MULA (2018) -Última Parte-

MULA (2018) -Última Parte-

CLINT EASTWOOD

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya en la secuencia inicial se van marcando los conflictos y evoluciones generacionales. Con la esposa y la hija de Earl esperando a ese padre y ese marido que no llega para acompañarlas en la boda, mientras la nieta contempla la escena… La siguiente secuencia familiar muestra las consecuencias de la introductoria, con una esposa y una hija que reniegan de Earl y reprochan sus ausencias y una nieta que trata de mediar y se muestra cariñosa y comprensiva… en la antesala a su propia boda.

 

 

 

 

Eastwood parece definir ciertos conceptos con las distintas generaciones. La veterana como los hacedores, incluso egoístas, los forjadores y emprendedores. La madura es la generación del rencor, rencor hacia la primera, a la que trata de corregir, representada en su hija. La última, la más joven, es la del perdón, representada en su nieta (Taissa Farmiga).

 

 

 

Earl se va dando cuenta de que está fuera de ese nuevo mundo, el mundo de internet que le sacó de la vida profesional. Es por ello que sus encuentros con generaciones más jóvenes son conflictivos o tratados con cierta incomprensión. Cuestionará el uso constante del móvil y las nuevas tecnologías, criticará la competencia de esos jóvenes que parecen ahogarse sin sus móviles e internet, como se escenifica en la escena con la pareja afroamericana o las lesbianas (unos no saben cambiar una simple rueda y buscan información en internet, ahogándose en la desesperación por la falta de cobertura; las otras también tienen problemas mecánicos ante los que Earl aconseja). También con el matón que intenta sacar una lata de un expendedor en un motel y que amenaza a Earl… Se verá a sí mismo como un guía, con la citada pareja afroamericana, a la que ayuda a cambiar una rueda que ellos son incapaces de reemplazar, a las lesbianas con sus motos, al policía con su familia, al joven Julio (Ignacio Serricchio) en casa de Laton (Andy García)… Mencionará a sus padres como referentes que deberían haberlos enseñados o a los que deberían haber escuchado más… En esa generación quizá esté el origen de…

¿No te enseñó tu padre a cambiar una rueda?

No sé qué os pasa a vosotros, los que tu generación”. “¿Es que no sabéis vivir sin estar pendientes del maldito móvil?”.

Estoy intentado evitar a un forzudo que está golpeando la máquina de hielo con el móvil como un loco”.

 

 

Con el asesinato de Laton se incide de nuevo en ese cambio generacional, precisamente.

En su vitalista actitud comentada, Eastwood marca diferencias generacionales también entre el personaje que él mismo interpreta y los jóvenes con los que se cruza en su delictivo transitar.

Mientras él procura disfrutar de cada minuto, los jóvenes parecen vivir sólo para el trabajo, de una manera estresada. No hay ningún joven que disfrute verdaderamente. Un anciano feliz, unos jóvenes crispados. En esta idea introduce un interesante subrayado al apoyarse en el capo interpretado por Andy García, que parece comprender y respetar absolutamente la forma de proceder de Earl (no ve problema alguno en su manera de manejarse si cumple con su trabajo), invitándole para agasajarle y ofrecerle, precisamente, una fiesta de puro éxtasis…

 

 

Earl se desvía de su ruta para probar su bocadillo favorito, contrata prostitutas en las pausas de sus viajes, se retrasa, ayuda a quien lo necesita… En cambio, los chicos que deben vigilarlo, el policía que lo persigue… viven para el trabajo y están obsesionados con los móviles. Fijan horarios y rutas, de mueven de una forma radicalmente distinta, como marcan los patrones de un nuevo mundo. Él mismo, en sus años anteriores, vivía para el trabajo (aunque con la diferencia de que para él era un goce egocéntrico), por lo que se culpabiliza…

 

 

 

Así, mientras él realiza sus trayectos a su ritmo, parando en sitios que le gustan para comer, disfrutando de la música y el paisaje en sus viajes, sus vigilantes quieren un camino estricto, horarios fijos y nada de distracciones. Uno se entrega a la vida y los otros a la obsesión.

Es por ello que aconseja al policía, al que identifica como un buen hombre, cuando el trabajo le aleja de su familia y de las fechas de aniversario…

Al menos “La Guerra de las galaxias” vertebra todo…

Joder, parece la cantina de La Guerra de las Galaxias”.

 

 

 

La familia

Uno de los temas básicos en Eastwood es la familia, natural o sobrevenida, clásica o, más a menudo, disfuncional. Aquí es un tema principal y destacado. Y sobre este tema tenemos a un Eastwood muy personal, que parece querer expiar pecados vitales.

Está claro que “Mula” tiene mucho de expiación de pecados personales de Eastwood, y la familia no se cae de la boca del personaje en ningún momento, siendo el vínculo además entre su personaje y el interpretado por Bradley Cooper.

