LE MANS 66′ (2019)

LE MANS 66′ (2019)

JAMES MANGOLD

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me encantan las películas que tratan y reflexionan sobre el ego y la ambición (os recuerdo “Whiplash”), así que esta, que lo tiene como tema central, me ha entretenido mucho, a pesar de no ser nada excepcional y tener una dirección arsenal competente pero sin sorpresas.

Aunque ego y ambición suelen ir unidos, aquí nos centramos más en el ego. Aquí todo es ego. Ego en todo momento, en toda situación, de todas las formas posibles. El ego y su poder. Ego que ambiciona superarse, ego que se exige, ego que choca con otro ego, confrontaciones de egos que crean algo mejor o dilapidan proyectos… El ego como vehículo de todo, de superación, de mejora, de logros,  conquistas…

Mangold cuenta una historia basada en hechos reales trufada de egocéntricos que se alían, que se enfrentan o que conspiran entre sí. Y desde luego triunfa en el resultado.

No, no es una cinta de autor, ni van a encontrar detalles de dirección con simbolismos o ideas soterradas que amplíen la narración, pero es una obra pura, artesanal, que cuenta una atractiva historia y la cuenta bien. Es, para entendernos, la clásica película que Hollywood factura con solvencia y que tranquilamente puede optar a varias estatuillas, como ha ocurrido, de esas que aparecen todos los años.

Le Mans 66’” es la clásica historia de reto al grande. Reto al ganador, en este caso de Ford a Ferrari. Aquí matizada, porque Ford no era, precisamente, un mindundi… Simplemente estaba en inferioridad en carrera. Así que se nos relata una historia de sacrificio, esfuerzo y superación para derrocar al rey todopoderoso.

 

 

Los personajes, que no están especialmente bien desarrollados, más bien dibujados a grandes rasgos, tampoco tienen especialmente bien definido el supuesto contraste. En realidad los dos son muy parecidos en su esencia. Dos ganadores, competitivos, egocéntricos, apasionados por vocación. Carroll Shelby es diplomático, un gran relaciones públicas, vendedor de coches, un tipo simpático con don de gentes y labia. Sabe codearse con la gente de a pie y con las altas esferas (te vende un coche y camela a Ford). Ken Miles es todo lo contrario.

No soy lo que llaman una persona sociable”. “Y si lo dejas no habrá quien te soporte”.

Carroll Shelby, uno de los grandes constructores históricos, ganó en Le Mans en 1959, el primer piloto americano en lograrlo. Era piloto, tuvo que dejarlo por problemas cardiacos. Un competidor nato que reconoce en Ken Miles a un igual. Shelby fue instructor de vuelos y piloto de pruebas en la 2ª Guerra Mundial.

 

 

_DSF3248.RAF

 

Ken Miles tiene un taller que va a la ruina. Hacienda se lo confisca. Arruinado (no os preocupéis, se buscará la vida y el ofrecimiento de Shelby le compensará económicamente). Es un auténtico genio de los coches, pero de mal carácter. Un poco dificilillo. Mecánico y piloto competente. Un competidor nato. También participó en la 2ª Guerra Mundial. Su sensibilidad será crucial para construir el mejor coche.

Los planes cambian”.

 

 

Su amistad viene de largo, y sus conflictos, que nunca parecen muy serios, pero falta algo que defina esa amistad, su origen, su desarrollo. La damos por supuesta, lo que se acepta, basada más en ocasionales encuentros de interés. Mangold pretende exponer una compenetración entre los dos casi total en lo concerniente a los motores y la competición, por su pasión vocacional compartida, si bien no se transmite más allá de lo verbalizado. Cuando Shelby dé un discurso en el que se referirá a los valores de Ford, en realidad se está dirigiendo a Miles. Estamos hablando de una amistad en la que Shelby arriesga todo lo suyo por Miles, por una carrera y una victoria… Muy romántico… Me gusta que no se muestre que Miles se entere de ese órdago de Shelby.

