LOS QUE SE QUEDAN (2023) -Parte 1/2-

LOS QUE SE QUEDAN (2023) -Parte 1/2-

ALEXANDER PAYNE

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es posible que esta sea la película, o una de ellas, que más guste o conmueva al público en esa mezcla de comercialidad y calidad que contiene. Una película perfectamente medida, como saben hacer tan bien en Hollywood, con la justa cantidad de los ingredientes adecuados. El drama, el sentimentalismo, la amargura, el humor…

Los que se Quedan” nos habla de ideas sencillas y universales a través de unos personajes muy bien dibujados y desarrollados que vertebran todo el film. Ideas sencillas que van cogiendo muchos matices y ciertas redenciones.

La docencia, la académica y la vital, la necesidad del legado, de la familia, las relaciones paterno filiales, o que se convierten en tales… temas muy queridos por ese estimulante autor que es Alexander Payne. Un Payne que consigue con este film uno de sus trabajos mejor valorados, aunque no de los más perfectos.

Los que se Quedan” habla del miedo a la vida, de los miedos que provoca la vida, de salir de la zona de confort o, más bien, del fuerte donde nos protegemos de los complejos e inseguridades. De salir gracias a la familia, sea esta como sea.

En cierto momento es fácil que vengan a la cabeza algunos referentes, por ejemplo “El Club de los Poetas Muertos” (Peter Weir, 1989) o, incluso, “El Club de los Cinco” (John Hughes, 1985), aunque luego la película sigue su camino, aunque tampoco de maneras radicales.

No son pocas las virtudes del film, obviamente, pero además cuenta con la que, posiblemente, sea la mejor interpretación masculina del año. Un Paul Giamatti en estado de gracia.

Estamos en 1970. En un prestigioso internado de Nueva Inglaterra, la Barton Academy (Desde 1797), en la previa a las vacaciones de Navidad. Un colegio rígido, apegado a la tradición y a los actos solmenes, como los que recuerdan a los anteriores alumnos de Barton y los fallecidos en la guerra, donde destaca el hijo de Mary, una de nuestras protagonistas. Alumnado que se va con sus familias, vaciles entre porno, drogas y cigarrillos…

 

 

La película se desarrollará desde el 17 de diciembre, marcado como “Día 1”, al día de Fin de Año y la posterior vuelta de las vacaciones navideñas.

Dos niños y tres chavales más mayores serán los alumnos que se quedarán porque sus familias no pueden o no quieren ir a recogerlos. Y la experiencia navideña en Barton no parece muy apetecible, más cercana a un campamento militar. Horario estricto, estudio, dormitorio en la enfermería, ejercicio a bajas temperaturas, falta de calefacción y comida congelada… Y ese profesor…

Familia, docencia y paternidad. Soledades.

Payne relaciona tres temas de una manera muy natural y efectiva. La familia con la paternidad y la docencia, aunque no haya padres biológicos ni familias de sangre. De hecho, es su ausencia y necesidad la que moviliza y motiva a los personajes.

Angus Tully tendrá uno de sus principales conflictos cuando su compañero más necio le robe una foto familiar, que es su gran añoranza. Y es que Tully es consciente de que, aunque tiene una familia nominal, no recibe de ella lo que debería. Más que consciente es intuitivo. Aprenderá cositas en esas Navidades.

Cuando cree que pasará unas buenas vacaciones junto a su madre, ésta preferirá irse de Luna de Miel con su nuevo amante. Su padre está internado y es un recuerdo doloroso.

Mary, por su parte, ha perdido a su marido en un accidente y a su hijo en la guerra. Esas pérdidas la condicionan y la impulsan a aislarse. Gracias a la familia disfuncional se reencontrará con su hermana y su futuro sobrino para curar un poco sus heridas.

Paul Hunham, nuestro profesor, no tiene esposa ni hijos, goza de su soledad, o eso cree, pero se encontrará con una familia que no deseaba y a la que tutelar, lo que le hará replantearse sus prioridades… Perdió a su madre y su padre lo maltrataba…

Los tres personajes principales se verán obligados, un poco a regañadientes, a compartir sus soledades para encontrar la verdadera familia y compañía. Aunque sea por un tiempo. Tendrán sus reuniones en la salita de Mary, a menudo junto a la televisión. Concursos y programas de evasión mientras comparten sus mundos pasados.

 

 

La paternidad está íntimamente ligada a los tres protagonistas. Padres ausentes o maltratadores…

Tully siente que no le importa a sus padres. De ahí ese apego a su padre enfermo. De hecho, madre y padrastro, no contentos con dejarle en el colegio en Navidad, volverán sólo para amenazarlo con la expulsión al enterarse de la visita de éste a su padre.

