MULA (2018) -Parte 1/2-

MULA (2018) -Parte 1/2-

CLINT EASTWOOD

 

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos han querido ver una ambición errónea en Eastwood con el estreno de esta película comparándola con “Gran Torino” (2008), en lo que además supone una insinuación más o menos velada de artificialidad, de fórmula aplicada por parte del director para sumarse un punto.

En realidad no es con “Gran Torino” con quien está película tiene paralelismos (es cierto que hay elementos que se pueden comparar con ella y con otras de la filmografía de Eastwood, como citaremos), sino con “Sully”, su joya de 2016, pero un paralelismo que nada tiene que ver con lo formulario y sí con el rigor autoral de este talento, con la evolución lógica del discurso que viene desarrollando el director.

Eastwood nos vuelve a hablar de un profesional que se ve cuestionado por su entorno, en un caso por el entorno profesional y en “Mula” por el social. Su protagonista es un hombre libre, en contraste con los policías y narcos con los que se codeará (y que representan la modernidad), esclavos de rígidas reglas y normas, un mundo asfixiante del que sólo participa de manera tangencial y en función de un beneficio.

Earl Stone (Clint Eastwood) sí vive la vida y se mantiene ajeno a todo eso, lo que a su edad le condena fuera de ese nuevo mundo. Un mundo gobernado por la frialdad, la tecnología y lo políticamente correcto (que confunde una broma con racismo), a los que mira con ironía y escepticismo. Pero incluso fuera del mundo que dominaba, no dejará de ser él mismo ni de vivir bajo sus normas de disfrute, en un gran detalle de guión.

Esa deshumanización y esa dependencia de la tecnología es lo que emparenta “Mula” con “Sully” (pequeña y excepcional cinta), especialmente con el final de esta última, donde se pretende obviar el factor humano para hacer una valoración del hecho. Aquí Eastwood vuelve a reivindicar lo humano a través de las ganas de vivir y la familia. Siempre humanista Eastwood.

Siendo “Sully” más cohesionada que “Mula”, lo cierto es que la tesis está vigente en ambas y se expone con sensibilidad y brillantez, conmovedoramente incluso.

Un hombre fuera del tiempo en el que vive, que ve cómo lo va dejando atrás, pero no se resigna a dejar de disfrutar. Es la reflexión de un talento veterano que se va despidiendo de un mundo que ya no le acoge, al que mira con cariño, pero con cierto pesar al ver en lo que se va convirtiendo.

 

 

 

Eastwood defiende con pasión, nostalgia y ese toque crepuscular el valor artesanal, el del artesano sacrificado, el de esos individualistas y solitarios que pueblan su cine, fuera de una sociedad por la que vagan, aunque no le guste, con un profundo sentido de la justicia.

Algo tentó a Eastwood para ponerse de nuevo ante la cámara en esta historia que se inspira en un artículo del New York Times sobre Sam Dolnick, mula de 90 años del Cartel de Sinaloa. Y lo cierto es que la película parece una petición de perdón, una expiación para un complejo de culpa donde ese Earl parece, más que nunca, un alter ego del propio Eastwood.

El crepúsculo, un western social

Mula” es como un Western crepuscular, donde el antiguo vaquero es un Eastwood amante de las flores que se siente ya fuera de lugar, lo que queda de manifiesto en ciertos aspectos y situaciones durante la trama, como con el tema de la tecnología, que emparenta a la deshumanización y lo políticamente correcto.

Earl Stone (Clint Esatwood) es el rey del mambo en 2005, allí en Peoria, Illinois. Sus lirios, sus flores, son premiadas todos los años. No hay nadie como él en ese mundillo. Las cosas le van genial en lo profesional, que es lo que prioriza, dejando a un lado a la familia. Pero ya en aquella época se insinúa una amenaza que él no tiene en cuenta. Internet.

