MUJERCITAS (2019)

MUJERCITAS (2019)

GRETA GERWIG

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí llega la enésima versión del clásico de Louisa May Alcott. Siete al menos en cine más infinitas series o miniseries. Ocurre, como con muchos clásicos, que cada X tiempo se prueba con otra versión que entregar a las nuevas generaciones, lo que está bien, sobre todo si se aprovecha alguna tendencia o movimiento de moda, en este caso el feminismo, para que tenga más eco. Han hecho lo posible para que lo tuviera, desde luego, siendo nominada de cuota este año.

La feminista es la obra original, que era tremendamente trasgresora y atrevida para la época, denunciando con sensibilidad e inteligencia la situación de la mujer, sin tener que recurrir aquí a sobreentendidos, subrayados ni redundancias, con escenas dedicadas exclusivamente a comentar lo que ya había quedado más que claro y se mostraba en el contexto y narrativa de la historia.

Mujercitas” es una obra sobre la familia, el amor, el estoicismo, pero también sobre el sacrificio, la lucha y, sobre todo, las renuncias. El buen funcionamiento en el desarrollo de personajes y relaciones hace que las reuniones o separaciones resulten conmovedoras (regreso del padre, muerte de Beth…).

También es un juego metalingüístico, donde la vida de Jo se confunde con la de la heroína de su libro y éstas con la propia Louisa May Alcott

El final correcto es aquel que vende”. “Quiero ser dueña de mi libro”.

 

 

 

Una de las grandes novedades de la narración en esta nueva versión es el juego con los flashback o los viajes del presente al pasado a modo de diálogo y eco narrativo. A 7 años antes…

Si observáis, las escenas en el pasado, en la infancia, son cálidas, luminosas, con todos más alegres, con todas juntas. En cambio, las escenas en el presente se nos aparecen oscuras, en tonos fríos, con la llegada de las obligaciones, el mundo adulto, las separaciones… También hay más sosiego, quizá decepción, en ese presente que nos muestran, en contraste con la vivacidad ilusionada del pasado.

 

 

Esto tiene una excepción. El final. En el final, que es en el presente, o quizá un posible futuro, el tono no será gris, sino con la calidez que se mostraba en los pasados.

Son muchos los enlaces visuales, por ejemplo usando una ventana, de la mirada de Laurie a la de Friedrich (Louis Garrel), que regala a Jo libros de Shakespeare en el presente, en épocas distintas donde se ve a Jo entregada a sus escritos…

 

 

 

 

Iremos de baile a baile, unos en el pasado, otros en el presente, encadenado tramas románticas con Laurie

Iremos a un pasado navideño, humilde pero entrañable y lleno de generosidad, donde todas estaban juntas y la infancia es floreciente. Se describen sus sueños artísticos, que hemos visto desarrollar (Amy y la pintura, Jo y la escritura, Meg y las riquezas…).

 

 

Más enlaces visuales con las convalecencias, Amy tras caer en el hielo y Beth en el presente. O en la playa, luminosidad en el pasado, más gris y fría en la enfermedad de Beth y la crisis creativa de Jo.

 

 

Con Frederich, el profesor, se nos insertará otro flashback a traición para mostrarnos el momento del primer encuentro suyo con Jo. Miradas y atracción. Se esperará a hacerlo al momento en el que él se presenta en casa de los March.

 

 

La muerte de Beth, donde se usa un eco, está muy bien mostrada, con gran tacto y sensibilidad, sin necesidad de palabras. De la recuperación en el luminoso pasado, con el temeroso descenso de Jo para llevarse la grata sorpresa, al segundo descenso en esos gélidos tonos para tener la fatal noticia…

 

 

Los rechazos matrimoniales también se vincularán en pasado y presente, el de Jo a Laurie y el de Amy a Fred para aceptar al propio Laurie.

La familia, el arte, la vocación, el lugar de la mujer en la sociedad, son temas que se tratan en esta fantástica obra y que, obviamente, aparecen también en la película. Los roles de nuestras queridas hermanas son los conocidos por todos (si habéis visto alguna de las pelis o leído la novela) y se mantienen perfectamente reconocibles. Las chicas March.

 

 

 

 

Arte.

Todas las hermanas se vinculan a la creatividad y el arte.