Su periplo delictivo comenzará como mero sustento ante una situación delicada, pero terminará convertido en el medio para curar y cicatrizar heridas con su propia familia… además de alimentar ese ego tan necesitado.

 

 

En un inicio, esa familia será algo secundario, subordinada a su prioridad, que es su trabajo. O ni siquiera eso, ya que parece temer quedar integrado como uno en la familia, donde ese ego no se sacia, donde no puede ocultarse en una mascarada de bromas, premios y elogios… Pero es consciente de lo que hace, es una pulsión y un sentimiento de culpa que tiene presente, lo que hace más despreciable ese comportamiento, como se escenifica a la perfección en la secuencia introductoria, cuando henchido de orgullo por el premio recibido y la catarata de elogios, ve una boda a su espalda que le recuerda a la de su hija, que lo espera en ese mismo momento, y a la que renuncia por propia voluntad.

Estoy tratando de compensar mis ausencias…”.

 

 

Con la familia rota y con el  único hilo de su nieta que le mantiene ligado a ella, comenzará a coser y reparar heridas gracias a la delincuencia. Primero aprovechando el dinero de la primera entrega para la boda de su nieta, en otro eco que nos recuerda la secuencia inicial y su ausencia en la de su hija, luego pagando lo que faltaba para que completara sus estudios…

Con otras entregas también saciará su ego, pero en cosas que le importan y ligadas a la tradición, como el rescate de ese Club de Veteranos que languidece y necesita de una inversión…

Ahora estoy aquí”.

Sea lo que sea, no tenías que hacerte rico para que quisiéramos tenerte cerca”.

No me lo perdería por nada del mundo”.

 

 

Esa redención final, será encerrándose en el entorno familiar y con las escenas más conmovedoras del film, abandonando cualquier otro tipo de entorno o distracción para acompañar en sus últimos momentos a la mujer de su vida. Acompañar, lo que nunca hizo antes. Con ella y con el resto de su familia alcanza el objetivo buscado.

Conmueve la lúcida conciencia de la mujer, su brillante descripción de los pecados de su marido… y su perdón. Conmueve ese plano donde vemos a ambos sincerándose y redimiéndose con la hija al fondo, secreta. Porque «Mula» es también una película sobre el perdón.

 

Preciosa y emotiva despedida con una declaración de puro amor maduro. Poniendo una sonrisa a la muerte.

Así se recompondrá la unidad familiar y se sellará la reconciliación, con una muerte y el amor, simbolizado en los lirios que trae Earl para el funeral.

No supe valorar todo lo que tenía.

No lo creo. Creo que eres de floración tardía.

 

 

 

De entre todos los jóvenes que se cruza en su camino, Earl ve en el policía que lo persigue a alguien digno. Es por ello que sus consejos irán referidos a la familia, a la importancia de la misma, de cuidarla, para que no cometa los errores que cree que él mismo cometió. Earl también se redime a través del personaje de Colin Bates (Bradley Cooper). Es por ello que se sincera con él, sacando, cada vez que lo ve, el tema de la familia (y de la obsesión por la tecnología, es decir, las claves del film). Y da consejos que para él no tuvo…

Con él también hay un tema generacional. Parece verlo como a un hijo que todavía no se ha echado a perder, honesto. Hay un vínculo curioso entre ellos también en lo generacional: mientras Earl ha terminado su vida laboral, por culpa de internet, teniendo una prórroga delictiva, Colin es un policía debutante que pretende prosperar resolviendo asuntos de drogas… para beneficio de su familia (en todos los sentidos, moral y económico).

 

 

Eastwood maneja con acierto los suspenses, con los que salpica hábilmente la película para dotarla de ritmo mientras Earl ejerce de mula. Un veterano que sabe improvisar, apañárselas para salir de embrollos o situaciones complicadas, como esas con los policías (una con un perro y en solitario, la otra junto a sus custodios), donde también termina sacando las castañas del fuego a los jóvenes mafiosos.

Usa también hábilmente los cebos, como la enfermedad de Mary, de la que tenemos un primer atisbo en la gala de fin de carrera de la nieta. La irremediable enfermedad.

 

 

 

 

La música está perfectamente utilizada, tanto la sinfónica y extradiegética como la diegética, que amplia y profundiza en las situaciones y los personajes en los momentos en los que aparece. Encantador ese instante donde contagia a sus dos avinagrados centinelas con sus cantares siguiendo los ritmos del tocadiscos…

 

 

 

La trama paralela con la investigación que sigue Bradley Cooper está bien medida y no estorba a la principal, sirviendo de acertado complemento y espada de Damocles para nuestro protagonista. Sus idas y venidas, sus operaciones “publicitarias» para ganar tiempo con sus jefes, su persecución a ciegas a ese tal “Tata” que tantos kilos de droga transporta, su pasión y constancia por desmantelar la red de “mulas”… definen un personaje al que Earl identifica como alguien afín.

