JOSHUA SAFDIE
4/5
“Marty Supreme” es lo más parecido a una película clásica hollywoodiense de las nominadas este año. Y eso que es de un sello independiente, A24. Es la película más cara y la más taquillera del sello, de ahí su aspecto bastante lujoso y cuidado.
Una especie de biopic con muchos puntos de interés, donde más allá de lo obvio es una de esas películas donde he encontrado la gema, la perla oculta, que es la gran satisfacción del analista. Me flipa analizar pelis, sobre todo por encontrar estos momentos.
“Marty Supreme” parecía que iba a ser un clásico biopic de subida y redención, la descripción de un personaje carismático y ambicioso, pero en su aparentemente caótico deambular, lleno de digresión y set pieces delirantes, escondía algo más, esa gema o perla citada, que comprendí con toda la subtrama del perro…
Y es que, aunque con momentos divertidos y demás, no entendía qué intenciones tenían esas desviaciones de guión, esas digresiones sin aparente sentido, que llegan a ese clímax con toda la trama de la sala de ping pong y el perrete que queda a cargo del protagonista, en una especie de variación de la scorsesiana (como no) “!Jo, Qué Noche!” (Martin Scorsese, 1985), lo que me llevó a la reflexión y a encontrar el verdadero interés y sentido de la película. Ojo, películas como “El Buscavidas” (Robert Rossen, 1961) o “El Color del Dinero” (1986), también de Scorsese, son referencias que vienen fácil a la cabeza.
El cine de Joshua Safdie se vertebra en “La Odisea” homérica. Sus protagonistas se ven envueltos, generalmente por sus obsesiones y ambiciones, en un viaje delirante para alcanzar un objetivo o huir de un problema, siempre viviendo al límite, en el borde del abismo. Esa es la razón de ser de películas como “Good Time” (2017), “Diamantes en Bruto” (2019), “Heaven Knows What” (2014)… donde el hábitat natural de sus protagonistas es el caos y la inmadurez. Un viaje, por tanto, de redención y hacia la madurez, dentro de lo posible…
Todo esto encaja a la perfección en “Marty Supreme”, donde además se añade el otro elemento clave: la ciudad de Nueva York, esencial en el cine de Safdie o, mejor dicho, los Safdie, ya que su hermano Ben ha compartido muchos proyectos.
“Marty Supreme” es un retrato inspirado libremente en Marty Reisman, un buscavidas neoyorkino, talentoso jugador de ping pong que se manejaba como pez en el agua en clubes de las zonas bajas de Nueva York, apostando para sacar los cuartos a los más desamparados. El look que vemos a Timothée Chalamet es el del verdadero Marty, con sus gafas redondas, su delgadez y sus altas aspiraciones. Las memorias del propio Reisman, “The Money Player”, de 1974, han servido para el guión de la película. Un biopic con muchas licencias, peculiar.
Sí, “Mary Supreme” me desconcertó de inicio yendo por caminos que no me convencían, vertebrada en set pieces alocadas, delirantes y sin un aparente sentido, hasta que encuentras esa perla en su concepto más amplio y soterrado. La zapatería, el ping pong, la huida tras llegar de Japón, la aventura en los clubes de ping pong, el perro y su mal olor en la pensión…
La vida en la gran ciudad incentiva la soledad, la falsedad de las relaciones, la falta de confianza en el prójimo y el sálvese quien pueda para sobrevivir y prosperar. Desde esa premisa, Safdie va mostrando a sus personajes, víctimas de esa ciudad, necesitados de verdadero afecto, enfermos, demasiado avanzados en algunos casos, para salir de esa espiral de ambición e inseguridad que el director retrata con acierto como delirio y locura. Unos personajes harán castillos en el aire, otros planes absurdos, otros se centrarán en lo material… todo son síntomas de una sociedad enferma de soledad e insatisfacción que suple así sus carencias.

La soledad en Nueva York
Esa es la clave de la película, el verdadero interés de Safdie, que reflexiona sobre el influjo de esa ciudad en sus miembros, escogiendo a un peculiar grupo de personajes que orbitan alrededor del protagonista comportándose como se comportan debido a las peculiares características de la vida neoyorkina. La película se convierte en un hilarante estudio sobre la soledad.
Entonces nos presentan a ese personaje, un talentoso y ambicioso jugador de ping pong del que parece que nos van a contar sus dificultades para llegar al éxito en ese deporte… pero todo empieza a ir por otros derroteros que nada tienen que ver, quedando el ping pong como telón de fondo cada vez más difuso e intrascendente, como una especie de macguffin que justificara los vaivenes de la historia.
Y, de repente, llegamos a una cabaña donde un granjero, escopeta en mano, se opone a devolver el perro que se ha encontrado y que busca nuestro protagonista. Y todo cobró sentido.
Safdie reflexiona sobre el condicionante que supone la ciudad y su naturaleza en la de los personajes. Estamos en Nueva York, en 1952. Allí conoceremos a nuestro “buscavidas”, Marty Mauser. Ambicioso, tramposo, listo, mentiroso, manipulador, carismático, apasionado…
Su contexto vital y personal marcará la senda del resto de personajes que veremos relacionarse con él, definiendo un universo particular, caótico, delirante y desquiciado, donde todo parece tener un tronco común. La soledad que provoca la insatisfacción que alimenta la ambición y cae en las vías de escape que suponen los unos para los otros, en tremenda paradoja.
Marty tiene 23 años y trabaja en la zapatería de su tío. Huye de todo compromiso como de la peste. Huye como hijo, como posible padre, como pareja, como trabajador, como amigo… Huye de todo menos de su ambición, porque ese es un camino hacia delante y sin frenos. Ser campeón mundial de ping pong. Marty se sabe talentoso, sabe que es bueno. Además, no para de repetirlo, necesita reafirmarse. Ganó al número uno.

