KENNETH BRANAGH
3/5
–Los personajes
Fijaos, pues, ahora, en el resto de personajes. La mayoría están emparejados de alguna forma o ansían estarlo como móvil. Y sus principales motivaciones están relacionadas con el amor o las pasiones de forma que completan y complementan la historia principal, dando diversos matices al mencionado tema vertebral de la película, su esencia conceptual. El amor, las pasiones y el dolor.
“Cuando se es rica, nadie es de verdad tu amigo”.
Se retrata el amor en todas sus facetas. Y en todas ellas se torna enfermizo. El amor pasional (Jackie y Simon), el idealizado y romántico (Linnet), el tóxico (Jackie), el secreto que lucha contra imposiciones adversas (Rosalie y Bouc), el no correspondido (Jackie, Windlesham), el interesado (Andrew), el de madre (Euphemia), el añorado y convertido en recuerdo (Poirot), el que va contra las normas imperantes (Marie Van Schuyler y la señora Bowers)… Es espléndido el partido conceptual que se saca a la trama para desarrollar el subtexto.


–La primera pareja tiene una presentación excepcional. Jacqueline de Bellefort (Emma Mackey) y Simon Doyle (Armie Hammer). Y su presentación es excepcional porque marca el tono del film de manera coherente con su temática conceptual y, además, no engaña. Luego la trama nos podrá despistar o no, pero ese baile… amigos… Un baile más que sensual. Vamos, casi un polvo danzarín, sudoroso, morboso, que desprende sexo y pasión… Dos que bailan así se desean bastante… Ella irá de rojo, distinguiéndose sobre todo el salón, mientras que él va con su bigotito de galán de época.
“Un amor tan intenso no se desvanece”. En esta frase, Jackie da bastantes claves… Su perturbación es retratada por Branagh en planos más cercanos para ella y Poirot en su primera conversación ya en Egipto. Poirot y Jackie tendrán algunas de las mejores y más íntimas conversaciones de la película, como si buscaran un cómplice que los entendiera…
“Por algo el corazón es el símbolo del amor. Si se para, morimos al momento”.
En esta misma secuencia del baile, y como en un espejo, se nos presentará también de manera excepcional al tercer miembro de este triángulo amoroso, el personaje en el que confluyen todos los demás. Linnet Ridgeway (Gal Gadot). Su aparición también la distingue y enfatiza Branagh desde el estilo. El centro de atención, su traje gris, la cámara lenta, los focos, el primer plano… Una chica de rojo y otra de gris, donde desde los colores ya marcamos diferencias. Anotad esto del color, ya que Jacqueline siempre irá vinculada al rojo de distintas formas. Se resalta, además, a Linnet con un recurso sonoro, donde lo extradiegético se superpone a lo diegético. La música.


Ellas son amigas y… ¿de qué hablarán? Pues de amor. El compromiso de Jacqueline, su enamoramiento, lo mucho que folla con su semental Simon… y la amistad verdadera que habría demostrado a Linnet, de las pocas a las que nunca interesó su dinero, porque Linnet tiene un montón… Una Linnet que se mostrará generosa en su regalo de compromiso, pero Jacqueline sólo querrá el favor de que le dé un trabajo a Simon.
“Simon, cariño, te presento a la mujer de oro. Lo prometido. La divina Linnet Ridgeway”.
Por supuesto, la conexión entre Simon y Linnet se escenifica de inmediato con miradas deseosas que casi indican que se conocieran de antes. Así, en esta secuencia a modo de espejo, bailarán, como bailó antes Simon con Jacqueline. Un segundo baile de sensualidad creciente.
“Tú eras la única a la que no le importaba el dinero”.
La incomodidad final de Jacqueline en la secuencia no me convence nada. Aunque pueda entenderse que el gesto lo dedica a quién esté mirando, por si acaso, que pudiéramos interpretar que “está metida en el papel” por ser todo una ficción, un engaño, me resulta tramposo. ¿Es necesario hacer eso? Resulta algo tramposo porque, salvo para Poirot, ese gesto está dirigido al público, al espectador, ya que se supone fingido. Y muy sutil…
“El amor importa demasiado para creer en Dios”.


