NOMADLAND (2020) -Parte 1/2-

NOMADLAND (2020) -Parte 1/2-

CHLOÉ ZHAO

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de esas películas que salen con múltiples elogios, alabanzas críticas y premios diversos vete a saber porqué, aunque no sean nada excepcional. Este es un ejemplo perfecto. Una película que se ha querido vender como trascendente y poética, pero que no lo es.

Es normal que cuando la calidad o la cantidad escasea se tienda a sobrevalorar películas dentro del año en cuestión, porque “algunas tienen que ser las buenas”, pero que una película sea mejor que otras, y no digo que esta lo sea, no la convierte en algo notable tampoco.

Nomadland” nos muestra una circunstancia real que puede resultar interesante, ya que expone las vivencias y el día a día de un grupo de personas que han apostado, por necesidad o, en algún caso, por decisión propia, por una existencia y forma de vida que se aleja de lo convencional y de lo que la sociedad tiene por normal. Una idea y unas historias que, por tanto, merecen la pena ser contadas o mostradas. Pero lo cierto es que lo que nos enseña Chloé Zhao se podía haber contado en un corto, en un mediometraje con mayor funcionalidad o en un documental, si bien este film no se distingue mucho de este género, en una narrativa que le hubiera venido mucho mejor.

Porque no, la trascendencia buscada no existe, lo que no significa que el testimonio no valga o carezca de interés, simplemente no es trascendente. Es una historia repetitiva, con todos los tics indies y new age y un concepto final confuso, lo que termina diluyendo la pretendida potencia de su mensaje y la genuina autenticidad de lo mostrado.

Es decir, la efusividad de los elogios hacia esta película, de críticos y/o espectadores, sólo puede deberse a esnobismo, a querer venderte el pollino o a una alarmante falta de cultura cinematográfica, donde a lo largo de la historia podrían descubrir miles de títulos contemplativos de muy superior calidad como para babear por esto… Es el nivel del cine actual.

Nomadland” es una de esas cintas contemplativas, que es fácil que te recuerden a otras como “Hacia Rutas Salvajes” (Sean Penn, 2007) y las ideas vitales de Christopher McCandless, aunque lejos de cualquier otro título del estilo. Responde a las inquietudes de su directora, Chloé Zhao, que ya vimos en “Songs my Brothers Taught me” (2015) o la reconocida “The Rider” (2017), sobre la aceptación, el cambio, el nuevo comienzo…

Para que nos entendamos. “Nomadland” retrata la vida de una serie de personas que tras la crisis económica se vio sin trabajo y sin hogar, por lo que decidieron emprender una vida itinerante en busca de trabajos temporales de aquí para allá en unas caravanas o lo que pudieran conseguir. Vehículos que se convertían a la vez en hogar. Esa es la historia… y no hay mucho más.

 

 

Algunos testimonios de esa gente, cada uno con sus vivencias, motivos y vidas, que nos las cuentan cómo nos las contarían en un documental, y una Frances MacDormand, muy eficaz, que se convierte en uno de ellos y mira todo lo que puede a los eternos horizontes naturales que trufan todo el metraje.

Aunque suene rudo o exigente, no digo que sea una cinta desechable o mala, pero sí es morosa e intrascendente, tomándose demasiado en serio. Al final uno no sabe si sentir empatía, lástima, satisfacción, frustración, crítica, reconocimiento, dolor o, sencillamente, nada. Y no es que no se sepa qué sentir, es que no se sabe qué pretenden hacerte sentir, si es que se pretende hacer sentir algo.

 

 

En su retrato hay belleza y bondad, melancolía y libertad en esa fusión con la naturaleza, con cero conflictos. No hay rencor ni odios ante la situación. Mirada de toque indie que enfatiza la resiliencia de esa América profunda, la camaradería de sus gentes, de los olvidados y oprimidos, aunque no parezca, en muchas ocasiones, que lo son.

 

 

 

 

 

Una autenticidad buscada en el estilo y el planteamiento, pero que termina por ser empalagosa. Se trabajó con verdaderos nómadas, no con actores reales, salvo alguna excepción. La propia Frances McDormand se dedicó a la vida nómada y trabajó en las labores que se describen en el libro en el que se basa la película para hacer más creíble su personaje. Se integró a la perfección en esa comunidad nómada real que vemos.