Ojo, no es un personaje plano. También tiene gestos que le dan profundidad. Dará consejos a sus rivales tras derrotarlos; traerá una piedra de El Cairo, regalo romántico para su madre; aleccionará al marido de Rachel y la cuidará hasta cierto punto cuando crea que la han maltratado; sus amistades, aunque ambiguas, no parecen del todo insinceras…
Marty no deja de hacer castillos en el aire. Vive al día, en el instante, para sacar esos delirios grandilocuentes. Filosofía de vida. Es engreído, egocéntrico, con muchas ínfulas, descarado y seguro. Se saldrá a menudo con la suya, del mismo modo que se verá obligado a humillarse de distintas formas para seguir el camino emprendido hacia un objetivo finalmente absurdo. Se tiene en alta estima y tiene claro que aparentar significa para el resto algo muy parecido a ser. Así, aplicará el dinero robado a su tío para viajar a Londres y vestir de la mejor manera posible, exigiendo hospedarse en el Ritz porque él lo merece… no como el resto… Invertir para ganar.
“Vivo con la confianza de que si creo en mí mismo el dinero vendrá solo”.
Marty tiene la habilidad de entender de inmediato los puntos débiles y vulnerabilidades, que son a su vez sus puntos fuertes, enfrentándose a quien sea, para utilizarlos en su beneficio. Así hará con todos los personajes que iremos mencionando a continuación.
Su tío incluso quiere ascenderlo por ser su sobrino y por su habilidad como vendedor, pero él sólo quiere ahorrar para hacer su viaje a Londres para competir y ser un pionero americano.
Pero para entender de donde proceden las motivaciones de Marty, vamos a estudiar primero a los personajes con los que se codea, que terminarán por definir la esencia del protagonista, los que ayudarán a entenderlo plenamente. Y os dejo una frase que lo explica todo.
“En mi tierra cada uno va por su cuenta. Así es como me crie. Y a veces siento que ni siquiera tengo el control”.
Comenzamos con la madre. La madre de Marty, Rebecca (Fran Drescher), parece necesitada de cariño. Se siente sola. No sabemos nada de su marido. Su manera de proceder será el chantaje emocional. Nos la presentan utilizando a su vecina Judy (Sandra Bernhard) para hacer creer a su hijo que está enferma, agonizando. ¿Por qué hace eso? Insatisfacción, soledad, necesidad de cariño. Hace eso porque quiere que Marty vaya a verla. El patetismo de la necesidad.
“Este es el tipo de mierdas que mi madre me haría a mí”.
En cierto sentido, tener una madre manipuladora que maneja el chantaje emocional, entrenó e influyó en Marty para forjar su carácter. Marty tendrá un detalle con ella, que quizá tenga segundas intenciones, al regalarle la piedra de la pirámide en su viaje a El Cairo. Supongo que ella esperaría otra cosa…

