MEJORES PELÍCULAS: 1928-1929

MEJORES PELÍCULAS: 1928-1929

CINE

 

 

 

 

 

Terminamos la década de los 20 con varios clásicos más de todos los géneros, con nombres indispensables, viejos conocidos y algunos nuevos, pero con una curiosa distancia entre los dos años, donde 1928 destaca por su gran cantidad de excelentes títulos, imperecederos y vigentes, y un 1929 que, en cambio, escasea en este tipo de obras, por lo que hay que forzar un poco más para ampliar la selección, recurrir a films mucho menos conocidos. En cualquier caso, encontraréis grandes películas que seguro os sonarán o habréis oído referencias sobre ellas, pero que si no habéis visto deberíais ver. El cine mudo estaba a punto de morir, dando sus últimas bocanadas de vida, pero firme en su genialidad con grandes obras.

 

1928

 

CUATRO HIJOS (1928), de John Ford. Excelente, y muy exitosa, película de John Ford. De lo más destacado de su filmografía en la época muda. De un marcado influjo por el expresionismo alemán, que no se disimula en absoluto, y más concretamente por la obra maestra de Murnau “Amanecer”, Ford logra un potente y acertado drama ambientado en la Gran Guerra.

 

 

 

 

EL ÁNGEL DE LA CALLE (1928), de Frank Borzage. Otra joya del melodrama ambientada en un circo. Es una de las cintas que dieron el Oscar a Janet Gaynor (“Amanecer” y “El Séptimo Cielo” fueron las otras). Es una cumbre del género, que además es cruda y dura, en lo que, quién sabe, podría ser un antecedente de movimientos como el neorrealismo.

 

 

 

 

EL CAMERAMAN (1928), de Buster Keaton y Edward Sedgwick. El héroe hierático y romántico. El ingenio en el gag, la ocurrencia sorpresiva e imprevista. Películas de los años 20 que ahora no son igualadas, ni se acercan, a la hora de lograr el humor, de sorprender, de poner en escena. Es tan divertida como emocionante. Un clásico que deben sumar a su cultura cinematográfica.

 

 

 

 

EL CIRCO (1928), de Charles Chaplin. El maestro Chaplin con uno de sus clásicos indispensables. 72 minutos de encantadoras risas, ingenio y genialidad en la puesta en escena. Seguro que esta la conocéis la mayoría de vosotros, pero la conozcáis o no, creo que deberíamos verla otra vez. Al menos una vez al mes.

 

 

 

 

EL DINERO (1928), de Marcel L’Herbier. Adaptación de la novela de Émile Zola, es una película que tiene gran prestigio no sólo dentro del cine francés, sino en aquella época en general. La codicia, la corrupción, la perversión, con el dinero como motor de todo ello.

 

 

 

 

EL HÉROE DEL RÍO (1928), de Buster Keaton y Charles Reisner. De maestro a maestro, del maestro expresivo Chaplin al maestro hierático Keaton. La torpeza nunca fue tan romántica como en el cine de Buster Keaton… Pero es además otra genialidad técnica, donde asombran las cosas que podían hacer con los efectos especiales y la puesta en escena. Y el jugarse la vida… ¡Véanla!

 

 

 

 

EL HOMBRE QUE RÍE (1928), de Paul Leni. Aquí adaptamos a Victor Hugo. Un excepcional film que tiene tanto de alemán como de americano. Toques góticos, toques expresionistas y el que podríamos considerar origen de “El Joker”. Un gran film.

 

 

 

 

EL VIENTO (1928), de Victor Sjöström. Asombra como Sjöström sabía mezclar lo épico y lo psicológico, lo ampuloso y lo mínimo. Este melodrama casi desértico es un nuevo ejemplo de lo que el director sueco sabía hacer, adaptándolo al estilo y producción americanos. Un nombre que me enorgullece haber traído varias veces a estas listas.

 

 

 

 

LA CAÍDA DE LA CASA USHER (1928), de Jean Epstein. Una de terror francesa. En apenas una hora, Jean Epsein logra una atmósfera enfermiza y truculenta en esta soberbia adaptación, con muchas licencias, de la obra de Edgar Allan Poe. No hay golpes de efecto ni sustos gratuitos, sólo una atmósfera que va calando al espectador.

 

 

 

 

LA CERILLERA (1928), de Jean Renoir y Jean Tédesco. El cuento clásico de Andersen, un mediometraje navideño y entrañable, bonito, con un Renoir que estaba en fase experimentadora.

 

 

 

 

LA DAMA MISTERIOSA (1928), de Fred Niblo. Excelente título de Niblo con la Garbo como protagonista. Una historia muy bien llevada, interesante, que mezcla intriga, drama y espionaje.

