MAESTRO (2023)

MAESTRO (2023)

BRADLEY COOPER

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una obra de arte no responde preguntas, las provoca. Y su significado esencial está en la tensión entre respuestas contradictorias”.

Vaya por delante que el Bradley Cooper director me parece muy interesante y prometedor, pero lo cierto es que en esta película ha pinchado en hueso. Es un impotente quiero y no puedo que amaga varias veces con ser algo notable, pero nunca confirma nada.

Aquí hace un interesante ejercicio de estilo que se disfruta en cierta medida por los que somos unos cinéfilos especialmente observadores y demás, ya que abunda en referencias estilísticas bastante logradas y esmeradas, pero nunca llega a traspasar la pantalla para seducir verdaderamente al espectador.

Sí, Cooper se esmera en todo, pero es que se nota demasiado.

Cooper, muy apegado a los proyectos musicales, hizo un gran trabajo con “Ha Nacido una Estrella”, en un reto que no era nada fácil. Aquí ha querido dar el do de pecho con una obra que le ha obsesionado durante muchos años.

Hay una clara identificación entre Cooper y Bernstein, ese apetito vital y creativo que les lleva a hacer varias cosas, no centrarse en una sola.

Hay gente para la que la vida no es suficiente. Bebía todo, de ahí que diversificara su creatividad, sin que nunca quedara saciada.

No es seria esta música, ¿no?

¿Te cuento un secreto? Pues que me he acostado con tus padres”.

 

 

Mi única opción fue adoptar diferentes maneras de hablar, comportarme y ver la vida. Una mezcla que me permite ser muchas cosas a la vez”.

El Bernstein de Cooper quiere bebérselo todo, pero al final casi nada logra saciarlo. Siempre se moverá entre dos mundos. La creación y la interpretación, el compromiso y la infidelidad, el prestigio y lo comercial… La pasión musical y sus canalizaciones a través de los excesos. Un artista de luces y sombras, fascinante y contradictorio.

“… porque el mundo quiere que seamos sólo una cosa, y eso es deplorable”.

 

 

Maestro” tiene una narrativa episódica e impresionista, donde se explicitan unas cosas y sugieran otras arbitrariamente. Lo que es parte de su irregularidad. Y una dirección algo incómoda visualmente. El uso de las elipsis a veces es desconcertante. No sabemos hacia donde nos lleva.

La película se inicia a color, con una entrevista, recordando a su mujer, antes de zambullirnos en un flashback. Se nos pone en contexto, ya que se recogen varias décadas de su vida, comenzando por el bombardeo de Hitler sobre Polonia.

 

 

Ego y vida.

El Leonard Bernstein que retrata Cooper es un gran personaje. Divertido, sociable, amable, cariñoso, egocéntrico, creativo, vitalista, egoísta, generoso… Ricas contradicciones que lo hacen muy humano. Un judío que parece tener una responsabilidad, como le indican sus cercanos, por el hecho de serlo.

Cooper lo retrata con un gran primer plano cuando comienza a dirigir, consiguiendo su éxito y saciando su ego, ya que recalcará que no pudo ensayar con la filarmónica de Nueva York, y aún así…

Ser el primer gran director americano”.

Un hombre creativo que compone, dirige, interpreta… Ballets, orquestas, improvisaciones… Para Bernstein todo parece una representación. Es como si viviera actuando. Fijaos, que muchos de sus momentos decisivos son retratados en escenarios.

Mi vida y mi obra están limpias”.

En ese desarrollo de personalidad, desbordante de vida, Bernstein no parece diferenciar del todo vida y obra. De hecho, un tema recurrente en este tipo de obras sobre artistas, aparece aquí también. Es el conflicto entre Hollywood y sus musicales con la “música seria” de las orquestas de prestigio. El conflicto entre la calidad y el prestigio y la comercialidad y la popularidad. Bernstein navegará por ambos mares.

En un escenario lo veremos de inicio, camino del triunfo, en una de esas transiciones tan virtuosas que tiene la película. Es el momento donde cambiará su vida.

 

 

El inicio de su relación con Felicia también será en un escenario, al que ella lo lleva. Se besarán, confundiendo ficción y realidad de forma plena, donde la pequeña actuación que hacen tiene paralelismos con sus sentimientos.