Porque mientras hablamos él está ahí fuera dándolo todo”.

 

 

 

Entre ellos también hay lucha de egos y apariencias, incluso respecto a los demás. Es tierno ver fingir a Miles que no le importa la carrera, poniendo la radio cuando se queda en soledad…

Sí, a Miles le veremos siendo borde, prepotente, lenguaraz y engreído, por ejemplo con Leo Beebe (Josh Lucas), el “villano” de la función…

Shelby: Tu padre era

Hijo: Era su amigo.

Shelby: Sí, lo era. Lo era.

 

 

A Shelby le picará el gusanillo de la propuesta de Ford cuando su enviado, Lee Iacocca, lo plantee como un reto. Ganar a Ferrari. 90 días para crear el mejor coche del mundo. Y ganar Le Mans como piloto y como constructor. Le veremos presumir en el aire también, faltaría más…

Y si algo sale mal, si revienta una junta, una pequeña arandela… ya está, se acabó el asunto… Ferrari vuelve a ganar… igual que ganó el año pasado y el anterior y el anterior… Sí, es un reto”. “Lo que digo es que no puede comprar la victoria, Lee… pero, tal vez, sí al hombre que le dé esa opción”.

 

 

Miles flipará con la idea de correr en Le Mans y poder construir el mejor coche posible, con la posibilidad de ser el primero en ganar en Sebring, Daytona y Le Mans. Sólo lo veremos a él en su entorno doméstico, con su hijo y su mujer.

Hijo: Pero no puedes hacer todas las vueltas perfectas.

Miles: Puedo intentarlo.

 

 

Shelby pondrá su ego encima de la mesa y apelará al de Ford (que también reivindica el suyo con esa mención a la labor de su empresa en la 2ª Guerra Mundial), cuando se amenace con su despido tras perder en Le Mans sin Miles… Seguridad y ego.

Ese hombre está muerto de miedo por si este año usted es lo bastante inteligente para empezar a confiar en mí”.

 

 

Miles gozará con la idea de ser el primero en ganar las tres grandes. La victoria sacia su ego. Cuando Shelby le explique lo que le piden (entrar los tres Ford juntos), Miles lo interpreta como un atentado a su ego, por lo que se rebelará, hará vueltas rápidas y récords, tomando más distancia aún respecto a sus compañeros y competidores…. Pero cuando deje el ego aparte y acceda a la “petición/orden” empresarial, le esperará el fracaso: No le darán como vendedor o uno de los vencedores, sino como segundo… Por renunciar al ego… Renunciar al ego, su esencia, le penaliza.

Lee me preguntó hace poco qué es lo que el dinero no puede comprar. Le diré lo que es: Un piloto puro al volante de su coche. Ese es Ken Miles”.

 

 

El ego de Miles quedará herido cuando lo rechacen en primer instancia una vez ha preparado el coche para la competición. Decepcionado al verse fuera de un proyecto que le apasionaba, que llenaba su ego y ambición.

El ego es lo que provoca esa divertida e hilarante pelea entre Shelby y Miles frente a la casa del segundo. Me encanta el detalle en el que Shelby coge una lata, bien dura, rectifica y la cambia por una bolsa de pan de molde antes de golpear a Miles. Es una pelea de camaradería, fordiana.

 

 

El ego lleva a Shelby y Miles al perfeccionamiento, al éxito, como llevó a Ferrari. Finalmente, desde otro ámbito, también a Ford. El ego y la ambición sana y personal.

Miles: ¿Decido yo?

Shelby: Tú decides.

Va a batir su propio récord”. “Es otro récord”.

El año que viene ganaremos a estos cabrones”… Ford ganó en Le Mans en el 66, 67, 68 y 69… lamentablemente sin Miles.

Al ego apelará Lee Iacocca (Jon Bernthal) para convencer a Henry Ford II (Tracy Letts) de participar en Le Mans. Para ello tendrá que luchar con el enorme ego de Ford que, claro, hay que convencer para retarlo.

