DAN GILROY

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

–Lou es un caradura y un farsante, pero también sabe ser claro y convincente. Otro paso en su evolución lo tendremos cuando contrate a un pobre desgraciado y desesperado por 30 dólares la noche. De la nada a tener un trabajador. Un copiloto que conozca Los Ángeles para que le ayude en su labor… Igual que él tuvo su proceso de aprendizaje, su compañero, Rick (Riz Ahmed), también lo necesitará. Por ello le veremos torpe guiando a Lou desde el GPS de su móvil, lo que frustrará un caso de incendio…

Es divertido cómo ningunea y torea a su acompañante, cínicamente tronchante. Acabará concediéndole un sueldo de 75 dólares la noche.

“¿Podría decirlo otra vez sin palabrotas?”. Magnífica broma donde se cuida la educación de los espectadores, pero se muestran muertes y sangre… Este absurdo se sublima con los pixelados de los noticiarios, por ejemplo con las manchas de sangre…

 

 

–Lou irá sumergiéndose en una espiral amoral. El siguiente paso es evidente. Con cámara que le sigue de cerca, se inmiscuirá en la intimidad ajena, pero sin que esa intimidad le importe absolutamente nada, es puro negocio. Una espiral amoral, una caída sin límites (porque nadie se los pone), donde todo acaba valiendo. Una caída válida y placentera que no tiene fondo porque nadie termina por considerarlo negativo…

 

 

–Un fundido a negro nos lleva al siguiente paso evolutivo. Vimos una transición con montaje casi de noticiario mostrando sus trabajos. Tras un fundido, comprobaremos lo bien que le ha ido a Lou cuando descubramos su cochazo y su equipo nuevos… Lou habla casi como un robot a Rick, su compañero. Su amenaza por derramar gasolina en la pintura del coche resulta tan creíble como amenazante.

 

 

–El siguiente paso será manipular las escenas, retocarlas. Crear arte según su perturbada visión para lograr un mayor impacto. El arte del morbo y la truculencia, de la muerte y la indiferencia vital. Un arte apresurado, improvisado, imprevisible, precipitado y efímero. Lou se descubre como un perturbado pretencioso.

 

 

–Conquistar a Nina sólo tiene un interés comercial, en absoluto sentimental. Quiere terminar como dueño de la cadena de televisión. Un mero paso más en su camino.

“Estar solo tiene algunas ventajas”.

Una extraña cena llena de proposiciones, reivindicaciones, retos, desafíos y chantajes velados, donde la psicopatía y su ambición adquieren cotas enfermizas, demostrando que tiene estudiada a la perfección a su víctima.

“El precio real de algo es el que uno esté dispuesto a pagar”. “Tú quieres algo y yo te quiero a ti”. “¡Y como amiga!” “Estoy seguro de que sabes, que un amigo es un regalo que te haces a ti mismo”.

 

 

 

–Su falta de escrúpulos, necesaria en cualquier Príncipe maquiavélico, no tendrá límites, hasta el punto de llegar a manipular los frenos de la furgoneta de su rival y competidor, vengándose de su competencia legal a través del crimen. Un crimen que luego grabará por puro morbo, recreándose en una cruel y patética victoria, ya que había otros sucesos…

 

 

–Los últimos pasos en la amoralidad de este ser maquiavélico recurrirán al crimen y a la total falta de escrúpulos y decencia. Ya vimos crimen hacia su competidor, Joe Loder (Bill Paxton), pero lo último le lleva al pozo de la infamia: La escena de los asesinatos en la casa que retrata con total frialdad y el asesinato que él mismo comete/provoca tras una persecución a su propio compañero.

 

 

–La primera de las dos escenas, la de los crímenes en la casa que Lou y Rick visitan, está rodada en gran medida a través del visor de la cámara de nuestro protagonista, por donde vemos el reguero de cadáveres, es decir, a través de su perturbada y fría mirada. Planos sostenidos siguiendo la tétrica y salvaje escena según la muestra Lou. Los momentos con la cuna resultan terroríficos, una macabra broma.