 

 

 

 

LA FRÁGIL VOLUNTAD (1928), de Raoul Walsh. La intransigencia moral y la libertad en contraste para esta cinta del maestro Walsh. Un contundente retrato sobre la hipocresía, abanderado de la libertad y la vida, protagonizado por Gloria Swanson, Lionel Barrymore y el propio Walsh.

 

 

 

 

LA MUJER DEL GRANJERO (1928), de Alfred Hitchcock. Hitchcock investigó en distintos géneros en sus inicios antes de convertirse en el maestro del thriller. Aquí tenemos una comedia sugerente, como siempre fue, con ama de llaves incluida, que resulta interesante para ver sus primeros pasos, aunque todo quede lejos de la maestría que alcanzará.

 

 

 

 

LA MUJER DIVINA (1928), de Victor Sjöström. Un drama biográfico sobre la actriz francesa Sarah Bernhardt. Apenas se conserva metraje, pero es suficiente para comprobar que, efectivamente, la Garbo era divina.

 

 

 

 

LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO (1928), de Carl Theodor Dreyer. Mi amor por esta película es exacerbado. Deseo analizarla con detenimiento, a pesar del vértigo que causa. Una de las primeras obras maestras incontestables de Dreyer, hito de la narración cinematográfica, tan vigente que puede apreciarse en buena parte de la realización televisiva de series actuales. Una historia contada en exclusiva a base de primeros planos, algo inaudito y brillante. Un trabajo modélico, impactante, emocionante e intenso, y con una interpretación de Renée Maria Falconetti para el recuerdo. Todo ello de una modernidad asombrosa.

 

 

 

 

LA ÚLTIMA ORDEN (1928), de Joseph von Sternberg. Una obra maestra de un director excepcional. La Revolución Rusa y recursos metalingüísticos y metacinematográficos para una estructura ejemplar. Espectacular el trabajo de su protagonista, Emil Jannings.

 

 

 

 

LOS MENDIGOS DE LA VIDA (1928), de William A. Wellman. Soberbia y pionera cinta. Se anticipó al Crack del 29 retratando la vida de los vagabundos en la que fue la primera película con efectos sonoros en Paramount, si bien no se conserva dicha versión, sólo las mudas que se programaban en cines sin aquella nueva tecnología. Buen y sugerente film de un director a reivindicar siempre.

 

 

 

 

LOS MUELLES DE NUEVA YORK (1928), de Joseph von Sternberg. Otra obra magnífica, sorprendente y excepcional. Poderío visual, una historia en tres escenarios y durante menos de un día. Drama, romance y toques Noir. Más que disfrutona.

 

 

 

 

MÁS ALLÁ DE ZANZÍBAR (1928), de Tod Browning. Browning con una trama enfermiza, retorcida, vengativa y, por supuesto, con mermas físicas. Era un artista excepcional, completamente contracorriente, que hay que ensalzar.

 

 

 

 

RELÁMPAGO (1928), de Ted Wilde. Otro luminoso pedazo de celuloide regalado por Lloyd. Su humor, vitalista, positivo, alegre y original. Otro disfrute.

 

 

 

 

RÍE, PAYASO, RÍE (1928), de Herbert Brenon. Joya excepcional a reivindicar, con un majestuoso Lon Chaney. Es un drama ambientado, una vez más, en el circo, con un encantador triángulo amoroso. Y enamorado queda el espectador.

 

 

 

 

SOLEDAD (1928), de Pál Fejös. El amor y cómo se forja. El minimalismo en el retrato. Una joya que no desmerece de “Amanecer” (F. W. Murnau, 1927) o “Y el Mundo Marcha” (King Vidor, 1928), y que con seguridad fue guía para “Antes del Amanecer” (Richard Linklater, 1995), ¿por qué no?

 

 

 

 

SPIONE (1928), de Fritz Lang. Adoro este film de Lang. Publicaré este año el análisis que le hice a esta magistral película, que seguro Hitchcock vio en más de una ocasión. Los complots, las organizaciones siniestras, el suspense, los trenes… Vean esta película y entonces entenderán cuando les digo que sin Lang seguramente Hitchcock no hubiera sido Hitchcock. Lang, uno de los cinco grandes realizadores de la historia del cine.

 

 

 

 

TEMPESTAD SOBRE ASIA (1928), de Vsevolod Pudovkin. Como buena parte del cine ruso de la época, es una cinta de propaganda, aunque las había muy buenas. Es la última de la llamada “Trilogía de la Concienciación” de Pudovkin. En esta mezclamos aventuras, bélico y colonialismo, el inglés sobre el Tibet y Siberia.

