MEJORES PELÍCULAS: 1935

MEJORES PELÍCULAS: 1935

CINE

 

 

 

 

 

 

Un estupendo año este 1935, con una gran variedad de grandes películas en distintos géneros, de arriesgadas comedias, aventuras portentosas (un género que alcanza en estos años cotas extraordinarias), tremendos terrores, magníficos thrillers y suspenses con grandes directores depurando cada vez más su estilo. Traigo muchas, pero seguro que disfrutan de todas ellas tanto que se les pasará volando el tiempo. Tras la entrada en vigor de forma activa del Código Hays, tocó tirar de talento e imaginación… Y se notará extraordinariamente.

Hubo este año varias notables adaptaciones de clásicos literarios que, por supuesto, traigo aquí.

 

 

 

 

39 ESCALONES, de Alfred Hitchcock. Una de las mejores películas del maestro en su etapa británica, quizá la mejor, que además entronca con muchas de sus obsesiones y esquemas estructurales de futuras obras maestras, antecedente perfecto. Se hicieron dos remakes, uno en 1959 y otro en 1978. Hay que verla sí o sí.

 

 

 

 

 

ANA KARENINA, de Clarence Brown. Otra adaptación de la célebre novela de León Tosltói (no será la última, por supuesto), obra maestra del realismo ruso. Exitosa, prestigiosa, muy celebrada en su romanticismo exacerbado y con la Garbo de protagonista.

 

 

 

 

ANNIE OAKLEY, de George Stevens. Entretenido western de un magnífico director. Sin ser ninguna obra maestra, sirve para conocer una famosa figura del western clásico, gran tiradora que participaba junto al mítico Buffalo Bill en sus espectáculos. Además está interpretada por Barbara Stanwyck.

 

 

 

 

BARCO A LA DERIVA, de John Ford. De nuevo Ford con Will Rogers como protagonista. Una comedia dramática de tono rural y costumbrista. Un agradable divertimento en esta etapa preWesterns de Ford.

 

 

 

 

 

BARRERAS INFRANQUEABLES, de Archie Mayo. Paul Muni y Bette Davis en un drama que, sin ser especialmente brillante, cumple. Con esa pareja, además, resulta más atractivo.

 

 

 

 

CANDIDATA A MILLONARIA, de Mitchell Leisen. El señor Mitchell fue uno de los grandes maestros de la comedia en el Hollywood clásico, aunque está tremendamente infravalorado. Es por ello que me enorgullece traer esta simpática y atractiva comedia sofisticada como ejemplo de su arte, aunque no sea de sus grandes obras.

 

 

 

 

CORAZONES ROTOS, de Philip Moeller. Otro drama romántico, este con Katharine Hepburn y Charles Boyer, que son los grandes alicientes.

 

 

 

 

CRIMEN Y CASTIGO, de Josef von Sternberg. Sobre la magistral novela de Fiódor Dostoievski, una adaptación del gran Sternberg. Está condenada a ser inferior que su referente literario, pero cumple.

 

 

 

 

 

DAVID COPPERFIELD, de George Cukor. Un clásico de Dickens convertido en clásico del celuloide por el gran George Cukor. Un gran drama de época de los que hicieron grande este arte.

 

 

 

 

EL CAPITÁN BLOOD, de Michael Curtiz. Uno de los grandes títulos de aventuras y de piratas de todos los tiempos, dirigido por uno de los mejores artesanos y realizadores de películas de aventuras de la historia del cine. La unión de Curtiz con Errol Flynn, lo más parecido a una estrella moderna en aquella época, fascinante personaje, dio (y sigue dando, por fortuna), grandes momentos de placer. De las imprescindibles de este año.

 

 

 

 

EL CUERVO, de Lew Landers. Una estupenda adaptación del relato de Poe que unió a dos de los grandes mitos del fantaterror clásico: Bela Lugosi y Boris Karloff.

 

 

 

 

EL DELATOR, de John Ford. La película que otorgó su primer Oscar a John Ford, el mejor director de la historia para una gran mayoría. Y no es de sus mejores películas. A destacar su expresionista estética, que evolucionará a un clasicismo puro en su afamado estilo invisible.

