard Attenborough. Completamente de blanco. Él es el orden. El pretendido dios.

 

 

 

Aparecerá desde el cielo, como corresponde, en un helicóptero, vestido de blanco, como es adecuado, y ofreciendo cualquier cosa con sus ilimitados medios a los protagonistas. Por supuesto, presentado con un excelente primer plano made in Spielberg.

 

No he/hemos reparado en gastos”. “Yo no culpo a las personas por sus errores. Pero sí les pido que paguen por ellos”.

Hammond: Quería mostrar algo que no fuera una ilusión. Algo que fuera real. Algo que pudieran ver y tocar. Una idea no desprovista de mérito.

Ellie: Pero esto no es sólo una idea, John, esto hay que sentirlo.

La creación es un acto de pura voluntad”.

 

 

Hammond es un personaje puramente spielbergiano. Él es un soñador, un hombre apegado a la infancia y la ilusión inherente a esta, como tantos otros personajes en la filmografía del realizador, que suelen tener en ocasiones un compañero, el escéptico convertido en creyente. Soñadores obsesivos. La escena, con una panorámica que recorre el merchandising (peluches y artilugios para los niños) del parque para encuadrarle a él comiendo helado, nos sumerge casi de lleno en el universo de “E. T. El Extraterrestre” (1982). Hacer un parque pensando en los niños, especialmente, sus recuerdos sobre el circo de pulgas, su reflexión sobre la ilusión y la realidad, su confusión entre la responsabilidad, el respeto y la prepotencia ante la naturaleza, lo definen de una manera maravillosa.

 

 

Es una especie de deidad, el que es capaz de crear, con la mirada de un niño, equivocándose, redimiéndose… Como deidad querrá que lo primero que se vea al nacer sea a él.

¡Cómo odio a ese hombre!” “Se les graba en el cerebro la primera criatura que ven al nacer. Les ayuda a confiar en mí. He asistido al nacimiento de todas las criaturas que hay en esta isla”.

 

 

Hammond es además un seductor, y una tentación. Para atraer a Alan y Ellie no dudará en ofrecer tres años de financiación para sus excavaciones, por lo que no podrán negarse… Lo consigue todo.

Como no se da puntada sin hilo, fíjense en cómo se llama el lugar donde excavan buscando mosquitos, donde Hammond se había citado con su abogado, en la segunda escena del film: Mano de Dios, una mina de ámbar en la República Dominicana…

Spielberg, como Hammond, es el creador. Siente la misma fascinación que él por los dinosaurios.

–Observen ahora cómo viste el personaje interpretado por Jeff Goldblum. Completamente de negro. Él es el caos. Un pseudo demonio.

 

 

La presentación del doctor Malcolm es excelente también. Se vinculará a la garra de velociraptor de Alan Grant en el mismo plano. Vestido de negro y contenido en el helicóptero en el que llegó Hammond a la excavación de los protagonistas. Se le vincula a la garra porque es un ser independiente, aunque amante de los niños (tiene hijos), y tiene problemas con el compromiso… Él aboga por el caos, donde la vida buscará caminos para liberarse de cualquier cortapisa. Siempre suele tener razón…

Digo, sencillamente, que la vida… se abre camino”.

Como odio tener razón siempre”.

 

 

Esta concepción divina de estos dos personajes, arquetípicos, se recalca en ciertos planos significativos. Cuando Alan manifieste que Malcolm tenía razón sobre el hecho de que la vida se abriría camino, Spielberg encadenará esa escena con un plano de Malcolm, herido y recostado en particular postura, como salido de la Capilla Sixtina, la figura del hombre casi tocando a Dios.

Malcolm, que es un científico, critica, precisamente, la estricta ciencia, su prepotencia, sus excesos, su ansia por ser Dios. La defiende desde la insistente teoría del caos, donde el hecho de que todos los dinosaurios creados sean hembras no impediría que la vida se abriera camino de alguna forma, como efectivamente ocurre. Malcolm siempre tiene razón. Explicará sencillamente esa teoría del caos, pondrá el efecto mariposa como ejemplo mientras coquetea con Ellie.

 

 

El tiranosaurio no obedece a un sistema fijo ni de horario del parque. Es la esencia del caos”. “Y aquí estoy ahora mismo hablando solo. ¡Eso! ¡Eso, es la teoría del caos!”.

 

 

Sí, Malcolm, como personificación del diablo y el caos, es tentador, como bien muestra en su presentación. Con una panorámica se le vinculará a Ellie en sus coqueteos en el helicóptero. Y ella no se resiste. Recordemos que además manifiesta su gusto por los niños y las mujeres, con las que no logra mantener un compromiso. Es otro seductor, otra tentación.

