NOMADLAND (2020) -Última Parte-

NOMADLAND (2020) -Última Parte-

CHLOÉ ZHAO

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aferrarse o no.

Entre los conceptos que más o menos aparecen en esta sencilla y repetitiva propuesta, tenemos la idea de hogar como algo inaprensible, algo con lo que uno debe identificarse… Así, desde el concepto en un tatuaje de una de las compañeras de trabajo, pasaremos a la realidad de la experiencia vital de Fern.

El hogar es solo una palabra”.

Hay otro momento simbólico en esta redundante película que señala esta idea. Es esa secuencia donde se habla de la luz de las estrellas, de que el resplandor que vemos ahora procede de años atrás (lo mismo con las explosiones de estrellas de hace millones de años que llegan a la Tierra), donde se rescata la idea de fugacidad, lo nómada, el tránsito, que se relaciona con esa comunidad.

 

 

Fern se ve despojada de la vida que tenía, por tanto se ve obligada a tomar otro rumbo donde el arraigo tiene poco sentido. El concepto de “aferrarse” es uno de los temas del film. Esa dificultad para dejar atrás. Así lo vemos en un principio con esos recuerdos almacenados de la primera escena, que luego se vuelve a exponer, más explícitamente, en su recuerdo al marido, dando más sentido a la pretendida reflexión de la película: un mundo en el que aferrarse a algo es difícil o imposible (esa amiga, Swankie, de 75 años, que entrega sus recuerdos, incluso los de su abuela).

Quiero ver cosas hermosas”.

 

 

La comunidad de “desarraigados”, de nómadas, será un lugar donde Fern parece encontrarse a gusto, incluso cuando todos se van. Ella es itinerante, pero no logra abandonar del todo su zona. Allí encontrará a un guía parecido a Papá Noel, Bob Wells, una especie de sabio creador de esa comunidad, que en ocasiones asemeja a una secta.

Una comunidad donde compartirá cosas, donde hará negocios (piedras), donde habrá confidencias a la luz de una fogata, camaradería, donde se ayudarán, donde habrá música, alegría, evasión… Donde las caravanas, que también tienen sus niveles, serán esenciales para hacer viable ese estilo de vida.

 

 

Fern está anclada en el recuerdo y por ser recuerdo. La filosofía de ese guía contrastará con la de ella en la parte final. Reflexiona sobre el apego al camino, avanzar para reencontrarse, cuando sea, con los que se dejan atrás, que nunca haya un adiós (él perdió a su hijo). Es el objetivo al que, supuestamente, Fern llegará al final del film.

 

 

Un aprendizaje. Así, en un principio, ella parece una nómada dentro de esa comunidad nómada. Lo perdió todo: marido, trabajo, amigos, hogar… Por ello, quizá el viaje, esa vida nómada y esa comunidad, sean para ella algo que busca, la oportunidad de integrarse en algún sitio, ya que aquello, con sus incomodidades y placeres, es como otra comunidad cualquiera, con reglas algo distintas, pero donde la cuestión sería formar parte de algo.

De esas relaciones se extraen ideas relacionadas. La vida agonizante, la plenitud de las pequeñas cosas, esas que se perderán con cada uno, infinitas reflexiones, pensamientos o visiones bellas, los sentimientos que produjeron, cómo afectaron y nos formaron, lo que se podría contar, recordar… El recuerdo como único ancla, también destinado a perderse, pero que, quizá, en otros mantenga un eco.

Varias de estas personas de las que se despedirá parecen llegar al final de su camino, ya sea por terminar su vida (Swankie) o por asentarse en una casa que construiría con sus propias manos (Linda May) en Arizona. Ella se queda para ser el recuerdo de quien ya no está.

 

 

Cuando todos se vayan, o casi todos, ella se quedará anclada a ese lugar, porque lo está a Empire, lugar de sus recuerdos. Es ella la que invita a estabilizarse a otras personas, mostrando su apoyo a Swankie o Linda, verbalizándolo con Dave o ese muchacho al que regaló un mechero y con el que recita versos de Shakespeare.

