OPPENHEIMER (2023) -Parte 1/3-

OPPENHEIMER (2023) -Parte 1/3-

CHRISTOPHER NOLAN

 

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me fascina cómo Christopher Nolan va adaptando sus claves y constantes narrativas y conceptuales a temas de lo más diverso, especialmente cuando se alejan de la Ciencia Ficción o el thriller, donde parecen tener un acomodo natural.

Es obvio, además, que se valorarán mejor sus cosas si las circunscribe en “géneros serios”, esa chorrada de los académicos, de ahí que con “Dunkerque” (2017), un bélico, y con esta que nos ocupa, un biográfico o histórico, tenga más opciones de alcanzar el prestigio que den los premios, si es que lo siguen dando ya…

Total, que 13 nominaciones al Oscar, rozando el récord, para una obra notable, aunque no de las más brillantes de su autor.

La narración que propone Nolan, que es reconocible de otros títulos, es bastante interesante aquí. Fragmentadísima, profundamente impresionista, caótica en apariencia, dando saltos constantes, abruptos en ocasiones, con personajes que entran y salen, que aparecen y desaparecen, se van y regresan, cambiando del color al blanco y negro, donde el diálogo entre pasado y presente, incluso futuro, también es constante, como si se pretendiese una analogía narrativa con la construcción y la naturaleza de esa bomba, con los fundamentos de la mecánica cuántica.

Tenemos muchas de las características de su cine. Aquí no tenemos exactamente uno de esos laberintos lógicos tan queridos por el director británico, pero logra algo muy satisfactorio, como es hacer de un biopic y un histórico un potente thriller. La narración fragmentada es una de sus formas narrativas favoritas, a menudo jugando con el tiempo, aunque no sea el tema principal de la película (que lo es muy a menudo).

Como en tantas películas de su filmografía, Nolan habla aquí de la naturaleza de la realidad. Lo hace con ese juego entre el color y el blanco y negro para mostrar dos puntos de vista distintos sobre un mismo hecho.

Los engaños, las mentiras y las manipulaciones son habituales en su cine. Aquí, con esa inercia de thriller, abundan, claro. El pasado vinculador, un hecho turbio o traumático que condiciona a los personajes. En este caso a Oppenheimer y su mala conciencia… El sentimiento de culpa, el funcionamiento engañoso de la memoria. Los personajes de Nolan siempre suelen estar necesitados de perdón, en una búsqueda constante de redención.

 

 

La muerte, por supuesto, es un tema muy presente en Nolan. Aquí… ya sabéis. La pérdida de la pareja (Oppie pierde a su amante, Jean). El desdoblamiento de la personalidad, que logra Nolan aquí con esa doble visión de la realidad, ya cojamos a Oppenheimer o a Strauss para que nos la cuenten…

Nolan, por tanto, logra una película personal integrándose en los modos de la industria y la academia con una obra ambiciosa y grandiosa, clásica hasta cierto punto en los premios, pero con las características que han hecho destacar a su autor. Combinación ganadora. Estaba claro que siendo un puro Nolan, el del thriller y la Ciencia Ficción, iba a estar más difícil, había que añadir temas “serios”, poso dramático o histórico, eliminar “fantasías” y diluir su mensaje liberal habitual para que se digiriera mejor.

 

 

Oppenheimer” retrata la flagelación voluntaria de un hombre para expiar su culpa, un tema muy socorsesiano, pero que Nolan también ha tocado en otras películas como “Origen” (2010) o la saga de “El Caballero Oscuro”.

Además de todas estas características y temas habituales en su cine, tenemos otros aspectos y temas que aparecen de forma prominente. Algunos de ellos ya los había tocado Nolan, aunque no de manera constante ni habitual, como el de la creación o la subjetividad. Ese segundo aspecto, el de la subjetividad, vertebra visualmente la película con el uso del color y el blanco y negro, por ejemplo.

 

 

Aquí, referido a la creación, se transmite la sensación de orfandad del autor. Cuando acabas una obra y deja de ser tuya para ser de otros… también. Dejando de tener el derecho que tenías sobre ella y sometiéndote al uso e interpretación que terminen haciendo otros. Esa sensación de un hijo que te roban o debes ceder… Se aprecia en la escena donde, en “Los Álamos”, la bomba se aleja en camiones ante la nostálgica mirada de Oppenheimer.

