LIFE (2017)

LIFE (2017)

DANIEL ESPINOSA

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sí, “Life” es una copia de “Alien, el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1979). No os llevaréis sorpresas aquellos que visteis el tráiler y lo sospechasteis, si bien es cierto que tampoco quieren disimularlo mucho. Es “Alien”, tal cual, con un monstruo matando gente en una nave espacial… No hay mucho más.

Una vez vista se añade otra influencia que asombra por su evidencia, “Gravity” (Alfonso Cuarón, 2013), con ese plano secuencia inicial, los planos fuera de la nave e, incluso, el final en su estética.

 

 

 

En este sentido hay muchos paralelismos con ambas películas. La trama, el planteamiento y el desarrollo, así como aspectos del extraterrestre, son calcados a “Alien, el octavo pasajero”. O esa huida por los conductos del aire, por donde luego se le localizará. La claustrofobia ciertamente no se logra en su depuración y apresuramiento, pero se supone.

 

 

En cambio, la estética en el espacio, los planos exteriores o los vuelos por el interior de la nave remiten a “Gravity”. El personaje que interpreta Gyllenhaal es tributario del de Sandra Bullock en cuanto a sus motivaciones iniciales. Ambos parecen hastiados, sin ilusión, prefieren estar en el espacio, donde parecen haber huido de aquello que le esperase en la Tierra (o porque no les esperaba nada), donde él era militar. Ha encontrado la paz en el espacio. En este sentido, el personaje paralítico interpretado por Ariyon Bakare, Hugh Derry, el científico de la nave y único con conocimientos para trabajar con el extraterrestre, es similar, manifestando que en el espacio se siente libre porque no necesita su silla de ruedas.

 

 

Rory Adams, interpretado por Ryan Reynolds, será el personaje chistoso, la estrella que morirá temprano, y también de los más prácticos. No es tan sabio como otros, pero parece el único con sentido común, en un principio, cuando advierte que el bicho puede no ser amigo… Él mismo dirá que es más prescindible que Hugh, por ejemplo, así que le toman la palabra. Ser algo más inteligente le llevará a la muerte. Así, como premio.

La historia es simple. Una expedición recoge una capsula con material de Marte. Encuentran un signo microscópico de vida, al que reaniman… pero se volverá un poco díscolo.

 

 

 

 

La Estación Espacial Internacional, astronautas de varios países, Marte, la misión Pilgrim 7… Primer día. Nos presentarán un poco a los personajes y el funcionamiento de la nave, incluso saldremos al exterior en alguna ocasión y bajaremos a la Tierra momentáneamente en una escena. Varios personajes. Médicos, deportistas, científicos, mecánicos, pilotos… Un comienzo que está bastante bien, pausado, planteando con calma, llegando con pulso a los momentos de impacto.

 

 

Uno de los grandes aciertos del film es su práctica del terror minimalista. De hecho, en ocasiones, el monstruo Calvin ni si quiera aparece. No recurre Daniel Espinosa, el director, a espectaculares escenas para lograr el suspense y el terror, sino que se basa en secuencias con elementos muy básicos, sencillos y pequeños. Un ejemplo lo tenemos con la primera actuación del bicho: un ser ínfimo, pequeño, y una mano, la de Hugh (Ariyon Bakare), que quedará completamente fracturada… No está mal la escena, aunque en este caso roza el ridículo y tiene momentos casi humorísticos.

 

 

Otro lo tenemos con la siguiente muerte, la de Ekaterina, llena de tensión minimalista, agobiante, con la pobre chica ahogándose con el líquido refrigerante en su casco, la imposibilidad de abrir la puerta y la latente e invisible presencia del monstruo.

 

 

Además las alarga todo lo posible, extendiendo y sacando el máximo partido a todos los elementos para terminar incomodando al espectador. En esa escena con la mano de Hugh, el bichillo luego se cebará con el ratoncito que tienen allí puesto para la experimentación, logrará escaparse usando una incipiente inteligencia brillante y se deshará de Rory (Ryan Reynolds) en su rescate a Hugh, torpe por lento en la indecisión de todos, donde quedará atrapado con “Calvin”, que es como bautizan al marciano. La muerte de Sho también está bien rodada, pero resulta previsible y convencional, tópica.