Pensar que en esa arrebatada relación Jacqueline podría sentirlo realmente es demasiado forzado, porque casaría mal con eso de “ceder a tu hombre para que se folle a otra”, así como la manifiesta frialdad planificadora de Jacqueline, capaz de matar y urdir todo ese plan para alcanzar su objetivo. Dramáticamente funciona porque pone sobre aviso al espectador de lo que vendrá, pero no se puede obviar que está entre lo manipulador y lo tramposo.
Lluvia, morbo, glamur y Jazz para esta secuencia.
“Simon me ama a mí… Simon me ama. Lo sé. Aunque él lo haya olvidado, deslumbrado por ella”. “Le quiero, le quiero con locura. Cada minuto del día. No es algo que yo pueda evitar”. “El necesitaba lujo… y yo a él”.
A estos tres personajes clave, Jacqueline, Simon y Linnet, se les presenta en esa primera secuencia en Londres, en el café. Y a dos más, las Otterbourne.

–Vayamos con Bouc (Tom Bateman), personaje conocido de la primera entrega, el joven amigo de Poirot, al que se nos presenta con una cometa (roja y verde, él de rojo y la cometa verde) en las pirámides de Egipto. Elemento excéntrico y colorido. ¿Tiene alguna relación con el amor o la pasión este personaje? Por supuesto. Enamoradísimo de Rosalie Otterbourne (Letitia Wright), relación que debe mantener, por el momento, en secreto, ya que su madre no la acepta.
“Ya sé que me da cien vueltas en todo, y aún así me quiere… Esa es la única pega que le veo”.
Bouc tiene una pasión arrebatada hacía Rosalie, con un arco en el que debe superar la oposición y dependencia materna.
“Toda mi vida solamente he pretendido ser un divertimento para los demás, pero para Rosalie… quiero ser bueno”. De nuevo el amor…
“Usted nunca comprenderá lo que una persona puede hacer por amor”.


Rosalie también está invitada por los recién casados a esa Luna de Miel, ya que fue compañera de clase de Linnet y es la única que tendría un afecto sincero por ella.
Tanto Rosalie como Salomé Otterbourne serán presentadas de espaldas.




–Annette Bening interpreta a Euphemia Bouc, la madre de Bouc. También tiene relación con el amor, pero de otra manera. Lo odia y lo proyecta hacia su hijo, al que controla en toda dirección a ese respecto. Es la escéptica en estas cuestiones del amor… porque su amor asfixiante por su hijo lo es todo. Conduce su amor hacia su hijo de manera obsesiva. Un amor hacia su hijo opresivo y castrador.
“El amor no es paciente ni bondadoso. Es envidioso, jactancioso, y le trae sin cuidado a quién machaca. Enfurece, irrita, lleva la cuenta de toda transgresión en su contra y Dios sabe que fracasa. Al igual que un rostro envejece, el amor fracasa”.

–Tenemos a una comunista, Marie Van Schuyler (Jennifer Saunders), y su asistente, la señora Bowers (Dawn French), que, en principio, podría pensarse que quedan al margen de estas reflexiones sobre el amor y la pasión, pero no. Una madrina comunista que desprecia la riqueza de su ahijada y la enfermera de ésta… Bowers es una rica venida a menos con una fortuna perdida a manos del padre de Linnet.
“Su sirvienta no es sirvienta, ni enfermera. Sólo compañera”.
“Pongamos nombre al motivo: Amor. Y sé una cosa. Las personas matan por amor”. Siempre el tema estrella.
Marie Van Schuyler es una hipócrita de manual que hará críticas veladas hacia la adinerada Linnet. Vive una relación lésbica, mal vista por la sociedad imperante, por lo que la oculta.
–Schuyler: El dinero es la esencia alienada del trabajo y la existencia del hombre.
–Euphemia: El dinero es el único amigo fiable para una mujer.
“Repartíamos riqueza cuando la había”.