Tully explicará a Hunham lo que le sucedió a su padre y el desamparo que provocó. Hunham, en contraprestación a la confesión de Tully sobre su padre, le confesará que el suyo le pegaba.

La Sagrada Familia… laica.

Tres personajes vertebran la sencilla historia del film. Tres personajes de enormes diferencias por sus contextos externos, pero con muchas similitudes o identificaciones en lo más hondo y profundo.

La pérdida será uno de los nexos que una a estos tres personajes (la escena del guante que el abusón lanza al río es la perfecta metáfora de este tema de la pérdida). La película se centrará en un pequeño grupo aislado en las fechas navideñas. Un profesor cuidador, una cocinera y los cinco alumnos que no pueden ir con sus familias hasta que, como si fuera una cebolla a la que se quitan las capas, quedará un remedo laico de la sagrada familia. Pero ya iremos a eso.

 

 

Hunham, el profesor, no teme ir contra el sistema, el que representa el rector, vinculado a un oso disecado en su despacho, que preferiría que el maestro aprobara al hijo de un senador que se deja buen dinero en el colegio en donaciones. Los principios de Hunham son irrenunciables…

Un “padre” sobrevenido, un padre del hijo de otros al que deberá tutelar y guiar, al mismo tiempo que aprenderá de él. Lo moldeará como se moldea la madera.

Mary ha perdido a su hijo en la guerra. Desea pasar el duelo en esa escuela donde convivió con él por última vez. Aunque su relación con Tully es menos cercana que la de Hunham, sus consejos pondrán siempre en la buena senda a los dos varones.

Tully tiene un padre que le es ajeno. Y un padrastro que, básicamente, lo ignora. Tendrá otro padre sobrevenido y una maternal consejera en ese colegio a modo de pesebre o portal.

Una “sagrada familia” que comenzará sus andanzas conjuntas en la fiesta navideña, con unos encadenados de los tres acicalándose ante espejos.

 

 

Paul Hunham (Paul Giamatti). Es un profesor de una escuela de élite. Es un tipo recto y tradicional, duro e irónico, incluso cínico, lleno de complejos, defectos y miedos que le llevan a protegerse de ese mundo hostil en su soledad y en la docencia dentro de las cuatro paredes de su cuarto en el mencionado colegio. Lo demuestra con su suspenso a un tal Jordan Osgood, hijo de un senador… buen donante para el colegio…

Y, al menos, simular que eres un ser humano”.

Es bizco, tiene un problema de olor corporal, trimetilaminuria, le sudan las manos, no está en la mejor forma y no es especialmente guapo… Todo le dificulta el contacto físico. Y es que físicamente es una piltrafa, como comprobamos con sus ejercicios, lanzando un balón de fútbol o pelando patatas…

En realidad, Hunham parece odiarlo todo, pero no es más que una manifestación de esos complejos, ante los que se pone la coraza de la soledad y la misantropía. Todo compromiso o contacto social para él es un tormento y una molestia. Así evita rechazos.

En ese sentido, se generará cierta ambigüedad sobre el pasado de Hunham. ¿Es virgen o tuvo un pasado vigoroso como asegura? ¿Es cierto que estuvo a punto de casarse? Desde luego rechazará a una prostituta en una librería callejera… porque hay prioridades…

 

 

Es innegable, sin embargo, que tuvo un pasado con sus cosas convulsas, como con ese compi de universidad con el que se encuentra, que lo traicionó y del que se vengó en coche provocando 3 costillas rotas.

Hunham es un hombre íntegro y responsable, que dice no mentir nunca, honrando la memoria de su mentor. No planteará problema alguno porque le encasqueten, mentiras mediante, el quedarse a cuidar a los alumnos que no pueden marcharse con sus familias en Navidades.

Nuestro único verdadero propósito es formar jóvenes de buen carácter”. “… Cree que el velcro se ata”.

También es intransigente, cínico e irónico, como muestra al suspender el examen de recuperación por el comentario de Tully. No se andará con chiquitas, amenazando, presionando o chantajeando para conseguir sus propósitos, por ejemplo una delación entre los alumnos por una pelea, mermando su incipiente camaradería.

En ausencia de confesión, el pecado de uno es el sufrimiento de todos”.

No perderá la paciencia por la incompetencia o falta de interés de sus alumnos, pero sí por la falta de valores, educación o el clasismo, como cuando abronca a Kountze (Brandy Hepner) por su comentario clasista dirigido a Mary, la cocinera…

 

 

Hunham vive para la docencia y para la historia. Sus referencias a los clásicos y la cultura greco-romana son constantes, no en balde es profesor de Civilizaciones Antiguas. Esas referencias, en muchas ocasiones, las utiliza como forma de protección.