La creación destructora, pero que el director ha tocado en muchas de sus películas de diferentes maneras. Y ese conflicto entre corazón y cabeza que es el del propio director con su cine, siendo “Interstellar” (2014) donde mejor plasmó el tema.

La creación que, en muchas ocasiones, se refiere a la suya propia, la de autor de películas, como escenificó magistralmente en “Origen”. Pero encontramos el tema en la trilogía de “El Caballero Oscuro”, “El Truco Final” (2006), “Interstellar”…

 

 

Estilo maduro.

Fui de los primeros que reivindicó a Nolan como director, desde sus inicios con “Following” (1998) y “Memento” (2000), antes de que se hiciera visible para la mayoría con la saga de “Batman”. Su estilo estaba por definir visualmente, si bien la saga del Hombre Murciélago le enseñó mucho al respecto y encauzó sus miras.

Ahora parece tener un estilo bastante asentado y distinguible, sobre todo en lo que tiene que ver con el montaje y la música en una concepción de clímax permanente que es ya marca registrada.

Juega aquí Nolan de manera interesante con el agua y el fuego. La película comienza con agua, lluvia, y las ondas que las gotas generan en el agua del suelo. Aparecerán esas ondas en diversas ocasiones, transmutadas incluso en explosiones atómicas. Al mismo tiempo se conectan con el fuego, creador, de hogueras o las propias explosiones, que, de alguna forma, conducen a cierta paz al personaje en ocasiones, como en ese sueño donde se ve a sí mismo dando una manzana a un caballo al inicio de la película.

 

 

Me gusta mucho la relación entre el personaje de Matt Damon y el de Cillian Murphy. Además, dejan grandes momentos, como su primera conversación. Militar y científico. Damon hace un buen trabajo.

Leslie Groves (Matt Damon): Que es un diletante, mujeriego, presunto comunista

Oppenheimer: Soy demócrata defensor del New Deal.

Leslie: He dicho presunto… Inestable, melodramático, ególatra, neurótico

Oppenheimer: Nada bueno, ¿no? Ni siquiera un “es brillante pero…”.

Leslie: La brillantez se le supone a todo su círculo, así que no. No. El único que dijo algo bueno fue Richard Tolman. Tolman dice que usted tiene integridad, pero me da la impresión de que ese hombre sabe más de ciencia que de personas.

Leslie: ¿Por qué no tiene un premio Nobel?

Oppenheimer: ¿Por qué no es general?

Leslie: Me harán general por esto.

Oppenheimer: Quizá tenga yo la misma suerte.

Leslie: ¿Un premio Nobel por hacer una bomba?

Oppenheimer: Alfred Nobel inventó la dinamita

Mi trabajo es decirle que no, si se equivoca”.

Usted no es ni humilde ni sólo un soldado. Estudió ingeniería en el MIT”.

Pues nos lo cargamos”.

Nolan, en esa obsesión por el ritmo enfático, prescinde habitualmente de las transiciones, metiendo la elipsis (o no) sin enganche visual alguno. Esto no significa que no use transiciones visuales, pero con un sentido metafórico o psicológico, más que nada.

La transición que marca el viaje de Oppenheimer a Alemania, a la Universidad de Gotinga para estudiar con Max Born, sirve para definir, de manera impresionista, el paso del tiempo y sus dedicaciones allí. Ciencia, átomos, naturaleza, catedrales, clases, lecturas, “La Tierra Baldía” de T. S. Eliot, el cubismo y Picasso, caos, destrucción… creación… la música. Hay más referencias culturales, claro, a Stravinski, Marx, Freud

 

 

¿Tú sólo tienes a Freud en tu estantería?”.

Nolan, como bien sabréis, acostumbra a cortar mucho, muchísimo, a veces demasiado, pero lo hace a menudo de una forma muy fluida y suave. En otras sí resulta abrupta.

Lo que sí usa a menudo son los insertos a modo de montaje ideológico, insertos enfáticos en medio de una conversación, como en la escena entre Oppenheimer y Einstein hablando de la posible reacción en cadena, que se visualiza… Hay muchos ejemplos. Las mismas transiciones citadas se fundamentan en este tipo de montaje.

