MEJORES PELÍCULAS: 1926-1927

MEJORES PELÍCULAS: 1926-1927

CINE

 

 

 

Hay una ligera descompensación entre estos dos años, donde aunque en 1926 se estrenaron obras maestras de plena vigencia aún en la actualidad, fue 1927 el que tuvo más títulos destacados, unos por su calidad y otros que añadían elementos que han pasado a la historia (primera película ganadora del Oscar, primer título sonoro, película referencial del cine de gángsters…). Poco a poco vamos viendo los avances técnicos y evoluciones cinematográficas con títulos imprescindibles para todo cinéfilo. En estos dos años tenemos películas absolutamente indispensables en la evolución del cine, con una influencia todavía vigente.

También podemos disfrutar de los primeros pasos de incontestables como Hitchcock, Hawks, Capra… lo que es un aliciente especial. Seguimos encontrando obras maestras, consolidando estilos y descubriendo innovaciones.

 

1926

 

¡AY, MI MADRE! (1926), de Sam Taylor. Mediometraje destacado de Harold Lloyd. Otra joya hilarante de este genio, repleta de gags y ocurrencias llenas de ritmo. Además fue todo un éxito. Un millonario y sus peripecias en mundos que desconoce.

 

 

 

 

EL BOXEADOR (1926), de Buster Keaton. El genial Buster Keaton con una historia de mentiras, amor y deporte. Excepcionales e hilarantes gags, tanto desde la imaginativa puesta en escena como desde las situaciones de guión.

 

 

 

 

EL DEMONIO Y LA CARNE (1926), de Clarence Brown. Un excepcional melodrama donde la Garbo pone a prueba la amistad de dos amigos de la infancia. Tan sencilla como honesta y eficaz en su exposición de temas y conflictos.

 

 

 

 

EL HOMBRE CAÑÓN (1926), de Frank Capra. Los primeros “Capras”. Traigo aquí una comedia sencilla, de buen ritmo, que tiene un poco de todo para entretener al público, acción con gags divertidos, aventura amorosa y humor.

 

 

 

 

EL MAQUINISTA DE LA GENERAL (1926), de Buster Keaton y Clyde Bruckman. Es muy difícil seleccionar una de las muchas obras maestras de Keaton, pero seguramente esta ha pasado a la historia como su cénit artístico. Deléitense y rían a gusto con esta obra maestra, observen la capacidad alegórica de sus encuadres y gags, el uso del plano general y el montaje, de la puesta en escena… todo es absolutamente perfecto.

 

 

 

 

EL PIRATA NEGRO (1926), de Albert Parker. Película que muchos consideran como el paradigma primigenio de las películas de piratas. El gran Douglas Fairbanks en una historia de venganzas y aventuras.

 

 

 

 

EL PRECIO DE LA GLORIA (1926), de Raoul Walsh. Estupenda cinta antibélica del maestro Walsh, que juega además con los tonos como le da la gana. Del drama la comedia sin darte cuenta.

 

 

 

 

EL VIAJE IMAGINARIO (1926), de René Clair. Una cinta curiosa. La evasión como necesidad vital y salvaguarda. Surrealismo, imaginación y los deseos. No es una genialidad, pero sí interesante.

 

 

 

 

FAUSTO (1926), de F. W. Murnau. De aspiración expresionista muy marcada, otra obra maestra de la época y del estilo. Murnau sentando cátedra con la obra eterna de Goethe. Indispensable.

 

 

 

 

FLOR DEL DESIERTO (1926), de Henry King. Hay épica, romanticismo y el poderío visual de King magnificando la naturaleza. Un buen Western con un jovencísimo Gary Cooper haciendo acto de presencia.

 

 

 

 

HOJAS DE PARRA (1926), de Howard Hawks. Ni es muy conocida ni está muy valorada, pero es una comedia tremendamente eficaz, bastante lograda y satisfactoria del que es uno de los mejores directores de la historia dando sus primeros pasos.