Podríamos dividirlas en dos grupos. Jo y Beth como las más sensibles, interiorizadas en su universo. Meg y Amy más superficiales y aparentes, si bien no son meros clichés. Meg y Jo son las mayores. Quizá en esas diferencias se expliquen ciertas trifulcas entre ellas, por ejemplo entre Amy y Jo. Ambas vísceras y muy distintas, cuando la primera sienta que la otra le impide cumplir sus deseos, su venganza será cruel atacando lo que más le duele, quemando una obra suya. Jo ve evasiva y superficial a su hermana.

¿Intuía Jo que podía pasar lo que le ocurre a Amy en el hielo? El drama del hielo sirve para curar y enfados y limar asperezas, pero se intuye cierta maldad juvenil tras avisar Laurie que había que ir por los bordes, no por el centro de la laguna, ya que podía ser peligroso…

Sus presentaciones son interesantes.

 

 

A Jo se la presenta en un interior, entorno intelectual. Una editorial donde busca que la publiquen, para luego cogerla en el exterior correteando feliz por la bulliciosa Nueva York al conseguir algo de dinero con la publicación.

 

 

A Amy la presentan en exteriores, también relacionada con su arte, la pintura, en un glamuroso París, para acto seguido relacionarla con su tía, (Meryl Streep), que la tiene de acompañante. Demasiado afortunado encuentro con su amigo Laurie

 

 

A Beth la vemos en otro interior, pero en soledad, entregada a su pasión, la música, tocando el piano. Incluso su arte musical no aspira a lo universal o lo público, le satisface por sí mismo. Absolutamente honesta y romántica.

 

 

A Meg nos la presentan también en interiores, terminando su secuencia en un umbral, entre el exterior y el interior, algo consumida por la culpa. Estaría a medio camino entre las dos primeras.

 

 

Jo y Amy, tan contrapuestas, sigue caminos parecidos que necesariamente se distancian. Donde Jo rechazará la petición de Laurie de matrimonio, Amy hará lo mismo con el tal Fred… para casarse con Laurie.

Yo miraré”.

Jo (Saoirse Ronan) es la independiente e intelectual de las hermanas. Escritora, vende sus textos de forma anónima, haciéndose pasar por otra persona, aceptando las correcciones y sometiéndose a los requisitos comerciales que le piden (cosas picantes y sorprendentes sin discursos morales. 20 dólares el relatito). Hay algo de suplantación de su personalidad, de ocultamiento de su verdadero ser, quizá. Preferiría no ser mujer, de hecho es la más masculinizada en sus comportamientos. Querría luchar y acceder a todo aquello que parece sólo reservado al género masculino.

Muy bien su retrato. Una chica independiente, campechana, franca, visceral, con esas manos pintadas de tinta de dar rienda suelta a su pasión y vocación, distraída (se quema la ropa sin querer), fuera de banalidades, poses y superficialidades… También da clases para sacar más dinero y ayudar a su familia. Pasa a ser la cabeza de familia en ausencia del padre en ciertos aspectos. La familia lo es todo.

 

 

Es contradictoria. Presume de autenticidad, pero su impulsividad la lleva a hacer prejuicios y cometer errores, a cierta falta de empatía y sensibilidad, a la prepotencia. Pregona la sinceridad y autenticidad, pero se somete a las normas comerciales en sus textos y no acepta la crítica sincera y auténtica.

Es una interesante escena. La crítica constructiva del profesor, donde aprecia la falta de autenticidad aplicando su talento a estructuras manidas y comerciales, pero daña el ego de Jo. Ella esperaba el elogio vacuo y complaciente, mientras él prometió sinceridad en la valoración. Plantea esa dicotomía entre el autor y el crítico… No asimila bien la crítica, que se realiza sobre hacia donde encauza su talento, no a su talento en sí mismo.

 

 

Jo es el personaje con más recorrido y madurez, con más arco. La vemos continuamente ligada a escaleras, descendiéndolas en su proceso de madurez (ya comentaré el vínculo con el profesor, también esos descenso tras las convalecencias de Beth). Con el matrimonio de Meg siente otra pérdida, la primera, a su cómplice de sueños.

 

 

 

 

 

 

 

Acabará siendo el compendio de todas. Estoicismo silencioso, como su madre; generosa como Beth acompañando en la soledad a Mr. Laurence… y reuniéndolos en su sueño, la escuela familiar de múltiples disciplinas, todas esas que dominaban sus hermanas: literatura, arte, pintura, música, interpretación…. Y el libro publicado con mimo. Vida y obra.