Enzo Ferrari pasará a la historia como el mejor fabricante de coches de todos los tiempos. ¿Por qué? ¿Por ser quien produce más coches? No. Es por lo que significan sus coches”.

Ferrari fabrica menos coches en un año que nosotros en un día”.

Hablará de la estética, del glamur, de lo que transmiten los coches, desde el lujo hasta la fiabilidad, el aura de éxito, que con Ferrari ganando en Le Mans lo acaparaba todo. Sofia Loren, Monica Vitti, James Bond… no usan Fords… Son palabra que duelen a un ególatra…

Ford, por supuesto, hará su equipo de carreras para competir en Le Mans… El ego dolido como mejor motivador.

 

 

El propio Enzo Ferrari (Remo Girone), acuciado por las deudas, obligado a vender, se hará el ofendido (con esa oferta de Ford encarece su producto para la compra de Fiat) por una clausula del contrato que lo ligaría a Ford, esa donde la oposición de Ford le impediría acudir a Le Mans. Rechazará la oferta apelando a la dignidad personal por esa falta de libertad, autonomía, independencia… Insultando a sus rivales… Y atacando el ego de Ford y sus “toscos» coches…

Dígale que él no es Henry Ford. Es Henry Ford II”. “Enzo ha gastado hasta la última lira persiguiendo la perfección y, ¿saben qué? La ha alcanzado. Pero está sin blanca«.

Enzo Ferrari, como Ken Miles y Shelby, es un perfeccionista. Ególatra, sí, pero perfeccionista, ambicioso, apasionado vocacional. Quiere más y mejor. Ford ha mamado eso de su abuelo y su padre, pero carece de la experiencia y la vocación, es un ambicioso abstracto, empresarial.

Y donde Enzo es artesanía y mimo, Ford es practicidad en serie…

Todo construido a mano”.

 

Se rinden honores a Carroll Shelby y Ken Miles, pero también a Enzo Ferrari, sobre todo en ese detalle final, cuando la escudería Ford se vanagloria pasando por encima de los individuos sepultando los méritos del verdadero ganador, el constructor italiano rinde tributo al piloto, reconociendo su trabajo y valía. Saludo y reconocimiento de ego a ego.

 

 

 

 

Leo Beebe representa la cara negativa del ego. El enfermizo, el que no crea ni aporta, sólo odia la luz del otro. Un ego enfermizo encauzado a manchar para ocultar los méritos ajenos. Sólo lo veremos maquinando y haciendo la pelota. De todo esto hablaba «El Manantial» de Ayn Rand que se llevó al cine en 1949 con King Vidor de director y Gary Cooper de protagonista.

Todos y cada uno de estos GT de ahí están bajo mi supervisión directa y, por supuesto, la supervisión de Henry Ford II. Los pilotos, la velocidad, la estrategia, hasta las revoluciones, las decidimos nosotros”.

No entiende el ego puro, el instinto y la ambición vocacional, sólo envidia el mérito por ser incapaz de cosecharlo…

Ford es sinónimo de fiabilidad. Ken Miles no es un hombre Ford”.

¡Un beatnick!” “Creemos que es demasiado puro”.

Opinan que no das buena imagen y, por eso, no puedes pilotar su coche”.

La familia de Miles es encantadora. Adoro a su mujer (Caitriona Balfe) y ese apoyo que le da cuando decide renunciar a sus sueños, apelándole a no hacerlo, incluso en las malas. Una mujer que es un bálsamo para ese hombre imprevisible. Su hijo admirador, Peter Miles (Noah Jupe), que adora a su padre. También es reivindicable el papel de ese ingeniero, Phil Remington, interpretado por Ray McKinnon.

 

 

 

 

Eso sí, la escena de conflicto marital en el coche resulta artificiosa y un tanto efectista, incluso contradictoria, pero habrá que pasarlo.

