MEGALODÓN (2018)

MEGALODÓN (2018)

JON TURTELTAUB

 

 

 

2/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Megalodón” es un bodrio bastante más grande que el bicharraco protagonista, pero lo peor es que se nos niega lo que todos esperábamos, que Statham se liara a golpes con el escualo y acabara con él. Esperamos ese clímax, ese duelo final, y no llega. Sólo hay un miserable contacto y un pinchacito, pero ná, ni un puñetazo o patada voladora.

Una película ofensivamente convencional y repetitiva, puro cliché y estereotipo mil veces visto en otras iguales o parecidas, vertebrada en su totalidad por absurdos o infinitos “casis” (casi le come, casi le mata, casi le alcanza, casi revienta un calamar gigante una nave, casi, casi…). Ya saben, susticos, apariciones a traición, actos y sacrificios heroicos reiterados y cansinos, muertes repentinas, mensajes apocalípticos y decepcionados sobre la ciencia y la humanidad, muertes (unas más tristes que otras), los más malotes recibiendo su merecido (el millonario, que además es falso, un cliché clásico que no falla), también los que osan atentar contra el medio natural (el científico oriental)…

 

 

Una película que nos cuenta que una familia se puede formar desde los retales de otras, desde los restos supervivientes de lo perdido en otras… Profundo, ¿eh?

Ciertamente no hay mucho que decir. El arco dramático se circunscribe al personaje de Jason Statham, un competente marino que debe tomar una difícil decisión, la más conveniente en cualquier caso, faltaría más, pero por la que recibirá condenas y reproches, obligándole a alejarse de aquel mundo con un poco de decepción y un mucho de resquemor. Durante la película la cosa es clara, lo veremos redimirse.

 

 

El pobrecico se vio obligado a salir por patas, bueno, en submarino, abandonando a algunos de sus compañeros en un rescate ante el ataque de un Megalodón, y así salvar al resto y a él mismo. No le creyeron ni hicieron caso, pero claro, cuando la cosa se pone complicada y aparece un Megalodón cuando menos lo espera uno (aunque lo buscaran con ganas), bien que recurren a nuestro calvo favorito… Y él, que no es capaz de rencor, pues va… ¿Qué va a hacer? ¿Fastidiar la película a la media hora?

Además, nunca hay que perder la oportunidad de dedicar un gran “yoyalodije”, aunque sea 5 años después y volviendo de tu retiro en Tailandia. Así que allá va Jason, a rescatar a unos desdichados y torpes científicos y aventureros, hacer lo que no pudo antes y tal.

 

 

Un hombre que sólo tiene ex, ex mujer, ex trabajo… y que ahora se reencontrará con todo ello, por supuesto, porque el pasado siempre vuelve, sobre todo en submarino. Es por ello que la chica atrapada en el submarino que Jason viene a rescatar no es otra que su ex, en un guión nada artificial.

La cosa se fastidia cuando a un multimillonario le da por financiar una espectacular base submarina para encontrar al Megalodón y descubrir los secretos del fondo marino. Esas cosas que hacen los millonarios con lo que le sobra de dinero… Así que tenemos una expedición que pretende descubrir el fondo de la Fosa de las Mariana, el lugar más profundo del que se tiene conocimiento, para cerciorarse de que es el fondo o sólo lo aparenta escondiendo en realidad todo un mundo de cosas guays más abajo aún. Un Megalodón al que no veremos hasta los 34 minutos de metraje. A Statham lo vemos un poco antes, con montajes paralelos y tal, para que no se demore mucho la aparición del héroe tras la primera secuencia.

 

 

Así tenemos la tópica y típica presentación de equipo y misión…  Y, efectivamente, descubren que el fondo no es más que una mascarada (avispada Fosa de las Mariana), y que bajo él hay muchas más cositas, entre ellas algo muy grande y aún invisible, pero que todos sabemos que es el Megalodón, porque lo vimos anunciado en el título de la película (salvo que fueras fatal de lo tuyo y no vieras ni donde te metías).

Statham va con toda su buena voluntad, pero, como suele ocurrir, se encuentra con un panorama desolador de científicos medio lerdos que parecen boicotearle o vivir para fastidiarle. Así que nada más llegar se percata de que una madre asustada ha ido a rescatar a los desdichados que allí cayeron… por si faltaba algo… Uy, casi se me olvida. Sí, faltaba algo: el médico que anda por allí, en la lujosa base submarina, es el que fastidió a Statham por el otro caso, aquel de la primera escena. Diagnosticándole psicosis por presión… Un plan, vamos…

 

 

Porque el hecho objetivo es que traen al pobre Statham por el pito del sereno. Que hay que rescatar a unos expedicionarios, allá va Statham; que entre ellos está su ex mujer, no pasa nada, para eso está Statham; que hay que rescatar a la madre que ha ido a rescatar a los expedicionarios, allá va Statham; que hay que ponerle un rastreador a esa bestia parda gigantesca de Megalodón… ¿Quién va? Pues Statham… A pelo, nadando, que él no necesita tontadas. ¿Los cafés? Ya va Statham

 

 

 

 

Que lo mismo piensan ustedes en un pronto, de esos que a veces tenemos, que por qué demonios baja la muchacha oriental a intentar rescatarlos si ya venía Statham corriendo, pero se ve que le dio un impulso incontenible, los nervios, un aburrimiento supino que tenía que remediar y no se lo pensó dos veces. Además, si la muchacha tenía ese capricho, ¿quiénes somos nosotros o Statham para quitarle la ilusión?

