MINARI. HISTORIA DE MI FAMILIA (2020) -Parte 1/2-

MINARI. HISTORIA DE MI FAMILIA (2020) -Parte 1/2-

LEE ISAAC CHUNG

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Película pequeña y minimalista, entrañable, en ocasiones algo afectada, que no romperá taquillas, desde luego, pero que está muy bien construida y donde sus sutiles elementos funcionan bastante bien, desde su humor a sus alegorías. Una película que dentro de la mediocridad general de este año hay que valorarla por encima de la mayoría.

Con una dirección sobria, este título estadounidense que retrata los problemas de integración de la comunidad coreana en Estados Unidos, parece rendir sutil homenaje a clásicos del cine japonés, y eso aunque Lee Isaac Chung, estadounidense de familia coreana, tiene poco de japonés. Sí, es una película americana de producción pero de alma, tono y dirección muy oriental… Pausada, calmada, simbólica, discreta, sobria.

Minari” no cuenta gran cosa, no es una película de trama, es una película de personajes y relaciones, con ciertos conceptos interesantes tratados de manera alegórica, uno de sus grandes aciertos. Tampoco pretende ser innovadora en su forma de narrar ni nada por el estilo, es sencilla, tierna, cálida, íntima, sutil, descripciones que seguramente alejarán a mucho público…

Con Brad Pitt en la producción ejecutiva, esta cinta es una de las pequeñas sorpresas de este año al haberse colado entre las nominadas al Oscar. Poseedora de un encantador sentido del humor, casi todo en ella rezuma autenticidad, alejándose de los tópicos del cine de integración e inmigración. No olvidemos que la historia tiene muchos toques autobiográficos de su director, lo que la hace más humana y cercana.

Aunque hay ciertos tics afectados típicos del cine indie, cierto ensimismamiento estético, su concepción visual, el contraste de interiores y exteriores en esta historia de supervivencia y lucha por la independencia, se fija en estos pequeños seres expuestos a una inmensa naturaleza de la que tratan de extraer su hogar, que los acoge y exige, con la que conviven, abrumados y fascinados, en lo que desvela cierta concepción romántica.

Con todo, siendo tierna, pero también dura, se aprecia un desequilibrio, porque el tono y el desarrollo general son bastante amables. La película usa los dos idiomas, el inglés y el coreano, indistintamente.

Necesidad de arraigo

La película trata la necesidad de sentirse arraigado, de formar parte de algo, aunque sea comenzándolo uno mismo. Por ello es un acierto el mismo inicio, una familia llegando a un nuevo destino, en medio de la nada, de la pura naturaleza. Una mudanza. Como también es un acierto que su casa sea rodante, casi un símbolo de esa constante sensación de provisionalidad, de tránsito, de incertidumbre, donde aquello no parece estable, seguro. La mujer se siente decepcionada, planteándose constantemente la idea de marcharse, de que aquello será temporal… Coreanos, extranjeros, intentando arraigarse en una tierra que no es la suya.

 

 

Irán de California a Arkansas para encontrar una nueva vida sin depender de nadie. Comenzarán como sexadores de pollos para sostenerse hasta conseguir gestionar su propia empresa. Allí tendrán un recibimiento algo indiferente (y divertido) por parte de la comunidad coreana.

 

 

Este extraño lugar de destino, alejado de todo, esas dificultades que presenta el lugar y el hogar que responden al difuso sueño, en apariencia poco práctico, de Jacob, escenifican la dificultad de integración y adaptación, que vemos de manera particular en esa familia, pero que es extrapolable a toda comunidad.

En este sueño se añade la simbólica idea de la siembra y el cultivo, que da sentido al subtexto. Jacob (Steven Yeun) pretende cultivar vegetales coreanos como vía de negocio a explotar. Convertirá la primigenia idea de un jardín en una granja para esos vegetales. Es decir, a través de esa idea se plasma la intención y la lucha de una familia por arraigarse allí, por sentirse aceptada y abrirse un hueco en un entorno que, en principio, no es suyo.

En esta necesidad de arraigo, que luego entroncaremos con la de cultivo, el agua se distingue como un elemento metafórico esencial. Jacob ha comprado un terreno básicamente virgen con la intención de sembrar vegetales coreanos, pero en un momento dado el agua escaseará. En un principio renunciará a un zahorí para encontrarla, recurriendo a la lógica, excavando allí donde encuentra más vegetación. Pronto esa agua escaseará. Él piensa que esas prácticas zahoríes son absurdas, pero terminará robando agua del condado…

Esta evolución narrativa con el agua se identificará con la de la familia. Monica (Yeri Han) se irá sorprendiendo con los cambios de decisión de su marido, encontrándose con un panorama que no pensaba. Se verá obligada a adaptarse contra su voluntad y sus expectativas, sobre todo ante las dificultades que observa en el plan de su marido, que no fluye.

