MEDIOCRE

MEDIOCRE

RELATO

 

 

 

Nunca fui muy atlético, ni muy alto, ni fuerte. No. Tampoco rápido, ni musculoso, ni hábil. No salí yo atractivo ni vigoroso, precisamente. Lo cierto es que tampoco he sido nunca muy ambicioso ni competitivo. Esas cosas me estresan. Me canso sólo de pensarlo.

Con esta sincera descripción, los más curiosos se preguntarán qué coño hacía aquí entonces, participando en “la carrera de la muerte”… Y la respuesta es que no tengo ni idea. Ya sabéis cómo son estas cosas, que se sabe cómo terminan, pero nunca cómo empiezan. La gracia, la tontería, el vacile… te lían, te lían y, sin saber cómo, te encuentras metido hasta el fondo. Bueno, supongo que la increíble recompensa también tuvo que ver, porque si no, a qué clase de perturbado se le ocurriría participar en una carrera a vida o muerte…

No estaba en mi destino ser un gran campeón, pero por alguna razón sabía que en esa carrera tenía opciones… Al menos antes de empezar. Lo cierto es que cuando me vi allí, toda la esperanza se me vino abajo. ¡Menudos bigardos! Atléticos, altos, fuertes, rapidísimos, elásticos…

Estábamos todos apelotonados esperando la salida. Miradas desconcertadas, miedosas, retadoras. Temía ser aplastado ya en el inicio, por lo que salir vivo de la primera tarascada fue mi primer objetivo.

Un recorrido secreto, lleno de obstáculos y sorpresas, lo que sonaba divertido, pero aquellos obstáculos no dificultaban el progreso, sino que te mataban…  Y era, precisamente, que la carrera estuviera repleta de riesgos, peligros y amenazas lo que me daba esperanza para hacer un buen papel, ya que si bien no soy un gran deportista, a cauto no me gana casi nadie…

Cuando se dio el pistoletazo recibí codazos, golpes y zarandeos por todas partes, hasta el punto de que no sabía si iba o venía. Apenas podía moverme, llevado por aquella marabunta.

Cuando pude estabilizarme un poco y coger un rumbo en la dirección correcta, vino la primera tragedia. Vi cómo muchísimos iban cayendo muertos al desviarse del camino, aniquilados al coger una vía donde una especie de lluvia ácida los exterminaba casi en el acto. Aquello me dejó pálido, por lo que con un ritmo moderado fui protegiéndome tras otros participantes que parecían haber cogido la senda buena, evitando que me desviaran… Aquello no iba en broma…

Cuando aún no me había repuesto del impacto de ver morir de aquella manera a tantos compañeros, penetramos por un laberinto insondable. Unos cogían por un lado, otros por otro, pero una gran mayoría terminaron perdidos y desorientados, llegando a zonas donde terminaban asfixiados o a un punto de no retorno. Yo procuré tomar el camino más sencillo y directo, rezando para ver alguna salida al final de aquel caos y para que no apareciera algo que terminara pronto con mi aventura.

El caso es que estuve a punto de volverme por donde había venido, ya que al salir de allí nos recibió un ejército con muy malas pulgas. Nos perseguían, nos disparaban, nos masacraban. Por fortuna, éramos demasiados para todos ellos, por lo que gracias a mi natural cobardía, mi instinto de supervivencia y mi carácter precavido, pude ir sorteándolos a todos cuando veía que se acercaban.

Librados de aquella cruenta batalla, nos encontramos en un camino franco que se bifurcaba en dos direcciones. Sabía que me la jugaba. Si elegía mal acabaría muriendo, si elegía bien tenía muchas opciones de encontrar el camino hacia la meta. Hasta ese momento la suerte me había acompañado, pero esto era una auténtica ruleta rusa…

El ambiente cambió, pero ninguno de los que elegimos el lado derecho sabíamos si habíamos acertado. Era asombroso ver los pocos que quedábamos y desolador pensar en todos los que se perdieron por el camino de las formas más truculentas. El entorno parecía poco hostil, como un bosque con cierta vegetación, pero pronto observé que todos los que se acercaban a aquella flora quedaban enredados, falleciendo en una agonía. Me mantuve a distancia, acelerando el ritmo mientras miraba en todas direcciones.

Mi carrera era frenética, veía amenazas por todas partes, notaba rondar la muerte, sentía que me perseguía para darme alcance de una vez y reírse de mí por haberme hecho albergar ilusiones… Y, de repente, allí estaba. La meta.

Me quedé sorprendido. Sólo unas pocas docenas de los que comenzamos habíamos llegado hasta allí. Yo fui uno de los últimos en aparecer en la recta final. Todos ellos buscaban el reducto por el que entrar, pero ninguno parecía encontrarlo.

Como por arte de magia, nada más llegar a aquel óvulo encontré la forma de entrar, como si me diera acceso…

Así fue como en una carrera donde participaban más de trescientos millones, fui yo el que alcanzó el objetivo. Muchos me han llamado mediocre, y con razón, ya que nunca destaqué en nada especialmente, pero nadie podrá negar que gané la carrera más importante de esta vida.

 

sambo

There are 2 comments on this post
  1. junio 28, 2021, 11:10 am

    Mediocre es solo el título. Interesante relato.

    • sambo
      junio 28, 2021, 12:02 pm

      Gracias, el pedrete!

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