 

 

Hay aspectos interesantes en la puesta en escena, como el juego con las frutas. Las manzanas o las naranjas, pero también con los exteriores y los interiores. Los últimos vinculados a las mujeres.

Los exteriores, sobre todo en ese rancho en Nuevo México o “Los Álamos”, donde Oppenheimer va a liberarse, a encontrar la paz y la serenidad. Allí se sincera en lo personal, hablará con su hermano, se comprometerá con Kitty, desarrollará el Proyecto Manhattan…

 

 

Otros aspectos destacables. Ese uso del desenfocado para presentar a Kitty, la mujer de Oppie. La cámara se acerca y desvía del rostro de Oppenheimer para centrarse en ella al mencionarla éste, dando paso al momento en el que comenzaron los coqueteos.

Las naranjas (energía, creatividad como símbolo) aparecen especialmente vinculadas a Isidor Rabi, uno de los aliados de Oppenheimer, que siempre se las ofrece para comer.

Las manzanas (tentación, inmortalidad, amor, fecundidad como símbolo), curiosamente, se evitan, como hace con la que Bohr va a tomar, al estar envenenada y dirigida a Blackett (si bien en un inserto vemos al propio Blackett mordiendo una).

Tenemos algunas debilidades, aunque no reseñables porque, al fin y al cabo, el espectador medio lo agradece. Por ejemplo, ese inserto del personaje de Branagh, que ciertamente hacía tiempo que no aparecía en pantalla, cuando se habla de él en el tren poco antes de la hora de película, es un subrayado que resalta cierta inseguridad en que el público recuerde al personaje… y se pueda perder. Hay otro inserto sobre el personaje de Patrick Blackett (James D’Arcy), de nuevo para recordárselo al espectador, ya que no salía desde las primeras escenas, como el profesor al que Oppenheimer intenta envenenar con cianuro de potasio en una manzana. Un Blackett que predice la Guerra Fría con Rusia por el invento de Oppenheimer.

 

 

Hay un toque de Western con la parte de “Los Álamos”, con la construcción de todo ese pueblo, donde abundan los caballos y llega el ferrocarril para acelerar el proceso, donde se vive con leyes propias y hay un sheriff… Y donde tenemos además una estructura de reclutamiento para conseguir a los científicos más brillantes disponibles para enfrentarse a los genios alemanes con las dificultades lógicas de los miedos y las ideologías…

Interesantes aspectos de estilo también, por ejemplo, en la presentación de Boris Pash (interpretado por un Cassey Affleck al que se aprecia ver), recogido de espaldas en una concepción obviamente metafórica para ese violento sin escrúpulos.

Hay sutilezas reseñables, en miradas, como al personaje interpretado por Rami Malek y demás bajo el estadio de fútbol. O detalles como ese plano de Strauss, tenso ante un espejo que retrata su falsedad, recurso bastante habitual. O ver a un Oppenheimer empequeñecido tras denegársele sus credenciales de seguridad. O en la detonación. Es irónica esa alegría ante el éxito de la destrucción. Con ese plano glorificador, que rubrica la escena, de un elevado Oppenheimer coronado con la bandera estadounidense.

 

 

La banda sonora, excelente como siempre en las películas de Nolan, corre a cargo esta vez de Ludwig Göransson, que bien es cierto, trata de convertirse en Hans Zimmer con todas sus fuerzas…

Una banda sonora excelente y muy variada, desde lo épico y ampuloso, muy del gusto de Nolan, a esa sección, por ejemplo, muy metalúrgica, en esa escena entre Einstein y Oppenheimer hablando de la posible reacción en cadena que destruiría el mundo…

 

 

Puntos de vista.

Nolan marca la estructura visual de su película desde el principio con dos puntos. 1º Fisión, sobre el rostro en color de Oppenheimer (Cillian Murphy). 2º Fusión, sobre el rostro en blanco y negro de Strauss (Robert Downey Jr.).

 

 

Esa parte referida a Strauss se sitúa 5 años después de lo sucedido con Oppenheimer, bajo la administración de Eisenhower. No se puede afirmar que la película se estructure en flashbacks o flashforwards, ya que vamos del pasado al futuro sucesivamente según conviene a la narración. O que se usan ambos a voluntad.

