MICHEL HOUELLEBECQ: Ampliación del Campo de Batalla

MICHEL HOUELLEBECQ: Ampliación del Campo de Batalla

LITERATURA

 

 

No veo las similitudes entre Houellebecq y Albert Camus, tan cacareadas por muchos comentaristas. Es evidente que ciertas similitudes temáticas y su nacionalidad francesa han influido en este hecho. Veo más adecuado incluir a Houllebecq en una corriente exitosa en la época, los 90, en la que se pueden englobar muchos autores como Bret Easton Ellis, Irvine Welsh, Chuck Palahniuk… Todo ello con la publicación de esta novela.

Postmodernismo lo llaman, a lo que añadiría, neoescepticismo, ya puestos…

Es evidente, en cualquier caso, que podemos encontrar en Camus y su “El extranjero”  un referente ineludible para todos ellos y aquello de la Generación X que puso de moda Douglas Coupland. Es ese sentido apático de la vida y el escepticismo lo que lo relacionarían con “El extranjero” de Camus y otros autores actuales.

Houellebecq retrata la complicada y difícil asunción del hombre moderno al desengaño y la decepción. La muerte de los sentimientos en la sociedad contemporánea, sustituidos por sensaciones.

En este sentido, nadie como J. G Ballard en su “Crash” ha retratado mejor este aspecto. La sociedad camino de la fusión robótica. No es que Houellebecq tenga nada que ver con la “Nueva ola” británica de los 60 y 70, pero es fácil encontrar paralelismos en esa asepsia social que ya mostró Ballard en su novela. La muerte de los sentimientos en el hombre moderno y acomodado.

Si bien es cierto que esa idea de la muerte de los sentimientos en la sociedad del confort, que tan magistralmente escenificara Ballard y mejor aún David Cronenberg en su adaptación cinematográfica (1996), está bien plasmada, la interpretación que lo vincula al capitalismo, el neoliberalismo y demás resultan más forzadas y tópicas.

Conocemos a nuestro protagonista en el inicio de su caída hacia la depresión, en un notable desarrollo de su evolución conforme avanzamos en el texto y observamos sus opiniones. Un paulatino hastío y cinismo vital que va creciendo hasta llegar a cotas límite con instintos suicidas. Una decepción global, un escepticismo intrínseco.

Un hastío y una apatía donde en principio no hay una excesiva prepotencia. Es un cinismo controlado, una ironía desganada y desencantada, donde prima un tono despreocupado. El escepticismo sirve para hacer realistas análisis psicológicos autocríticos o hacia otros, como hacia los guapos o al compañero de los cursos de formación, que es feo y acomplejado y con el que es despiadado en su descarnado retrato. Sinceridad descarnada.

Houellebecq presenta de inicio un mundo superficial con un personaje anestesiado, de agudas reflexiones, que se cuestiona a sí mismo y a la vez no renuncia a la vida, que le parece absurda. Un tipo contradictorio. Su apatía tampoco renuncia a la curiosidad o el disfrute, de nuevo tan contradictorio como real. Aunque despiadado, hay cierto respetuoso romanticismo en él.

También en este inicio se pretende una especie de metalingüismo que conecte con el lector y le sume a su causa, se identifique con el protagonista en cierta medida, para luego acometer el difícil y depresivo viaje.

La narración del libro parece vertebrarse más en anécdotas y divagaciones, digresiones de todo tipo que van del mero metalingüismo a reflexiones literarias, artísticas o sociales, que nos llevan de obras como “Cumbres borrascosas” de Emily Brontë a diatribas contra el psicoanálisis o la pura y dura sexualidad, uno de los temas en los que con mayor gozo se zambulle el protagonista.

En este sentido, el sexual y algunos otros, nuestro protagonista llegará a la conclusión de que la adolescencia es la única etapa vital en la que se vive en plenitud. La única y verdadera etapa vital. Y bien es cierto que en su inmadurez, a todos los niveles, especialmente psicológica y emocional, le gustaría seguir viviendo allí. Quizá su trauma provenga más que nada de un parto forzado hacia la responsabilidad.

Esto lleva a una sensación de falta de cohesión, donde la narración es secundaria o apenas aparece aunque se centre a mitad de novela con los viajes para dar cursos. Una narración que carece de importancia ya que lo esencial son esas divagaciones y digresiones que nos dedica el personaje. Esa aparente falta de cohesión, cierta narrativamente, no lo es en cuanto al desarrollo del personaje y su caída al oscuro pozo de la depresión, donde el rigor y dicho desarrollo es notable y lo verdaderamente importante en la novela.

El relato se va haciendo cada vez más oscuro y despiadado, más cínico. Retratos crudos, por ejemplo el que hace de una chica gruesa, pero también sin compasión consigo mismo, acometidos con la asepsia de un quirófano. Relatos despiadados sobre los complejos ajenos desde la asunción de la propia mediocridad e indiferencia vital, que deja ocasionales momentos perturbadores.

Ese paulatino descenso a los infiernos del personaje, perfectamente desarrollado, como he comentado, se va descubriendo como consecuencia de un desengaño amoroso, una decepción amorosa que no es capaz ni de superar ni de gestionar y que además pudo provocar con ese mismo carácter, con lo que se saca a relucir esa idea de abotargamiento moderno en el estado del bienestar que muchos han vinculado al capitalismo y la cultura del éxito desenfrenado en la novela. Un resentimiento amoroso que lo va haciendo cada vez más irascible y cercano al suicidio.

Se tachó de machista y misógino a Houllebecq por esta obra y cómo se refería a las mujeres, como si fueran meros objetos, como demuestran frases del tipo: “Una mujer que cae en manos de un psicoanalista se vuelve inadecuada para cualquier uso”, pero lo cierto es que sus desprecios y falta de empatía, esa escenificación de la muerte de los sentimientos y capacidad para amar, se derrama por toda persona, hombre o mujer, gordo o delgado, sin excesivas distinciones. Además, no es conveniente confundir personajes y autor, algo que no debería hacer falta decir.

Una interesante novela, cortita, que se lee sin dificultad, aunque no se pueda decir que sea entretenida, que es perfecta para introducirse en el universo Houellebecq.

 

 

sambo

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