 

 

Con el agua escaseando (planos de grifos secos o plásticos flotando en cubos), las tiranteces y los conflictos se acentuarán, jugándose la granja al todo o nada con el robo de agua… La cosecha irá a trompicones, como la convivencia…

 

 

Sin agua, la transportarán desde el arroyo que encuentran David (Alan S. Kim) y su abuela (Yuh-Jung Youn) para aliviar un poco la situación. Del lugar donde plantarán el minari.

El agua regresará al mismo tiempo que la abuela de su convalecencia tras el infarto. Es un punto de inflexión, con David culpando a su abuela, la pareja planteándose separarse… y la esperanza, al fondo, de que el sueño de Jacob prospere.

 

 

Finalmente, Jacob accederá a contar con un zahorí, cediendo en sus rígidas convicciones, al tiempo que acude al riachuelo donde la abuela sembró minari… De nuevo el agua fluye, lo natural se impone.

 

 

Minari: Aquí tenemos la clave del subtexto. El minari es una planta comestible de origen oriental. Simboliza el renacimiento y la esperanza. Se usa mucho en la cocina, en platos clásicos, tiene un mal olor, pero sabor intenso. Crece en cualquier lugar y se extiende con facilidad y sin necesidad de mucho cuidado. Se integra de forma natural. Será el minari que plante la abuela en un riachuelo cercano el que mejor arraigará en la zona.

Del agua pasaremos al fuego catártico. Es el final de la crisis personal. Una vez el sueño de Jacob parece cobrar forma, se quemará su cosecha. Él y Monica intentarán salvar algo de ella, pero finalmente tendrán que salvar sus vidas. Este hecho sanará finalmente sus desavenencias.

La abuela eligió un buen lugar”.

 

 

La escena final, con la familia reiniciando su trabajo, nos lleva al riachuelo donde la abuela sembró el minari. Es el renacimiento (ya dije que simboliza esta idea). Hay un cambio en ellos, de mentalidad, por ejemplo en el padre, que ahora sí cuenta con un zahorí. Allí veremos a Jacob con David recolectándolo. Aquello arraigó, como ellos.

 

 

De esta idea se extrae una interesante reflexión sobre el arraigo. El absurdo de forzarlo o de oponerse a él, querer imponer tu bagaje en una tierra con sus propias reglas. Es una defensa de la naturalidad, donde todo se encauza desde la sencillez y la aceptación, como el minari, que crece en cualquier lugar, sin necesidad de muchas atenciones ni imposiciones…

La religión tiene bastante peso en la vida familiar, sobre todo referido a la madre. La iglesia les hace sentir que forman parte de algo, de una comunidad, que en el fondo es lo que buscan. Monica preguntará por una iglesia coreana, pero en esa comunidad no sienten la misma devoción que ella.

Monica es religiosa, siente el desapego al estar alejada de su iglesia, teniendo la comprensión de Jacob. En honor a esa integración en tierra extraña, se sumarán a una comunidad religiosa americana. De esta forma, poco a poco, van integrando sus propias ideas y deseos en un lugar distinto, cediendo en unos puntos a su vez. La fusión necesaria para la integración.

La reunión tras la misa a la que asiste a la familia, muestra también ese contraste que poco a poco se irá matizando. Una escena muy simpática y entrañable donde los niños hacen sus primeras amistades.

 

 

David pasará algún día con un amigo americano. También conoceremos al padre de ese chico en una escena algo desconcertante, en un ejemplo de paternidad algo irresponsable, por no decir completamente irresponsable, ya que estuvieron solos toda la noche.

 

 

Dentro de este tema de la integración es interesante el papel de Paul (Will Patton), el trabajador que contrata Jacob. El, que es estadounidense, es la perfecta identificación con esa familia oriental. Es otro desarraigado. Solitario, no le vemos relacionarse con nadie. Es raro, excéntrico, peculiar, religioso, siempre de penitencia, por lo que se intuye un pasado turbio del que se redimió o necesita seguir redimiéndose… Tiene una especial intuición.

 

 

 

En él se aglutina el desarraigo de la familia, la inocencia de los pequeños, el esfuerzo en el trabajo de Jacob y la religiosidad de Monica (es normal que haya complicidad entre ellos relacionada con ese tema, cuando Paul realiza una especie de exorcismo a la casa). Es tan extraño y peculiar como trabajador y espiritual. Otro elemento humorístico.

Las cosas que se esconden son más peligrosas y aterradoras”.

Paul, de alguna manera, supone el vehículo necesario para la integración de esas dos culturas, donde convergen ambas, sin intentar oponerse o imponerse al otro. Por eso al principio Jacob se niega a aceptar al zahorí (también por dinero) que le recomienda Paul, pero al final lo veremos usándolo.

 

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

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