En un escenario, Felicia y Lenny asistirán a una especie de representación de su relación, completamente fundida con el New York New York. Es la escena que da paso a su folleteo con lumbalgia.

Transiciones por escenarios para los aplausos tanto a ella como a él… Esa con la sombra de él dirigiendo sobre ella, empequeñecida, y esa transición que cambia el decorado tras Felicia ante el éxito de Lenny. O la que le sigue, del blanco y negro con ella de frente, al color con ella de espaldas en una ventana… mientras cesa la música. De la felicidad a la desdicha.

En un escenario, asistiendo a la composición de Bernstein, Felicia decidirá separarse de él. La complicidad que muestra con Tommy (Gideon Glick), agarrado de su mano, es el motivo definitivo. Se marchará de la celebración.

 

 

 

Una de las escenas más notables del film, donde Cooper da el do de pecho (se preparó durante años para lograr dirigir los 5-6 minutos de la secuencia en el templo), también es una actuación y un escenario en realidad. Una emotiva secuencia con ese encuadre que se abre y deja ver la presencia de Felicia, a quién acude al final, emocionado, para reunirse en un abrazo. Es la reconciliación.

Estoy pensando en un número”.

Siguiendo con estas ideas, Cooper desarrolla otros temas, como la dualidad de intérprete y creador o autor. Esas dicotomías y dualidades que se funden continuamente en el personaje, a veces de forma contradictoria.

Es un gran motivo de insatisfacción no haber creado mucho. No. Si lo juntas todo no sale una larga lista”.

 

 

Una dualidad que también se manifiesta en su carácter, casi siempre afable, pero que puede ir de la euforia a momentos de reflexión taciturna, incluso depresivos, que camufla con humor. Un ejemplo lo tenemos en ese encuentro con su ex amante, David Oppenheim (Matt Bomer), donde de la efusividad pasará al decaimiento silencioso en su paseo.

El verano cantó en mi por un momento, y no ha cantado ya más”. “Es como si no pudiera disfrutar ya de nada”.

Sí, Bernstein tendrá episodios de depresión y decaimiento que mermarán su creatividad… algo que Felicia nota.

Bernstein es tremendamente sociable. Un animal social que tiene pánico a la soledad. Lenny aparece eternamente ligado a un cigarrillo, casi siempre tiene uno en la boca. Además es sensible y muy cariñoso. Con Felicia enferma, sonará una marcha nupcial tocada por él y que oímos primero en off, para luego ver la escena con los hijos haciendo el ganso para divertirla. No será la única vez, ya que lo veremos en la agonía de ella, vestido de médico buscando su sonrisa… antes del plano fijo donde miran a la muerte en el crepúsculo.

Amo tanto a la gente que me cuesta estar solo… y eso para componer es complicado”.

 

 

Aunque bromee, Lenny lleva su pena en silencio, como comento en otros lugares del análisis. En soledad tendrá su desahogo emocional.

Su dibujo estará vinculado al de Felicia Montealegre (Carey Mulligan), un personaje que adquiere tanta importancia en la película como el mismo Leonard Bernstein.

Ese olor me embriaga. Siempre lo he asociado a la seguridad”.

Lo conocerá en una fiesta de amigos comunes, cuando aparezca, divertido, tras una invitada. Felicia es de mirada fascinada, como vemos en esa fiesta con cantantes satíricos. Del compromiso y la complicidad pasaremos al matrimonio.

Es interesante el juego de interiores y exteriores relacionados con la pareja. De nuevo las dualidades. Lo público del intérprete, lo íntimo y privado del autor o creador… Y la locura que es compaginarlo todo.

 

 

 

Los parques, las praderas, incluso las terrazas, son lugares de encuentro, complicidad y felicidad para la pareja. Incluso en momentos complicados o tristes. Ahí fortalecen lazos. En terrazas hablaran de seguridad, de la tristeza y el cansancio, pero nunca discuten, se apoyan.

Lo mismo en los parques, por ejemplo, en esos donde están espalda contra espalda, cómplices, felices, serenos… en unión familiar y donde la comprensión lo es todo. En el parque Felicia pisará la espalda maltrecha de Lenny para aliviar su dolor. Al final rememorarán esa escena, de nuevo espalda contra espalda, cuando se conoce el cáncer que padece Felicia.

