MINARI. HISTORIA DE MI FAMILIA (2020) -Última Parte-

MINARI. HISTORIA DE MI FAMILIA (2020) -Última Parte-

LEE ISAAC CHUNG

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Familia.

Lee Isaac Chung plasma con cariño y sutileza los resortes y mecanismos por los que funciona y se rige su familia. Las manipulaciones, las jerarquías y sordas luchas de poder… Estos resortes tienen en David (Alan S. Kim), el hijo pequeño, un pilar fundamental.

El padre, Jacob (Steven Yeun), tratará de convencerse del beneficio del cambio de residencia a través del niño. Y a la vez tratará de manipularlo para que éste convenza a su madre. Es orgulloso, con difusas prioridades para Monica, necesita sentirse valorado.

Compondrá escenas duales, con la madre y el hijo hablando de la abuela y, anteriormente, con el padre y la hija hablando de la conveniencia de sembrar vegetales americanos.

Se habla en ciertos lugares de una crítica al sueño americano y demás. Esto es muy residual. De hecho, aunque con dificultades (algunos deben pensar que el sueño americano es prosperar sin esfuerzo), cumplirán su sueño. Tampoco se enfatizan las divergencias culturales, centrados, como estaremos, en la rutina de esa familia, pero cuando aparecen siempre es ligadas al sutil humor.

Préstamos, arreglos, trabajadores, un tractor…

 

 

Hay un conflicto de egoísmos, donde el hombre tiene o parece tener preeminencia. Ellos emigran y llegan a Arkansas porque Jacob tiene una visión, su sueño e idea, al que siguen su mujer e hijos. Está bastante bien plasmada la resignación silenciosa y consciente, muy oriental, de las mujeres… y también el estoicismo de los hombres.

 

 

Entre el padre y la madre no hay sexualidad. Es una relación asexuada en la que observamos cierta extrañeza y una afabilidad que no es sexual en ningún momento. Se sostiene en un concepto de la lealtad, más que en otra cosa. Ni siquiera varía cuando las cosas mejoran.

Monica desconfía, siente que no cuentan con ella, se ve zarandeada por las voluntades de Jacob, que está dispuesta a asumir hasta cierto punto…

Las cosas mejorarán finalmente en lo profesional cuando Jacob encuentra un comprador a su mercancía, pero aún queda una catarsis personal. Esta llegará en esa discusión (saliendo de formalizar el trato profesional) en la que Monica manifiesta su pérdida de confianza en él, sintiendo que da preeminencia al dinero ante su familia. Ambos actores están muy bien, con grandes primeros planos y mucha contención.

 

 

No faltará el retrato del legado, las enseñanzas y consejos de un padre a su hijo. Enseñanzas, costumbres… usar la cabeza para no gastar (pagar), por ejemplo.

 

 

Con la abuela se insinúa cómo afecta de distinta manera en la mujer la presencia del hombre, su unión matrimonial, haciéndola dependiente, el objeto vital de su existencia. Es decir, lo observamos en Monica (Yeri Han), que con sus dudas, acepta y sigue a su marido en sus sueños. En cambio, la abuela, de una generación anterior, es ajena al tópico de esa mujer abnegada y tradicional, ya que perdió a su marido en la guerra. Eso dotó a su vida de tal libertad que sus propios nietos no la ven con una abuela, ya que “no hace cosas de abuela”. David, de hecho, suplica por una abuela convencional, que cocine, y no que le guste la lucha libre, decir tacos, jugar a las cartas… y no cocinar.

Soonja (Yuh-Jung Youn), la abuela, será elemento de cohesión y, a la vez, de desavenencias. Monica la querrá muchísimo, se pone como una adolescente nerviosa ante su llegada. Siente devoción por ella, ya sea por identificación o por empatía.

 

 

En cambio, con David mantendrá la relación más interesante y encantadora de la película. Esta relación es la que eleva la película a otro nivel. La ternura, el humor, la calidez y candidez que poseen todas las escenas en las que David interacciona con la abuela son espléndidas.

 

 

Rezuman naturalidad por todos los poros. Esa primera secuencia con la castaña que la abuela pela con los dientes ofreciéndosela a David, que mira perplejo con cierta cara de asco mientras la madre le anima a comérsela, es genial y entrañable. Aquí la abuela entregará unas cartas como regalo a David, ese objeto será clave en la evolución de la pareja.

