MANK (2020) -Parte 1/3-

MANK (2020) -Parte 1/3-

DAVID FINCHER

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El arte nos permite ser valientes, pero también protegernos de nuestra propia hipocresía. Esto es “Mank”.

Una de las películas más esperadas y de las que se esperaba lo mejor, sobre todo porque estaba dirigida por uno de los mejores directores modernos, uno de los pocos que presentaba película en esta época aciaga. Una pequeña esperanza. Quizá por eso ha decepcionado en cierta medida.

Mank” es una película de director, por más que la base del proyecto fuera un guión del padre de David Fincher, Jack Fincher. Una película de director y un film para muy cinéfilos. Sí, es posible que a los más cinéfilos les guste por distintos motivos, pero al público medio, en general, quizá no les entusiasme en absoluto.

Una obra con muchos grises, lo cual es bueno, sofisticada y elegante, más allá del blanco y negro, con un buen texto que contiene brillantes diálogos y réplicas. Se regodea en la ambigüedad de sus personajes, que rezuman rencor, deseos de venganza, ambición… Una profundidad casi perdida, ciertamente. Es bastante tendenciosa, con todo, pero tiene hondura.

Es cierto que es salgo fría, o bastante, no conmueve ni termina de seducir. Las subtramas que contiene no poseen gran enjundia, con personajes algo desdibujados, como si se apostara al conocimiento que el espectador tendría de “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941). Además, a esas subtramas les falta desarrollo para que el público empatice con sus protagonistas, de ahí la mencionada frialdad que transmite el film. Y es que, ciertamente, es necesario conocer bien “Ciudadano Kane” para apreciar y disfrutar plenamente de “Mank”. Es por ello que, quizá, mucho público quede un poco fuera de la película.

Se desaprovechan muchas relaciones que a buen seguro hubiera gustado ver desarrolladas a los más cinéfilos, si bien ya hay títulos sobre ello…

Muchos, me temo, esperaban algo en la onda de “RKO 281. La Batalla por Ciudadano Kane” (Benjamin Ross, 1999), pero se han encontrado con otra cosa distinta. “Mank” no va sobre la figura de Mankiewicz, ni sobre “Ciudadano Kane”, se sirve de ello para hablar de una época en su mayor dimensión posible, social, artística, política…

Lo hace, eso sí, aplicando los códigos técnicos y estéticos de la época a la que adapta, los años 30, con numerosos guiños al estilo de Welles en Kane, uno de los grandes placeres de la película. Posee un estilo muy clásico, imitando al cine de la época. Toda la técnica parece de los años 30 y 40, las tipografías, las transiciones, el sonido en mono, la fotografía…

Eso sí, aunque se suele usar el tópico de “homenaje a un época” y blablabla, cada vez que aparece una película de este tipo, no observo nostalgia en Fincher, que es profundamente crítico. Sí hay una reverencia a una obra maestra y a su guionista.

Además, trata de indagar en los motivos y el germen de la creación de la obra maestra siguiendo el periplo del guionista en los estudios, con los productores y los chanchullos internos… No falta ambición, desde luego.

Una catarsis vital vinculando a esos tipos desde el inicio de la carrera de Welles y de Mank

Ciudadano Kane” está considerada una de las mejores películas de la historia. Quizá la que más vértigo me da hacerle un análisis, ya que en cada plano hay un sentido y contenido visual o alegórico. Revolucionaria técnica y narrativamente, no tanto por sus innovaciones como por el desarrollo de las mismas, llevadas donde nunca antes. Y fue obra de Orson Welles, un genio de 24 años llevado a Hollywood por una productora en apuros, la RKO, para que, con libertad absoluta, hiciera su magia. El contó con Herman Mankiewicz para el guión.

¡Y acaba de cumplir 24!”.

Tuvo 9 nominaciones al Oscar, de las cuales sólo ganó la de Mejor Guión. Mank reivindicó su autoría única. Falleció con 55 años, once después de recibir el premio.

Los Oscars se entregaron en febrero de 1942. Ni Welles ni Mankiewicz acudieron a la entrega. Welles reivindicó su trabajo desde Río de Janeiro.

Mank, bésame mi mitad”.

Mank, por su parte, se congratuló por su premio asegurando que lo escribió solo.

Esa es la magia del cine”.