Hay muchos de los temas característicos de Eastwood. La idea que lo emparenta con «Gran Torino» es esa concepción crepuscular que concluye con un sacrificio, menos trágico que en aquella, que le permite volver a las raíces, nunca mejor dicho, para afianzarlas, como verbaliza su hija.

 

 

Sully” (2016), “El Fuera de la Ley” (1976), “El Jinete Pálido” (1985), “Ruta Suicida” (1977) (ese final con la persecución y el helicóptero incluido)… son películas que tienen elementos en común con esta. Algunas las he comentado, en otras son aspectos más superficiales. Earl Stone, en cualquier caso, vuelve a ser ese héroe solitario, ajeno a leyes, que parece fuera de lugar y de tiempo, como tantos en el cine del maestro.

 

 

 

Defectos

La película peca de algo de falta de cohesión en su narración ocasionalmente impresionista. Hay escenas puestas como pegotes, aunque tengan sentido con el fondo pretendido. Otras, en cambio, ni si quiera logran eso, resultan artificiosas, forzadas o extrañas, mal integradas en la narración. Están muy localizadas.

Son escenas de las que podemos entender su propósito, ese contraste generacional y el sentido crepuscular de la película (las de las lesbianas moteras, la familia afroamericana, el consejo a Julio)… Es decir, se entiende el concepto, pero aparecen como pegotes metidos con calzador, sobre todo en una narración que no es impresionista en líneas generales.

En primer lugar tenemos ese momento que plantea y justifica la aventura… Tras la discusión en la fiesta pre boda, un joven desconocido se acerca a Earl sin saber muy bien de qué va la cosa, saliendo de su grupo de amigos para ofrecerle el trabajo de mula… Resulta extraño, forzado y artificial. ¿A qué viene? ¿Qué le impulsa a acercarse? ¿En qué se basa para suponer nada? ¿Por qué se inmiscuye en algo que le es ajeno? ¡Ni siquiera es amigo de la hija, sino de una dama de honor!

No me han multado en mi vida”. Y al decir esto, al chico se le enciende la lucecita…

Si estás en apuros, sé de gente que te pagaría por conducir… de una ciudad a otra”.

 

 

La escena en la fiesta en casa del personaje interpretado por Andy García deja otra de esas escenas extrañas, que parecen haberse insertado deprisa y corriendo en el montaje, que no tienen que ver con nada. Un Eastwood que se ha desfogado con un par de jovencitas que se sienta con su joven vigilante, con el que apenas le hemos visto complicidad, y que responde a los buenos modos de éste con un repentino consejo donde le dice que se aleje de todo aquel mundo, para levantarse acto seguido ante la explicación que se le da… ¿Qué pretende ahí? Se entiende en su vertiente generacional comentada, pero resulta una escena forzada desde lo narrativo una vez más.

 

 

No convence ese repentino conflicto de Earl con su nieta cuando Mary se pone enferma. Una nieta tan comprensiva que no entienda que pueda darse la situación de que no pueda acudir en ese preciso instante resulta extraño… Brusco y forzado.

 

 

La primera escena donde coinciden Earl y el policía que interpreta Cooper, también es forzada por fortuita (sale de su habitación justo cuando Cooper pasa para mantener una charla). Tampoco encaja muy bien la inocencia inicial de Earl al meterse en el mundo de la droga.

 

 

Afortunado es también el encuentro de los villanos con Earl una vez terminó todo el conflicto familiar con la muerte de Mary (Dianne Wiest). En cuanto fallece la mujer de Earl y acude al funeral, en el primer viaje en coche que hace a la salida del mismo, se encuentra con los traficantes… ya es mala suerte. Artificioso.

 

 

Desde lo dramático habría que reconocer que no existe verdadera tensión en la amenaza narco…

Y las citadas escenas varias veces referidas de la familia afroamericana y las lesbianas, episodios impresionistas sin cohesión.

Clint Eastwood nos regala otra joya y además nos alegra con su presencia, tras haber dicho que después de “Gran Torino” no se pondría ante la cámara de nuevo en una de sus películas. Se le notan los años, pero merece mucho la pena. Además lo vemos muy bailongo y cantarín, desde luego parece que se lo ha pasado en grande durante el rodaje… Ya puestos, a nadie le amarga retozar con atractivas jovenzuelas, observar culos bamboleantes y acariciar senos y cuerpos turgentes…  Muy de culos, Clint.

 

 

 

Mula”, a pesar de algún defectillo dramático y su desconcertante, en ocasiones, narración impresionista con escenas integradas de forma forzosa, conmueve en lo personal e íntimo, que es el verdadero objetivo último de Eastwood. No del todo perfecta, pero notabilísima, porque cuando Clint se pone en este tono es infalible. Una expiación y confesión personal.

La dedicatoria final, a Pierre y Richard, se refiere a Pierre Rissient y Richard Schickel, el primero fue uno de los primeros en ver el talento del actor y director, el segundo, crítico de cine y biógrafo de Eastwood, era amigo personal de éste.

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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