MI ABUELA

MI ABUELA

RELATO

 

 

 

 

Mi abuela no calculó bien cuando quiso que revivieran a mi abuelo. Su Paco. No la culpo. Si te dan la oportunidad de recuperar al amor de tu vida, que menos que intentarlo…

La cosa es que tomó la decisión por su cuenta, sin consultar a nadie. Se aficionó a las redes sociales y al mundo de internet, por lo que siguió el tema de cerca. Lo había comentado como curiosidad, pero a nadie se le pasó por la cabeza que ella fuera a meterse en tal empresa, aunque siempre fue muy gulusmera.

Total, que una buena mañana de domingo, mi abuela apareció con un apuesto joven de veinticinco años en la puerta. Fue muy perturbador ver que tu abuelo es más joven que tú. Nos saludó muy amable y tímido, como el chavalín que va a recoger a la chica para llevarla al baile del instituto americano…

Yo no conocí a mi abuelo, pero por lo que se ve murió enamoradísimo. Era tremendamente varonil y fogoso, según pudimos deducir por algún sutil comentario de mi abuela.

–¡Qué de pelo tenía, hijo mío! ¡Una maravilla! Por todos lados.

–Vale abuela, no es nece…

–¡Y cómo embestía!

Cuando despiertan a un muerto, se necesita un proceso de adaptación, sobre todo si lleva tiempo en el otro mundo, ya que deben ordenar sus ideas y adaptarse a un nuevo contexto. Me imagino cómo sería la reacción del vigoroso de Paco cuando vio que su mujer, de 83 años, le esperaba emocionada.

Para mi abuela es como si no hubiera pasado el tiempo. La mujer tiene una memoria excelente, por lo que todo cuanto le contaba a su Paco encajaba perfectamente con lo que él recordaba, así que tenía poca escapatoria de entrada.

En la comida, el hombre se fue soltando, tratábamos temas que le fueran familiares y él contestaba con gusto. La voz cantante la llevaba mi abuela, a quien Paco obedecía como si fuera la suya mientras se le iban los ojillos hacia mi novia.

Me flipaba que mi abuela no viera nada raro en todo aquello. Actuaba como si fuera de lo más normal. No sólo por ese hombre que estaba muerto hace unos pocos días, sino por ella misma, que creía que la resurrección de aquel implicaba su propio rejuvenecimiento.

–Hijo, no quiero entretenerme mucho aquí porque quiero llevármelo a la cama. El pobre hace mucho que no está con una buena mujer.

–Abuela… ten cui…

–Siempre fue muy calentorro, así que imagínate cuando me pille hoy.

Para sorpresa de todos, mi abuela apareció al día siguiente como rejuvenecida, fresca como césped recién regado. Estaba exultante y muy cariñosa. Nos miraba con cierta picardía y decía: ¡Qué maravilla!

Ese era justo el momento en el que cambiábamos de tema.

Mi abuelo, en cambio, parecía agotado, ojeroso y un punto avergonzado. Pensé que no estaba aún para ciertos trotes geriátricos.

Con todo, era obvio que aquello no se podía sostener. Tres meses de pasión desenfrenada. A mi abuela ese ritmo no podía venirle bien, aunque la viera cada vez más lozana, y era cuestión de tiempo que mi joven abuelo pusiera sus miras en otras praderas… Total, que cuando mi novia me dijo que le parecía majo, me puse manos a la obra para buscarle una amiga, que uno no tenía ganas de problemas familiares.

Sabía que aquello haría daño a mi abuela, pero era necesario. Cuando logré que hiciera buenas migas con Sandra, le dije que lo mejor era que cogiera el toro por los cuernos y se lo explicara a mi abuela, que entre todos intentaríamos hacerla entender…

Ella no se lo tomó nada bien. Más de un año estuvo mi abuelo picoteando de flor en flor, mientras mi abuela, que no perdió furor gracias a la ira que se despertó en ella, lo destripaba en todas las reuniones familiares.

–En la cama era un muerto, por favor.

–Verás, abuela, no creo que deb…

–Ni una de esas se lo va a hacer mejor que yo. Ya verás, ya.

No os niego que aquellos comentarios de mi abuela, que soltaba sin anestesia ni previo aviso, me perturbaban a la vez que me generaban una escabrosa curiosidad. Sobre todo, cuando una tarde de verano apareció mi abuelo con un ramo de flores.

Por lo que se ve, habían hablado y él se mostró tremendamente arrepentido. Puso un montón de excusas, como esa desorientación y turbación provocada por haber renacido y tal. El caso es que mi abuela lo perdonó.

–No he podido olvidarla en ningún momento.

–Es normal, pasasteis muchos años juntos, muchas vivencias, y eso crea un vínculo fuerte.

–¡Ah! ¿Tú te refieres a antes de que me hiciera volver? Sí, sí, eso también, claro.

No sé. A mí todo esto me parece precioso. El verdadero amor.

 

 

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