LA MÍTICA ‘LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ’ VÍCTIMA DEL NUEVO MAINSTREAM

LA MÍTICA ‘LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ’ VÍCTIMA DEL NUEVO MAINSTREAM

CINE

 

 

 

Este post no es políticamente correcto. Ni ganas.

Se escribe un poco desde el estupor y otro mucho desde la indignación.

Quienes siguen la web no son ajenos a la dentera que nos da a los que aquí aparecemos esa manía con los pensamientos únicos, las corrientes de opinión generalizadas y la idiocia que (lo siento, pero es así) denotan.

Y viene al caso de la retirada del fondo de HBO de una obra maestra, Lo que el viento se llevó‘, tras las protestas por considerarla racista, una peli ampliamente analizada en cuatro partes en esta web.

 

 

Pero antes que nada, vamos a dar sólo lo que vendría a ser el DNI de la cinta, para ver de lo que estamos hablando: Dirigida por Víctor Fleming principalmente, la película está basada en la novela de Margaret Mitchell (publicada en 1936, y ganadora del Pulitzer de ficción en 1937), una autora nacida en Atlanta, donde se desarrolla la acción y donde la película se estrenó en 1939, aunque lo hizo en el circuito comercial norteamericano al año siguiente.

La cinta, interpretada en sus papeles principales por Vivien Leigh (Escarlata O’Hara) y Clark Gable (Rhett Buttler), acompañados por un gran elenco en el que figuran Olivia de Havilland (Melanie Hamilton), Leslie Howard (Ashley Wilkes), Hattie McDaniel (Mammie), Butterfly McQueen (Prissy), Ann Rutherford (Carreen O’Hara)…, logró ese año nada menos que trece nominaciones y ocho Óscars: a la mejor película, al mejor director, al mejor guión adaptado, al mejor montaje, a la mejor fotografía, a la mejor dirección de arte, a la mejor actriz principal, a la mejor actriz de reparto (McDaniel, el primero para un actor negro) y el honorífico a William Cameron Menzies (diseño de producción y diseñador de arte). Eso entre otros muchos premios.

No vamos a repetir aquí lo que en el análisis está dicho, sobre la cinta en sí y porqué es una leyenda, para eso podéis leer tranquilamente cada uno de los posts, que contienen, como en ningún lado se encontrará, todos los detalles, las claves, las ideas, incluso los defectos, que la hacen única y mítica. Pero sí comentaré sin pelos en la lengua esa estupidez (recogida en The Hollywood Reporter), explicitada por un portavoz de HBO, de que sólo volverá a la plataforma acompañada de una explicación del contexto histórico y una denuncia del racismo.

Suena tan ridículo, suena tan infantil, suena tan condescendiente… El estado y los totems deben decirnos cómo pensar, cómo valorar, juzgar y analizar las obras de arte, como modelar el pensamiento para que sea uniforme y no nos movamos un ápice de lo que ellos juzgan conveniente, censurable o elogiable. Suena, en definitiva, tan paternalista y, finalmente, racista, por la obstinada distinción que se insiste, pardójicamente, en hacer, donde la raza, el sexo o la condición social lo definen todo, por encima del individuo.

No es la primera vez que la cinta es atacada por racista. De hecho, ya en la época hubo esas opiniones (el guionista negro Carlton Moss, un activista en favor de los derechos de las personas de su mismo color, ya criticó las caracterizaciones de los personajes de Mammie y, sobre todo, Prissy como torpes, y ser condescendiente con la esclavitud). Y quizá en esa época aún tuviera alguna razón de ser (de hecho McDaniel se sentó separada de sus compañeros por la pervivencia de la segregación racial).

Foto: Pete Souza

Lo que indigna es que se haga hoy día cuando nunca antes se había alcanzado una situación de igualdad mayor (no hay más que pensar en la presidencia de Barack Obama, 44º presidente de los Estados Unidos, por citar un ejemplo, un hecho impensable no ya en la Guerra Civil americana, que es la que se describe en la película donde los bandos apoyaban o abominaban el segregacionismo sino hasta cuando la cinta se estrenó).

Lo que indigna es que se haga como se hizo con el famoso #MeToo (que tanto daño hizo a Kevin Spacey, como otros actores y personas normales, por ejemplo), o como pasó también con la corriente de apoyo a la joven activista a favor de la protección del clima, la sueca Greta Thunberg; como el feminismo de cuotas y a ultranza o el #NoALaGuerra (bastante bochornoso) en los Goya de 2003; como retirar la estatua de Colón en Richmond, por genocida (como si los americanos hubieran tratado como príncipes a las tribus autóctonas, “los indios”)… Indignan estas prácticas aborregadas, siguiendo las corrientes ideológicas a la moda pretendidamente progresista y con ecos del más puro totalitarismo en cuanto se rasca un poco.