David tiene manía a su abuela, no ve con buenos ojos su llegada, incluso la culpará de todos los problemas y discusiones en casa. Su convivencia es tan difícil como divertida (ese picado con David despierto en la noche soportando los ronquidos de su abuela). Dejan muchos momentos para saborear: la mirada de David a su abuela en la reunión tras la ceremonia religiosa, una vez ella hace referencia a su “pene quebrado”, motivo por el que moja la cama (sutilmente hilarante); la venganza del niño con la orina…

Lo gracioso es que esa abuela es mucho más divertida que sus sosos nietos, en la flor de la vida. Juega, explora, bebe, dice tacos y ve cosas entretenidas en la televisión para desconcierto de esos niños.

 

 

La venganza de David también es divertida, dando de beber su orina a la abuela, en honor a ese pene averiado del que ella se burla.

Es interesante también el juego con la orina, clave en la evolución de esta peculiar pareja. David mojará la cama, quizá por esa tensión familiar que vive o por lo que sea. Al llegar su abuela, se burlará de él, diciéndole que tiene el “ding dong” estropeado. David, en venganza por la actitud de su abuela, le dará a beber su propia orina, recibiendo un posterior castigo (más o menos). Finalmente, tras la absorción de la abuela de los males del nieto, será ella la que mojará la cama…

 

 

 

Nieto y abuela irán acercando posturas, que Lee Isaac Chung retrata con sencillas estampas para las que había ido planteando cebos. La primera será cuando los veamos juntos viendo la lucha libre, que antes veía sola la abuela para desconciertos de sus nietos. Luego los cuidados a la pierna de David cuando se le caiga un cajón encima… Bromas y complicidades crecientes.

 

 

 

 

 

En una escena posterior, veremos a David enseñando el juego de cartas que le regaló la abuela a un amigo. Un juego de cartas del que se siente orgulloso. Incluso imitará a su abuela diciendo tacos durante el juego.

 

 

Finalmente se produce una especie de fusión mística. La abuela siempre se mostrará vacilona y cariñosa con su nieto a pesar de los desplantes. Lo defenderá incluso cuando lo de la orina, confiará en él…

David tiene el corazón débil, por lo que siente el miedo a la muerte, incitado, en cierta medida, por su madre. En cambio, su abuela le dará confianza, le dirá que es fuerte, todo lo contrario a la sobreprotección de la madre. En una noche de confidencias, el nieto bajará de su cama para dormir con su abuela, necesitado de esa protección. Una abuela en la que cobijarse de sus miedos, lazos uniéndose. Protección, confianza, miedo. Momento en el que todo cambiará.

 

 

Es una escena muy interesante y tierna. Nieto y abuela pasarán la noche juntos, en el suelo. Al amanecer, David observa que vuelve a haber orina en la cama, pero no es suya… Es como si la abuela, en su afán protector, hubiera absorbido los miedos y los males del crío. Ella es la que moja la cama, como hacía David, que ya no volverá a hacerlo, y es ella la que sufre un ataque al corazón, a la vez que su nieto mejora milagrosamente de su mal cardiaco. La abuela libera a su nieto de sus miedos.

 

 

 

En la parte final, la abuela se mostrará afectada por las consecuencias del infarto, con un lado del cuerpo más inmovilizado, más torpe e insegura en sus acciones, costándole más hablar…

Para finalizar la evolución de esta relación, tendremos a David corriendo (recuerden que era algo que le pedían no hacer por sus problemas de corazón), para pedir a su abuela que no se vaya cuando la mujer emprende camino en su desconcierto por haber provocado, involuntariamente, el incendio de la pequeña cabaña donde Jacob (Steven Yeun) acumulaba la mercancía.

 

 

La abuela, en uno de los últimos planos de la película, observa sentada el sueño del resto de la familia. Están en el suelo, juntos. Son su minari, lo que ella sembró.

 

 

 

Entre lo oriental y lo indie.

Si bien el estilo de la película es muy sobrio, discreto, está bastante conseguida esa fusión de estilos, donde la sutileza oriental se da la mano con cierto ensimismamiento del cine independiente estadounidense. Bien es cierto que, en líneas generales, la sobriedad y distancia estilística general no tiene una procedencia definida. Pero hay guiños.

Por supuesto, vemos que los orientales también discuten en el ámbito doméstico (y lloran y se emocionan). Esto lo mostrará Lee Isaac Chung con panorámicas de ida y vuelta en la trifulca, en un recurso muy americano, casi scorsesiano. Los niños, durante esa escena, harán aviones de papel con un mensaje de paz, en una poética muy oriental.

 

 

Hay dos referentes orientales clásicos que podría mencionar en relación al estilo de la película. Yasujiro Ozu y Kenji Mizoguchi.

