MEJORES PELÍCULAS: 1924-1925

MEJORES PELÍCULAS: 1924-1925

CINE

 

 

 

 

 

Sí, los americanos y, por supuesto, los alemanes, siguen copando con sus títulos las mejores obras de los años 20, aunque grandes talentos de otras latitudes traen aportaciones imprescindibles para la narrativa cinematográfica o, simplemente, para la historia del cine con obras maestras imperecederas. Rusos, suecos… Son los años de «El Acorazado Potemkin» y su revolución con el montaje, por ejemplo. Y es que el talento se desbordada en estos años…

 

1924

 

AELITA (1924), de Yakov Protazanov. Alexei Tolstoi era pariente lejano de León Tosltoi. Es el autor de la novela que se adapta aquí, la que dicen primera película soviética de Ciencia Ficción (bien es cierto que no se presta mucha atención al género). Un título de eterno metraje realmente curioso, con obvias referencias políticas que mal se disimulan en la trama, y que además son trasgresoras para la época, ya que su interpretación sería contrarrevolucionaria, cuestionando el sistema comunista, de una forma tangencial, bien es cierto. Muy curiosa. Y valiente.

 

 

 

 

AVARICIA (1925), de Erich von Stroheim. Desgraciadamente mutilada por la censura, Stroheim narró en esta obra maestra arrolladora, con un poderío dramático difícil de igualar, la caída a los infiernos que provocan los más insanos pecados. Qué bueno era Stroheim, qué poco complaciente.

 

 

 

 

CASADO Y CON SUEGRA (1924), de Fred C. Newmeyer y Sam Taylor. Es un mediometraje, pero casi llega a largo. Otra joyita de Lloyd, en esta ocasión luchando contra su familia política.

 

 

 

 

EL CABALLO DE HIERRO (1924), de John Ford. Posiblemente sea la película más conocida y reputada del maestro de maestros en la época muda. Centrando su mirada en el ferrocarril, ese caballo de hierro que cambió la historia y que divide el western, no puedo más que exigiros que la veáis para disfrutar del talento ya emergido del más grande en esta epopeya épica y espectacular.

 

 

 

 

EL HOMBRE DE LAS FIGURAS DE CERA (1924), de Paul Leni y Leo Birinsky. Narra tres historias distintas, con ciertos nexos comunes, donde se van turnando géneros como la comedia, el fantástico, el drama, el terror… Todo con una estupenda estética expresionista que nos recuerda a “El Gabinete del Doctor Caligari”. Del guionista de “El Golem” y “Nosferatu”, tenemos aquí a Jack El Destripador, Iván El Terrible y Harún al-Rashid.

 

 

 

 

EL LADRÓN DE BAGDAD (1924), de Raoul Walsh. Uno de los más grandes narradores de todos los tiempos, quizá el director más trepidante de la historia del cine. Es alucinante que muchos lo tengan olvidado o se les escape al mencionar a los grandes cineastas clásicos. Este es uno de sus imprescindibles títulos, una de sus primeras joyas, protagonizada además por Douglas Fairbanks, mítica estrella e ídolo de masas, que por si fuera poco firma el guión.

 

 

 

 

EL MODERNO SHERLOCK HOLMES (1924), de Buster Keaton. Una de las grandes obras de Keaton, un mediometraje de 45 minutos sin desperdicio, donde la imaginación para el gag y el talento del actor y director provocan la carcajada sin esfuerzo. Sorprende la modernidad de su humor.

 

 

 

 

EL NAVEGANTE (1924), de Buster Keaton y Donald Crisp. Sin querer copar la lista con el gran Buster Keaton, hay algunas que no pueden faltar. Esta, que es una obra maestra, además era de las favoritas del genio. No dejen de verla, por favor.

 

 

 

 

EL TENORIO TÍMIDO (1924), de Fred C. Newmeyer y Sam Taylor. Otra fantástica colección de escenas brillantes, originales e hilarantes para formar un todo placentero y satisfactorio, marca de la casa Lloyd. El final es soberbio.

 

 

 

 

EL QUE RECIBE EL BOFETÓN (1924), de Victor Sjöström. ¿Os suena el león de la Metro? Pues apareció por primera vez en esta película protagonizada por el imprescindible Lon Chaney, que ya traje a estas listas. No pudieron elegir mejor. Un brillante título sobre el fracaso, el desencanto y el desamor, de fuerza arrebatadora, dirigido por el excelente, y también desconocido para muchos, aunque espero que tras leer estas listas menos, ya que incluí otras películas suyas como “La carreta fantasma” (1921), director sueco Victor Sjöström.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO (1924), de F. W. Murnau. Descomunal y referencial obra del expresionismo alemán dirigida por uno de sus más grandes exponentes. La degradación, el fracaso, el desengaño, retratados con una potencia visual inaudita. Técnicamente impecable es una de las mejores obras del autor y del movimiento expresionista, con grandes hallazgos visuales y técnicos, donde los movimientos de cámara se muestran como pocas veces antes, donde la iluminación y las angulaciones son pura expresividad. Puro cine.