 

 

Hay otro detalle familiar, ese avioncito que lanza uno de sus hijos ante la marcha de Lenny, que el músico recoge antes de verse con unos antiguos amantes. Priman los contrapicados aquí. Siempre parece necesitado de una huida… y que sea un avioncito es interesante.

En el jardín de la casa, vemos un paseo cubierto por donde, en blanco y negro y en momentos de felicidad, se aleja la hija del matrimonio. Posteriormente, Cooper propondrá un plano fijo donde la pareja discute a lo lejos, al fondo, sobre la presencia incómoda de Tommy. Lenny es comunicativo siempre, Felicia es, más bien, agresivo-pasiva. Y es que, lógicamente, es Lenny el que debe explicarse…

Eres bellísimo”.

 

 

Cuando Lenny termina su composición, lo anuncia felizmente a su familia. La reacción de Felicia será saltar a la piscina y sumergirse en ella. No hay felicidad en su rostro. Es casi alivio. De hecho, el rostro de Lenny pasa de divertido a inquieto. Manteniéndose en el interior de la casa.

 

 

Y es que en los interiores tendremos sus discusiones, tendremos los descubrimientos de sus infidelidades o los anuncios de enfermedades. A menudo se les ve enmarcados, como constreñidos, presos.

Tras abandonar a Lenny en el teatro por su complicidad con Tommy, regresará al hotel. Dejará el pijama, el cepillo de dientes y demás de Lenny fuera.

 

 

Bernstein es hombre de excesos y de fidelidades ambiguas. Tiene un romance con David Oppenheim (Matt Bomer), al que despachará con la misma simpatía con la que lo ama.

Quizá me ha faltado tacto”.

¿Es lo que quieres?

Y muchas más cosas.

“… en un remoto rincón de mi alma hay una salida”. Acerca de esta frase, hay una interesante escena en un ensayo con espectadores. Una charla de espaldas a nosotros con un solo inserto en el que vemos a Tommy bajo un letrero de “salida”, como si todo se refiriera a ese joven.

Lo veremos fumar constantemente, beber, drogarse, ser infiel… alejándose de su familia incluso… Como una necesidad que nunca será saciada porque necesita de la creación en el orden lo mismo que de la vida en el desorden.

 

 

 

El distanciamiento de la pareja se muestra también desde lo visual. La escena cumbre es esa fiesta donde Lenny se besa con Tommy y es descubierto por Felicia. Los planos son extraños y se mantienen a distancia. En un momento dado, vemos a Lenny marchando a la azotea con Tommy, algo que vemos también en otro encuadre posterior donde vemos a Felicia.

Todo en esta escena es algo acelerado, rematando la secuencia de forma notable, una vez descubierto el desliz de Lenny, con la pareja enmarcada en la puerta y, finalmente, con Lenny solo en la ventana donde comenzó la secuencia con Felicia de espaldas.

Durante un ensayo con un coro, Felicia y Tommy compartirán espacio. La generosidad de Felicia y, quizá, su dependencia emocional, están muy agudizadas. Una composición que tiene mucho de Felicia, pero en la que se inmiscuirá Tommy para hacer un apunte estúpido.

 

 

 

 

Felicia es partícipe de esa doble vida de Lenny, consentidora sufrida. Apelará a mentir a su hija sobre los rumores que sobrevuelan su vida, algo que hará en una escena donde Cooper está muy bien, por cierto.

Una vez se separe de él, cogerá las riendas de su labor profesional, casi como una directora, cobijándose en su trabajo… por tiempo limitado.

La escena donde Felicia reconoce que le cuesta vivir sin Lenny es en un restaurante. Todo son planos medios o primeros planos, siendo los más cercanos los dedicados a Felicia. Se inserta el plano de situación al rato de iniciarse la escena. Un plano algo incómodo… Además hay un salto de eje para la hermana…

Parece que me atrae un cierto tipo”. Referido a la homosexualidad del que pensaba era un pretendiente.

¿Quién es la que no ha sido sincera?”.

Es mi arrogancia. Creer que sobreviviría con lo que me daba”.

 

 

 

La familia para Lenny es una necesidad, pero también es algo castradora. En los últimos momentos de Felicia, no se separará de su lado. De hecho, habrá una escena de piña familiar con Felicia enferma al ritmo de la música, que es un recuerdo de infancia.

