NO MIRES ARRIBA (2021) -Parte 1/2-

NO MIRES ARRIBA (2021) -Parte 1/2-

ADAM MCKAY

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quiero morir plácidamente, mientras duermo, como mi abuelo. No gritando de terror… como sus pasajeros”.

“Necesaria” fue la palabra que pensé en un primer momento impulsivo al reflexionar sobre el concepto de la película. Nada más lejos. La palabra es “Irremediable”. “Obvia” también le queda perfecta…

No mires arriba” es una cinta mediocre, muy mediocre incluso, pero que da voz a una evidencia palpable, de forma cuestionable, quizá, pero en definitiva necesaria y, sobre todo, irremediable. Esta sátira es irremediable porque se hace eco con acierto de algo que todos, o al menos muchos, vemos o venimos denunciando desde hace muchísimo tiempo.

Es demasiado larga, repetitiva, da demasiadas vueltas sobre un concepto que queda claro sin terminar de desarrollarlo con nuevas ideas una vez planteado, pero resulta eficaz.

 

 

Eso sí, “No Mires Atrás” es una contradicción en sí misma, donde hace una crítica hacia la totalidad, pero sus intenciones son obvias en sus paralelismos con la actual pandemia de Covid-19, ya que, finalmente, se postula como arma férrea de las versiones oficiales y actuaciones globales que estamos viviendo, por absurdas que parezcan. Sobre eso no comenta nada, McKay

Una apología contra el sistema que defiende a ultranza las medidas establecidas actualmente por el sistema. Eso sí, la acción final de apagar la televisión para ignorar las noticias y la manipulación mediática, eso que llaman “actualidad”, la actualidad que ellos eligen, es lo más sano de toda la cinta.

Aumentan los negacionistas del cometa”. “El 23 % cree que el cometa no existe”.

 

DON’T LOOK UP (L to R) JENNIFER LAWRENCE as KATE DIBIASKY, LEONARDO DICAPRIO as DR. RANDALL MINDY. Cr. NIKO TAVERNISE/NETFLIX © 2021

 

Mediocre e interesante en su retrato, ya que muestra una realidad actual que muchos hemos reseñado o hemos visto desde hace mucho tiempo. Una cinta tosca, obvia, de brocha gorda, de irregular gracia, pero irremediable en su retrato de una «realidad» que clama al cielo, donde el periodismo y la política indecentes y sin preparación priman en una sociedad idiotizada y enloquecida.

Un desvarío colectivo que comenzó hace 15 o 20 años. Quizá enfatizado algo menos, 8 o 10.

Por fin lo ven”. Ya…

Mirad Arriba”. “No mires arriba”. “Esos arribamirones”.

 

Soy de los nacidos en los 70 y 80, quizá también valga para algunos de los 90. Hemos vivido y asistido al cénit de esta civilización, de igual forma que estamos asistiendo al comienzo, muy acelerado, de su declive. De la mejor época al declive autodestructivo e ilógico que sólo proviene de una civilización harta de sí misma, que ha tocado techo, donde el estado del bienestar y la falta de preocupaciones reales o graves, ha llevado a un aburrimiento y una deriva autodestructiva donde deben generarse problemas inexistentes que resolver y mantener ciertos estatus en ciertos colectivos. Es decir, hacia un delirio absurdo sin frenos.

Estamos en una porquera de superficialidad, confusión, relativismo moral y de todos los tipos, incultura, egocentrismo orgulloso desde la falta de formación… Esto se plasma, con sesgo y tendenciosidad oportuna, bien es cierto, en la cinta, lo que, como digo, era irremediable que terminara haciéndose de esta forma, como sátira.

“… Dios y yo le damos las gracias”.

Poco que salvar

La premisa es tan sencilla como efectiva y atractiva. Un cometa de 5 a 10 kilómetros de ancho que se dirige a la Tierra y que, de impactar, terminará con la vida en el planeta en seis meses y catorce días. ¿Cómo se comportaría la sociedad actual desde todos sus estamentos ante esta circunstancia?

