MIGUEL DE UNAMUNO: Niebla

MIGUEL DE UNAMUNO: Niebla

LITERATURA

 

 

 

 

 

 

El genio de Unamuno con una de sus más conocidas y reputadas novelas, original e innovadora.

Me parece necesario e interesante reivindicar esta novela de nuestro gran autor en base al gran y merecido prestigio del postmodernismo y la metaficción, especialmente la anglosajona, de años anteriores y en la actualidad, por lo que tiene de referente patrio evidente.

Está claro que se aprecian constantes modernistas en “Niebla”, pero también que están filtradas por un prisma muy personal, el de este maestro de la Generación del 98, donde la adelgazada trama que cede a las interioridades psicológicas de los personajes (aquí, básicamente, un único personaje, en realidad), así como ese cierto vínculo con el romanticismo, que mencionaré más adelante, adquieren en “Niebla” una autoconsciencia que se convierte en parodia en ciertos aspectos y en ciertos momentos.

En relación a ese juego metaficcional en el que Unamuno se lo pasa tan bien hablando de su “nivola”, el fundamento principal es esa confusión entre realidad y ficción sobre la que el autor reflexiona y se divierte, haciendo de esos conceptos algo tan vago como la visión que Augusto tiene de Eugenia (su amor idealizado, que pasa de la abstracción a la individualidad y de esta a lo genérico), a la que ni recuerda ni reconoce al inicio de la novela, cuando ya ha declarado estar absolutamente prendado de ella… Lo mismo ocurre con el concepto de enamoramiento, tan voluble, ilógico y arbitrario, caprichoso.

Recursos de pura metaficción y metalingüismo en los que Unamuno no sólo discute con el personaje que ha creado, no sólo debate con él, que le reta, sobre su existencia e independencia, sino que decide enfadarse y acalorarse en dicha discusión de su invención, lo que particularmente me supone un gran gozo. Un “dios” creador que decide experimentar sentimientos en la ficción por el puro placer del juego, el juego literario en este caso.

El uso de personajes ocasionales, que actúan como influencias externas, es un recurso sencillo para estructurar la novela. “Niebla” tiene una estructura básica, sencilla, un tanto simétrica en esa reiteración de circunstancias con encuentros y entrevistas sucesivas que sirven al autor para desarrollar sus tesis y contraponer ideas y filosofías.

Brillantes son los cambios de tono y estilo a lo largo de la narración, de la reflexión filosófica al hilarante humor, de la mordaz parodia al romanticismo (uno de los elementos más marcados de la novela-nivola) y el lirismo literario, por ejemplo cuando Augusto recuerda a su madre.

El humor que sobrevuela “Niebla”, con su fina ironía, su calculada provocación, es brillante y hasta entrañable con ese zarandeado personaje protagonista que, básicamente, no comprende nada, ni lo que le ocurre ni la vida ni su propia existencia, aspectos todos que le son finalmente negados. Su espíritu contradictorio, variable, voluble e inconsistente es la perfecta manifestación de todo ello, como la descripción de una alarmante falta de experiencia vital que le golpea inmisericorde y repentinamente.

 

 

Reflexiones existencialistas que nos llevan a notables influencias, en el divagar filósofo de Augusto, en un tono pesimista, sobre el azar y la eternidad, el destino y la existencia (y la anarquía, la fonética y el feminismo, que convierten a “Niebla” en una lectura plenamente actual), que se valen de la anecdótica trama “amorosa” para desarrollarse. ¿Existimos o no? ¿Soñamos o no? Entre el sueño y la vigilia, entre lo creado y la creación, entre Shakespeare y Calderón

Y ahí, en esa confusión, donde nada parece real o irreal, en la incertidumbre, en el desconcierto y la desorientación, en los difusos sentimientos, en el incierto ser… adquiere sentido la niebla, como metáfora, del título, palabra que sale en numerosa ocasiones.

Influencias explícitas de Calderón, Shakespeare, Cervantes o Descartes, o implícitas como la de Kierkegaard, Schopenhauer, Kant… Pero entre ellas suele olvidarse a menudo la de William Faulkner, esencial en el movimiento modernista, si bien el americano lo trasciende con creces, con esas divagaciones mentales de los personajes, monólogos interiores o saltos arbitrarios de pensamiento remedando el funcionamiento mental real.

En la pretendida transgresión de lo convencional que es objetivo firme de esta “nivola”, la apología del azar, de la distracción, de lo inútil en apariencia, de lo frívolo, luce con sutil brillantez.

Me resulta especialmente curiosa la atracción de muchos grandes de la literatura por esconderse detrás de perros para realizar sus reflexiones, desde Kafka a Auster, desde Virginia Woolf a Pérez Reverte… El perro de “Niebla” (no confundir con Heidi), se mantiene en un discreto segundo plano, cediendo el completo protagonismo a su amo, hasta la parte final, donde toma la palabra para hacer sus reflexiones y dictaminar sus conclusiones. Orfeo, que así se llama, en clara metáfora, rescata a su amo con ese silencio cómplice de sus particulares infiernos mentales, románticos y existenciales.

Niebla” es una joya, un libro ideal para introducirse en el mundo de Unamuno, del modernismo del siglo pasado y de las tendencias autoconscientes que luego se pusieron de nuevo de moda, manteniéndose con fuerza en la actualidad con esos autores postmodernistas referenciales. Un libro corto, que se lee fácil, pero de gran complejidad conceptual, por lo que si no entras en su juego ni en su humor te distanciará, especialmente si eres lector de novelas más convencionales… No olvidemos que esto ni siquiera es una novela, si no una “nivola”.

 

 

sambo

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