Una vez alcanzada su madurez, a través de las pérdidas, las renuncias y el dolor, llegará la inspiración y la autenticidad, esa que pedía Friedrich. Por Beth. Donde el dolor la interrumpió en su creatividad, sólo escribía para Beth, terminará por inspirarla.

 

 

 

 

Amy (Florence Pugh) es la pintora. La vemos en París intentando hacerse un sitio y un nombre en el mundo del arte. Es una romántica empedernida, y la que parece tener más claro el funcionamiento social, si bien intenta ir contra esas convenciones que someten a la mujer. Parece tener claro su “deber” de casarse bien, pero cederá a su romanticismo. Su primera mirada a Laurie, cuando llega a casa ayudando a Jo y Meg tras un baile, la delata…

Amy se debate entre los dos mundos, el romántico y el artístico y el del postureo y el práctico. Seguir adelante con su espíritu artístico o ceder a lo práctico del rol social encomendado a la mujer y hacer un buen matrimonio. Casarse “peligrosamente” por amor o hacerlo como una propuesta económica complaciente. Al final se casará por amor, con un rico…

 

 

Posee ciertos complejos artísticos, quiere destacar como pintora, pero no siente que tenga una verdadera voz personal ni un talento sobresaliente.

De alguna manera, Amy, que siempre se sentía a la sombra de Jo, acaba teniendo todo lo que aquella anheló en algún momento: Europa, matrimonio adinerado (esto no era un deseo, pero sí un planteamiento en un momento dado) y por amor, Laurie

No, seré respetada si no he de ser amada”.

 

 

 

 

Meg (Emma Watson) es la actriz. Es muy aparente, amante de vestidos y fiestas, pero también sensible y comprensiva. Nos la presentan haciendo un excesivo dispendio al comprar tela verde por 50 dólares a pesar de estar casada con un humilde tutor que lucha por tener un abrigo con su escaso sueldo.

Para Meg la apariencia es importante, quizá tiene un punto de inseguridad. Como hija mayor recibe las mejores invitaciones sociales, que disfruta. Es un personaje que progresa y evoluciona, que madura, pero de una forma compleja, realista, realmente brillante. Cambia sus ínfulas artísticas y anhelos de fiesta por una familia, por su bondadoso marido, pero su cambio no implica que deje de gustarle aquello, que deje de sentir esos anhelos, de ahí que compre la cara tela verde… aunque luego la de vuelva.

 

 

Cuando Laurie critica su vestido (prestado) en una fiesta, así como que le cambien el nombre, en lo que el chico interpreta como una pérdida de personalidad, ella lo aceptará mal. Es la actriz, pero corre el peligro de perder su personalidad. Laurie se disculpará haciéndola entender que luce por ella misma, no por su apariencia.

Meg parece atrapada en un matrimonio que contradice su esencia, humilde, con el amable John Brooke (James Norton). Una vida de insatisfacciones que parece negarle aquello que más anhelaba, demasiado humilde para su ostentoso pensar (hará velados reproches)… pero a través de la madurez descubrirá sus prioridades y verdadera esencia, que es estar junto a ese gran hombre, sinceramente dolido y pesaroso por no poder darle todo lo que desea.

 

 

Así se lo planteará a Jo el día de su boda, convencida de su decisión, anteponiéndola a lo de ser actriz y los sueños que, en realidad, son de su hermana más que de ella. El fin de la infancia.

 

 

Beth (Eliza Scanlen) es la melómana. Le gusta la música y toca el piano con gran sensibilidad. Ella es la bondad personificada, sincera, íntima. Extremadamente tímida.

Su bondad es genuina, no tiene ambiciones, ni siquiera desde sus talentos, vive para su familia y la gente que quiere. Además parece recoger ese testigo generoso de su madre, siendo la única que cumple su petición de atender a los Hummel, la humilde familia que vive cerca de ellas.

 

 

 

 

Su bondad y generosidad recibirá el premio del regalo de Mr. Laurence (Chris Cooper), ese piano con el que le deleita cuando va a tocarlo (en recíproco regalo tras llevarle Beth unas zapatillas hechas por ella misma), pero también será contagiada con la enfermedad que portan los Hummel, que se llevó a un pequeño por el camino.

