MUERTE EN EL NILO (2022) -Parte 1/3-

MUERTE EN EL NILO (2022) -Parte 1/3-

KENNETH BRANAGH

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kenneth Branagh logró un gran éxito con su primer Poirot, “Asesinato en el Orient Express”, donde tuvo elogios y críticas, claro, donde muchos puristas o gente que tenía en mente otros Poirots no terminaron de tragar con su visión, pero la taquilla terminó dándole la razón para seguir con la serie del famoso detective. La cosa es que todo se complicó…

Lo tenía todo en contra “Muerte en el Nilo”. Retrasos, la pandemia, difícil estreno en cine, un actor cancelado… Y aún así funcionó estupendamente. De hecho, su primer Poirot resistió a otro actor cancelado, Johnny Depp. Depp y Hammer, dos villanos caídos en desgracia pero mantenidos por Branagh. Es cierto que los resultados de taquilla empeoraron respeto a la primera, pero era algo previsible con el miedo a ir a los cines. El éxito ha sido concluyente, por eso llegó la tercera entrega.

Estas adaptaciones de las novelas de Agatha Christie son de esos proyectos “medios”, como yo los llamó, de Branagh, donde mezcla lo comercial con lo personal. Y es que, más allá de las exigencias puristas, las películas están muy bien trabajadas, con mimo en muchos aspectos y el riesgo de dar una visión novedosa del eterno detective.

Sí, Poirot evoluciona y cambia, se pretende dar un sentido e indagar en aquello que forjó su peculiar carácter. Se le humaniza. Esto, por supuesto, creará debate, afinidades y discrepancias, pero es meritorio, al menos tal y como lo está llevando a cabo Branagh. A Poirot se le cuestiona en lo personal, a Poirot se le indaga, se le busca explicación, sentido, se le escrudiña su personalidad y, como humano que es, es capaz de evolucionar y cambiar, algo inaudito en sus otras versiones.

Si en la primera cinta Poirot veía cuestionados sus estrictos principios morales donde sólo veía bien y mal, negros y blancos, para terminar descubriendo un mundo de complejos matices, de grises, aquí lo veremos evolucionar y cambiar en el ámbito sentimental. Poirot cambia aquí a través del amor y la pérdida. En ninguna de las dos películas nuestro genial detective termina igual que empieza.

Yo soy Hercule Poirot. Nadie me dice nada. Tengo ojos que ven y un cerebro que piensa. Y lo que piensa de usted no es bueno”.

 

 

Un Poirot consciente de sus defectos, acorde con esa humanidad buscada, que muestra debilidades e incomodidades al no terminar de encajar, refugiado en su especial talento como protección. Es consciente de su rareza y peculiaridad, la sufre y lidia con ella con su ego como coraza.

Muerte en el Nilo” es una película glamurosa y elegante, pero algo falta de fisicidad en ese Egipto con exceso de croma y demasiado woke. No es que la fisicidad sea un elemento imprescindible en una aventura de Poirot, pero suele restar artificio.

La presentación de nuestro detective, en un flashback que se saca el origen del mostacho de la manga de manera bastante satisfactoria, vuelve a ser excelente. En ella veremos a un joven Poirot dispuesto a entrar en combate. Allí demostrará sus cualidades y particular inteligencia ante una misión suicida. A través de los pájaros, el viento y los gases, logrará camuflar su avance. Toda la secuencia es magnífica, como magnífica es la primera aparición de Poirot, el agricultor Poirot, con una panorámica de abajo hacia arriba para que lo descubramos sin bigote. En contraste con el que luce su capitán.

En realidad, tanto a Poirot como a varios de los otros personajes, se les presenta en más de una ocasión…

 

 

 

La película se ambienta en dos fechas, 31 de octubre de 1914, en la Gran Guerra, en el Puente de Yser, en Bélgica. Y en 1937, desde donde se desarrollará la trama principal, en Londres, con sus elipsis temporales, y luego Egipto, claro. A Egipto, emergiendo del agua del río Nilo, llegaremos 6 semanas después de pasar por Londres. Volveremos a emerger en un plano posterior, tras el asesinato de Linnet, de las aguas del Nilo, tras sumergirnos en el plano anterior para ver a un pez mordisqueando un pañuelo… Y seis meses después de los acontecimientos en el Nilo, regresaremos a Londres en una fantástica transición entre ríos…

Pero vamos con Poirot. Poirot es la mirada. Incluso en insertos, con sutiles gestos, la mirada de Poirot marca claves en el film, ya sea al extrañarse vagamente por el susto que agita a Linnet cuando su marido descorcha una botella de champagne o ante la reacción de la asistente de Marie Van Schuyler (Jennifer Saunders) cuando se menciona una propiedad en Londres…

 

 

Relaciones, amor y dolor

Cuando amas a una persona, la amas sea cual sea su ánimo y a pesar de sus cambios a lo largo del tiempo. Sus peores cualidades son una leve molestia, sus defectos son pequeñeces… Y resulta… que yo te amo”.

Muerte en el Nilo” va sobre las relaciones, las pasiones y el amor. Si os dais cuenta, todas las tramas y subtramas, todos los personajes, están íntimamente vinculados a estas ideas, dando un aspecto distinto cada una, una visión complementaria al todo. Y todas ellas se proyectan en Poirot, claro, de manera emocional.

Unas historias de amor y pasiones exacerbadas que tendrán su impacto en nuestro protagonista. Poirot no es insensible a sus casos ni al drama humano. Le afectan, le influyen, lo intelectual se filtra en lo humano, no le es ajeno. Aquí, por tanto, se abrirá al amor.

