LOS QUE SE QUEDAN (2023) -Última Parte-

LOS QUE SE QUEDAN (2023) -Última Parte-

ALEXANDER PAYNE

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Evolución

La catarsis, una vez la cebolla estructural ha sido completamente desgajada y el profesor queda unido al chico únicamente, viene por uno de esos actos de rebeldía del alumno que termina en trauma. Una lesión. Una hilarante escena. Desde aquí la complicidad entre ambos irá en aumento.

Hay que decir que Hunham va siguiendo las recomendaciones de todos aquellos que le piden algo de flexibilidad, fuera de su jefe. Mary, de hecho, será buena guía. Quiere ser cariñoso, pero no está acostumbrado.

Hunham verá su autoridad sobrepasada por el vigor juvenil que explota. Entiende que por la vía autoritaria puede tener problemas.

Tully, a su vez, protegerá al profesor de su acto de rebeldía, ya que de saberse su vista a urgencias el maestro podría tener problemas.

Se hace obvio desde esa parte, que nos adentramos hacia una clásica historia de relación paterno filial… Ambos irán sincerándose, Tully reconociendo su falta de empatía, aunque le vimos tenerla. El profesor hablará de esos complejos físicos…

 

 

A su vez, Hunham protegerá a Tully, ejerciendo como padre protector, cuando los dos citados tipos del bar se metan con él despreciando su estatus. Tully se maneja mal en lo social también, y buscará el cobijo de Hunham, que resolverá todo con un poco del “champagne de las cervezas”.

Señor Tully, para la mayoría, el sexo es 99% fricción y 1% buena voluntad”.

 

 

Los tres protagonistas tendrán amagos de relaciones. Y es obvio de inicio que al menos alguna no saldrá bien. De hecho, no se confirma ninguna, y dos de ellas morirán nada más nacer… o antes de hacerlo.

Cuando Mary haga ver a Hunham su responsabilidad con el chico, intentará cambiar. Es tras la fiesta de Navidad, si bien todo comenzó antes, como mencioné, en la cena tras el accidente del muchacho. Irá a comprar un árbol de Navidad y unos regalos muy de su cuerda (libros que tiene a mansalva en su despacho sobre Marco Aurelio y botellita de licor para Mary). Hunham preparará una cena navideña y familiar para esos solitarios que hace tiempo no han tenido una… o nunca la tuvieron.

Ir a la fiesta de Navidad es un gran paso para Hunham, temeroso de esas reuniones sociales. Mary hará otro regalo, a Hunham, un cuaderno para su monografía al final de la película…

Son gestos que Tully valora con emoción en ese vínculo y cambio creciente. Y son aspectos que van haciendo coger confianza a ese profesor inexperto en la vida. Además de darle satisfacciones. Hunham convertido en un AntiPapa Noel.

La excursión a Boston y a Roxbury será el momento de la catarsis y transformación definitiva. Un viaje que ilusionará a Tully, que además tiene sus propios planes.

 

 

No hay nada nuevo en la vivencia humana, señor Tully. Cada generación cree que inventó el libertinaje, el sufrimiento, la rebelión, pero todo impulso y apetito del hombre, desde lo repugnante hasta lo sublime, se exhibe aquí mismo, a su alrededor. Entonces, antes de descartar algo como aburrido o irrelevante, recuerde: si realmente quiere entender el presente o a usted mismo, debe comenzar en el pasado. La historia no sólo es el estudio del pasado. Es una explicación del presente”.

Ese magnífico diálogo parece romper todas las barreras, con el profesor mostrando su pasión y el chico haciéndole ver el camino a seguir en esa pasión.

En la siguiente escena, conmovedora, vemos a ese profesor convertido ya en padre, viendo patinar orgulloso y divertido a su hijo, que gusta de ser observado. Mismo orgullo que cuando ve a las chavalas ligando con su alumno…

Alumno y profesor se dirán la verdad a la cara, por vergonzosa o dolorosa que resulte, creando un vínculo poderoso.

Pensé que los hombres de Barton no mentían”. “Así que consideré que él no tiene derecho a mi historia. Yo sí”.

 

 

Se confesarán esos secretos que los aíslan. Acomplejados. El padre de Tully no está muerto, sino internado. Un gran padre que enfermó 4 años atrás y por el que el chico sentía adoración. La no graduación universitaria de Hunham por un conflicto con un compañero mezquino. Contratado por su cómplice, el Dr. Green. Una complicidad ya total, porque es también en la mentira y lo vulnerable.