 

 

 

 

LA LOCURA DEL CHARLESTÓN (1926), de Ernst Lubitsch. Para muchos es la cinta más divertida y eficaz en su vertiente cómica, con el “toque Lubtisch” en todo lo alto, de su etapa muda americana. Aquí hay muchos de sus temas y recursos estructurales y narrativos que lo distinguirían como uno de los más grandes.

 

 

 

 

LA MADRE (1926), de Vsevolod Pudovkin. Uno de los grandes clásicos del cine ruso, que como muchas de la época es una obra de propaganda comunista, que adapta la obra de Maxim Gorky. La conciencia de la lucha de clases a través de los padecimientos en el contexto de la Revolución de 1905.

 

 

 

 

LA MUJER MARCADA (1926), de Victor Sjöström. Adaptación de “La Letra Escarlata” de Nathaniel Hawthorne con la gran Lillian Gish como protagonista. Ella lo es todo. Un trabajo muy bien valorado del gran Sjöström.

 

 

 

 

LAS AVENTURAS DEL PRÍNCIPE ACHMED (1926), de Lotte Reiniger. Una película asombrosa, un hito cinematográfico de una de las grandes mujeres pioneras en el mundo del cine, Lotte Reiniger. Una animación con siluetas. La más antigua de las obras animadas que se conservan, una genialidad adelantada a su tiempo.

 

 

 

 

MALDAD ENCUBIERTA (1926), de Tod Browning. Adoro a Browning. Esta no es una de sus cintas más destacadas, ni de lejos, pero tiene su interés por el autor y su protagonista, Lon Chaney. Browning ha pasado a la historia por sus títulos de terror, alguno de este año, pero era mucho más. Aquí, por ejemplo, adentrándose en un drama criminal.

 

 

 

 

MISTERIOS DE UN ALMA (1926), de Georg Wilhelm Pabst. Drama psicológico alemán. Una de las primeras obras psicoanalíticas. No es nada del otro mundo, pero tiene intereses pioneros.

 

 

 

 

NANA (1926), de Jean Renoir. Renoir adaptando a Zola… para su ruina. Sigue los pasos de von Stroheim, pero la película fue un fracaso que dejó a Renoir tiritando. Desencanto, decadencia, clasismo, codicia… Interesante film.

 

 

 

 

POR LA LEY (1926), de Lev Kuleshov. Saliéndonos del tópico, un director ruso adaptando a un autor americano, Jack London. Una obra breve y poderosa, muy desconocida, que merece la pena.

 

 

 

 

TRES HOMBRES MALOS (1926), de John Ford. Es un soberbio Western, de los mejores trabajos del maestro en su etapa muda, y eso que apenas se la menciona. Aquí se van sentando las bases del género en el cine del más grande. Además es una gran superproducción.

 

 

 

 

UNA PÁGINA DE LOCURA (1926), de Teinosuke Kinugasa. Una cinta muy curiosa, brillante y original. Expresionista, experimental, ambientada en un sanatorio mental y con una trama malsana y de terror. Es muy cortita, lindando el mediometraje.

 

 

 

 

VIDA BOHEMIA (1926), de King Vidor. De nuevo Lillian Gish para nuestro deleite. Un intenso drama de conocida historia, que inspiró la ópera de Puccini, y donde todo funciona bien de la mano de Vidor, el director más tórrido del clásico.

 

 

 

1927

 

ALAS (1927), de William A. Wellman. No ya por su calidad, que desde luego la tiene, sino por ser la primera ganadora de un Oscar a la mejor película, este título del gran William A. Wellman merece estar en la lista de las destacadas de su año. Una película histórica, una gran película, con unas imágenes extraordinarias.

 

 

 

 

AMANECER (1927), de F. W. Murnau. Una de las obras más extraordinarias de la época muda y de todos los tiempos, que quizá sea algo menos conocida que otros clásicos, posiblemente porque sus ambiciones estéticas no son tan grandes como en otros casos. Lo que sí es excelso es su calidad. Una obra maestra de otro mundo sobre el perdón, el amor, la redención… De una belleza sin igual, tremendamente lírica a la par que realista, técnicamente impecable. ¿Aún no la han visto? Janet Gaynor ganó el Oscar a mejor actriz principal por sus trabajos en esta que aquí resalto, la estupenda “El séptimo cielo” (Frank Borzage, 1927) y “El ángel de la calle” (Frank Borzage, 1928)… Ahí es nada.