¿Qué ocurre con Rachel (Odessa A’zion)? Tiene el mismo proceder que la madre de Marty. Y que el propio Marty. De hecho, la frase de arriba se la dice Marty a ella. Miente y manipula en lo que puede para escapar de un matrimonio infeliz, algo que Marty lee con acierto, pero que no logra esquivar. Rachel es infiel a su marido con Marty. Por tanto, de nuevo tenemos la insatisfacción y la soledad en un personaje, que se agarra a Marty como vía de escape.
Rachel, en realidad, es un alma gemela. Es casi la versión femenina de Marty, sólo que el objetivo de ella no es el ping pong, sino Marty y huir de su matrimonio.
–Eso estuvo muy bien, Rachel.
–Gracias.
–Estuvo tan bien que podría funcionar.
Marty recomendará a Rachel que aborte ya que él no piensa hacerse cargo de ese bebé que truncaría sus ínfulas y sueños particulares en una nueva demostración de egoísmo.
Kay Stone, el personaje interpretado por Gwyneth Paltrow. Estrella de cine de los años 30 atrapada en un matrimonio insatisfactorio también, pero cómodo por el dinero que tiene su marido. Dejó su carrera cinematográfica por un matrimonio que no la satisface. Siente insatisfacción personal y profesional. Marty le llamará la atención y tendrá con él una evasión sexual y algo más. Esta subtrama es redundante en este sentido, ya que tenemos la de Rachel.
“Porque dejé de actuar antes de que nacieras”.
Kay finge desinterés, pero no cuelga esa llamada de ese desconocido que quiere verla. La metáfora de la manzana (tentación) es obvia. Por supuesto, acudirá a la cita para ver jugar a Marty en semifinales mientras su marido se las entiende con Agatha Christie para vender bolígrafos y plumas.
“No tengo a nadie que me cuide, Kay”.
Kay es una mujer y una actriz frustrada. Las críticas a su proyecto serán negativas, algo que no superará. Se la liga a un espejo, algo coherente siendo actriz. Su interés por Marty es por la pura necesidad de afecto y reconocimiento que tiene. Sabe que Marty es un manipulador mentiroso, pero le gusta oír lo que dice de ella.
Por cierto, Kay Stone no es una actriz real, es un personaje inventado para la película, como tampoco son reales las películas que se citan.
Dion (Luke Manley) es un amigo de Marty. O eso dice. Es cierto que le muestra cariño, para también parece usarlo para conseguir dinero y financiación para sus empresas, como esas pelotas de ping pong, ya que su padre tiene dinero. Dion y el padre de este se dejan mangonear hasta cierto punto porque el muchacho no tiene amigos y le resulta difícil relacionarse, quizá por su exceso de peso y timidez. De nuevo es la soledad, la insatisfacción y el anhelo de tener a alguien cerca que dé afecto lo que condiciona a un personaje y lo une a Marty.
Por supuesto, también perderá a Dion. Este personaje, que sólo tiene a Marty como amigo, se esfuerza por satisfacerle, haciendo las deseadas bolas de ping pong personalizadas, pero cuando descubra que ha sido utilizado y manipulado por él se rebelará deshaciéndose de ese objeto material, las pelotas, que lanza por la ventana…
- Los hombres del perro… Fue el granjero que se queda con el perro que se le escapa a Marty el que me dio la clave definitiva. Una pequeña historia que sugiere mucho y cobra sentido cuando vemos el todo. Ese tipo mentirá para quedarse al perro, seguramente su única compañía. Es una pequeña historia, pero no deja de ser tan patético como conmovedor el comportamiento de ese tipo que se aferra a ese animal que encontró por casualidad.
Unido a esto tenemos al verdadero dueño. Dice ser capaz de cualquier cosa por el perro, que parece ser el ser vivo que más le importa. Vive solo con el animal, por el que siente un apego enfermizo.


- El amigo taxista. Wally (Tyler The Creator). Este personaje, que aparece de repente como el gancho para las aventuras de Marty en los clubes de ping pong, es otro tipo que, aunque dice que tiene responsabilidades y gente que depende de él, se la juega cada vez que Marty le llama. Se enfadará cuando destroce su taxi, su método de trabajo, pero poco después aparecerá en el club de Marty como si nada hubiera pasado, dispuesto, seguramente, a vivir otra aventura en su aburrida vida gracias a él…

A su vez, Marty utilizará a todos ellos o a la mayoría para lograr sus objetivos e intereses, en plan “el fin justifica los medios”, en honor a esa ambición y falta de escrúpulos que también lo definen. Robará, manipulará, mentirá, usará el dolor de un hijo muerto…
Utilizará a estos personajes para ir saliendo del paso hacia su objetivo. Viejas relaciones o nuevas relaciones que le sirvan para financiarse o salir de apuros. Eso hará con el marido de Kay. Se acerca a ella por puro interés, para ver qué puede sacarla, pero entiende rápido que su marido puede ser la mina de oro. Le ofrecerá un negocio relacionado con el ping pong para vender más bolígrafos. Milton Rockwell (Kevin O’Leary) no le hará caso en un principio, pero luego le realizará otra oferta al ver el potencial. Dejarse ganar en Japón para promocionar el deporte y sus bolígrafos, algo ofensivo para el ego de Marty y su reputación buscada.
Jugar con Rockwell le costará caro, ya que su relación se volteará, siendo humillado en sucesivas ocasiones por el millonario ante su desesperación. Hay que reconocer que Marty le echa narices al enfrentarse con él sucesivamente, incluso sometiéndose voluntariamente a la humillación, que llegará a su cénit con la bajada de pantalones para recibir paletadas, pero, al fin y al cabo, se zumbó a su mujer y, finalmente, se resarcirá ganando al jugador japonés en contra de la voluntad de Rockwell.
A Kay, tras follársela en un par de ocasiones, decidirá abandonarla una vez la saque el dinero que busca, con el truco del collar por el desagüe que sale mal (es capaz de estar pensando en robar un collar mientras folla). Lo mismo con Rachel, de la que pretende escaquearse en varias ocasiones mientras no puede sacar beneficio de ella, incluso marchándose a Japón dejándola en el hospital embarazada y con un disparo en el cuerpo. O con el padre de Dion y el propio Dion…
Lee aquí la Última Parte del análisis.
4/5
Comenzamos con la madre. La madre de
¿Qué ocurre con
Kay Stone
Dion