 

 

Lou entiende lo que es el morbo, lo malo, lo truculento, pero no le afecta. Descripción de su psicopatía. Se permite el lujo de dar clases sobre cómo trabajar y hacer recriminaciones a la actitud de su compañero, en brillante humor negro, nada más salir de presenciar el dantesco escenario. Incluso editará el video para que no se vea la huida de los asesinos en primera instancia.

La negociación con el canal de televisión es casi más terrorífica que lo anterior. 15 mil dólares por el material. Lou sentando las bases de su ambición, consciente del valor de lo que tiene, aprovechando las debilidades ajenas y las virtudes y poderes propios para prosperar. Ya saben, es el Príncipe de Maquiavelo. Por supuesto lo logrará y el canal accederá a sus peticiones, a todas (promoción y dinero).

 

 

 

–En la segunda de las escenas culmina su obra de arte, guionizando la detención de los asesinos. Lou ya no espera las noticias, sino que las provoca. Es el paso definitivo. Una mente tan brillante como maquiavélica. El puro reality morboso.

“¿Sabes cuál es tu problema? Que no entiendes a la gente”. ¡Error! Lou Bloom entiende a la perfección a la gente, a esa sociedad, por eso medra a costa de ella, simplemente no empatiza con ella ni siente emociones. Es un psicópata.

“¿Y si mi problema no fuera que no entiendo a la gente, sino que no me gusta?” “¿Y si me viera obligado a hacerte daño por algo así?”.

Esta segunda secuencia va más allá. Será él mismo el que prepare la detención, el que avise a la policía, y se quitará todo lastre y testigo de encima, es decir, terminará con su compañero Rick (Riz Ahmed).

 

 

Una secuencia realmente magnífica, llena de suspense, retratada a través de los visores de las cámaras, desde su punto de vista preparado para presenciar la detención y el tiroteo que acontecerá. Una soberbia persecución en coche posterior donde Lou excederá la idea de “retratista de la realidad”, de puro transmisor, sobrepasando la idea de no intervención con la que ya había coqueteado. La excede desde dos vías: la del puro civismo y su omisión de socorro con el riesgo que ello conlleva; y vulnerándolo, interviniendo para su propósito sin más matices.

 

 

 

 

 

Lou, en su perturbada mirada, en esa visión a través del visor de su cámara, ve una pseudo realidad vendible y morbosa, truculenta, pero irreal, al fin y al cabo. Ve ideas, no hechos concretos, las ideas de esos hechos, por eso ni siente ni padece. Comprende las ideas y con ello es capaz de manipular usándolas, pero no de sentir, porque finalmente no las comprende como hechos. Convierte esos hechos en ficción, perfecta excusa para su visión psicopática apoyada y propiciada por los medios de comunicación.

Lou interviene, pero no con intención cívica o humanitaria, de hecho, esas consideraciones y la moral son para él lastres e incomodidades, aunque también recursos en los que basar su manipulación.

El mejor ejemplo es su intervención/no intervención utilizando y sacrificando a su compañero Rick, provocando su muerte para poder grabarla.

 

 

“Utilizaste mi poder de negociación, Rick, y lo usaste en mi contra. Lo habrías hecho otra vez. Admítelo”. Ejemplo paradigmático del Príncipe de Maquiavelo, no me lo negarán.

Éxito y prosperidad. Dos furgonetas y nuevos empleados para una empresa floreciente, “Video News”, para seguir cazando sucesos y avisos policiales.

Estilo.

Técnicamente, la dirección de Gilroy deja detalles interesantes y su estética y puesta en escena van muy encaminadas a retratar la idea y concepción de ese mundo que pretende mostrar, fundiendo, por ello, forma y fondo.

Es el retrato de un mundo frío, sin sentimientos, aséptico, blindado a las emociones auténticas, mostrado a través de una iluminación irreal, de monitores y cristales…

–La película tiene una gran variedad cromática, es muy estética, depurada, fría, casi aséptica, por escalofriante que sea lo retratado. Mucho colorido, neones e iluminación cuidada, colores fríos (verdes y azules), otros más cálidos pero que subrayan un entorno artificioso de aire psicodélico.