Todo resulta demasiado idealizado y feliz… ¿Qué pretende entonces? Parece querer mostrar más la dignidad y belleza de esa vida, hacerla incluso deseable, que denunciar una dura circunstancia, la de la crisis que la provocó y la angustia a la que muchos se vieron abocados. O no. Hay aquí un difícil y confuso contraste… Un convencimiento, quizá falso, del deseo de esa vida donde no hay matiz.

 

 

¿Es la sociedad y su abandono? ¿Es el abandono mutuo, de la sociedad hacia los desarraigados y de estos respecto a la sociedad convencional? Porque claro, hay algo de “Las Uvas de la Ira” (1940) en esas consecuencias de la crisis y ese vagar buscando subsistir, si bien Ford no necesitaba de afectación alguna.

No hay conflicto, ni foco, ni emoción. Sólo un vagar reiterado por carreteras y desiertos a la espera de un trabajo… Así vemos a la McDormand mirando al horizonte durante más de una hora… y el resto de minutillos en su caravana o charlando con otros como ella.

 

 

Es una película redundante, reiterativa, donde todo se repite sin avanzar hacia ninguna parte, repitiéndose patrones y estampas continuamente. Será el periplo de un año en la vida de la protagonista, a la que veremos trabajar en Amazon y celebrar el año nuevo dos veces, al inicio y al final del film.

Paseos hacia allá, paseos hacia acá, unas veces siguiendo a Fern desde su espaldas, otras de frente, comidas en su furgoneta, su trabajo en Amazon, miradas, despedidas, más despedidas, el horizonte…

 

 

2011. Cierre de la Compañía American Gypsum por descenso en la demanda de yeso. Se dejó de usar el código postal de Empire. Muchos se vieron obligados a vagar de un lado para otro buscando trabajos temporales, para lo que usaban caravanas. Pasaremos de la nieve al desierto y al revés… Amazon, administradora de un campamento, en la construcción, en un restaurante de comida rápida…

Necesito trabajar. Me gusta trabajar”.

 

 

El retrato de la vida de Fern es preciso. Una vida embalada, recuerdos y emociones en cajas que se conservan y de las que es difícil desprenderse… Ella es cariñosa, sencilla, trabajadora, complaciente, amable, sociable, optimista, inasequible al desaliento, individualista… Su hogar es su caravana, nómada en busca de trabajos temporales. Pasará las Navidades en soledad, pero siempre la veremos con ese pequeño detalle positivo, esperanzado (la diadema del pelo, la bengalita…). Es interesante que tenga inquietudes culturales, fue profesora (toca la flauta, le gusta la poesía, recita a Shakespeare…), negando el retrato del vagabundo tópico o burdo.

 

 

Y mira maravillosamente al horizonte. Horizonte que ve, horizonte que mira. Como la gente se va, ella mira. En el desierto, la comunidad abandona el lugar, y ella mira el horizonte. Que su amiga Swankie se va, ella mirará su vehículo perdiéndose por el horizonte. Que la que se va es Linda May, ella mirará al horizonte para comprobar que se va de verdad. Que Dave se marcha tras invitarla a acompañarle, ella preferirá verle alejarse mirando al horizonte… Sí, transmitir esa sensación de abandono y pérdida… una y otra vez. No, no es “Atrapado en el Tiempo” (Harold Ramis, 1993), “Feliz Día de tu Muerte” (Christopher Landon, 2017) o “Al Filo del Mañana” (Doyg Liman, 2014).

 

 

Fern no quiere arraigo, parece que más que obligada su opción es deseada, voluntaria. Como si una vez dado el paso se convenciera, o lo intentara, de que aquello es lo que quiere. Es un tránsito algo confuso, ya que conserva recuerdos (que dejará al final), pero se niega a cualquier atadura (ese perrito con el que no se queda). Es un personaje al que no se termina de entender, lo que es un lastre.