No mires arriba” resulta, por tanto, un retrato de la sociedad actual, manipulable, inmadura, estúpida y que sólo se toma en serio el postureo y la apariencia. Nada más. Su pose de trascendencia, de preocupación, de interés, de responsabilidad, es sólo eso, una pose. Algo aprendido de sus mayores, de las generaciones anteriores, que usan para conseguir un propósito. El postureo, hacerse notar, llamar la atención, tener popularidad aunque sea a golpe de retuit o “corazoncito”. Una sociedad que es un remedo, una actuación, una impostura, donde esas poses jamás son genuinas, pero saben que funcionan en los demás, que impactan, los influyen, las tomas como reales o verdaderas, y les da rédito… Porque cada vez menos distinguen ya entre lo real y la ficción. Tienen una vaga idea de realidad (cuando digo “realidad”, que hay muchas y distintas y, básicamente, es un concepto carente de contenido, me refiero a “verdad”, pero así nos entendemos todos más fácilmente), pero no son realmente conscientes de ella, no la asimilan en lo más mínimo. Si alguien se cree la afectación que finjo tras una decepción amorosa, una infidelidad y una reconciliación impostada y retransmitida por televisión, todo aquello será verdad y lo incorporaré a mi vida como si lo fuera… Las mentiras en verdades porque los demás quieren ser engañados por esas mentiras.

“… para esos hombres blancos que tan duro han trabajado”. “… los de los elefantes y los que llevan arcos y flechas”.

Es que es de otra generación”.

 

 

Esto queda plasmado, por ejemplo, en la escena de Ariana Grande, cuando insulta a nuestro protagonista, Randall Mindy (Leonardo DiCaprio), por mostrar su pesar por su reciente separación, en gesto de educación y buena voluntad, por considerar ella que se entromete en su vida… para acto seguido hacer pucheros ante la cámara contándolo todo, previo pago, y vender un poco de su vida con una reconciliación en directo… El postureo.

 

 

 

Una juventud completamente desorientada y confundida, que finge los valores, como digo, porque sabe que dan resultado, nunca por convicción, sino por mero postureo, que ya no distinguen entre lo público o lo privado, entre lo real y lo ficticio… Viviendo en la ausencia absoluta de valores, de moralidad, de reglas o escrúpulos, de algún código… salvo el del postureo y la consideración de popularidad.

Todólogos tuiteros cuestionando la autoridad científica y sabiendo más que nadie. O todólogos periodistas… discutiendo sin información. Conspiranoicos de éxito…

Así, una a una, McKay va retratando, sesgadamente y con tendenciosidad, pero es lo que hay, la frivolidad, la impostura, la falta de valores y escrúpulos, casi oasis eclipsados, de políticos, militares, medios de comunicación, artisteo, redes sociales… como fin o como medio de todos ellos. Un mundo convertido en una gran campaña publicitaria, donde sólo vale lo que se hace viral. Memes, cancioncitas de concienciación comerciales de letras “sutiles”, Sting y su pedo, slogans manipuladores…

Artistas, cantantes y directores de cine que sólo viven para intentar quedar bien con todos y lanzar frases hechas para un mundo infantilizado que piensa que son reveladoras. Equidistantes bienquedas que estrenan películas sobre el cometa el día del impacto… Mingrafrías equidistantes, como el director de la película y su pin con un signo de mirar hacia arriba y otro de mirar hacia abajo…

Devastación total”. “… porque creo que como país nos conviene dejar de discutir y señalar la virtud. Hay que avanzar”.

Salvar al soldado Ryan”. “Washington siempre necesita un héroe”.

 

 

La ficción, la mentira, la felicidad que todos quieren vender que lleva a la frustración en momentos distintos a los dos científicos, decididos a hablar en serio de vez en cuando. Hay que vender felicidad y bienestar, como esas vidas de Facebook e Instagram, aunque el apocalipsis llame a la puerta, como bien explican los dos presentadores que encarnan Cate Blanchett y Tyler Perry. Cotilleos, bromas, gracias y temas insustanciales para evadirse de cualquier alarma o problema… Signo de los tiempos.