Por otro lado, esta muchacha será el único entretenimiento de Statham, a la vez que Statham viene a compensar el evidente aburrimiento que ella tiene. La chica va pelín salida, lo que está muy bien. Así no se lanza a rescatar más cosas.

 

 

También sale una niña que han puesto allí para que veamos el lado tierno de Statham, que no todo va a ser domar tiburones y rescatar mentecatos, en unas ridículas escenas que causan cierta vergüenza ajena. También usan a la pequeña para cubrir transiciones y llevarnos a suspenses, como ese gran momento donde el Megalodón intenta comérsela, pero un fastidioso cristal lo impide…

 

 

 

 

Hay momentos preciosos, como ese donde un oriental coloca un papelito con un mensaje en el bolsillo de un orondo muchacho, ya que a éste también le da un pronto y decide que no le da tiempo a salvarse, pero sí a poner papelitos y sacrificarse por todos. El caso es que el tipo orondo se da repentina cuenta de que tiene un mensaje en el bolsillo porque tiene un gran instinto.

Otros, en cambio, son de una brillantez tremenda, sobre todo en lo dramático, como ese donde ella le pide a todo el mundo que la dejen a solas con Statham, porque va a decirle algo íntimo y trascendente… Vean:

Me salvaste… de nuevo.

Te prefiero viva.

Sí, eso es todo. Lo más gracioso es que justamente antes, con todos delante, le dijo: “Me has salvado”. Vamos, lo mismo. Esto debe ser eso que hablan de las señales, o sea, que le debe estar diciendo, en idioma encriptado femenino oriental, «fóllame antes de que nos coma el bicho».

 

 

Para el animalico debe ser frustrante eso de tener a Statham tantas veces delante de su cuidada dentadura, rozándolo, un ser que no llega ni a tapita de bar para nuestro Megalodón, y no poder hincarle el diente, o los muchos dientes.

Claro que el animalico muchas luces no parece tener… Hablando de luces, se dirige a una, pero cuando ve otras cambia de dirección (así se salva la protagonista oportunamente); cuando está dándose un banquete con unas ballenas (banquete cuantioso como podrán suponer) lo deja para perseguir a otra presa… Yo no sé, pero parece un comportamiento algo arbitrario o caprichoso, pero quién soy yo para juzgar estos matices de carácter en los tiburones…

 

 

También tiene sus momentillos, no se crean. Es un buen instante ese plano con las sucesivas miradas subacuáticas de Statham y la repentina aparición del escualo antes de ponerle el rastreador. También la secuencia de acción con la grúa, el intento de matarlo, el casi mordisco… Se le saca buen partido a la idea con distintas peripecias. Muy “Tiburón” (1975) de Spielberg en muchos momentos, evidentemente, pero desfasado y torpe.

 

 

 

 

Siempre nos preguntaremos por qué con esa fuerza y velocidad no se carga ese barco sin más y se da un banquete, sobre todo porque siempre está cerca del barco, le tiene manía, y se ve a la legua que este no es rival… Es justo lo que pasará poco después, cuando aparezca el segundo Megalodón, que es un buen giro, por otra parte. Con su aparición, lo primero que hará será cargarse el barco.

 

 

 

No faltará, por tanto, la playa, mega playa, Sanya Bay, para seguir a “Tiburón” (Steven Spielberg, 1975) y su periplo. Allí habrá mucha gente, un niño cargante, un perro (¿qué sería de estas películas sin un perro?), el rastreador que cae del escualo oportunamente, falsos suspenses (ese cargante niño que no sabemos qué hacía nadando tan profundo, salvo para que el tiburón tenga la opción de darle un susto, salvándose absurdamente). Niño cargante, pero en realidad hay mucho cargante en la película. Otro ejemplo lo tenemos en DJ (Page Kennedy).

 

 

En esta escena tenemos algún buen plano subacuático y general picado con nuestro Megalodón, muy ocasional. Lo que no verán será gota de sangre.

Un clímax con mucha peripecia y mucha explosión, la tremenda flipada final en el necesario cuerpo a cuerpo entre Statham y el tiburón, profundamente insatisfactorio, como comenté, clavándole una arpón en el ojo y viendo como miles de tiburones pasan de él para comerse a su congénere… Por lo demás, se salva hasta el perrete mencionado.

 

 

Una película a la que le falta brío, salvo ocasionalmente (momentos citados), en la que las apariciones del tiburón no dan miedo y los errores de los personajes son difíciles de entender.

 

 

 

 

sambo

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