 

 

 

Esas escenas alargadas son efectivas, terminando en contundentes finales violentos, resoluciones de impacto alargadas o apuradas evasiones. Se agradece la contundencia de esas escenas, donde Espinosa también alarga los momentos de las muertes, usando truculentos y estirados primeros planos sostenidos (Ryan Reynolds y su ingesta, Olga Dihovichnaya, que interpreta a Ekaterina, y su ahogamiento…).

 

 

 

La primera secuencia, de clara influencia en “Gravity” (2013), de Alfonso Cuarón, es magnífica. Un gran plano secuencia de más de seis minutos con la cámara flotando por la nave sin gravedad siguiendo y presentando a los personajes hasta el punto culminante donde asistimos a una especie de jugada de béisbol espacial, cogiendo al vuelo la cápsula que navega sin rumbo con la muestra y el material recogido del suelo marciano. La cámara flotará y volará por la nave, sin límites en las angulaciones, con libertad absoluta en la falta de gravedad durante el metraje.

La importancia que se da a esta escena tiene cierto sentido filosófico, sobre el azar y las decisiones, ya que de no haber logrado recoger esa cápsula en una maniobra complicadísima, nada de lo que sucederá posteriormente hubiera pasado.

 

 

Algunos recursos que podrían indicar algún tipo de sentido específico, se descubren vacuos o casuales. Un ejemplo es ese plano sobre Gyllenhaal en la primera secuencia, con su rostro doblado en el reflejo del cristal. No significa nada, no es un traidor o tiene algún tipo de doblez. Que use el plano subjetivo del marciano, que no parece ver mucho ni muy claro, pero que parece olisquear la sangre, no aporta nada tampoco.

A partir del día 2, la planificación varía, incluyendo el montaje en la narración y estilo, si bien la concepción de planos generales y nada apresurados, largos, se mantiene.

Una de las genialidades de “Alien, el octavo pasajero”, como resalté en su análisis, es que al inicio de la película, el monstruo asesino ni siquiera existe. Aquí se pretende algo parecido. El marciano existe, pero es un organismo microscópico que no da indicios de vida, al que se reanimará. Haciendo lo contrario en cualquiera de las decisiones tomadas, por azar o voluntarias, el bicho hubiera muerto y nada hubiera pasado… pero no habría película. Por desgracia, ese rigor majestuoso que se sigue en “Alien”, aquí brilla por su ausencia, con múltiples situaciones forzadas o absurdas.

Irá creciendo, con elipsis que nos llevan del día 1 y 2 al décimo segundo y vigesimoquinto, tiempo en el que “Calvin”, que así es como llaman a la criaturita, quedará inactivo tras un problema en el laboratorio, reactivándolo con impulsos eléctricos, como a Frankenstein.

Calvin se mostrará inteligente (a veces) e inmune a casi todo. Al fuego para empezar, cuando Rory lo chamusque y el bicho ni se entere… Desde luego no quiere morir en el espacio, por lo que aunque necesita el oxígeno, no siente el frescor espacial ni la ausencia del elemento, haciendo apnea como un campeón. Es más, cuando vea la amenaza de irse al abismo, pegará un brinco para alcanzar la nave de nuevo. ¡Qué jodío, el pulpito!

Es divertido que a ese inofensivo ser lo bautice un inocente niño. Calvin. No tiene un aspecto amenazante, pero cuando crezca sí que se le pondrá cara de mala leche.

El clímax nos deja una nave en las últimas que va cayendo hacia la Tierra, por lo que uno debe sacrificarse y llevar en su cápsula de evasión a la criatura hacia el infinito. Un clímax tramposo, donde se pretende atmósfera con ese frío que surge en la nave y un final ciertamente previsible donde la vida se abre camino.

Hay ciertos contrastes, como en los dos personajes que resistirán hasta el final. Polos opuestos. David Jordan (Jake Gyllenhaal) es veterano y prefiere estar en el espacio que en la Tierra. Miranda North (Rebecca Ferguson) es la novata, la que menos tiempo lleva en la nave, y quiere volver en cuanto pueda… Así terminarán, como polos opuestos. Y paralelismos, como el renacimiento del ser marciano y el del hijo del japonés Sho (Hiroyuki Sanada).