Es gratis.

¿En serio?

Sí, esto es la Casa Blanca.

Intentamos suavizar las malas noticias”. “Hace a Nice Day”.

Todo va bien. Estamos bien. No va a pasar nada”.

 

 

El uso de eufemismos en medios a sueldo del poder y en políticos: “Podemos llamarlo un suceso potencialmente importante”. “Digamos el 70% y así podemos avanzar”.

Le falta preparación mediática”.

 

 

Un poder político incapaz, incompetente, enchufado (hijos como Jefes del Estado Mayor, anestesiólogas pelotas de Directoras de la NASA), falto de preparación, estúpido en suma, que sólo vende el postureo, el carisma y el aparato propagandístico que tienen detrás. Que no sirven para nada salvo para lanzar slogans y hacer declaraciones ante la prensa de cualquier noticia a la que los medios den bombo… Donde nunca hay urgencias o verdaderos problemas, sólo fechas de elecciones.

Ahora está con los adultos, Randall”. “Vamos a dejar a este hombre fuera del sistema”. Cajeros pasotas y pobres desencantados… como Chalamet.

Lo siento, mamá”.

McKay salva, en cierta medida, a la ciencia, convertida en neoreligión, donde encontramos a los más dignos de la cinta, en cierta medida…

Esto… Mierda…”.

 

 

Lo demás son militares mezquinos y avariciosos que cobran aperitivos que en realidad son gratis, periodistas o presentadores que presumen de titulitis y exhiben una indecente superficialidad y falta de escrúpulos, políticos colocados que sólo viven para mantener un puesto que les da popularidad, poder e ingentes cantidades de dinero… y una sociedad que admite y da el éxito, en audiencia y votos, a todos estos chupópteros.

El Departamento de Coordinación de Defensa Planetaria existe”.

 

 

Ignorar el cometa o usarlo para tapar escándalos que amenazan el poder conseguido. Y una sociedad que penaliza más un chumino por “guasap” que la incompetencia e inacción hacia el apocalipsis. “Exacto”.

Lo que el mundo creía que era un peligro inminente y aterrador, ha resultado ser una oportunidad asombrosa”.

Pues la presidenta de los Estados Unidos es una puta mentirosa”.

Al lado de un escándalo con alguien del gabinete, ¿qué es la llegada del apocalipsis? Que esperen siete horas… o, mejor, al día siguiente…

Y donde la verdad, la seriedad, la responsabilidad son ridiculizadas en esa huida hacia adelante, esa incomodidad donde nunca hay satisfacción, donde todo debe frivolizarse o resultar ingenioso para conseguir la aceptación de la masa, para confundirse con ella (como era el gran anhelo en el instituto), ser uno más dentro de un todo que lo asfixia, en una contradicción plena, donde se busca la individualidad para ser absorbidos por la aceptación de esa masa que luego te olvidará y desechará a la misma velocidad que te encumbró. Donde lo que importa y es serio o trascendente es convertido en meme. Una sociedad meme que no sabe que lo es, señalando al de enfrente a la vez que dibuja su infausto retrato. Sublimación, oda y culto a la superficialidad. De la Edad Contemporánea no se pasará a la digital o la virtual, sino a la meme…

Astrónomo al que me follaría”.

¡Vamos a morir todos!”. “… ¡y creo que todos vamos a morir…! Bueno… ahora quiero irme a casa…”.

Dime que vamos a morir todos”.

Y si no nos ponemos de acuerdo en lo básico, que un cometa gigantesco, del tamaño del monte Everest, que viene disparado, directo hacia la Tierra, es algo negativo… Entonces, ¿qué coño nos ha pasado?”.

 

 

Una sociedad que sólo se moviliza al grito de la palabra “rico”, como en esos altercados callejeros que vemos… Superficialidad hasta en la cama, como la que exhiben DiCaprio y Blanchett. Todo baña todo.