La fiebre del amor: “Una vez la sufrí y caí enfermo. Me bastó para arrepentirme de por vida”.

 

 

En la primera entrega, Poirot se replanteaba sus férreos y estrictos códigos morales. Aquí se replanteará los sentimentales. Personaje con arco que nunca acaba como empieza la película. Atormentado. Novedad en su Poirot, el de Branagh.

Yo no me equivoco”.

Bouc: No, no. Él acusa a todo el mundo.

Poirot: Es un problema, lo admito.

 

 

Sí, este será el arco que recorrerá Poirot. Es con él con el que comenzamos esta idea conceptual, cuando su amada Katherine, con la que está comprometido, le dé unas lecciones de amor con las palabras que abren este punto. Sienta así sus bases temáticas Branagh.

Después de Katherine me convertí en lo que sea que soy ahora”.

El bigote, el mítico bigote de Poirot, será el símbolo perfecto de esta evolución en el personaje. De ahí que aquí se le dé una explicación a su origen. Una herida de metralla en la cara.

Poirot: ¿Qué pasa con esto?

Katherine (Susannah Fielding): Es fácil. Te dejarás bigote.

 

 

Se insinúa un interés amoroso, además de artístico, de Poirot hacia la cantante Salome Otterbourne (Sophie Okonedo). Una admiración obvia que el detective no puede remediar.

Escribir tragedia es sencillo. Yo sólo imagino alguien a quien quiera ver sufrir. Entonces me lo imagino enamorado”.

 

 

Poirot acusará todas las relaciones que acontecen en la película, haciéndole madurar y evolucionar, esa novedad incluida por Branagh en el personaje. Lo veremos recordar a Katherine ya en el barco para mostrar esa atadura al pasado y el tema principal del film que se irá desarrollando.

Al final, Poirot romperá esas barreras que lo mantenían ajeno a los sentimientos desde el dolor de perder a Katherine. Esto, como comenté antes, vendrá simbolizado con el bigote. El bigote será ocurrencia de la mismísima Katherine para ocultar la cicatriz de sus heridas de guerra, para ocultar el dolor. Al final de la película, el famoso detective se habrá desprendido de él. Será en la última escena. También parece ser bien recibido como recuerdo a ese capitán que le hizo caso, pero murió en combate en la primera secuencia.

 

 

 

Un Poirot enamorado o, al menos, predispuesto al amor, dejándose llevar por los sentimientos, irá a ver, en la secuencia final, a Salomé, la cantante que habló de la máscara que lo cubría, prescindiendo de su bigote para cerrar un nuevo arco en este complejo personaje… y en la estructura de la película, circular en cierto sentido, ya que Poirot conoció a Salomé en otra actuación al inicio del film. En Londres.

El amor… siempre cambiante”.

Es precisamente Salomé la que calará a Poirot: “Fuera quien fuera debió de hacer estragos en usted. Esa máscara le cubre toda la cara, ¿verdad?”.

Salomé mantendrá una conversación sobre las relaciones con Poirot en Abu Simbel. Ella desprende autenticidad, está de vuelta de todo en esto del amor, con maridos abandonados como huellas en una playa en otras vidas. Son polos puestos, pero de alguna forma desnuda las carencias afectivas del detective, aquello a lo que renunció en su dolor. El Poirot más tierno y entrañable, a la vez que patético. Un solitario que aspira a cultivar nuevas modalidades de calabacines. Encantador momento.

 

 

Un Templo de Abu Simbel simbólico, dedicado al amor, donde Bouc y Rosalie muestran su amor sin miedo; Poirot y Salomé, como he comentado, hablan de relaciones; donde Linnet y Simon se entregan a la sensualidad…

¿Qué diría Cleopatra?”. “Dichoso el caballo que soporta el peso de Antonio”.

Dime, ¿dónde está mi serpiente del viejo Nilo?”.

 

 

En una narración de toque circular, donde Poirot acudirá en Londres a otra actuación de Salomé Otterbourne, todo ha cambiado. Sin bigote, sin multitud y sin frenesí erótico, se sentará a escuchar el “Stand By Me” de la artista. Es un paso adelante, ya que, en su despedida, en el Nilo, se mostró tímido, timorato, ante ella. Se ha desprendido, en la medida de lo posible, de esa otra máscara, finalmente.

Poirot volverá a mentar a Dios en esta película, pero en un tono diferente. En la anterior era irónico, pero no hacia Dios, sino respecto a los valores de los asesinos: “Su Dios”… Aquí apelará a él para tratar de convencer a Jacqueline de Bellefort de seguir otro camino más adecuado al que lleva.

Además, son decenas de frases donde los personajes, cada uno desde su punto de vista, hablan y reflexionan sobre el amor. Iré dejándolas por el análisis.

 

 

Linnet: “Esto es amor. No es un juego limpio. Aquí no hay regla alguna”. Ya sabéis, en el amor y en la guerra, como esa que vimos al inicio…

Hay infinidad de referencias en todos los sentidos. Ramsés II y Nefertari: “Estaba enamorado”.

Ya es una cruz estar casados toda la vida, pero estar uno junto al otro toda la eternidad es inhumano”.

Esto no interfiere en las cualidades del detective, que sigue igual de preciso, maniático, excéntrico y egocéntrico.

Bouc: Porque es el mejor detective que hay.

Poirot: ¡Oh, que exageración! No, en realidad tiene razón.

Euphemia: Usted es el hombre más ridículo que he visto en toda mi vida.

Poirot: Ya me lo han dicho más veces.

Una persona enamorada haría lo que fuera. El amor nos empuja a ser temerarios…”.

 

 

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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