Director David Fincher on the set of Columbia Pictures’ «The Girl With The Dragon Tattoo,» starring Rooney Mara and Daniel Craig.

Película de director

Aunque no se prodiga mucho, los títulos de Fincher siempre son recibidos con interés y mucha expectación. Es uno de los directores modernos más brillantes e influyentes, con un estilo visual muy poderoso y un universo conceptual realmente interesante.

Sus reflexiones sobre los pilares del estado del bienestar, que suele destruir y cuestionar en sus tramas, parecen estar alejadas en un primer vistazo de esta obra, pero quizá, en su amplia concepción, “Mank” siga teniendo que ver con ello. No tendría por qué estarlo, ya que el guión es obra de su padre, pero esa deriva política que muestra la película en parte de su metraje iría dirigida a ello.

Mank” es una cinta eminentemente técnica, es ahí donde tiene sus grandes virtudes. Una película de director, que se sumerge estéticamente en una época y en el cine de una época.

En toda la concepción de la película, estética y narrativamente, existe una intención subjetiva. No sólo se plasma la mirada de una época dentro de esa época, sino la del propio Mankiewicz, a quien seguimos en todo momento. Todas las escenas tienen a Mank como protagonista, con Gary Oldman llevando el peso de la película, algo que se deja claro desde los mismos rasgos estilísticos del film, como iré explicando.

En general, “Mank” es una película de encuadre, donde los movimientos de cámara están muy medidos y cuidados, y que resaltan esa concepción subjetiva que tiene la historia. Incluso esos fundidos continuos a negro, esas escenas aleatorias en lo narrativo, parecen tener la intención de remedar el funcionamiento de la memoria, en este caso de la de Mankiewicz, donde los sucesos no se plasmarían necesariamente como fueron, sino como Mank los vio o sintió… aunque eso sería, de alguna forma, “Ciudadano Kane”. O yendo más allá, “Ciudadano Kane” sería la cristalización artística de estos acontecimientos que vemos retratados con el filtro subjetivo de Mank. Un doble filtro, por tanto.

 

 

Observad cómo juega Fincher con los encuadres y las panorámicas en la habitación en la que Mank se dispone a escribir el guión de “Ciudadano Kane”, postrado en cama, escayolado. Una habitación en un racho de huéspedes para colaboradores y una polvorienta llegada. De entrada, encuadre con Gran Angular a la altura de Oldman tumbado en su cama. El foco, por tanto, de las secuencias siempre orbita desde la perspectiva de Mank. Observad las posiciones de cámara y sus movimientos en todas estas escenas, desde la cama y con panorámicas según otros personajes se mueven o no. Perfecta dirección y subjetividad.

 

 

Esto es así en todas las escenas del “presente” de 1940, en la habitación donde Mank escribe el guión. Por ejemplo, cuando llegan a traerle licor, hablan con él sobre sus pocos avances, recibe la llamada de Orson y, finalmente, la puntillosa secretaria se entera de la bondad de su jefe a través de Freda (Monika Gossmann), la asistente alemana (salvó a todo un pueblo judío trayéndolo de la Alemania nazi y escribió un guión contra las nazi que nadie quiso publicar). Todo pivota entorno al encamado guionista.

 

 

 

Los flashbacks fueron otro de los hallazgos de “Ciudadano Kane” en el aspecto narrativo. No una invención, pero sí una evolución y sublimación. Aquí se usan como parte básica de la estructura del film. Sirven como explicación a la creación del guión, a su tono, voluntad y sentido. Explican que es la última vía de Mank para redimirse de una honestidad perdida. La creación como expiación.

En el primer flashback, en casa de los Mankiewicz, unas semanas antes del presente de la cinta, tendremos otro encuadre interesante. Un plano general para el dormitorio del matrimonio, en un ligero picado, que cortará a un plano corto sobre Mank cuando caiga en la cama… Cuando la mujer se arrodille, la cámara descenderá en un travelling vertical. Los contraplanos hacia su mujer, Sara (Tuppence Middleton), son, en su mayoría, desde la altura y perspectiva de Mank, no así sus planos, más objetivados.

Siempre meto la pata por pasarme de listo”.

 

 

Las angulaciones. En el estilo barroco de Welles, las angulaciones son uno de sus pilares. Muchas de las que aquí vemos remiten al estilo del genio. Tremendo contrapicado, muy Welles, para la presentación de Marion Davies en el rodaje de la película. En un baño, en un ángulo bajo, nos presentarán al hermano de Herman, Joseph L. Mankiewicz (Director y guionista de “Eva al Desnudo” o “La Huella”).