La sociedad de los retos virales absurdos, acometidos por el postureo y el ansia de constar, de llamar la atención y del “like”. Actos que pocos años atrás sólo serían concebidos si los hicieran gente con problemas psicológicos o patologías neuronales. Una sociedad que es parodia de una sociedad. O deformación. Y aquí McKay no tiene ni que exagerar. De hecho no exagera en la mayor parte de lo que cuenta…

Un capitalismo que ve negocio en todo, incluso en la extinción total… Por ello suspenderá la misión de destruir el cometa para intentar rescatar sus minerales, lo que les posibilitaría competir con China…

Tu padre y yo apoyamos los empleos que traerá el cometa”.

 

 

Una socialdemocracia que crea problemas usando los conflictos de moda o los que cuajan tras globos sonda para usarlos como coartada, falacia y creación de grupitos de poder que les den apoyo. Aunque esto último McKay lo distrae también, claro…

Ese es el lacito bonito que le ponen a ese montón de patrañas”.

Un poder que hace de la paz y la tranquilidad su negocio y su excusa para limitar libertades y derechos a su población, es decir, la esencia de la dictadura: Dadme vuestros derechos y vuestra libertad que os daremos seguridad… Y qué mejor que el miedo para lograrlo…

Los grandes CEO de empresas tecnológicas, esos que tienen tanto poder como un gobierno, al que a menudo tienen cogido por ahí mismo, y que tienen, además, todos los datos de nuestras vidas… Tipos tan brillantes como necios, capaces en lo técnico como nulos en el análisis (o con análisis donde los escrúpulos no cuentan). Signos de los tiempos… Gestores del postureo máximo y manipuladores de emociones.

Vas a morir solo”. No acertó

Me parece que se llama Bronterok”. Acertó.

 

 

Incluso en la última cena, de claras reminiscencias bíblicas (rezo y ruego de Chalamet incluido), se recurre a lo que vertebra los movimientos y la tesis de toda la cinta. La evasión, el recurrir a la frivolidad para evadirse del desastre. En esa cena familiar de reconciliación, donde todos se perdonan, incluso las infidelidades, limitándose a vivir el tiempo que les queda disfrutando los unos de los otros, evitarán el tema de la muerte inminente hablando de frivolidades, desde los sabores de una tarta al café… Evasión frente a la muerte, el peligro, la responsabilidad, los problemas…

Centros de urgencias en topless”. “Prefiero beber y rajar de la gente”.

 

 

La visión final de McKay, dentro del humor y demás, no pretende una redención. O no la veo por ningún lado. Es, básicamente, pesimista. Es una sociedad, una civilización, herida de muerte por cómo ha conducido su progreso, por lo que llegar a otro planeta 22740 años después en una nave llena de los tarados que provocaron el desastre, lejos de conservar el legado, de salvar a la humanidad, simplemente traslada la estupidez a otro lugar, la misma estupidez autodestructiva. Llegar a un nuevo lugar para, quizá, servir de alimento.

Tiene carga poética ver esas reliquias de civilización desperdigadas por el cosmos, inservibles, vacuas, testigos inertes de lo que fue, muestra de una superficialidad enfermiza que terminó en metástasis. Una civilización donde los sentimientos fueron sustituidos por las sensaciones, donde una madre pone pies en polvorosa olvidando a su hijo ante el apocalipsis…

 

 

Es ese el sentido de esa última escena extra con Jonah Hill, último superviviente, hijo olvidado de la presidenta, que lejos de aprender nada, sigue una inercia, esa desconexión con la «realidad», esa escisión que impide ser conscientes de la responsabilidad. Porque la estupidez es una gran superviviente.

Se intuye, quizá, una redención con esa familia reunida, que lleva la contraria a los algoritmos al no morir sola, que consigue cobijo y cierto consuelo entre ellos y en lo espiritual con el rezo de Chalamet. Un punto de autenticidad y nostalgia, aunque no exenta de evasión e impotencia…

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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