Es más, parece gozar de esa posición de superioridad, consciente de que casi todos le “odian”, como una forma de contrarrestar esa animadversión social. Se lo hace todo más soportable. Que lo odien con motivo. Incluso el hijo fallecido de Mary no podía ni verlo…

Hunham reconocerá sentirse feliz y cómodo en su soledad y zona de confort, de la que no quiere salir. Casi un asceta. Con todo, mostrará sueños, como es conocer Grecia, Italia, Egipto, Perú, Cartago, Túnez… Su vida se reduce a su trabajo, la lectura, la escritura y el campus.

Me gusta estar solo”.

Es un teórico, predica con la teoría, pero no con la práctica. Hablará de las bondades del ejercicio físico, que no practica ni por asomo, fondón, bebedor y fumador de pipa.

Antes que con Tully, Hunham se abrirá con Mary. Hijo único con padre maltratador y madre fallecida, se fue de casa a los 15 a buscarse la vida hasta caer en Barton. Un retrato de su soledad.

No se menosprecie…”.

 

 

El Dr. Green (majestuoso en el despacho del rector y al que Payne hace correcciones para enfatizarlo), al que venera como referente, lo acogió. De hecho, debemos entender a ese personaje que aparece en un cuadro y Hunham cita periódicamente, como una figura paterna para el maestro… Y tiro porque me toca…

La docencia es su vocación, aunque no siempre bien encauzada. O quiere creer que lo es, ya que no encaja en el mundo. Incluso cuando hace referencias culturales sin intención de protección, sino más bien de socializar, como en la bolera con ese Papá Noel borrachín, donde quedará fuera de lugar.

 

 

Angus Tully (Dominic Sessa). Es un chico de familia rica. Altivo, chulesco, déspota, engreído, clasista incluso, cómodo en su mundo de bienestar y lujos, ajeno a otras vidas más mundanas a las que ni siquiera tiene en consideración, pero la estocada del desarraigo, que se agudizará en las Navidades que retrata la película, lo zarandeará… para redimirle.

Parece haber perdido a su padre, si bien se muestra algo críptico acerca de él.

Sabe defenderse de los ataques de unos compañeros a los que no parece caer bien. Sobre su masculinidad y demás… Sí, no cae bien a sus compañeros, y será peor mirado por su comentario antes de las vacaciones… Es el único que aprobó…

Como corresponde a su edad, Tully se muestra rebelde en diversas ocasiones, aunque irá matizando su altanería. Una rebeldía como atisbo de libertad y necesidad de transgresión en ese entorno que considera opresivo. De entrada, cuestionará iniciar un nuevo capítulo en la materia de historia que imparte Hunham, porque ya se marchan de vacaciones. Él no pierde nada porque aprobó con buen anota, pero sus compañeros pagarán la osadía, ya que se suspenderá el anunciado examen de recuperación.

Tully vive en una burbuja, hasta que recibe un buen golpe de realidad. Dando por hecho sus vacaciones navideñas, recibirá a última hora el aviso de su madre de que no podrá… Ella prefiere irse con su nueva pareja de Luna de Miel, así que debe quedarse allí…

Tully, engreído y altivo, mostrará bastante sensibilidad a lo largo de la película, aunque se le reconozca como alguien que no la posee. Un primer ejemplo lo tenemos con su detalle con el chico coreano que se mea en la cama, ofreciéndose a ocultar las sábanas por la mañana y tranquilizándolo para protegerlo de las posibles burlas.

Malditos espárragos”.

Y parece sensible a los olores… En cualquier caso, parece ser consciente de que proyecta sus carencias afectivas en cierta falta de empatía. La burbuja que roba de la casa de Lydia, obsequio posterior a su padre, parece el objeto que simboliza todos estos aspectos.

 

 

Tully no pasará unas malas vacaciones finalmente, incluso experimentará ciertas primeras veces, como ese feliz encuentro con la sobrina de Lydia (pintura, arte, escote y besos), con la que hace buenas migas hasta llegar al beso. Verá que gusta, como en esa bolera y las chicas que se le acercan…

El gran problema de Tully, además se no sentir el amor de su familia, es la ausencia paterna. Un hombre con una enfermedad psicológica que está recluido en un centro y del que Tully dirá que está muerto. Es su vergüenza, como las que siente Hunham en otro sentido.

Con Hunham siente a alguien que parece preocuparse por él, al que parece importar, que le hace regalos, mejores o peores, pensando en complacerlo… no quedando reducido a un sobre con dinero… Y una figura real de autoridad.