En este mundo quedan problemas por resolver porque, por favor, recordemos: no vivimos en Arcadia. Somos imperfectos, todo puede mejorar y todo, siempre, podrá mejorar o cambiar. Y sabemos que ni las violaciones son buenas, ni las guerras, ni el racismo, ni el terrorismo, ni la corrupción, ni el genocidio, ni el dañar el planeta… pero tampoco es bueno la falta de análisis y perspectiva ni el pensamiento único, la falta de criterio y el #TodosSomos…(rellenar puntos suspensivos según protesta a la moda). Si discrepar o contraargumentar es motivo de rechazo e insulto, donde la etiqueta de fascista está adherida a personas que no tienen idea de donde sale aquello, da un miedo atroz pensar hacia donde vamos. Indica poca capacidad de análisis, poco estudio y menos criterio, que es el abono del totalitarismo, nunca del progresismo. Es un peligro. Un peligro real. Y nunca trae nada bueno. Es cuestión de tiempo.

Como siempre, hay un detonante. En este caso ha sido la situación norteamericana de protestas por la desgraciada muerte de George Floyd, en Minneapolis, en mayo de este año, por un exceso de violencia policial que ha rescatado el #BlackLivesMatter (creado en 2013 por la absolución de George Zimmerman por la muerte del adolescente afroamericano Trayvon Martin a causa de un disparo).

De ahí, las protestas alrededor del mundo. Momentos de lo más bochornoso (policías o militares arrodillados frente a los manifestantes, pintadas en la estatua de Churchill acusándolo de racista, robos y agresiones), o incomprensibles, como Marta Kauffman, creadora de la famosísima sitcom ‘Friends‘, pidiendo perdón por la falta de diversidad étnica en el reparto de la serie… Como si no hubiera habido series de enorme éxito con el reparto al completo de actores negros que, incluso, ridiculizaban a los blancos…

Merece denuncia el acto, como lo merece cualquier asesinato que hayan cometido otros blancos sobre negros, pero en la misma medida que los que hayan cometido unos negros sobre otros negros o sobre blancos o latinos (que son los más en la actualidad). Deben denunciarse y condenarse todos, como deben exigirse soluciones para corregir los condicionantes sociales que provoquen estos hechos y estos horrores. Lo demás es puro y duro sectarismo. Eduquen en valores, para que los individuos sepan discernir con criterio, incluso para valorar una película en su justa medida, donde no haga falta prohibirla para que tengan la capacidad de discernir que la esclavitud, la homofobia o el racismo no son buenos.

Y como suele suceder, ya hemos entrado en cascada: se ha pasado a eliminar de los catálogos de otras plataformas películas como ‘El nacimiento de una nación’ (D.W. Griffith, 1915) o ‘Canción del Sur‘ (Wiferd Jackson, 1946), estas por parte de Disney, o eliminar de Paramount Network el reality ‘Cops‘ (traducido como «Polis») que, desde 1989, grababa acciones reales de agentes en activo. Y esperad, que está por ver que despachen ‘La cabaña del tío Tom‘ (la novela y cualquiera de sus innumerables versiones cinematográficas o televisivas), la serie televisiva ‘Raíces‘ (anda que no fue famoso Kunta Kinte a finales de los ’70)… ¿Cuál sería el límite? ¿Por qué debería haber alguno?

¿En serio? ¿De verdad es necesario? Suprimir películas, no poder cantar determinadas canciones por ser «políticamente incorrectas» (que se lo pregunten a Loquillo y su ‘La mataré’). ¿De verdad nos creen tan mononeuronales a todos? ¿De verdad queremos esta sociedad infantilizada? ¿La libertad de expresión y pensamiento sólo valen cuando se expresa y piensa lo que mandan algunos? ¿Someter la cultura y el arte, así como la historia?

Es temible que la nueva progresía (que es un poco como lo de la ‘nueva normalidad’) sea capaz de lograr una sociedad tan estrecha de mentes, asfixiante, de consignas, donde no levantar brazos y corear estereotipos da lugar a suspicacias.

Sólo con haber leído un poco de historia, ahora que está al alcance de todos como nunca en la vida ha estado, aterra el tufillo maloliente de la opresión, de la censura o autocensura (que aún es peor, por cobarde). Huele a un mundo como el de ‘Fahrenheit 451‘, la novela de Ray Bradbury llevada al cine por François Truffaut en 1966. O al de «Un Mundo Feliz» de Huxley

Tolerancia, criterio, cultura. Por favor. 

 

 

MenudaReina

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