 

 

 

–Focos lumínicos intensos que subrayan objetos, como el verde y el azul de la planta que riega el solitario Lou o la tabla de planchar en su casa. Un solitario regando una planta que nos recuerda a León de “León, el Profesional” (Luc Besson, 1994). En ese mismo apartamento, su apartamento azul, toreará a la policía sin remilgos, negándose a revelar datos de los asesinos.

 

 

–Las transiciones de exteriores funcionan como puntos y aparte narrativos, algunos irónicos, como esas donde se ven globos, ferias, muñecos de viento… El espectáculo…

–Gilroy recurre a multitud de planos vacíos, sin personajes, tanto en interiores como en exteriores. De objetos y estancias. Una sociedad despersonalizada y a la que nunca vemos, enclaustrada en sus casas consumiendo truculencias.

 

 

–Muchas escenas se muestran, especialmente las crudas, a través del visor de la cámara del protagonista u otros, resaltando la perturbada mirada de él o de una sociedad que consume el horror, pero matizado, diluido por la pantalla que los separa de él. Del mismo modo, vemos escenas horribles en monitores y noticiarios, tal como llega a esa sociedad invisible. No siempre es desde esos visores o monitores como se retrata esa realidad truculenta, pero sí desde el punto de vista del personaje, de Lou Bloom, lo que reafirma la idea.

–Como en buena parte del cine moderno, apreciamos tics y errores de dirección asumidos, pero que siguen siendo incómodos, como los insufribles saltos de eje.

Por supuesto, la policía calará a Lou, sabe perfectamente cómo es y lo que representa, pero está protegido por esa sociedad a la que retrata. La escena con la policía está bien rodada, en plano-contraplano en ligeros contrapicados. Gilroy usará el plano general cuando la agente se levante amenazante.

“Si me ves tienes el peor día de tu vida”.

 

 

Ante esto, Lou nos enseñará su reloj, aquel con el que empezó todo cuando se lo robó al agente de seguridad, y se dará un exitoso paseo a lo “Sospechosos Habituales” (Brian Singer, 1995).

 

 

Sueño americano pervertido.

Lou Bloom es brillante, inteligente, ambicioso, sin escrúpulos, frío, amoral, sin preparación, autodidacta y muy decidido… Perfecto exponente del sueño americano, del hombre que se hace a sí mismo… pero pervirtiendo su concepto.

Gilroy desarrolla las grandes virtudes del pueblo americano, pero también sus peligros cuando son mal enfocadas. La libertad, la competencia como mejora del producto y beneficio social… pero que aplicado al morbo y la inmoralidad crea aberraciones. Esto pasa con Bloom, un hombre competente y válido, pero sin valores ni moral que da a una sociedad rota lo que desea.

El efectismo y la sensiblería como los ingredientes perfectos para llegar a ese concepto invisible e indeterminado llamado “sociedad”. Una sociedad que lleva al éxito a esos individuos sin escrúpulos, individuos que sí son mostrados y a los que se sigue, demostrando que en la individualidad está el verdadero poder.

 

 

Jake Gyllenhaal, uno de los actores más interesantes del panorama actual, está sencillamente descomunal. Su escalofriante frialdad, sus ojos de loco que parecen salirse a veces de sus cuencas, su actitud cuasi robótica, su tono amenazante, psicopático, de ser solitario, su aspecto acentuadamente desgarbado y chepudo, deslumbran desde su primera aparición. Es insultante que no fuera nominado a los Oscar de su año y más teniendo en cuenta a la terna que sí mereció ese reconocimiento.

Una película que impacta por realista, que fue uno de los grandes títulos de 2014, que permanecerá en el tiempo mucho más que otras que merecieron más reconocimientos, pero que resultó escandalosa y lamentablemente olvidada. Sólo lastrada por sus referentes, a los que no aporta nada excesivamente nuevo, pero con la suficiente fuerza y personalidad para mantenerse por ella misma. Muy recomendada.

“Pase lo que pase, sigue grabando”.

 

 

 

Lee aquí al 1ª Parte del análisis.

 

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