 

 

 

 

ANNA KARENINA (1927), de Edmund Goulding. La eterna novela de León Tolstói con la Garbo de protagonista. Han sido muchas las adaptaciones, pero esta presenta ciertas particularidades, por ejemplo que tiene bastantes cambios respecto a la novela, uno de ellos el final. Se rodaron dos, uno de ellos feliz para no traumatizar a la audiencia estadounidense… Cosas.

 

 

 

 

CAMA Y SOFÁ (1927), de Abram Room. Una más que interesante cinta soviética con un triángulo amoroso retratado con madurez y modernidad. A descubrir.

 

 

 

 

EL AMOR DE JEANNE NEY (1927), de Georg Wilhelm Pabst. Un drama romántico venido de Alemania dirigido por un Wilhelm Pabst que repite en la lista. Es una de sus mejores obras.

 

 

 

 

EL CANTOR DE JAZZ (1927), de Alan Crosland. Un año histórico que nos dio también la considerada como primera película sonora de la historia del cine, lo que la convirtió en un descomunal éxito de taquilla.

 

 

 

 

EL COLEGIAL (1927), de James W. Horne. El genial Buster Keaton como un estudiante modelo que para impresionar a una chica se mete a hacer todo tipo de deportes en la universidad. Como siempre, hilarante, atlético, original…

 

 

 

 

EL ENEMIGO DE LAS RUBIAS (1927), de Alfred Hitchcock. Título iconográfico en la filmografía del director, sobre todo sabiendo su pasión por las rubias, que es de las más famosas y conocidas de su época muda. Está lejos de ser una de las grandes obras del maestro, pero ya muestra muchas de sus inquietudes y rasgos. Una buena película, sin lugar a dudas.

 

 

 

 

EL FIN DE SAN PETERSBURGO (1927), de Vsevolod Pudovkin. Película de propaganda que celebraba los 10 años de la Revolución Rusa, es una cinta realmente brillante desde lo técnico. A tener muy en cuenta.

 

 

 

 

El HERMANITO (1927), de Ted Wilde, J. A. Howe y Lewis Mileston. Harold Lloyd en otra hilarante aventura, en este caso de ambiente rural, interpretando a otro joven que saldrá del cascarón para demostrar su valía. Es una auténtica maravilla en la que se aglutina lo mejor de este genio del humor mudo. Una de sus mejores obras.

 

 

 

 

EL LEGADO TENEBROSO (1927), de Paul Leni. Un perfecto ejemplo de cómo el expresionismo alemán, su estética, fue calando en el cine estadounidense. En este caso es en una de intriga, con casa encantada, toques de terror y también de comedia. Una rareza muy atractiva.

 

 

 

 

EL PALACIO DE LAS MARAVILLAS (1927), de Tod Browning. El circo, personajes extraños, atmósferas malsanas… No, no es “La Parada de los Monstruos”, pero puede funcionar como una especie de adelanto. ¡Qué filmografía más particular e interesante tiene Browning! Este mismo año estrenó “Garras Humanas”, una de sus obras maestras.

 

 

 

 

EL PRÍNCIPE ESTUDIANTE (1927), de Ernst Lubitsch. Os tengo que traer algo de Lubitsch de este año, y qué mejor que esta comedia dramática llena de elegancia, que si bien no es uno de sus títulos emblemáticos es buena muestra del talento del director.

 

 

 

 

EL RING (1927), de Alfred Hitchcock. Nada que ver con lo que vendría después, pero es interesante ver a un Hitchcock primigenio, en su primer guión junto a su esposa Alma Reville. Un drama deportivo ambientado en el mundo del boxeo que, con todo, tiene sus aspectos interesantes, aunque quede lejos de las obras más destacadas del maestro en esta época.

 

 

 

 

EL SÉPTIMO CIELO (1927), de Frank Borzage. Una de las mejores películas de estos dos años. Janet Gaynor consiguió el primer Oscar de la historia por sus trabajos en esta, “Amanecer” de Murnau y “El Ángel de la Calle”, también de Borzage… Casi nada. Un melodrama romántico y realista que es casi una excepcionalidad en el cine estadounidense de la época.