Fern ha asumido una idea de libertad. Vuelve a una especie de camino marcado cuando lo necesita, pero se abandona en su soledad a la menor ocasión. No se irá nunca con los demás, aferrada a Empire. Símbolo de esta idea la tenemos en la escena del parque, cuando en vez de seguir la visita guiada (por Dave), decide perderse entre las rocas.

 

 

 

Hay una escena significativa sobre esa incapacidad que siente Fern para dejar de aferrarse a ese pasado. Tiene que ver con ese apego al pasado. Es cuando Dave trata de ayudarla en su furgoneta. Fern anda con tiento respecto a su relación con él, que pretende acercarse a ella. Cogiendo una caja, tendrá un accidente, ya que se le caerá el contenido, incluido el plato recuerdo de su padre… Tendrá una reacción airada e intentará pegar los fragmentos rotos… Lo mismo ocurre con su anillo, al que se hace mención, símbolo de ese compromiso que ella no rompe aunque él haya muerto. Redundancias. Los cariños y los cuidados también son nómadas. Ahí la veremos cuidando a Dave o a Swankie, gente con la que se cruza en el camino.

 

 

De hecho, el propio Dave tiene miedo a parar, a aferrarse, a los compromisos afectivos. Parece huir de ellos cuando su hijo va a visitarlo. Se siente más cómodo en lo profesional. Finalmente asumirá esa responsabilidad y volverá con su familia para ser abuelo.

Sólo sé abuelo”.

En su viaje hacia ninguna parte, Fern tendrá ciertos encuentros con su vida pasada. Una familia de conocidos, de vida convencional y estable, con la que compartió cosas, cultura, Shakespeare, Macbeth… y un punto de vergüenza.

 

 

 

En la parte final, irá a la casa de su hermana y también convivirá brevemente con la familia de Dave. Lo primero será provocado por una avería en su furgoneta, que la obliga a pedir ayuda. Allí, en casa de su hermana, veremos una de las pocas reacciones ariscas de Fern (la otra es cuando Dave rompe un plato, recuerdo de su padre), al sentir cuestionada su forma de vida itinerante, entre conversaciones de préstamos, bienes raíces y casas. Sólo su hermana se muestra comprensiva, pero Fern se rebela intentando reafirmarse en que el sedentarismo no encaja ya con ella o no quiere que sea ya su vida. De alguna manera, sólo tendrá ciertos aspavientos con entornos que pretenden aferrarla o son entornos estables (Dave, la casa de la hermana o, incluso, la incomodidad que siente con la familia que se encuentra en la tienda).

 

 

Es un paso importante, porque de alguna forma ella parece huir de su herida (todas las pérdidas mencionadas), pero no tanto, ya que no abandona Empire…

Su historia con Dave (David Strathairn) resulta ambigua respecto a estas ideas. Un maduro agradable con el que se irá reencontrando y forjando un amistad que podría llegar a ser algo más.

Dave terminará asumiendo una estabilidad al ser abuelo, estabilidad a la que invita a Fern. Él le propondrá quedarse con él, pero ella no tardará en darse cuenta de que aquello no es lo suyo…

 

 

Con estos contrastes se plantea una dicotomía que hace confusa esta sencilla propuesta. Fern tiene ciertas dificultades para aceptar ayuda, aunque cuando tenga que hacerlo lo hará, pero finalmente no sabemos que si su periplo es un suplicio resignado, una circunstancia ante la que no queda más remedio, un sacrificio obligado o una opción deseada, un destino gustoso, una vida por la que apuesta como una opción voluntaria… Se supone un proceso, quizá, de una idea a otra, pero se aprecia poco o nada.

 

 

 

Ese final, con ese bello piano, será en tránsito, con Fern en viaje hacia ninguna parte o hacia cualquiera, como liberada del todo para llegar a cualquier lugar tras haber estado repitiendo rutas en su anclaje emocional. Renunciando a sus recuerdos almacenados como acción necesaria para su avance o cambio. Un adiós a su antigua vida que se resalta con esa última visita a su antiguo trabajo, su antigua casa… la vida que fue.

Ganadora del León de Oro en Venecia a la Mejor Película, está basada en el libro de Jessica Bruder. Una película muy morosa, a la que le sobra metraje, redundante, con sus placeres, pero que hubiera funcionado mejor como documental.

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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