 

 

 

 

 

EL DÍA QUE ME QUIERAS, de John Reinhardt. Una agradable peliculita protagonizada por Carlos Gardel y Rosita Moreno. Se interpretó en español. Un drama con amor y música, obviamente.

 

 

 

 

EL DIABLO ES UNA MUJER, de Josef von Sternberg. La Dietrich de nuevo con Sternberg. Nadie mejor que la actriz para hacer de mujer fatal, de perdición masculina. El título lo dice todo.

 

 

 

 

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO, de William Dieterle y Max Reinhardt. Una correcta adaptación de la magistral comedia shakespeariana.

 

 

 

 

G MEN CONTRA EL IMPERIO DEL CRIMEN, de William Keighley. El cine de gángster estaba en boga, pero había cierta sensación de que los bandidos resultaban cada vez más atractivos para el público al focalizar las historias en sus personas, adquiriendo un halo romántico que seducía. Es por esto que surgió la idea de potenciar el papel de la policía en el cine, algo en lo que J. Edgar Hoover tuvo mucho que ver. Esta que aquí traigo es el paradigma de ello. Una estupenda película que pone el foco en el FBI y su trabajo, cambiando de tercio y colocando en el estrellato a los agentes. Encima está James Cagney… De esta película sacaron nuestros “Hombres G” su nombre.

 

 

 

 

HISTORIA DE DOS CIUDADES, de Jack Conway. Adaptación de la magnífica obra de Dikens, bastante digna y competente, que merece la pena verse.

 

 

 

 

HORROR EN EL CUARTO NEGRO, de Roy William Neill. Una de terror con un Karloff por partida doble, demostrando su tremendo talento interpretativo. Interesante y poco conocida.

 

 

 

 

INFIERNO NEGRO, de Michael Curtiz. La vida en una mina de carbón guiada por un expresivo Paul Muni, uno de los grandes actores de la época sin lugar a dudas. Un drama social con toques de Cine Negro que dirige con pulso Curtiz.

 

 

 

 

LA BANDERA, de Julien Duviver. Enmarcada en el realismo poético francés de la época, tenemos un poco de bélico, otro de aventuras, otro de romance y un poco de drama que nos lleva de Francia a España y África. Un correcto e interesante film.

 

 

 

 

 

LA CIUDAD SIN LEY, de Howard Hawks. No es una gran obra, pero sí interesante. Dirigida por Hawks y William Wyler, nos habla de la fiebre del oro y conflictos de intereses. Con Edward G. Robinson y Walter Brennan en el reparto.

 

 

 

 

 

LA FELICIDAD, de Aleksandr Medvedkin. Una estupenda cinta soviética, muda. Una comedia alegórica, inteligente, sugestiva, muy negra, con toques a lo Chaplin y Keaton en su humor. Aunque sea como mera curiosidad merece mucho la pena, pero es bastante más. Lo más polémico es su final, pero para gustos…

 

 

 

 

 

LA GRAN AVENTURA DE SILVIA, de George Cukor. Tampoco es de lo mejor de sus responsables, aunque desde luego es un buen trabajo. El caso es que los responsables de los que hablo son George Cukor en la dirección y Katharine Hepburn y Cary Grant en los papeles protagónicos, una de las parejas eternas del celuloide, de las que hicieron de él lo que es. Quizá la mejor pareja que ha habido. Casi nada.

 

 

 

 

LA KERMESSE HEROICA, de Jacques Feyder. Obra maestra absoluta y sorprendente por su atrevimiento, descaro, visión positiva de los españoles e ingenio. Comedia que bien podría estar realizada por Lubitsch, tranquilamente, por sus juegos y sugerencias sexuales primorosamente mostrados. El toque estaba en Feyder. De obligado visionado.

 

 

 

 

LA LLAMADA DE LA SELVA, de William A. Wellman. Clark Gable y Loretta Young protagonizan esta adaptación de la novela de Jack London. Es cumplidora, sin alardes. Ya saben, aventuras, perros y la naturaleza…

 

 

 

 

 

LA MARCA DEL VAMPIRO, de Tod Browning. Mediometraje vampírico con Bela Lugosi y el maestro del terror, Browning, que ya lo dirigió en la mítica Drácula. Es una verdadera curiosidad con un divertido final.