El mundo es decadencia. La vida es percepción”.

Me parece un detalle genial y conmovedor, que profesor y alumno tomen la misma medicación para la depresión. Librium…

 

 

Esta familia disfuncional que forman Mary, Paul y Angus se reunirán para una última cena, por supuesto. Vemos un Paul totalmente cambiado, dispuesto a que Angus pruebe un postre con alcohol, pero en el restaurante no lo permitirán. La actitud beligerante de ese padre sobrevenido define el cambio pleno en él. Harán fresas flambeadas sobre el capó de un coche que saldrán regular.

El cambio de Hunham (Paul Giamatti) ya es total. Va desatado, dentro de lo que cabe, donde permitirá a su alumno un postre con alcohol o hará estallar petardos en la cocina para celebrar el año nuevo.

A su vuelta en coche, la sonrisa satisfecha de Paul Hunham define la liberación personal que casi ha culminado. Complementándola, tenemos la mirada soñadora de Angus Tully (un Dominic Sessa que hace un gran trabajo). Por su parte, Mary parece haberse reconciliado con la vida al haberse reunido con su hermana, que espera un bebé.

Profesor y alumno se dedicarán sonrisas cómplices, aunque en apariencia uno siga estricto y el otro taciturno. Y es que, en ciertos momentos, el alumno es profesor y el profesor es alumno, algo que queda bien escenificado en la bolera.

 

 

 

También es un detalle magnífico de la evolución de su relación, que tocan cualquier tema de los que podrían molestar al otro con naturalidad. Por ejemplo, el ojo de Hunham, al que Tully hará referencia en la bolera, buscando cual es el bueno. Una gran broma a la que el profesor dará respuesta al final, en el signo de confianza definitivo.

Yo os confieso que veo raro uno u otro dependiendo de la escena.

El otro gran paso, por supuesto, es la visita de Tully a su padre, internado por sus problemas psicológicos. El hecho de que comparta ese momento con su profesor, a pesar de su intento de ir solo, es otra rúbrica a esa madurez, evolución y relación.

Preciosa su escena en el restaurante, sobre todo cuando, tras citar varios defectos, Hunham muestra su esperanza y dedica sus elogios a su alumno emocionándolo… antes de que llegue Mary (Da’Vine Joy Randolph).

El viaje de madurez final lo tenemos con el sacrificio voluntario del profesor. Decide, finalmente, romper con esa zona de confort. Y lo hará mintiendo de nuevo, al fin y al cabo, va a dejar de ser un hombre de Barton. Se sacrificará por ese alumno al que ha apadrinado y al que parece haber encauzado en un buen camino.

 

 

Por cierto, su sobria despedida recuerda mucho a un conmovedor momento de “Top Gun: Maverick” (2022), antes de la misión final.

Manténgase firme, ¿vale?”.

Los tres personajes saldrán de su camino con buenas correcciones. Uno se abrirá a la vida, otro corregirá sus principios y focalizará sus virtudes y otra entenderá que hay mucha gente que la rodea deseando recibir su cariño.

Finalmente, la idea de legado, muy presente en el cine de Payne, se manifiesta en los tres. Vemos como Mary lega la ropita y accesorios de bebé de su hijo para su sobrino, poco antes del bello momento entre hermanas, en una necesaria redención. Además, la hermana le pondrá Curtis de segundo nombre si es niño… De nuevo el legado.

Del mismo modo, la relación profesor-alumno parece abocarlos a un cambio que los saca de la zona de confort, pero no como un hecho de incertidumbre, sino como un acto de liberación y superación personal que los hace sentirse mejor gracias al legado que cada uno deja en el otro.

 

 

Ligado al tema del legado, tenemos el de la compensación. Es muy de Payne también. Personajes con carencias o pérdidas que terminan compensándolas o rellenándolas de otra forma, muchas veces sin buscarlo. Aquí es fácil entender esta idea con los tres personajes.

 

 

Estilo

Es curioso como Payne parece identificarse con su protagonista, personificado en esa silla vacía del comedor sobre la que coloca su crédito. Como si de algo muy personal fuéramos a tratar.

Los paisajes nevados que rodean el colegio y demás, parecen simbolizar el estatismo y la zona de confort, algo enfermiza, en la que permanecen los personajes protagonistas. Un entorno que se irá derritiendo según cambiemos de decorado y avancen las navidades.

Hay un plano, con los alumnos acercándose a cámara que está casi fija, donde hablan de escapar en ese entorno nevado, que parece simbólico en el sentido expresado.