Es casi un personaje alegórico, donde su bondad es cohesionadora, pero también fácil de mancillar o dañar, manchar. Mr. Laurence la toma como sustituta de su hija fallecida.

 

 

 

 

Los bailes o relaciones sociales también desarrollan sus personalidades. A Jo y a Beth no parecen interesarles especialmente, pero a Amy y Meg les apasionan. Jo se aburrirá, será cuando conozca a Laurie, pero, en cambio, bailará con ganas tras salir del teatro, lugar donde se encuentra con el profesor, allí en Nueva York, años después. Es decir, le gusta bailar, pero no los contextos habituales. Beth no suele frecuentarlos.

Para Amy y Meg son auténticos acontecimientos, Meg los goza y exhibe sus vestidos, Amy anhela ir cuando no la dejan…

 

 

 

 

Una escena de baile es perfecto símbolo del carácter de Jo y también de Laurie. Apartados del bullicio del entorno, en una estancia más oscura, a la luz de una hoguera, ambos intimarán y forjarán su amistad, bailando en soledad, por los exteriores de la casa, ajenos a los modos sociales del entorno. Un baile anárquico, loco, libre…

 

 

También las veremos interpretar una obra de teatro escrita por Jo, manifestación de su amor por el arte, en las Navidades, para todo el que quiera verla, especialmente jovencitas y niñas, en la que participarán todas.

El tema del piano que los Laurence invitan a tocar a las March es redundante, se menciona en un par de ocasiones cuando había quedada clara la invitación y que lo usaría Beth. No se aprecia esa amistad entre Beth y Mr. Laurence, aunque hay algún buen momento como cuando lo descubrimos como oyente silencioso y emocionado.

 

 

 

 

De alguna manera, los padres son la base de los valores de las chicas, como suele ser lógico. Marmee March, la madre que interpreta Laura Dern, es absolutamente generosa y abnegada. Sus silencios hablan más que los demás discursos. Ella sabe lo que no se dice (la decepción de Jo al ver el compromiso de Amy y Laurie, por ejemplo). Sabe de sus defectos y ha aprendido a controlarlos, conducirlos o educarlos, como le explica a Jo. Apelará a la generosidad de sus hijas con unas Navidades sin regalos y entregando su copioso desayuno a una familia más humilde aún, que no tiene nada… Un acto generoso que recibirá su contrarréplica desde la casa de los Laurence, adinerados y también generosos, que repondrán con creces ese desayuno que entregaron.

 

 

La Tía March, que encarna Meryl Streep, sería casi el opuesto de Beth. Personifica las convenciones de la época. Ella es pura practicidad y convención, basando sus principios y maneras de moverse en la vida en función del dinero, que a ella le sobra. Casarse bien, ser rica por herencia, abrir un burdel o meterse a actriz como salidas para las mujeres… Ella tiene las ideas claras.

Se puede tener razón y ser estúpido”.

Greta Gerwig lograr una estupenda ambientación a la que saca partido con buenos planos generales y el uso de exteriores, lo que se agradece. Nueva York, París, praderas en Concord, en Massachusetts… Además utiliza ciertos rasgos de estilo o puesta en escena, algunos interesantes, otros innecesarios, pero su trabajo tras la cámara es bueno.

 

 

Observen el juego con las alturas entre Jo y ese profesor romántico que conoce en Nueva York, tanto en el teatro como luego en la tasquita donde bailan. Ella siempre en escaleras, como desde una escalera descenderá cuando el muchacho acuda a visitarla al final del film.

 

 

Utiliza en varias ocasiones, sobre todo al inicio del film, la cámara lenta de una forma algo redundante e innecesaria.

Las confesiones amorosas o declaraciones, serán al aire libre, como corresponde al amor (LaurieJo; AmyLaurie). Planos a cámara, un recurso que repentinamente aparece al final del film. Jo mirando a cámara recitando su misiva al señor Dashwood (Tracy Letts), el editor, sobre su novela… Y recibiendo contestación con la misma planificación.

 

 

 

 

Tenemos planos playeros, para amores florecientes y felicidad, que son dignos de Sorolla.

La música de Desplat es hermosa.