 

 

Lirios, flor simbólica, ideal para bodas y funerales ya que, entre otras cosas, representa la pureza, el amor y la superación en momentos de duelo…

 

 

Es un galán, un clásico, un “anticuado” exitoso… y un decepcionante padre. Es un clásico en Eastwood: hombres competentes en lo profesional, incompetentes o incapaces en lo personal (Poder Absoluto, 1997). Se moverá con inusual soltura y desparpajo en ese mundo de narcos, droga y delincuencia, ganándose a la mayoría y acercándose a ellos con su carácter simpático…

Earl lo petaba, era el centro de atención, pero con la llegada de la tecnología (internet) el mundo lo olvidó, como le ocurrió a los pistoleros con la llegada del ferrocarril (otro elemento tecnológico) y la ley (de hecho el protagonista aquí la vulnerará). Son elementos y mundos que restringen la libertad que Eastwood y Earl adoran, como las alambradas y los límites a los pastos libres en el viejo oeste.

Todo esto queda plasmado en la secuencia de introducción, de escasos cinco minutos, y que recuerda a la concepción de la primera entrega de “El Padrino”, donde Coppola mostraba, en un magistral juego de comparativas y en montaje paralelo, las evoluciones de las dos familias, con dos tonos fotográficos distintos, el tenebroso para la familia de los negocios y el luminoso para la boda de la familia de sangre… Aquí Earl triunfa con sus lirios mientras marchita el afecto de su hija, Iris (interpretada por la propia hija del director, Alison Eastwood, lo que acentúa ese toque tan personal del film que he mencionado), y su esposa al no acudir a su boda (como en la de Coppola), que vemos preparar… No acude conscientemente.

 

 

Doce años después, en 2017, vemos las consecuencias de las semillas plantas en dicha introducción. Earl convertido ya en ese pistolero que no tiene cabida en ese transformado mundo. Su entorno es puro declive, languideciendo, muriendo y marchitándose al paso de la modernidad internauta… El anticuado inadaptado, el hombre crepuscular que ya no encaja producto de los cambios sociales. Es un hombre que ya no es de este tiempo (internet, móviles), y que busca cómo encajar, adaptarse y no quedarse fuera…

Maldito internet”.

 

 

 

A Earl, con este planteamiento, le quedan dos opciones, como a los viejos vaqueros y pistoleros: Adaptarse o vivir fuera de la ley o las normas que ahora quedan vigentes. Y hará las dos cosas, buscará la redención… fuera de la legalidad.

Jesús dijo que vino a salvar a los perdidos”.

Es por esto que Earl abomina de los móviles en la película, de internet, de esa tecnología que ha transformado el mundo del que era rey. Ni siquiera saber escribir un mensaje de texto. Ahora sólo ve que le rodean jóvenes que en su mayoría considera inútiles, dependientes de esa tecnología, atados a ella, alienados y esclavizados, como robots, sin lograr vivir la vida. Ese es el sentido de algunas escenas que parecen chirriar. Esas escenas con la familia afroamericana donde tiene que ayudar a poner una rueda al coche, ya que el joven no sabe, o ese consejo a las lesbianas que parecen desconcertadas con los problemas de sus motos…

 

 

Escenas donde se retrata “cierta torpeza” social para los tiempos modernos, cuando hemos visto que esa torpeza no es precisamente uno de sus problemas, donde determinadas bromas son censuradas por lo políticamente correcto, interpretando un chascarrillo o frase hecha como un síntoma de racismo o menosprecio.

 

 

 

 

Me alegro de poder ayudar a unos negritos.

¿Negritos? Eso es… ofensivo.

Preferimos negros o personas… Yo soy negro y usted blanco.

No me jodas.

De nada, bolleras”.

 

 

Esas escenas son en las que Earl se encuentra con un grupo de moteras lesbianas y con una familia afroamericana. Son escenas que no tienen que ver con nada, metidas con calzador, esporádicas, chirrían por ese carácter impresionista, pero aunque muestren una narrativa algo deslavazada sirven para escenificar ese universo que Eastwood trata de mostrar, donde ya no domina la situación, donde sus bromas no son entendidas ni comprendidas, un mundo absorbido por lo políticamente correcto.