Tully se ve como alguien fallido, reflejo de su padre, sin amigos ni alguien a quien importar… Como Hunham. Está al límite, pensando que si le vuelven a expulsar terminará en una academia militar.

 

 

Mary Lamb (Da’Vine Joy Randolph). Es una mujer herida que se protege del dolor por la muerte de su hijo aislándose del mundo entre los fogones de la cocina de la escuela donde trabaja y donde estudiaba su hijo. Una forma de anclarse a su recuerdo.

Perdió también a su marido antes de que él cumpliera los 25. Una mujer que ha tenido que pelear contra la vida y la pérdida siempre.

La vemos mirar anhelante, desde su cocina, a una ventana por la que nieva… Mary manifiesta que se queda en la escuela porque es el último lugar que compartió con su hijo.

Sola con mi soledad”.

Mary ha perdido a su hijo, estudiante de esa escuela, en Vietnam. Se hará una misa por él y se honrará su recuerdo, especialmente por estar ella trabajando allí. Es clara y sincera, pero le cuesta sacar su dolor.

Mary tiene un pretendiente, un trabajador del colegio que le hace un regalo y acompaña en Navidad. Paciente y comprensivo con su dolor, intenta ser un cierto alivio.

No tengo nada que hacer salvo pagar impuestos y morir”.

 

 

La cocinera tendrá un brote depresivo en una mala borrachera en la fiesta de Navidad a la que son invitados por Lydia (Carrie Preston), para chasco de su enamorado. Canciones tristes y recuerdos dolorosos en un trauma que aún no supera. Choca ese rapto emocional en una mujer tan comprensiva y contenida.

 

 

Clasismo.

Todo durante la película rezuma clasismo. No sólo de los ricos hacia los pobres, también al revés.

Mary no podía pagar los estudios de su hijo fallecido, por lo que tuvo que hacer una carrera militar que no quería, y que al final terminó por llevarse su vida, para conseguir una beca. En esa conversación, Hunham muestra también desprecio hacia esos necios chicos, hijos de millonarios, con una vida fácil y que, desde luego, no tendrán el riesgo de tener que ir al frente si no quieren. En cambio, Mary muestra empatía hacia ellos. Eso sí, le parece también injusto que su hijo, tan responsable, esté muerto mientras otros…

Muchos de esos chicos mostrarán su clasismo con naturalidad. Hunham estallará contra Kountze por un comentario en ese sentido, cuando le ofrece a Mary comer con ellos. La cocinera escuchará en secreto la defensa del profesor, lo que acercará lazos en el futuro.

Hunham: Los muchachos de Barton no van a Vietnam. No. Van a Yale, Dartmouth o Cornell. Se lo merezcan o no.

Tully: Salvo Curtis Lamb.

Tully recibirá el prejuicio y desprecio clasista de un par de clientes del bar al que acude con Hunham, una vez se enteren de donde procede ante su intención de jugar a una máquina…

 

 

Jason Smith (Michael Provost) se tuvo que quedar por negarse a cortarse el pelo, una “desobediencia civil” que le cuesta sus vacaciones, pero que acepta con agradable resignación. Deportista. No pasa nada, tras la lección de unos días, el padre acudirá al rescate en helicóptero, como un Papa Noél millonario, y, en un giro inesperado, se llevará a todos los chavales… menos a Tully. Por cierto, volverá de las vacaciones con su pelo corto, en otro gran detalle de guión.

Un chico coreano, Jim Kaplan (Ye-Joon Park), que no tiene amigos y moja la cama. Su familia vive demasiado lejos para recogerlo.

Alex Ollerman (Ian Dolley), de padres mormones que están de misión en Paraguay, prioridad antes que venir a por él.

Teddy Kountze es el típico niño rico y necio, prepotente y sin sentido moral alguno. Contará que debe quedarse porque su familia está reformando el piso y usan su cuarto para almacenar el material… La broma cultureta sobre Ícaro que Hunham le dedica viendo sus quemaduras de la nieve tras las vacaciones es buen castigo.

Los dos más jóvenes rememorarán momentos navideños dulces en familia…

 

 

 

Lydia, que también trabaja en el colegio, se convierte en un interés amoroso de Hunham. Es amable, empática e inteligente. Siempre parece tener la frase adecuada. Es divertido ver con la sencillez que termina la ilusión de Hunham hacia ella, con la simple aparición del novio. Si bien bastante predecible.

Entregará galletitas a Hunham como detalle cariñoso, que el profesor, que las recibe con escepticismo, las compartirá posteriormente con Mary y Tully

Eso sí, Lydia no me parece tan amable, aunque sí correcta, en su última aparición…

 

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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