 

 

 

 

LA NOVIA DE FRANKENSTEIN, de James Whale. Para muchos es uno de los ejemplos en los que la secuela supera a la original. Sencillamente espléndida desde casi cualquier punto de vista. Otra de las imprescindibles de este estupendo año.

 

 

 

 

 

LA PEQUEÑA CORONELA, de David Butler. Comedia a mayor gloria de Shirley Temple. Una cinta agradable y para toda la familia. No hay mucho más que los previsibles ingredientes.

 

 

 

 

 

LA TRAGEDIA DE LA BOUNTY, de Frank Lloyd. Un clásico de las aventuras marítimas. El microcosmos de un barco y una amalgama de sentimientos, temas y conflictos que se recrudecen con el encierro. Laughton contra Gable, un duelo que uno no debe perderse.

 

 

 

 

LA VERBENA DE LA PALOMA, de Benito Perojo. Un clásico de nuestra zarzuela que había que traer a estas listas para honrar la adaptación.

 

 

 

 

LAS CRUZADAS, de Cecil B. DeMille. Aventuras medievales y contexto histórico con Ricardo Corazón de León y el gran maestro de las superproducciones de la época, Cecil B. DeMille. Ideal para ver cómo se las gastaban en aquellos tiempos con buenos medios.

 

 

 

 

 

LAS MANOS DE ORLAC, de Karl Freund. Es la segunda adaptación de la novela de Maurice Renard (habrá una tercera en 1960), que mezcla intriga, terror y fantástico macabro. Ya os traje la anterior de 1924, de Robert Wiene, y esta es igualmente interesante, si no más aún. Un pianista al que le amputan las manos y trasplantan las de un asesino…

 

 

 

 

LOS MARES DE CHINA, de Tay Garnett. Una de aventuras marinas protagonizada por Clark Gable, auténtica estrella de la época. Le acompaña Jean Harlow. Entretenida, efectiva e ideal para pasar el rato, aunque no sea una cima del género.

 

 

 

 

LOS MISERABLES, de Richard Boleslawski. De nuevo sobre la novela de Victor Hugo. Son muchas las versiones, remakes y adaptaciones. En el año anterior, 1934, se estrenó una de las más valoradas, como traje a su correspondiente lista. Inferior a la otra reseñada, irregular, pero cumplidora.

 

 

 

 

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE POMPEYA, de Ernest B. Schoedsack. Un gran espectáculo, una épica trágica y grandilocuente digna de su época. Un colosal artefacto bastante resultón.

 

 

 

 

 

MELODÍAS DE BROADWAY 1936, de Roy del Ruth y W. S. Van Dyke. Exitoso musical que tuvo ecos posteriores. Dinamismo y frescura que harán las delicias de los fans del género.

 

 

 

 

NOBLEZA BATURRA, de Florián Rey. El Aragón de principios del siglo XX, sus prejuicios y la mezquindad rural de la mano de Imperio Argentina. Un musical muy de aquí.

 

 

 

 

NOBLEZA OBLIGA, de Leo McCarey. ¡Qué poco conocida es esta estupenda comedia! Charles Laughton dirigido por Leo McCarey. Un mayordomo que va de mano en mano cambiando de vida y cultura, de la británica a la americana.

 

 

 

 

NOCHE NUPCIAL, de King Vidor. Un drama romántico y literario protagonizado por Gary Cooper y comandado por el gran director de pasiones de la época. Vidor se movía como pocos en estas aguas.

 

 

 

 

 

PASAPORTE A LA FAMA, de John Ford. Un título que se aleja de nuevo del estilo más típico de Ford. Una comedia mezclada con el policiaco con Edward G. Robinson de protagonista. Para disfrutar de un Ford notable y distinto al más conocido.

 

 

 

 

 

PELIGROSA, de Alfred E. Green. Bette Davis como mujer fatal y actriz venida a menos. Como anillo al dedo el papel. Correcto drama que le dio el Oscar a Mejor Actriz, aunque ella lo consideró una compensación por no habérselo concedido el año anterior por “Cautivo del Deseo” (John Cromwell, 1934), ya que ese 1935 la que lo merecía era Katharine Hepburn, siempre según ella. La Davis no podía ser más grande.