El uso del blanco y negro junto al color, que Nolan recupera tras haberlo utilizado en “Memento”, marca los puntos de vista.

El padre de la bomba atómica”. “El mundo recordará este día”.

Es muy interesante ese juego con el color y el blanco y negro y los puntos de vista. Es interesante porque marca sutiles diferencias entre los momentos y las personalidades que se nos muestran, incluso sobre un mismo instante. Vemos en blanco y negro, según la versión de Strauss, el día que lo conoció en 1947, con Oppenheimer ya famoso tras el Plan Manhattan. Vemos a un Oppenheimer más seguro y chulesco de lo que lo vemos en las escenas, a color, de su etapa de estudiante ambicioso y curioso, pero tímido y taciturno.

 

 

Ningún escrúpulo en 1945, pero muchos en 1949”.

El enigmático gurú del átomo. Nadie sabe lo que crees. ¿Lo sabes tú?”.

Un momento que vemos dos veces en la película, uno en color y otro en blanco y negro, es el breve encuentro entre Oppenheimer y Albert Einstein en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, al borde de un lago. Uno bajo el punto de vista de Strauss y otro bajo el punto de vista de Oppie.

Sin público, sin periodistas, sin tener que aportar pruebas”. “No estamos condenando, sólo denegando”.

Los aficionados buscan el sol… y se los comen. El poder se queda a la sombra”.

Es interesante porque la vemos dos veces, desde esos dos puntos de vista distintos, uno dando a entender una animadversión hacia Strauss, esa es su creencia, otro con la verdadera conversación, dando así más validez al punto de vista de Oppenheimer. Además se alteran los tiempos, se manipulan (lo que tarda cada momento desde cada punto de vista), en lo que quiero ver como un homenaje a la Teoría de la Relatividad del propio Einstein.

J. Robert Oppenheimer mártir. Yo le di exactamente lo que quería. Ser recordado por Trinity, no por Hiroshima ni por Nagasaki. Debería darme las gracias”.

 

 

La subjetividad se marca además con otros recursos. Ya hablé del interés de Nolan por la naturaleza de la realidad, para cuyo estudio y reflexión, como en “Origen” (2010), recurrió a los sueños. Un acercamiento a los sueños que se contrapone, como cineasta cerebral que es, al de un David Lynch, por ejemplo, mucho más orgánico y visceral. Los sueños en Nolan tenía infinidad de reglas y se veían geométricos, casi científicos.

Aquí, por el contrario, para representar los conflictos internos, morales, ideológicos y científicos del bueno de Oppenheimer, Nolan usa muchos recursos puramente lynchnianos, con un gran juego audiovisual.

Sueños placenteros, como el que tiene Oppie dando de comer manzanas a un caballo para conducirle al arrepentimiento del intento de envenenamiento contra su profesor (y a Niels Bohr, que es quien se la iba a tomar finalmente).

Ese plano en la sala donde se interroga a Oppenheimer, donde vemos a Jean follando con el científico ante la mirada dolida de Kitty, es un ejemplo de esos recursos donde predomina la subjetividad.

 

 

O con el manejo del sonido, tan de Lynch, con ese zapateo que escucha Oppenheimer ocasionalmente, que casi parece un tren. Primero sólo lo oímos, luego vemos unos pies golpeando una tarima, sin contexto, para, finalmente, llegar al momento de la perturbación, una escena puramente lynchniana.

Paroxismo tras el lanzamiento de las bombas en Hiroshima y Nagasaki, donde Oppie es consciente de lo que supone, pero debe fingir ser el rostro del éxito. Un cúmulo de contradicciones, empezando por la creación destructora.

 

 

Es una escena puramente subjetiva donde se usa lo sonoro y lo visual para mostrar la perturbación y las contradicciones en el personaje y en sus sensaciones, con ese fondo desenfocado y parpadeante en su discurso, los efectos de sonido, ensordeciendo todo, las imágenes contrastadas de gente eufórica y pieles desprendiéndose, de besos y vómitos… Felicidad y consecuencia. Tragedia y determinismo.

Toda esa secuencia es muy lynchniana, con planos que recuerdan a películas como “Cabeza Borradora” (1977), “Carretera Perdida” (1997) o “Mulholland Drive” (2001).

 

 

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

Leave a reply