 

 

 

Y como buen Western, la frontera será un lugar simbólico y de gran importancia. El Paso, Texas. Convertido en mula sin comerlo ni beberlo, aunque algo debía suponer… Realizará un buen número de entregas, algunas con divertidas ironías, como ese paso por “Arenas Blancas” (la segunda)… Habrá al menos doce entregas. Y un largo viaje desde Illinois.

 

 

Porque “Mula” es, en el fondo, un sutil canto a la libertad, interpretación que supongo habrá sido obviada en la mayoría de las críticas y análisis. Y lo es porque, si os fijáis, cuanta más libertad se otorga Eastwood en sus entregas, menos problemas tienen. En cambio, cuando los controles se van haciendo cada vez más férreos, cuando el entorno se vuelve más opresivo, todo será más violento, problemático y errático.

 

 

 

Egoísmo y generaciones

Earl Stone es un hombre egoísta. Vive por y para su ego. Y ese ego se sacia en lo profesional, fuera de casa, lejos de ella y de su familia, entre las flores que cultiva y le premian… Un hombre con infinidad de defectos y una ética particular.

Es un tipo recio e íntegro en apariencia (y sin antecedentes ni multas de tráfico), veterano de guerra (Corea). Un tipo de enorme carisma (se hará amigo hasta de los jóvenes narcos que le entregan la mercancía), sosías de James Stewart, que no se adapta a los nuevos tiempos, por lo que terminará convertido en una especie de rey mago delincuente para gozar del reconocimiento perdido, esa droga que parece necesitar y que le embriaga.

 

 

 

Es profundamente humano, con defectos, lejos de sus robóticos compañeros… Es lo que pagará también el personaje de Andy García.

Su planteamiento vital, es de suponer que tras la guerra, es muy hedonista, por lo que las responsabilidades familiares le son dificultosas, además de todo. Se lo pasará en grande con su dinero fácil, vivirá su vida, incluso estando vigilado… Tendrá fiestas, sexo de dos en dos y todo capricho que se le antoje… mientras comienza a redimirse. Se manejará como pez en el agua en ese corrupto paraíso de narcos. Vitalista disfrutón, un hedonismo con el que cumple sus responsabilidades, las abandonadas en juventud, paradójicamente, embelesado con el dinero fácil conseguido, como en los efectos de una droga, de la que padecerá o sufrirá la realidad del mono en forma de amenaza y condena…

 

 

 

Tú vivías para estar fuera de casa. Todas esas convenciones, alternar y ser el centro de atención… Ellos se llevaron tu lado divertido, el Earl fantástico… Y nosotras el Earl que estaba deseando largarse de nuevo.

Sí, tienes razón, creía que era más importante ser alguien ahí fuera que ser un fracasado en mi propia casa.

 

 

Poco a poco vamos intuyendo a Earl de otra forma, como una especie de caballero redentor, a lo “El Jinete pálido” (1985) que rodó el propio Eastwood, con ese impulso reparador que parece querer expiar sus culpas.

Has sido el amor de mi vida y el tormento de mi vida. Y quiero que sepas que significa mucho para mí que estés aquí”.

Delinquir le proporcionará aquello que anhelaba. Le volverá a situar como el rey del mambo, lo que hace el cambio y evolución de Earl mucho más conmovedor, porque no se trata sólo de que ya no sea aquel que fue o no tenga aquello que tuvo. Se trata de algo más profundo, ya que con el dinero que gana puede seguir siendo ese centro de atención, pero aplicará sus posibilidades a esas otras cosas que había abandonado.

Mary (Dianne Wiest): Gracias a Dios que al final pudo reunir el dinero para acabar sus estudios.

Earl: Sí, gracias a Dios

Pagará estudios y boda de su nieta (Taissa Farmiga), arreglará el hogar del veterano de guerra que quedó destrozado por un fuego… ayudará a sus seres queridos y amigos, pero sobre todo a su familia.

 

 

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

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