Tommy es un personaje que crea grietas en la pareja, ya que es un compañero constante en la vida de Lenny. Lo llevará incluso a su casa.

La película no se resiste a las concesiones feministas o woke, que resultan forzaditas. No todo depende del talento y la suerte.

Felicia: Y, no lo olvides, eres un hombre.

Lenny: No lo olvido.

La muerte también será un tema perturbador para Lenny. No ya la que da comienzo al film, la de Felicia, de la que al final veremos el proceso, sino en ciertas reflexiones donde la muerte es un liberador para el artista, que cuanto más se acerca a ella más libre es.

 

 

Tras la muerte de Felicia, Lenny volverá al desenfreno que le vimos. Ligando con alumnos y entregándose al exceso entre luces rojas… El último plano del film, antes de las imágenes del Bernstein real, será para una Felicia en blanco y negro filtrado. Como un homenaje a ese amor no siempre bien proyectado.

Por supuesto hay menciones a “La Ley del Silencio” (Elia Kazan, 1954) o “West Side Story” (Robert Wise, Jerome Robbins, 1961), a la que hay varias referencias.

 

 

 

Esmerada dirección.

¡Menudo aliento clásico tiene la película!

Es obvio que el aliento de los melodramas clásicos está presente, pero con un estilo más setentero, incluso ochentero y noventero, en lo que es un anacronismo sabroso.

Cooper recurre a buenos y numerosos referentes para su puesta en escena, que nunca termina de ser del todo personal. Lo que no tiene porqué ser nada malo. Un Cooper que procura resolver las secuencias con poco corte, incluso en plano secuencia si es posible.

Un ejemplo de ese aliento clásico que posee la película, lo tenemos con la presentación de ella. Felicia Montealegre. Su llegada. Muy a la vieja usanza. Y es que las llegadas siempre son sugerentes.

 

 

 

Ese inicio en blanco y negro, en lo que sería un flashback, es muy setentero, muy Cassavetes, donde recibe la noticia de la enfermedad del director del cual es suplente y le da la posibilidad de dirigir a la filarmónica de Nueva York.

No será la única vez donde el aroma de los 70 venga a la película. Esos planos donde se enmarca a los personajes o se les arrincona en un lado del encuadre o al fondo, nos llevan a Woody Allen. Personajes que salen y entran en plano mientras hablan y se mueven por el decorado.

 

 

Un buen ejemplo lo tenemos en esa fiesta casera con mucho Jazz… U otra posterior, donde tenemos planos bastante extraños, que recuerdan al Allen en mejor forma. Es en otra fiesta, a color, en la época de desdicha, como ese plano espía, como si la cámara tuviera vetado entrar, pero observa desde fuera de la sala a Felicia hablando con un chico. O ese otro plano de espectador, donde la gente o sus manos interrumpen la visión del foco pretendido, que son Lenny y su hermana. O ese también donde se recoge a la hija hablando con su madre, que está en la citada ventana, y al regreso recuperamos el citado plano espía que, dejando fuera de cuadro a la hija tras el mobiliario, comunica la aceptación al trabajo que le ha ofrecido un tal “Harry”.

Otra fiesta, con los puntos focales al fondo y gente pasando entre ellos y la cámara mientras Lenny cede a todo tipo de excesos…

O ese plano estático en blanco y negro, con Lenny a un plano del cuadro, tras una puerta entreabierta (la del baño, claro).

Eres la única persona que conozco que deja la puerta del baño abierta por miedo a estar solo”.

 

 

Otro ejemplo de plano interior con ellos entrando en él, sin centrarlos, saliendo también del cuadro sin cortar, en el programa televisivo donde entrevistan a la pareja con una voz en off que los presenta.

En las angulaciones posteriores, mostrarán a su hija al fondo, vinculando, una vez más, lo personal y lo profesional.

 

 

Otra escena muy Cassavetes, muy Allen, con Lenny entrando y saliendo de plano mientras discute con Felicia acerca de unos rumores que han incomodado a su hija. Lenny se refleja en un espejo durante esa secuencia, elemento simbólico que retrata su impostura.

No te atrevas a contarle la verdad”.