 

 

 

Además de las implícitas referencias citadas, hay otras explícitas, verbalizadas por Ryan Reynolds principalmente, siguiendo con un papel de friki que haga honor a su “Deadpool”. “Re-Animator” (Stuart Gordon, 1985) o “Frankenstein”, en esa idea de dar vida, usando el calor y luego los estímulos eléctricos. Ideas como la prepotencia, el creerse Dios como moraleja y la condena están presentes.

La sutil regresión infantil (también aparecía en Kubrick, en “2001: Una odisea del espacio”, de 1968, por ejemplo), sí es un acierto, con el libro que Ekaterina regaló a Sho y los recuerdos de David y Miranda.

 

 

Las inconsistencias son muchas. Los comportamientos de los personajes, además de acelerados, arbitrarios y poco meditados, son absurdos. Los problemas de la nave, siempre oportunos y con soluciones inconcebibles, el rigor científico y de los científicos resultan estrafalarios y poco creíbles, cuando no risibles. Siempre parecen dirigirse al lugar donde está Calvin, aspecto que es mitad idiotez, mitad pereza de guión.

Por eso saldrá mal la emboscada que pretenden hacerle, que no se sabe muy bien si lo que pretenden es capturarle o ayudarle para que les dé muerte.

 

 

Calvin se verá apurado para regresar al interior de la nave, porque su extraordinaria inteligencia no le alcanza para volver por el mismo lugar por el que salió, abriendo como hizo Ekaterina el conducto refrigerante.

Tampoco entendemos por qué teniendo alimento y una víctima como Hugh (que no tardará en morir una vez ha quedado amortizado como investigador), sale a perseguir a los otros. Querría acumular víctimas, quizá, aunque tiene sus riesgos… Perplejo deja que Sho se desvié y eluda la ayuda de Miranda y David, que se queda tan perplejo como nosotros, dirigiéndose hacia otro lado. Pensamos luego que quizá haya pensado algo en contra de Calvin, pero lo que hace es encerrarse en una cápsula y apostarlo todo a que nada falle y el monstruito no logre reventarla. La cápsula cruje con los apretones de Calvin, pero el bicho no insiste, porque debe ser inteligente, pero poco tenaz.

 

 

Tras ponernos un poco sentimentales y filosóficos, descubriremos a Calvin agarrado de la pierna de Hugh. No lo vemos, porque enseñarlo sería difícil. Se justifica en que Hugh está paralítico, por tanto no puede sentir nada en las piernas, pero claro, llegar hasta debajo del pantalón y acurrucarse ahí tiene su elaboración…

Los trucos de guión se suceden. Llevarán al bicho a una zona para asfixiarle, que ya podían llevarle a una para expulsarle de la nave, pero en ese momento llegará la nave de ayuda (que no es de ayuda), y, sin previo aviso, ni comunicación, ni ningún tipo de advertencia, se acoplará justo en la zona donde encerraron segundos antes a Calvin. Por si la coincidencia no es suficiente, Sho saldrá de su cápsula ¡y se dirigirá justo a la estancia donde está el bicho!

Tenemos todos los tópicos del cine de terror, además de saquear los hallazgos de “Alien, el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1979) de una manera algo torpe.

 

 

Las fases dramáticas, explicativas y de evolución de personajes no funcionan, las historias personales no interesan, parecen pegotes, y no hacían ninguna falta. Podrían haberse limitado a dibujar bien a los personajes con sus comportamientos, definiendo así sus caracteres. El caso es que en el aspecto dramático y de desarrollo y creación de personajes queda muy coja. Además, los personajes en ningún momento parecen estar en situación de apuro, amenaza o emergencia real, se mueven como autómatas en la apresurada narración.

La película tiene problemas de ritmo, con demasiados arranques y parones abruptos, no hay un fluir narrativo.

 

 

Todo el reparto está aceptable, cumple sin problemas en papeles poco reseñables. Gyllenhaal muere mucho últimamente (Everest, Animales nocturnos).

Discreta, cumple como película de género, con una depurada dirección y una música que no funciona mal. Si te gustan los referentes al menos pasarás el rato, donde hay escenas de impacto atractivas, con un buen suspense, pero lastrado todo por las incongruencias y los comportamientos tontos que guían a los personajes desde el guión.

 

 

sambo

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