 

 

 

 

ROBERTA, de William A. Seiter. Una de Fred Astaire y Ginger Rogers… más Irene Dunne y Randolph Scott. No es uno de los mejores musicales de la pareja protagonista, pero eso casi da igual con el encanto que desprendían.

 

 

 

 

SHE, LA DIOSA DEL FUEGO, de Lansing C. Holden e Irving Pichel. Aventuras y fantasía, una atractiva mezcla. Expediciones a ciudades secretas, búsqueda de misterios, grandes hallazgos más allá de este mundo y la capacidad de fascinación. Un gran espectáculo para la época.

 

 

 

 

 

SOMBRERO DE COPA, de Mark Sandrich. Uno de los musicales más memorables de la historia del cine, protagonizado por Fred Astaire y Ginger Rogers. De esos que enamoraron a los espectadores de la época y que aún hoy siguen vigentes por su elegancia y seducción. Dan ganas de vestirse y moverse como ellos…

 

 

 

 

SUBLIME OBSESIÓN, de John M. Stahl. De nuevo el gran Stahl y un magnífico melodrama. No me hartaré de reivindicarlo. De nuevo un título que sería revisado por Sirk, otro maestro del melodrama que le debe mucho a Stahl, en 1954.

 

 

 

 

SUCEDIÓ UNA VEZ, de Gregory La Cava. Gran talento tenía La Cava en la comedia sofisticada y elegante, como bien demostraría al año siguiente con “Al servicio de las damas”, que traeré aquí puntualmente. En esta ocasión cuenta con Claudette Colbert y Melvyn Douglas para contar esta encantadora historia donde también subyace la lucha de clases.

 

 

 

 

SUEÑO DE AMOR ETERNO, de Henry Hathaway. Una de las obras maestras de Hathaway, de sorprendente ejecución en un director tan terrenal y directo. Romanticismo exacerbado y lirismo pocas veces igualado. Un título de referencia para el movimiento surrealista. ¡Qué grande era Hathaway y qué poco valorado!

 

 

 

 

 

SUEÑOS DE JUVENTUD, de George Stevens. Esta era la película por la que la Hepburn estuvo nominada y por la que la Davis pensaba que debía haber ganado ella el Oscar. Un drama con toques de comedia, agradable, ingenua, irregular, comercial.

 

 

 

 

TONI, de Jean Renoir. Más del realismo poético francés con uno de los grandes directores galos. Un potentísimo melodrama a cuatro bandas que da como resultado una de las grandes películas de este año, sin lugar a dudas.

 

 

 

 

TRES LANCEROS BENGALÍES, de Henry Hathaway. Un Hathaway más reconocible. Puro cine de aventuras de primera, muy en la línea de la posterior “Gunga Din” (1939), que protagonizaron Cary Grant, Victor McLaglen y Douglas Fairbanks Jr., o “Beau Geste” (1939), también protagonizada Gary Cooper. Aquí Cooper lidera el grupo junto a Franchot Tone y Richard Cromwell. Una extraordinaria cinta de aventuras, de las que dignifican el género.

 

 

 

 

UN ALBERGUE EN TOKIO, de Yasujiro Ozu. Un drama de Ozu ambientado en la Gran Depresión de los años 30. Un padre con dos hijos buscando empleo desesperadamente. Tiene un toque a lo que tiempo después sería denominado como neorrealismo, al que se anticipó claramente.

 

 

 

 

UNA CHICA ANGELICAL, de William Wyler. Gran comedia del sensacional William Wyler. La inocencia (no indefensa) desconcertando al cínico entorno que la rodea. Muy interesante en su reflexión y agradable en su visionado.

 

 

 

 

UNA NOCHE EN LA ÓPERA, de Sam Wood. Está difícil decidir cuál es la mejor de los eternos hermanos, pero esta está, sin lugar a dudas, en el selecto grupo de las indispensables e imprescindibles. Si hablo de “la parte contratante” y del “camarote” seguramente no tenga que explicar nada más.

 

 

 

 

WIFE! BE LIKE A ROSE!, de Mikio Naruse. Otro maestro japonés con un sutil drama donde nos volvemos a sumergir en los conflictos del universo femenino, normalmente a expensas del masculino…

 

 

 

 

Lista Anterior (1934)

Lista Posterior (1936)

 

sambo

Leave a reply