Desde lo estilístico destacan los encuadres frontales para ella, en su presentación, por ejemplo. Muchas de esas ocasiones la cogen de espaldas, con la cámara ligeramente inestable, recurso habitual indie, buscando realismo y cierto estilo documental. Esto último, ya os digo, se consigue bastante… Con todo ello se pretende resaltar su soledad… Y si no se pretende, se transmite.

Los largos paseos siguiéndola, desde atrás, de perfil, de frente, como en el desierto donde estaciona la comunidad nómada, pueden tener un punto simbólico (ese tránsito), si apuramos, aunque la reincidencia exaspera. Un apego a la naturaleza sólo roto por el ruido de los motores, como en ese travelling siguiendo a Fern en un paseo que termina con el ruido de los motores ensordeciendo la banda sonora.

 

 

Esta senda documental no para de acentuarse y subrayarse, por ejemplo con los sucesivos testimonios que van apareciendo, unidos a ese montaje impresionista que nos planta en uno de ellos de un salto sin avisar, sin un progreso o desarrollo dramático. Esos testimonios de fogata, por ejemplo. Exposiciones documentales continuadas donde se relatan anhelos, esperanzas, recuerdos, formas de vivir, consejos…

 

 

 

De pronto vemos a Fern en su trabajo, estampas de ella realizándolo o no; luego en su furgoneta, en su cotidianeidad; luego, sin solución de continuidad, escuchamos el testimonio de alguien que nada tiene que ver con lo expuesto; luego un paseo; luego mirando un cartel de “Los Vengadores” (Joss Whedon, 2012)… Puro impresionismo.

La película es bastante sensorial. Esos paisajes y horizontes que aparecen una y otra vez, en una aspiración de transmitir un contacto profundo con la naturaleza, y los sonidos, de la humedad, del deshielo, de los fenómenos atmosféricos…

 

 

Zhao, en esa búsqueda realista, apuesta por la observación, los planos cortos de objetos en contraste con la inmensidad de la naturaleza, las estampas de la protagonista realizando sus diversas actividades, la improvisación en las conversaciones…

 

 

El montaje es impresionista. Pequeñas pinceladas, como teselas de una vida minúscula y minimizada, de una existencia itinerante de escasas pertenencias, pero a la vez infinita y sin límites. Pequeñas ventas, pequeños problemas, pequeñas generosidades (regalando un mechero)… Vemos sus pequeños orgullos, su soledad, su micromundo… Ocurrencias, ingenios en su caravana, pequeñas posesiones que remiten a recuerdos profundos, una intimidad sincera… Es aquí donde los espectadores a los que les haya gustado la propuesta encontrarán mayor placer.

 

 

Planos cortos que muestran lo cotidiano de nuestra protagonista y de esa existencia en sus momentos de trabajo y de asueto o disfrute. Estampas naturalistas (meando, cagando), gestos mínimos, cómplices, laboriosos… Los compañeros de trabajo, sus complicidades, sus labores…

 

 

En contraste tenemos ese plano amplio sobre la sede de Amazon, la gran corporación que le da trabajo. De lo pequeño a lo grande.

 

 

La fotografía es taciturna, blanquecina, apagada, melancólica, como corresponde al tono del film. Incluso con algo de crepuscular. Los numerosos paisajes tienen un concepto romántico, incluso en sentido simbólico. Una naturaleza, casi siempre presente, que minimiza a los personajes y los zarandea a su antojo. Lluvia, tempestad, la inmensidad ante el individuo.

Me gusta mucho el piano (también se usa violín) y la melodía que toca como apoyo entre los viajes. Una bella banda sonora.

 

 

Uno de los aspectos estilísticos más reseñables son las elipsis. Hay muchas y buenas en ese periplo de un año en el que seguimos a Fern. Facilitan la narrativa o le dan cierto fondo, a veces con sutil humor (esas gallinas y pavos correteando por el corral… que luego vemos cocinados en la mesa).

 

 

Los continuos parajes naturales, incidiendo en naturalezas muertas o toscas (cactus, troncos caídos, piedras).

 

 

McDormand hace un buen trabajo. Hay insondables pozos de decepción, nostalgia, pesar… en su mirada. Desde luego se desnuda en cuerpo y alma.

 

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

Leave a reply