 

 

 

 

UNA CHICA EN CADA PUERTO (1928), de Howard Hawks. Germen de las magistrales comedias de Hawks, revolucionarias y pioneras con muchas innovaciones, donde hay aspectos clásicos de su cine. La amistad y camaradería masculina, la guerra de sexos… Interesante en ese aspecto.

 

 

 

 

Y EL MUNDO MARCHA (1928), de King Vidor. Uno de los clásicos de este año que más sonará a los cinéfilos. Asombrosa desde lo visual, este retrato del sueño americano se alza orgulloso y majestuoso con una dirección artística que aún hoy sorprende. Una obra maestra del gran King Vidor, director que ya ha sido reivindicado en estas líneas, como no podía ser de otra manera.

 

 

 

1929

 

ALELUYA (1929), de King Vidor. Cinta innovadora y poco recordada para sus méritos. Primera película sonora de Vidor, y una de las primeras de la historia, es un musical pionero, puro, inserto en lo que podríamos denominar naturalismo poético o mágico, un musical que no se evadía de la realidad, sino que se zambullía en ella, retratando su crudeza, en este caso los trabajos en los campos de algodón y el mundo negro. Un reparto afroamericano y música Blues y Gospel. Simplista y pobre en su retrato, ciertamente, pero es un título indispensable en la evolución del cine.

 

 

 

 

AMOR ETERNO (1929), de Ernst Lubitsch. Cinta para el lucimiento de John Barrymore. No es un gran Lubitsch, pero siempre tiene el interés de disfrutar de una obra del maestro, justo antes de la época sonora.

 

 

 

 

APLAUSO (1929), de Rouben Mamoulian. El sórdido ambiente del teatro burlesque y la dignidad personal de los que allí trabajan. Un film irregular, interesante y, por momentos, conmovedor. No es una de las grandes obras de estos años, pero merece la pena.

 

 

 

 

ARSENAL (1929), de Aleksandr Dovzhenko. Siguiendo la historia de un soldado ucraniano que regresa de la Gran Guerra, es un nuevo ejemplo de buen cine soviético, de tremendo poderío visual y mensaje antibelicista.

 

 

 

 

ASFALTO (1929), de Joe May. Interesante cinta alemana con elementos expresionistas en su estilo, con brillantes y llamativas angulaciones de cámara, y aspectos que nos remiten al Noir, con mujeres fatales seductoras y hombres honestos llevados a la perdición.

 

 

 

 

CHANTAJE (1929), de Alfred Hitchcock. Esta sí que es que una cinta prototípica de Hitchcock. Un thriller psicológico donde el maestro da muestras de su talento. No se habla tanto de ella, pero es un gran trabajo de su primera etapa y donde demuestra que no le hacía falta que los actores exageraran ni hicieran reflexiones psicológicas, que él, con su cámara y los recursos de la imagen, se bastaba y sobraba.

 

 

 

 

EL BESO (1929), de Jacques Feyder. Un fantástico drama romántico con la Garbo como protagonista cuando el mudo languidecía. Un drama que linda con el suspense, rezumando modernidad por los cuatro costados. La infelicidad, la infidelidad, el adulterio, perfectamente narrados por un director más que interesante.

 

 

 

 

EL DESFILE DEL AMOR (1929), de Ernst Lubitsch. La primera obra sonora del maestro, que ya hacía gala de un domino del nuevo elemento realmente asombroso. Estamos en los años del cambio, donde ambos mundos convivían y las narrativas iban sacando partido a las posibilidades dadas. Aquí Lubitsch ya muestra ese tono lúdico y juguetón con el sonido y con el silencio, con la elipsis y la metáfora. Una obra irregular, pero satisfactoria.

 

 

 

 

EL SEXTO SENTIDO (1929), de Eusebio Fernández Ardavín y Nemesio M. Sobrevila. No, no es la de Bruce Willis, como supondréis. Creo que es la primera cinta española que traigo a estas listas, o una de ellas, desde luego. Un trabajo realmente curioso y muy recomendable por su originalidad en su juego metacinematográfico. ¿La habría visto Tarantino antes de Pulp Fiction?

 

 

 

 

EL VIRGINIANO (1929), de Victor Fleming. Un clásico personaje del Western con un jovencísimo y guapísimo Gary Cooper. No es gran cosa, pero si un título eficaz con destacado actor y director.

 

 

 

 

ESTRELLAS DICHOSAS (1929), de Frank Borzage. Hay que decirlo alto porque está muy olvidado. El señor Borzage fue uno de los grandes de la época muda. Aunque luego su carrera no mantuvo el nivel, en estos primeros años voló a una altura excepcional. Aquí tenemos un nuevo ejemplo. Un drama romántico, con la Gran Guerra de fondo, realmente sutil, sensible y matizado. Y con Janet Gaynor.