–Un doctor que, además, es ex pareja de Linnet. Windlesham (Russell Brand)… Un ex desconsolado y taciturno, aún enamorado. Un hombre aún enamorado de Linnet, consciente del ridículo de estar allí… pero inevitable. Hay en él un patetismo emotivo. El amor que hace perder la dignidad, aunque no importe. Es el amor no correspondido.

–La asistente de Linnet, Louise Bourget (Rose Leslie), a la que se presenta embelesándose con una de las joyas de Tiffany & Co. de su jefa. Este personaje también tiene su historia de amor frustrado y diferencias con su jefa por eso mismo… Una mujer dolida por la intromisión de la que es su jefa en su vida personal, cuando estaba prometida con un hombre, obligándola a la dependencia. Linnet se interpuso en la relación que tenía su asistente…



–El primo Andrew Katchadourian (Ali Fazal), administrador de la familia… Muy apegado a Linnet… por lo que saca de ella… Amor más o menos familiar, pero en esencia interesado.
Es interesante cómo está tratado el personaje de Linnet. Lo conocemos más por los comentarios del resto que por lo que vemos de ella mientras está viva. Es un personaje trágico, que vive en el miedo, que no confía en nadie y ve las relaciones como una condena debido a su dinero que, paradójicamente, le otorga su estatus privilegiado. Mientras está viva, Linnet es alegre, parece llevarse bien con todo el mundo, es amable, apasionada… y tiene miedo. Su retrato en vida no se corresponde con las ambivalencias o lados oscuros que insinúan algunos de sus supuestos amigos. Nadie, o casi nadie, parece tragarla del todo. En parte es víctima de la educación de su padre… o de la personalidad y comportamiento de aquel, que es comparado con un gánster. Pedirá, en su temor, ayuda y protección a Poirot varias veces.
Muchos comentan que era una mujer difícil, problemática, tiránica. Salomé y Rosalie relatarán un episodio racista de cuando era niña… pero nada de esto se aprecia en su retrato vital de mujer apasionada y generosa… y clasista.

Los temores de Linnet son lógicos, ya que Jacqueline expresa sin tapujos su obsesión y decisión de recuperar a Simon. Mostrar su pistola a Poirot es una amenaza velada, así como un buen punto para su coartada.
Simon parece un garrulillo con atractivo. El típico semental cazafortunas al que le gusta follar y vivir bien. Mostrará una ingenuidad que nunca llega a la tosquedad, así como sus reticencias, lógicas, a renunciar a su Luna de Miel.



Comenté las presentaciones de los principales protagonistas, especialmente en la introducción en blanco y negro y en la escena del baile en Londres. Son las más elaboradas. El resto son más breves y sencillas, por ejemplo las de Marie Van Schuyler y su “asistente”, Andrew y Windlesham… Presentaciones eficaces, que con pequeños toques dan claves de los personajes: la comunista y su “explotada” asistente, el liante abogado, la ambiciosa asistente de Linnet, el taciturno ex…
La de Annette Bening tiene algo más de jugo, y con ella se juega con algún cebo, como el de la pintura roja, sutilmente mostrada.
Luego hay cierta redundancia con los apuntes verbales de Bouc a Poirot.
Por supuesto, todos los personajes mienten, son falsos y ocultan cosas. Incluso la madre de Bouc, que tenía contratado a Poirot para otro caso “más personal”. De hecho, hasta Poirot miente y tiene su máscara, ocultando a su amigo Bouc que trabaja para su madre para investigar a las Otterbourne.

La excepción a tanta deshonestidad parece ser Rosalie Otterbourne, que pondrá a parir a Poirot por sus investigaciones hacia ella, lógicamente.
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3/5