Lo mismo ocurre con ese coro que se afina al inicio, donde además la música pasa de extradiegética a diegética, metáfora de lo que ocurrirá con los personajes de la película, necesitados de afinación.

El rinconcito de Paul Hunham en la escuela, es un contraste con el frío exterior. Un entorno tan modesto como cálido, donde el profesor tiene su vida, sus lecturas y su trabajo. Para su presentación, corrigiendo exámenes entre críticas, Payne lo enmarca con una puerta. Utiliza para su entorno diversas posiciones de cámara, el bueno de Payne.

 

 

 

Como ocurre con tantos directores, Payne inserta el plano de situación ya iniciada la escena en muchas ocasiones.

Payne es un director que gusta de la frontalidad, que aparece muchas veces durante la película, especialmente referida al estricto Hunham.

Usa un recurso peculiar Payne varias veces en la película. Son esos sucesivos planos de retroceso, por ejemplo, en la habitación del hijo de Mary, Curtis Lamb. Un violonchelo, un tapiz de Martin Luther King, su cama con lecturas y discos, fotos… hasta mostrarla entera… antes de ver a Mary haciendo un puzle.

Hace lo mismo en la iglesia, primero sobre la foto de Curtis, luego su entorno…

Uno más, de otra forma, ya que es sin corte, es tras los encadenados sobre el rostro de Tully, cuando cuenta la historia de su padre a Hunham, donde la cámara retrocede incluyendo al oyente profesor muy sutilmente.

Un buen plano es ese donde Payne incluye en el encuadre el teléfono antes de que Tully lo ignore y se meta en líos con los del bar, habida cuenta de la sospecha de que el chico pudiera volver a intentar usarlo para escapar…

 

 

Me llama la atención el descuidado plano donde Mary, de espaldas, en la primera noche donde comparte charla con Hunham, tapa al profesor en el encuadre durante más tiempo del normal. ¿Despreocupación en la dirección?

Hay otro plano extraño y desconcertante. En la cocina, cuando Hunham busca a Tully y consulta a Mary. Una angulación extraña que contrasta con todo el estilo sobrio de la película sin aparente motivo… Acto seguido, un retrozoom ante el grito de Hunham en la nieve… Consideraremos que enfatiza el nerviosismo del profesor, pero sólo se hace aquí…

En cambio, en esa conversación, donde profesor y cocinera hablan del hijo de la segunda, cuando lleguen a cierta distensión con las bromas acerca del carácter de Hunham, los planos se acercarán a sus rostros en complicidad. Estilo clásico.

Un gran detalle de montaje lo tenemos en esos sucesivos planos encadenados sobre el rostro de Tully ante su frustrada visita a su padre. Esperanzado en una normalidad que le permitiera sentirse orgullo de él.

Tanto Mary con Tully usan mucho el color azul, muy típico para resaltar la tristeza. Sobre todo, ella. De azul viste Tully en la vista a su padre. De azul, en un asiento azul, Mary y Tully se darán la mano a la espera de la decisión del colegio. Encaja con lo de la tristeza.

 

 

Hunham saldrá hacia una carrera que se pierde en el horizonte, símbolo clásico de un futuro incierto, esperanzador quizá, junto al cuaderno que le regalaron para su monografía y un caro licor (simpático guiño) (coñac Rémy Martin, Louis XIII) que él disfrutará mejor.

Tenemos alguna referencia a la época. James Bond como ídolo, con mención a la película “Al Servicio Secreto de su Majestad” (Peter Hunt, 1969), lo que es curioso. También a Stan Laurel, Rodolfo Valentino… a Picasso, Manet, Monet… “Pequeño Gran Hombre” (Arthur Penn, 1970), con Dustin Hoffman.

 

 

Referencias a Picasso y el Guernica. La tercera guerra púnica, del 149 al 146 a.C… como tantas otras referencias a la cultura clásica de Hunham

Todos los niños son artistas, el problema es cómo seguir siéndolo cuando crecemos”.

Canciones. “Cryin, laughing, loving, lying”, de Labi Siffre. Me gustó.

Un buen profesor. Un buen padre. Cuanto los necesitamos…

Buena película de Payne, de las que llegan al público, aunque no ande por la excelencia. Un título que se ve con agrado, que deja buen sabor de boca y acogedora calidez. Es previsible, vienen referentes a la cabeza, pero acaba llegando a buen puerto tocando adecuadamente las teclas que, no por habituales, son las acertadas.

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

 

sambo

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