En coches se resuelven problemas. En un coche el matrimonio Miles resolverá sus problemas cuando el piloto duda si aceptar la oferta de Shelby. En un coche Shelby da una cura de humildad al orgulloso Ford… En la película, los coches son tratados casi como hijos.

 

 

Las carreras se pretenden como el punto fuerte del film, y aunque cumplidoras, tampoco son nada del otro mundo. Las hemos visto más intensas y vigorosas. Buenos planos de adelantamiento o progresión de un coche respecto a otro. Eso sí, resulta un tanto ridículo que los pilotos se miren retadores en medio de curvas a 300 kilómetros por oras, pero esto es espectáculo… La épica remontada en Daytona, la carrera de Le Mans… luchando contra rivales del resto de equipos y del propio…

 

 

 

 

Martillazos para arreglar puertas en plena carrera, lagunas del reglamento, tormentas, cambios de frenos completos, batallas a varios niveles: en carrera, en los despachos, con otras escuderías…

Se desarrollan los conceptos, o al menos mantienen una coherencia durante toda la narración, con una historia bien contada, con ritmo, pero donde los personajes no están bien desarrollados. Su dibujo es básico, pero falta mucho matiz, no terminamos de entenderlos. Como comparación podemos recordar los de «Rush» (Ron Howard, 2013), ese contraste y sus divagaciones. Hay personajes de lo que no entendemos las motivaciones, en un conflicto dramático forzado, “de película”, como ese villano. Porque debía haber un villano.

No se entiende el origen de la animadversión entre Beebe y Miles, porque suponer que procede del ligero desencuentro en la reunión que vemos es más ridículo aún. Bernthal aparece desaprovechado a partir del primer tercio del film, donde sólo se dedica a mirar y sonreír complacido cuando nuestros protagonistas se marcan algún punto…

El periplo es previsible desde su inicio, como expliqué, un producto muy de fórmula, casi siempre triunfador, eso sí.

 

 

Ya supondréis que hay enormes licencias históricas y sobre los hechos narrados, que a los más fans del motor seguro sacarán de quicio. Anacronismos con algunos coches; las negociaciones entre Ford y Ferrari no fueron así ni hubo los subterfugios insinuados, Iacocca no intervino; Ken Miles sí participó, y perdió, en Le Mans 65; el famoso final con los tres coches entrando a la vez y las motivaciones y divergencias, tampoco fueron de esa forma; Miles tenía fama de buen compañero y muy limpio en carrera… Es comprensible que se modifiquen cosas para una mayor intensidad dramática, o lo que consideren sus creadores, aunque puede haber errores u omisiones que cueste admitir…

 

 

En la cita a McQueen podemos ver un velado homenaje a su “Las 24 Horas de Le Mans” (Lee H. Katzin, 1971). Recordar también la reciente y excepcional “Rush” (Ron Howard, 2014) o “Gran Prix” (John Frankenheimer, 1966) como cintas recomendables sobre el mundo del motor.

 

 

Matt Damon y Christian Bale están muy correctos en el film, como suele ser habitual. Bale pone un rol más histriónico, además de haber adelgazado para definir un piloto/mecánico muy convincente. Hay varios momentos especialmente destacados en sus respectivos trabajos: Bale en ese plano donde asume su victoria, el siguiente a cuando sucede la avería del Ferrari; Bale y la renuncia a su ego, con un gran plano suyo donde se aprecia su proceso mental para, finalmente, decidir esperar a sus compañeros; Damon en su escena final, muy elíptica en cierto sentido, con la muerte de Miles y el saludo lejano a la mujer de aquel, perfecto en su contenida emoción ante el hijo y en soledad…

 

 

Dirección convencional, artesanal, sin rasgos reseñables. Esos planos donde vemos un cartel o una tormenta en segundo término, no podemos considerarlo algo importante. Cumplidora, eficaz en su narrativa, pero nada más. Un canto de amor al automovilismo y a la libertad que provocan 7000 revoluciones…

 

 

 

 

 

sambo

Leave a reply