LADY SOUL, por Nanook the Eskimo

LADY SOUL, por Nanook the Eskimo

MÚSICA

 

 

Se ha ido Lady Soul. La encantadora gente de Cinemelodic ha tenido a bien pedirme que redacte algo al respecto, lo que me honra pese a navegar a medio camino entre lo inmerecido y lo injustificado.

No soy ningún experto en Aretha Franklin. De hecho creo que no sé si podría llamarme un gran fan suyo, aunque me parezca la cuarta gran voz femenina de la música. Igualmente, me niego a plantear estas líneas como un obituario, repaso o glosa de los logros de Aretha Franklin, y mucho menos afrontar su redacción extrapolando su obra a cuestiones candentes a día de hoy, ya sabes, así como aprovechando que el Mississippi pasa por Memphis. Se ha muerto una música como la copa de un pino. Como otras tantas, sabía escribir y componer con gracia, de hecho, aprendió a tocar el piano de manera autodidacta, pues el sistema de enseñanza tradicional le aburría sobremanera y se negó a seguirlo pese a la insistencia de su padre, que veía que la niña parecía tener algo de talento. Punto para doña Aretha y para su señor padre.

Ella quería cantar gospel aunque no pudo grabar un disco completo de gospel hasta que su carrera estuvo apuntalada por varios éxitos y llegó a la posición de poder hacer lo que le viniera en gana. Antes de lograrlo decidió que llevaría su especial sensibilidad para cantar espirituales a cuantos géneros le pusieran por delante, de ahí el fervor y, por qué no, la fe que se traslucía en cuanto se ponía delante de un micrófono. En ese momento todo cambiaba: lo que resonaba ahí no salía de una técnica prodigiosa, que también tenía, sino algo más cercano a la emoción que a la razón, que salía más de las tripas que del cerebro.

Pese a parecerme un término cursi en extremo, “electrizante” es un término que puede servir para definir la forma de cantar de Aretha Franklin. La energía que transmite podría mantener encendidas las luces de Navidad de todo Nueva York, pero a la vez tiene una capacidad de matiz digna del mayor virtuoso que nos pueda venir a la mente. Y todo ello con una musicalidad apabullante, entendida esta como el instinto de saber qué hacer exactamente para mejorar la pieza que estuviera abordando.

 

 

Ya he dicho que mi particular Olimpo de voces femeninas lo copan Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Billie Holiday, Barbra Streisand o Karen Carpenter, pues en mi modesta opinión, una voz femenina ha de tener la capacidad de lograr enamorarte de su propietaria sin verla. Todas transmiten belleza, pero las hay que transmiten clase, ternura… y fuego y pasión. Aretha Franklin sabía transmitir fuerza, ser una locomotora a toda velocidad. Mujer de rompe y rasga, hizo que alguien con el ego disparado, no en vano decían que era Dios, como el Eric Clapton de Cream, entrara al estudio donde grababan con una importante dosis de congoja, si bien seguro que también tenía que ver con el nivel de los músicos de Muscle Shoals que la acompañaban. Pusieron al Eric de pelo afro y botines rosas, armado con una Les Paul, a hacer un solo y unos adornitos en «Good to me as I am to you«. En esa época, y más en swing, jazz y soul, se grababa con toda la banda junta en el estudio y el cantante de turno con ellos. Nada de separación por pistas. Todos a la vez y si la primera toma es la buena, mejor que a la segunda, como debe ser. Ello se debe a que aunque el último grito desde el punto de vista técnico era grabar en ocho pistas, absolutamente nada era mejor para empastar los metales que grabar todos juntos.

Convencido como estoy de que nos van a bombardear en los medios con «Think«, «Respect» o «You make me feel (like a natural woman)«, huiré de ellos y os confesaré que la recordaré siempre cantando este tema que coloco abajo. Es el clásico de Elton John, «Border Song«, cuyos versos empiezan siempre diciendo “Holy Moses”, como si de una plegaria se tratara. Ella lo entendió enseguida y lo vio clarísimo, y tú, en caso de no conocer esta versión, también vas a ver la luz.

 

sambo

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