Tranquilo, eres mi hermano, ya te tiene por un genio”.

 

 

Retrata enfáticamente las figuras de poder. Con angulaciones o frontalidad. Usará un plano frontal en travelling de retroceso y en contrapicado con Louis B. Mayer mientras va diciendo verdades como puños por los pasillos, reflexionando sobre lo que recibe el cliente (“nada, aparte de un recuerdo. Lo que compra sigue perteneciendo al vendedor. Esa es la auténtica magia del cine”)… antes de los DVDs y las casetes.

 

 

Acto seguido, Mayer realizará una actuación magistral acentuada con grandes angulaciones (contrapicados, frontales, picados…), ante sus empleados, para pedirles que se rebajen el sueldo, incluyendo a los más modestos, con la promesa, que jamás cumplirá, de devolución posterior de eso que dejen de ganar… Es una idea genial que semejante actuación sea en un escenario.

 

 

 

 

En una de las fiestas de William Randolph Hearst (Charles Dance), Fincher utilizará innumerables posicionamientos de cámara, pero destacará uno por encima de todos. El frontal sobre el propio Hearst en solitario, que enfatiza su posición de poder. Aunque también habrá frontales para Marion y algún otro, estos estarán acompañados en los mismos.

 

 

 

 

Angulaciones con sentido: la llamada de Joseph a su hermano Herman. Joseph ofrecerá a Herman la opción de llevar al cine una antigua obra de éste, que se le pagaría de inmediato. Lo hará en un picado. Cuando descubramos que la oferta en realidad es un soborno para que deje el guión de “Ciudadano Kane”, el plano sobre Joseph será de perfil y a la altura de su rostro… Por el contrario, Herman estará tumbado, como de costumbre, boca abajo, pero se pondrá de perfil para reaccionar.

 

 

 

La fiesta a la que acude Mank borracho es un clímax intelectual brillante, que además presenta muchos aspectos técnicos de los mencionados. Angulaciones, movimiento de cámara y conceptos con los que Mank busca una redención. Planos picados y oblicuos que marcan la tensión que se genera en la secuencia. Travellings siguiendo su titubeante paseo alrededor de la mesa, variando las alturas ocasionalmente, terminando en vomitona.

 

 

 

 

Cuando Mank reivindique su autoría ante Orson, Fincher planificará unos contrapicados muy acentuados para el personaje del joven director, además de usar la frontalidad. Una escena de tensión y conflicto que remite, de nuevo, a “Ciudadano Kane”.

La profundidad de campo y foco, otro de los rasgos más reconocibles de “Ciudadano Kane”, aparece en diversas ocasiones, por supuesto, por ejemplo en la presentación del Plató de la Paramount.

 

 

 

En la fiesta por los resultados electorales tenemos muchas distorsiones visuales, desdoblamientos de imágenes etc, que nos remiten a “Ciudadano Kane” y una escena de fiesta también, con el bueno de Orson bailando…

 

 

Hay un recurso que no aparece mucho en la película, pero que por ello termina siendo significativo. El acercamiento de cámara a un personaje. Un ejemplo perfecto lo tenemos cuando Mank se reafirma en que no quiere la autoría del guión.

 

 

El uso del desenfocado también aparece en varias ocasiones. Por ejemplo en la presentación de Welles, en el hospital donde descansa Mank tras su accidente, pero también en la conversación que el guionista tiene con su secretaria sobre la verdadera identidad de ese tal Charles Foster Kane

Los cuadernos acumulados, “The Spiral”, marcando el trabajo de Mank, actúan como signo de puntuación.

 

 

 

Los diálogos son trepidantes, pisándose los unos a los otros, como se hace en “Ciudadano Kane”, otro de los rasgos que la hicieron distintiva (innovación de Hawks en sus comedias).

Pequeños detalles, como esa botella que cae de la mano inconsciente de Mank, que nos vuelve a llevar al inicio de “Ciudadano Kane”, con el recuerdo cayendo de la mano de Orson Wells, tras decir “Rosebud”, del que aquí se menciona también que podría referirse al sexo de Marion, como Hearst lo llamaría en la intimidad, según la leyenda…

 

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

Leave a reply