 

 

 

 

LA LEYENDA DE GÖSTA BERLING (LA SAGA DE GÖSTA BERLING) (1924), de Mauritz Stiller. El cine sueco seguía coleccionando joyas. Estamos ante una de las primeras películas de la Garbo, quizá la primera de verdadero prestigio. Exhaustivo y preciso retrato de la sociedad sueca del XIX con la historia de un sacerdote alcohólico y enamorado. Un gran film.

 

 

 

 

LAS FINANZAS DEL GRAN DUQUE (1924), de F. W. Murnau. Es una obra discretita de Murnau, lejos de sus grandes clásicos. Una comedia de enredos y aventuras, un puro entretenimiento, muy eficaz en la época, pero lejos de ser trascendente en la actualidad más allá de su autor y su evolución.

 

 

 

 

LAS MANOS DE ORLAC (1924), de Robert Wiene. El director de “El Gabinete del Doctor Caligari” con otra de sus grandes películas. Un terror expresionista sobre un pianista que pierde sus manos y le trasplantan las de un asesino.

 

 

 

 

LOS NIBELUNGOS I y II (1924), de Fritz Lang. Una de sus grandes obras, menos conocidas que otras suyas de la época. Dos obras abrumadoras, espectaculares, grandiosas, técnicamente deslumbrantes, en consonancia con la capacidad narrativa del magistral director. En la cima en todas las épocas. La Muerte de Sigfrido y La Venganza de Krimilda.

 

 

 

 

LOS PELIGROS DEL FLIRT (1924), de Ernst Lubitsch. El Lubitsch más reconocible. Aquí comenzó a adquirir el interés de los críticos, una vez se alejó de las superproducciones europeas de grandes decorados. Una comedia sofisticada, llena de enredos, guiños, ironías, sexualidad… que marcaría los pasos a seguir dentro del género. Es la segunda cinta americana del genio.

 

 

 

 

MICHAEL (DESEO DEL CORAZÓN) (1924), de Carl Theodor Dreyer. Remake de “Las Alas” (Mauritz Stiller, 1916), película considerada pionera en el retrato de una relación homosexual, es un buen trabajo de Dreyer donde se reflexiona sobre la amistad, la creatividad, la belleza. Aquí ya observamos la maestría de Dreyer con los primeros planos, siempre con significación psicológica sobre los personajes.

 

 

 

 

PETER PAN (1924), de Herbert Brenon. La primera adaptación del clásico de Barrie que sorprende por sus magníficos efectos especiales, maravillosos para la época. Peter Pan está interpretado por una mujer, Betty Bronson.

 

 

1925

 

BAJO LA MÁSCARA DEL PLACER (1925), de Georg Wilhelm Pabst. Un crudo retrato de la sociedad vienesa durante la Gran Guerra, sus consecuencias nada complacientes. Descarnado retrato que la llevó a ser censurada y causar gran polémica y escándalo. Aquí coincidieron Greta Garbo y Marlene Dietrich (esta segunda como extra), en lo que pudo ser el comienzo de una tormentosa relación.

 

 

 

 

BEN-HUR (1925), de Fred Niblo. Muchos conoceréis la épica cinta clásica de William Wyler. Pues deberían ver esta, porque es absolutamente increíble. Si la carrera de cuadrigas de la adaptación de 1959 es legendaria, deléitense con esta rodada en 1925, porque no desmerece en absoluto. Incluso la batalla naval tiene momentos donde supera a la de Wyler con una puesta en escena deslumbrante.

 

 

 

 

EL ABANICO DE LADY WINDERMERE (1925), de Ernst Lubitsch. Adaptación de la estupenda obra de Oscar Wilde, material perfecto para los gustos y resortes del maestro Lubitsch. Esta cinta es uno de los clímax de su estilo en la etapa muda, ni más ni menos.

 

 

 

 

EL ACORAZADO POTEMKIN (1925), de Sergei M. Eisenstein. Obra capital en la historia del cine. Propaganda comunista, pero técnicamente impecable, visionaria, adelantada a su tiempo, referencial. El montaje alcanzando la edad adulta. Con esta película el director ruso revolucionó la narrativa cinematográfica y el ritmo con su portentoso montaje, definiendo el suspense dilatando el tiempo, mezclando situaciones y peripecias, haciéndolo elíptico a voluntad… Imprescindible como testamento fílmico, imprescindible como testamento técnico. Hay que conocerla para entender la evolución del montaje y la narrativa cinematográfica. No queda otra. Da igual, como en el caso de “El nacimiento de una nación” (1915) de Griffith, que el contenido histórico sea falso y manipulador e ideológicamente resulte más que cuestionable, porque aquí prevalece el arte.