 

 

Hay otros espejos significativos. Uno cuando la hermana de Lenny descubre que Felicia sale con él, en el camerino de un escenario al interrogarla. Otro cuando Felicia decide dejarlo, en un plano lejano, general, del estilo mencionado, enmarcada en el baño, reflejada en el espejo… Con ella los espejos parecen desvelar su verdad.

La escena donde la pareja recibe la noticia del cáncer de Felicia, se inicia con un plano fijo y el encuadre dividido por el decorado donde vemos a Lenny esperando y una enfermera llegando. Una escena que, básicamente, sobra. Ya en consulta, la noticia es recibida en plano secuencia fijo, con acercamiento.

Son muy interesantes y vistosas las transiciones que hace en varios momentos de la película. Ese inicio donde se simula un plano secuencia que nos lleva de la intimidad homosexual de su cama hasta el teatro, desierto, y regreso para verlo todo preparado, a él vestido y el teatro hasta los topes para su estreno… Su satisfacción… sin ensayar.

Otra transición muy buena la tenemos en otro escenario, del vacío con el que Felicia conversa con Lenny al abarrotado donde la aplauden. Y de aplauso a aplauso, del saludo de ella al de él en otro aforo entusiasta.

 

 

 

Más transiciones. La que nos lleva de la comida de la pareja con esos amigos o familiares a ver sus musicales compuestos. Todo desde un picado sin corte que termina en otro teatro y escenario.

Transiciones musicales. Del Jazz de una fiesta doméstica al lirismo en el que se presenta a un nuevo hijo.

Otro rasgo muy buscado por Cooper, no siempre con el mejor resultado, es el de los diálogos superpuestos, esos que Hawks mostró al mundo cómo se hacían y Orson Welles proyectó al infinito con “Ciudadano Kane” (1941). Aquí no siempre logran la naturalidad buscadas, pero no funcionan mal.

Un ejemplo de esa naturalidad buscada lo tenemos en el picado de la pareja en el post coito, con sus bromas, confidencias y reflexiones sobre matar al padre…

Juega con el primer plano y los perfiles. La primera conversación cómplice entre Felicia y Lenny, en la fiesta, será desde sus perfiles, si bien a él ya lo vimos así varias veces anteriormente.

 

 

Interesante también el juego con los colores. Tommy, en la casa veraniega familiar, lleva un jersey que se confunde con el sofá en el que se sienta. Esa misma casa aparecerá inundada de verde cuando, en un plano aéreo, Lenny entre desde el exterior para anunciar que ha terminado su composición. Posteriormente, el vestuario de Lenny también se confunde con el entorno de su casa, marrones, antes de enfrentarse a Felicia en Acción de Gracias.

 

 

Por cierto, esa de Acción de Gracias, es otra secuencia que sucede en la sala donde antes vimos la fiesta donde Lenny se besó con Tommy, en la misma ventana donde se inicia y finaliza la secuencia. La ventana de la soledad, que contrasta con la fiesta exterior por donde pasan hinchables de Snoopy. Fijaos cómo se mantiene la distancia entre ambos.

No se puede negar que Cooper ha entregado a Carey Mulligan un gran papel y ha tratado con sumo mimo su trabajo. El plano con acercamiento sobre la enferma Felicia, que sólo tiene un corte para un contraplano de los amigos que la visitan, es de esos que pretenden dar Oscars.

 

 

Esos momentos donde no quiere sentirse débil o dependiente, ser una molestia, con sus manías y apaños (esos papeles que dobla para cuando los necesite por su enfermedad), con los cuidados de su hija…

El maquillaje es uno de los puntos fuertes el film, básicamente centrado en Bernstein, al que vemos en distintos momentos de su vida, más joven, más veterano.

 

 

Podemos oír temas de REM o Tears for Fears, además de mucha del propio Bernstein, obviamente. De hecho, vemos al verdadero Bernstein en las imágenes finales. Una película dedicada a Jamie, Alexander y Nina, los hijos de Bernstein, y con Steven Spielberg y Martin Scorsese detrás.

Maestro” no es un mal film, pero es un film desmedido, donde la pasión de Cooper por el material se siente y aprecia, pero también se le va de las manos. Demasiado intensita y afectada, irregular en todos los sentidos, donde nunca fluye ni se desinhibe del miedo a cagarla con un material por el que parece sentir devoción.

El verano todavía canta en mí”.

 

 

 

 

 

 

sambo

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