 

 

 

 

ELLO (1927), de Clarence G. Badger. Una encantadora comedia romántica de amores imposibles con Clara Bow en el papel protagonista. Ella fue una de las primeras sex symbol de la historia del cine, una de las actrices más bellas de la época para no pocos.

 

 

 

 

GARRAS HUMANAS (1927), de Tod Browning. Eclipsada por las posteriores “Drácula” (1931) o “Freaks. La parada de los monstruos” (1932), “Garras humanas” es una incontestable obra maestra de uno de los grandes nombres del cine de terror de todos los tiempos, Tod Browning. Aquí, junto al “hombre de las mil caras”, el eterno Lon Chaney, nos cuenta un relato perturbador, retorcido, desasosegante, que no dejará indiferente a nadie.

 

 

 

 

LA CASA DEL HORROR (1927), de Tod Browning. Esta película es una de las grandes pérdidas de la historia del cine (quizá junto a “Avaricia” la más destacada de la época). No lo es tanto por la calidad del film, que no podemos concluir, si bien las referencias no indicaban nada excepcional, sino por el halo mítico que fue adquiriendo, por ser una cinta inaugural del vampirismo estadounidense y por sus responsables. La última colaboración de Lon Chaney con Browning en una de terror con vampiros. El director hizo una especie de remake en “La Marca del Vampiro” (1935). De esta se conservan unos 46 minutos y una versión creada mediante diaporamas.

 

 

 

 

LA LEY DEL HAMPA (1927), de Josef von Sternberg. Imprescindible cinta para entender el cine de gangsters, una de las pioneras, de las que sentaron las bases de lo que se desarrollaría con maestría en los años 30. Para un amante del Cine Negro, ésta no podía faltar en la lista.

 

 

 

 

LA MUCHACHA DE LA SOMBRERERA (1927), de Boris Barnet. Es una cinta particular dentro del cine soviético más conocido. Una comedia ágil, con toques de slapstick clásico, donde los aspectos más políticos y reivindicativos quedan en un segundo plano. Sí, habrá moraleja social con las diferencias de clase, las opresiones y el poder del dinero, pero se agradece el tono.

 

 

 

 

METRÓPOLIS (1927), de Fritz Lang. La mejor película de Ciencia Ficción de la historia, junto a “Blade runner” (Ridley Scott, 1982), la cual no sería lo que es sin la obra maestra de Lang. Con imágenes iconográficas que incluso el más despistado habrá visto, con un poderío visual, hallazgos técnicos y una estética eterna que a día de hoy se mantienen vigentes. De influencia universal, estamos ante uno de esos pilares cinematográficos que todo cinéfilo debe cuidar en su colección. Es alucinante lo que eran capaces de hacer e imaginar en aquella época…

 

 

 

 

NAPOLEÓN (1927), de Abel Gance. Descubrí hace no mucho esta película gracias a unos buenos amigos. Es un logro impresionante. Una película de ambición desmedida, como el protagonista de la misma. De larguísima duración (235 minutos), su virtuosismo técnico y estético es asombroso, desde los recursos de puesta en escena a los de montaje, con la pantalla partida. Un deleite.

 

 

 

 

OCTUBRE (1927), de Sergei M. Eisenstein y Grigori Aleksandrov. Una de las grandes obras de la época y del maestro Eisenstein. Cinta de propaganda que recrea la Revolución de Octubre de 1917, de la que se cumplían 10 años, como comenté en un título anterior (“El Fin de San Petersburgo”). Uno de los títulos indispensables de la época muda.

 

 

 

 

REY DE REYES (1927), de Cecil B. DeMille. De las primeras películas en apostar por la narración bíblica de Jesucristo. Tuvo que ser DeMille, que sería director estrella, además del más espectacular, en aquellos años. Interesante film que tiene ciertos aspectos narrativos tan arriesgados como sugerentes.

 

 

Lista anterior (1924-1925)

Lista Posterior (1928-1929)

 

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