 

 

 

 

EL AMO DE LA CASA (1925), de Carl Theodor Dreyer. Más Dreyer, que siempre es buena cosa. Y atentos, que estamos ante un film de tintes íntimos y sociales, marcadamente feminista, adaptación de la obra de Svend Rindon, donde un despótico cabeza de familia ultraja y maltrata a su mujer e hijos, pero se dará de bruces con su lúcida niñera de toda la vida.

 

 

 

 

EL ESTUDIANTE NOVATO (1925), de Fred C. Newmeyer y Sam Taylor. Otra joya protagonizada por Lloyd. Encadenamiento de sketchs con una leve historia, llenos de ingenio y originalidad. Sin desperdicio. Pura diversión.

 

 

 

 

EL FANTASMA DE LA ÓPERA (1925), de Rupert Julian. De nuevo Lon Chaney y el terror. Adaptando a Leroux, es una estupenda elección para saborear el cine de terror que se hacía en la época con su impagable actor protagonista.

 

 

 

 

EL GRAN DESFILE (1925), de King Vidor. Me da rabia la caída en el olvido de este magnífico director, uno de los grandes en los inicios del cine y que además siguió entregando joyas década a década hasta los 50 (luego su producción fue más escasa y discreta). Aparecerá más en estas listas, pero no pienso resistirme a incluirle con esta gran obra bélica de estética deslumbrante que será difícil no les emocione.

 

 

 

 

EL MUNDO PERDIDO (1925), de Harry O. Hoyt. Adaptación de la novela de sir Arthur Conan Doyle sobre una expedición a una misteriosa e inexplorada selva brasileña donde se encuentran hombres prehistóricos y dinosaurios. Muy apañada y con unos efectos especiales sorprendentes para la época. Por cierto, podemos ver al escritor en la introducción.

 

 

 

 

EL REY DE LOS COWBOYS (1925), de Buster Keaton. Otra auténtica joya de este genio del humor y la puesta en escena. Una auténtica locura con una parte final sublime. Como siempre, véanla y flipen.

 

 

 

 

EL TRÍO FANTÁSTICO (1925), de Tod Browning. Uno de los tipos más interesantes y originales de cine clásico, ya desde el mundo. Un universo transgresor, provocativo y único. Un thriller donde la maldad, el retorcimiento y el mundo “freak” son pieza clave. Larga vida a Browning.

 

 

 

 

LA HUELGA (1925), de Sergei M. Eisenstein. La primera película del imprescindible Eisenstein. Una oda al colectivismo, es uno de sus títulos más humanos, aún esquemático, pero de gran poder reivindicativo.

 

 

 

 

LA QUIMERA DEL ORO (1925), de Charles Chaplin. Nadie logró mezclar la carcajada y la lágrima como él. Lo acusaban de sensiblero (como a otros indiscutibles como Capra o Spielberg), pero el tiempo pone a los grandes, a muchos, en su sitio. Chaplin nunca abandonó ese lugar. Seguro recordáis el baile de los panecillos con los tenedores, tantas veces imitado… Pues es de esta película. Una de las grandes del maestro, poco más que decir.

 

 

 

 

LA VIUDA ALEGRE (1925), de Erich von Stroheim. Una gran película de uno de los grandes maestros en los orígenes del cine. La decadente aristocracia y el clasismo en un drama romántico mudo de gran nivel.

 

 

 

 

SIETE OCASIONES (1925), de Buster Keaton. Ponemos una (o varias) de Keaton en cada año. Es un acaparador. Casarse en tiempo récord para heredar 7 millones de dólares… Ya saben lo que pueden encontrar con Buster Keaton en una situación así. ¡Disfruten!

 

 

 

 

TARTUFO O EL HIPÓCRITA (1925), de F. W. Murnau. Murnau en una de las más célebres adaptaciones de la obra de Molière. La hipocresía, retratada de manera expresionista, como pocas veces se vio. Una soberbia película, perdida, de la que no se conserva el negativo original, sólo una versión restaurada.

 

 

 

 

VARIETÉ (1925), de Ewal André Dupont. Quizá no os suene mucho, pero esta película, de extraordinaria fuerza dramática, es una de las favoritas de Billy Wilder (este seguro que sí os suena). ¡Ay, el expresionismo alemán! ¡Cuánto bueno!

 

 

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sambo

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