Los niños se asustan”. “Adoro a los críos. Con ellos puede ocurrir, y ocurre, cualquier cosa. Igual que con las mujeres”. “Sí, yo… siempre estoy buscando una futura ex señora Malcolm”.

 

 

 

 

Todos los científicos se mostrarán reticentes o en contra de lo realizado por Hammond, pero la cuestión es que los argumentos esgrimidos por Malcolm no son concluyentes al oponerse a los de Hammond, porque sus hipótesis son selectivas. Se mueven todos en la incertidumbre y el temor.

Lo ha logrado. Ese loco hijo de puta lo ha logrado”. “La falta de humildad ante la naturaleza que se demuestra aquí, me deja atónito”.

Hammond: ¿Cómo podemos hallarnos en el umbral de un descubrimiento y no actuar?

Malcolm: ¿Y qué hay de bueno en los descubrimientos? Son actos violentos de penetración, que hieren lo que exploran. Lo que usted llama descubrimiento es una violación del mundo natural.

Es la disyuntiva científica ligada a la tesis soterrada de la paternidad. ¿Debe crear vida? ¿En qué circunstancias? ¿En qué contexto? ¿Para qué? ¿Cómo la trataremos, y cómo nos tratará? Dar vida, ser padre, requiere una gran disciplina y responsabilidad, y siempre transitarás en la incertidumbre del contexto. ¿Hasta qué punto podemos controlar a la naturaleza, al crecimiento de un hijo?

Entre esa dualidad se mueven todos los personajes. Y todos merecen el respeto de Spielberg. Son soñadores, como he comentado, honestos y auténticos. Por eso los salva y redime a todos menos al abogado y al informático, que no valoran la magia, el sentimiento, la maravilla, la familia, la infancia, la ingenuidad… Sólo ven lo material, el negocio y el dinero.

Vamos a hacer una fortuna con este parque”.

Abogado: ¿Pesa mucho?

Tim: .

Abogado: Entonces es caro. Déjalo en su sitio.

–Al abogado sólo le interesa la rentabilidad del parque. No hay un ápice de idealismo en él. Le preocupará cómo afecte la muerte del trabajador de la escena inicial y las consiguientes indemnizaciones al negocio. Ni siquiera le interesa o importa la familia de la víctima. Un escándalo supondría la retirada de fondos, que se transmitiera inseguridad sería trágico para él, por eso necesitan expertos que avalen el parque: Malcolm y Alan Grant. Es el planteamiento inicial de la trama, y define a la perfección el vínculo de este personaje con la isla y su concepto.

No dudará en abandonar a los niños, pensando únicamente en su propia seguridad, cuando aparezca el tiranosaurio. Recibirá su castigo.

 

 

–El informático, Nedry, por su parte, además de su falta de idealismo, algo atroz para Spielberg, es un traidor. Traicionará la visión de Hammond por dinero, robando embriones de todas las especies creadas en el parque y haciendo contrabando con ellas, vendiéndolas a otra compañía. Un resentido con Hammond que recibirá su merecido en una estupenda escena de acción mientras procede al robo.

Nedry tiene una foto de J. Robert Oppenheimer, uno de los padres de la bomba atómica. Este personaje, encarnado por Wayne Knight, imita los vestuarios de “Los Goonies” (1985), detalle que le debemos a Spielberg y Kathleen Kennedy.

 

 

Dentro de todo este entramado, donde también se contiene la crítica y moralina clásica en ciencia ficción sobre los peligros de querer hacer de Dios, tenemos varias reflexiones interesantes.

Y esa reflexión la realiza Spielberg en un plano maravilloso, una gran broma casi metalingüística, como es ese velociraptor que parece conformado por códigos informáticos. Precisamente lo que es.

 

 

Con un sencillo plano, Spielberg reflexiona sobre la evolución, el contraste entre lo moderno y lo antiguo, la mezcla de lo ultra tecnológico y lo primitivo, de la ciencia y la naturaleza visceral, del arte artesanal y el digitalizado (esa columna de esa moderna construcción con un fósil de dinosaurio como decoración es otro ejemplo más sutil). Esa tecnología que usa el propio Spielberg, sin perder al aspecto artesanal, como si de una filosofía cinematográfica personal se tratara, para limitar ese uso de lo digital, del ordenador, para que no se convierta en abuso… Los peligros de la mala aplicación. Como ocurre en el parque. Como le ocurre a su protagonista, Alan, un personaje crepuscular, que queda anticuado, obsoleto, que no se maneja con la tecnología, e incluso es salvado por ella, pero que resulta indispensable y sale victorioso de la aventura. O a Hammond, excediéndose en sus pretensiones en el otro reverso.

 

 

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sambo

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