Como en Mizoguchi se utiliza la profundidad de campo. Mizoguchi usaba mucho la diagonal, aquí esto se aprecia en frontales, pero aparece en muchas ocasiones, por ejemplo con Monica (Yeri Han) en la cocina, sumergida en el interior, rodeada por el decorado, con elementos del mismo en primer plano, la cámara lejana y ella al fondo doblando una cuerda…

 

 

Ese otro plano, tras marcharse Paul de la cena y hacer una especie de ritual, en la que el matrimonio discute, con ella primero cerca de la cámara, terminando al fondo de un plano frontal con profundidad de campo, quedando Jacob en el medio en todo momento.

O ese otro en la tienda, donde los niños curiosean en unas cajas de alimentos y la madre aparece al fondo para llamarles la atención… O en el hospital, con los niños jugando al fondo y ellos sentados más cerca de cámara…

 

 

Dentro de este estilo, es un acierto cómo combina los planos generales con los planos detalle. De hecho, muchas escenas comienzan con un plano detalle. Planos detalle, en una película muy detallista, sobre objetos o actividades que realizan los personajes (sexar pollos, hacer la comida…). En plano detalle vertebra una de las últimas secuencias, con los rescoldos del incendio en el exterior, pasando al interior con fotos de la familia… antes de un plano más general de la familia dormida en el suelo.

 

 

 

Lee Isaac Chung muestra mucho interés en lo cotidiano, en lo costumbrista, utilizando escenas de transición para mostrar esos momentos. Ensayando el sexado de pollos en casa para mejorar, las meadas en la cama del pequeño, las comidas, la tele…

 

 

En cuanto a los planos generales, tenemos algunos tremendos. Me encanta, estéticamente, ese en el que vemos un relámpago a lo lejos. En otros se incluye a toda familia utilizando la diagonal, tan querida por Mizoguchi, con los personajes a varias alturas, por ejemplo en una cena con la televisión puesta.

El castigo a David (Alan S. Kim) por dar de beber orina a su abuela, será con planos frontales, recordando en cierta medida a Ozu es su sencillez y geometría. La resolución de la secuencia recurre de nuevo al humor.

 

 

Es muy oriental también la planificación de encuadres enmarcados. Hay muchos momentos donde los personajes aparecen enmarcados por elementos del decorado, ya sean puertas u otra cosa. Un ejemplo lo tenemos con la llegada de la abuela, en la habitación que compartirá con David. Vemos a la abuela con Monica enmarcadas, y también a David en el contraplano. O tras la marcha de Paul (Will Patton) en la cena a la que es invitado, con la discusión del matrimonio… Hay muchos.

 

 

 

 

 

En esa escena mencionada, una cena con la familia reunida, se escucha una canción amorosa que pasará de diegética a extradiegética con estampas de lugares solitarios, exteriores, como un canto comunitario que, en realidad, es anhelo íntimo.

 

 

La idea de la inutilidad de los pollos macho suena a metáfora. El humor de la película es muy sutil y oriental.

Enlaces visuales y sonoros. David abriendo un cajón que cae, enlazándose mediante el montaje con la caída de una caja con pollitos en el trabajo de los padres… Paralelismo: Vemos a David y su amigo cepillándose los dientes ante un espejo; posteriormente veremos a David junto a su hermana haciendo lo mismo.

 

 

La sutileza está en muchos detalles. En un principio puede extrañar que los padres le digan al pequeño que no corra, como un comentario absurdo (nada más llegar a su casa rodante)… pero después sabremos que tiene un problema en el corazón.

Los fenómenos atmosféricos tienen un evidente contenido simbólico. La primera discusión del matrimonio protagonista será con una espectacular tormenta y aviso de tornado de fondo, haciendo salir miedos y inseguridades en todos (el pis en la cama de David, por ejemplo).

 

 

Entre sus defectos hay que señalar cierto desequilibrio en el tono, como comenté, una película amable que relata circunstancias duras siempre con cierto humor y distancia. También que aunque los personajes están bastante bien dibujados y tienen su rol bastante desarrollado, el de la hermana mayor queda algo cojo, funcional y plano.

 

 

 

 

Hay cierta afectación estilística o pretendidamente poética, muy de tic de cine indie. Planos ensimismados, transiciones algo vacuas. En la escena inicial, con la llegada de la familia a su nueva casa, su presentación tiene un poco de esto. Nucas, lectura, granjas que vemos pasar desde el interior del coche, la naturaleza… También en numerosas transiciones.

Minari” es una película pequeña, que no ambiciona grandes cosas ni opta realmente a los premios, salvo mayúscula sorpresa, pero que en conjunto es más redonda que la mayoría de las seleccionadas este año para los Oscar.

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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