 

 

 

 

LA CAJA DE PANDORA (1928), de Georg Wilhelm Pabst. Otra de las obras clave del expresionismo alemán, que como sabréis es de mis movimientos artísticos predilectos (así como su influencia posterior). Una película atrevida, trasgresora, desinhibida, con un retrato femenino tremendo, el de Lulú, ese personaje que encarnó magníficamente Louise Brooks. Ya avanzaba otros retratos femeninos que veríamos en los años 30. Este es otro de los títulos más conocidos de la lista, que debe disfrutarse para el entendimiento de la evolución del cine en sus primeros pasos.

 

 

 

 

LA MÁSCARA DE HIERRO (1929), de Allan Dwan. Una de aventuras y capa y espada. Adaptando a Dumas con el rey del género, Douglas Fairbanks. Los mosqueteros dieron grandes momentos en el mudo.

 

 

 

 

LA MUJER EN LA LUNA (1929), de Fritz Lang. Es raro que Fritz Lang no aparezca con algún film en cada año donde estrenó película. Aquí regresa con una de Ciencia Ficción, de las grandes pioneras, aunque ahora aparezca ingenua en sus postulados. Una obra espléndida desde lo técnico, como es costumbre (esto no debería hacer falta decirlo, pero hay que situarse automáticamente en la época de su gestación, porque de hecho la cinta tuvo bastante rigor científico con todas sus limitaciones), con grandes reflexiones morales. Todo cinéfilo debe ver la que es una de las películas germen de la Ciencia Ficción pura, de especulación, tras un inicio en clave de Cine Negro. Muchas de las obsesiones de Lang están presentes.

 

 

 

 

LA NUEVA BABILONA (1929), de Grigori Kozintsev y Leonid Trauberg. La guerra Franco-Prusiana desde la perspectiva soviética, enfatizando la lucha de clases. Es simplista, pero tiene sus alicientes.

 

 

 

 

LA REINA KELLY (1929), de Erich von Stroheim. El rapto de una monja a manos de un príncipe. Un gran clásico de la época silente con un dúo tremendo y casi mortal. Stroheim en la dirección y Gloria Swanson (sí, la de “El Crepúsculo de los Dioses”) ante las cámaras, que se llevaban a matar… El caos en que sumía los rodajes Stroheim, que abominaba de la técnica cinematográfica y eternizaba dichos rodajes hasta la extenuación, creaba problemas con el equipo, pero lo cierto es que su genialidad lograba títulos tan emblemáticos como este que, una vez más, quedó destrozado en la sala de montaje, donde se pierde más de la mitad de lo que pretendía ser.

 

 

 

 

LO VIEJO Y LO NUEVO (1929), de Sergei Eisenstein y Grigori Aleksandrov. Un Eisenstein más social y crepuscular, mostrando la vida rural cuando los avances tecnológicos y técnicos amenazaban actividades tradicionales. De nuevo una película del director ruso es incluida con merecimiento en la lista, si bien su propaganda tenga poco que ver con la verdad histórica.

 

 

 

 

LOS CUATRO COCOS (1929), de Joseph Santley y Robert Florey. La primera película de los Hermanos Marx, así que debía estar aquí. No es la más brillante, ni hilarante, ni loca, tiene los defectos de tantas otras, pero también hay ingenio y grandes momentos.

 

 

 

 

PRISIONEROS DE LA MONTAÑA (1929), de Georg Wilhelm Pabst y Arnold Fanck. Una de alpinismo y aventuras alemana. Y triángulo amoroso. Tenemos de todo un poco. Es muy desconocida, pero está bien considerada.

 

 

 

 

TRES PÁGINAS DE UN DIARIO (1929), de Georg Wilhelm Pabst. Junto a “La Caja de Pandora” (1929) y “Crisis” (1928), forman la llamada “Trilogía Erótica” de Pabst. Gran retrato de la hipocresía social y la doble moral sexual.

 

 

 

 

UN PERRO ANDALUZ (1929), de Luis Buñuel. Película iconográfica y referencia del surrealismo. Junto a Dalí, creó imágenes imperecederas, sugerentes, perturbadoras. Su esmero por evitar que se pudiera dar cualquier explicación racional, psicológica o cultural queda plasmado a la perfección, generando emociones genuinas en el espectador que observa. Es la escenificación y configuración de los sueños, sin más. De obligado visionado para entender todo un movimiento.

 

 

 

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sambo

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