 

 

Funciona muy bien como cinta feminista porque el material original es estupendo. Más allá de varias escenas redundantes y sobreentendidas, su mirada es sana. Incluso es interesante cuando cambia el foco y vemos la historia a través de la mirada masculina, sobre todo la de Laurie, un estupendo Timothée Chalamet. Un chico tímido que terminará entrando en esa “femenina” sociedad de las March junto a su abuelo. A través de él, una vez ayude a Jo a llevar a casa a Meg tras lesionarse en el baile, veremos esa estampa familiar y de felicidad en esa casa.

Perezoso, inmoral y miserable”.

 

 

Hay varias escenas que redundan en la tesis feminista del film, que es obvia por la propia naturaleza de la trama. Su gran problema es la verbalización de lo ya sabido, incluso si las cogemos por separado vienen a decir lo mismo… Como la Tía March explicando los caminos marcados y limitados para la mujer; como Amy lamentándose de eso mismo, las limitaciones que tienen las mujeres para ganar su propio dinero de manera natural, sin ser un genio que destaque sobre todos, por ejemplo pintando, como a ella le gusta: como Jo, que se rebela ante la idea de que la mujer sólo esté destinada al amor, al casamiento, cuando son más que un corazón, son talento e inteligencia, planteándose someterse a la convenciones… redundan en ideas que ya habían quedado expuestas y claras, incluso enunciadas…

Como mujer no hay manera de que produzca mi propio dinero, no lo suficiente para ganarme la vida o mantener a mi familia. Y si tuviese mi propio dinero, el cual no tengo, ese dinero le pertenecería a mi marido en el momento de casarnos. Y si tuviéramos hijos sería de ellos, no mío”. “No te quedes ahí sentado sosteniendo que el matrimonio no es una propuesta económica, porque lo es”.

Están eliminando la competencia”. “¿Las Bronte?

Siento que las mujeres tienen mente y tienen alma, no solamente corazón, y tienen ambición y tienen talento, no solamente belleza. Y estoy harta de que digan que la mujer sólo sirve para el amor”.

 

 

Se expone también el sinsentido romántico, que sí pueden permitirse los hombres, visto el papel encomendado a la mujer en esa sociedad. El romanticismo sólo sirve al hombre.

El final complaciente y comercial con el matrimonio repentino es un guiño metalingüístico, con toque feminista contra las convenciones.

Laurie, o Teddy, Theodore Laurence (Timothée Chalamet), es un encanto de muchacho. También bastante ajeno a esa sociedad de convenciones, pero que le beneficia por ser hombre. Será un abnegado amigo y fiel compañero de la familia March.

Aunque no valora todas sus ventajas como harán ellas, lógicamente, al haberlas tenido y dado por sentadas toda su vida, gustará de compartirlas y disfrutarlas junto a ellas (pinturas, libros, piano). De hecho, las hermanas pondrán un poco de luz, vitalidad y anarquía en ese sobrio entorno en el que vive Laurie junto a su abuelo y su tutor. Será admitido como una más en el club de damas, con el vínculo de una llave que él mismo entrega.

Es lógico que le atraiga Jo, a la que considera más auténtica en principio. Esto lo demuestra sus críticas a Meg cuando la ve con un vestido prestado y que la llaman de otra manera.

Es impulsivo, vivaz, va contracorriente, prefiere la amistad de las March que las de su entorno. Rechazado por Jo, aceptado y amado por Amy en secreto, pasará su tiempo de depresión por el rechazo hasta que se dé cuenta de sus sentimientos por Amy.

 

 

Nuestras protagonistas pasan mucho tiempo sin su padre, que está en la Guerra Civil americana, capellán en el Ejército de la Unión. Todas colaborarán para mantener la casa a flote, incluso cortándose su preciado pelo, como hace Jo, para conseguir dinero y que Marmee vaya a atenderle cuando cae herido…

La mirada hacia los hombres es extremadamente positiva y sin ambigüedades. Desde Laurie a su abuelo, desde el padre de las March al profesor Friedich, desde los distintos pretendientes o secundarios hasta ese editor conservador anclado en las viejas costumbres que arriesga con el libro de Jo ante el entusiasmo de sus hijas al leerlo, recibiendo una lección de las nuevas generaciones, público femenino joven.

 

 

Mujercitas” es una gran historia, por lo que es complicado hacer una mala película. Esta aporta más bien poco a lo ya conocido, pero desde luego extrae la esencia necesaria de la gran novela de Louisa May Alcott.

 

 

 

sambo

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