LA GRAN MURALLA (2016)

LA GRAN MURALLA (2016)

ZHANG YIMOU

 

 

1/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Está claro que Matt Damon quería una superproducción y recibir buenos emolumentos, quería un pelotazo y no peliculitas artísticas para las que ya tendría tiempo. Sólo así se entiende que renunciara a protagonizar su propia producción, “Manchester Frente al Mar” (Kenneth Lonergan, 2016), que podría haberle dado el Oscar que le dio a Cassey Affleck, para protagonizar este desastre descomunal en el que interpreta a una especie de Val Kilmer que se ha comido a Légolas.

Quizá pensó que además de los millones podría hacerse algo potable al tratarse de una leyenda china, con lo exótico y sofisticado que eso es, que además estaría dirigida por Zhang Yimou, un director excepcional, pero leer el guión debió darle algunas pistas…

 

 

El Yimou que más me entusiasma es el minimalista e intimista, el de relatos pequeños e historias personales o profundas del estilo de “Ni uno menos” (1999), “El camino a casa” (1999), “La linterna roja” (1991) o “Vivir” (1994), pero a partir del éxito de “Hero” (2002) comenzó a frecuentar mucho más la superproducción, muchas de ellas espectaculares productos de acción poética también muy buenas.

 

 

Aquí tenemos una coproducción china y estadounidense pretendidamente lujosa que no hay por donde cogerla. La peor de su director. Quizá salvemos algún detalle visual donde se atisba el talento de Yimou, sepultado en las absurdeces e incoherencias de un guión y unas decisiones de puesta en escena descacharrantes. Un pastiche, la misma historia mil veces contada: la invasión de bichos muy malos que amenazan al mundo, mientras un grupo de valerosos héroes intentan protegernos de ellos. Si se hiciera bien al menos… Lo tiene todo, comportamientos arbitrarios y absurdos, caracteres y decisiones cambiantes sin motivo y en tiempo récord, personajes de baratillo, relaciones inconsistentes y sin fundamento…

 

 

La mitología de la película es básica, aunque pretende dársele mucha enjundia. China, buscadores occidentales de pólvora, imanes y brújulas como elementos sofisticados, bichos raros y amenazantes, una gran muralla construida para proteger a la humanidad de esos bichos, que les da por atacar cada 60 años, nos contarán su origen… Y poco más.

Resulta que, como muchas leyendas o mitos, pretende ser alegórica o aleccionadora. Esos bichos serían la representación de la codicia humana, que amenaza con invadirlo y destruirlo todo. Eso es lo que hay que evitar. Una codicia ancestral, un mal legendario que se doma con imanes…

El caso es que Damon y su grupo son un poco pendencieros, ladrones y asesinos. Por eso no ganan para disgustos. Nos los presentan huyendo a caballo, logrando escabullirse del nutrido grupo de jinetes que quería darles caza… y en la paz de la noche siendo diezmados por un bicho verde un tanto asqueroso. Ellos sólo buscan pólvora, pero se lo pagan así… Ellos son codicia, por lo que el arco dramático y evolución del protagonista es el subtexto moralista hacia una redención.

 

 

Total, que sólo quedarán dos, Damon, que interpreta a William, y Pedro Pascal, que interpreta a Tovar. Y mientras van paseando tranquilamente les vuelven a perseguir, porque si algo tienen por aquellas latitudes es tenacidad. Tal es su concentración, pensando en sus desastradas melenas y barbas, en la futilidad del alma humana y la existencia, aparte de salvar el trasero, que se darán de bruces, literalmente, con la Gran Muralla China, que, como todos sabéis, es una construcción que apenas llama la atención, no es especialmente larga ni alta ni, por supuesto, imponente. Tan despistados con sus cosas iban. ¡Ensimismados! Alzan la cabeza y ¡zas! ¡La muralla!

 

 

Esto sólo es el comienzo del despiporre. Dentro de la muralla comenzará la gracia de verdad. Allí conoceremos a la comandante Lin Mae (Tian Jing), una chica muy malencarada y con malas pulgas, violenta y que parece querer a todos muertos, así que queda claro que se liará o enamorará de Matt Damon. Eso sí, mientras pide su muerte admira el valor de los capturados, sorprendida, por aquello de matar a uno de los monstruitos.

El guión tiene tela, telita, tela. Resulta que en la muralla, diseñada para la guerra, no hay una sola celda donde encerrar a nuestros protagonistas. Tienen que apañarse con cualquier habitación de por ahí.

60 años preparándonos para esto”.

Sí, han oído bien. Miles de soldados están allí encerrados, viviendo en la muralla, sin que ninguno sobrepase en apariencia los 30, explicándonos que llevan esperando la batalla contra los monstruos 60 años, nada más y nada menos… Que justo se cumplen ese día… momento perfecto para la llegada de Damon. A que todo resulta muy natural y fluido, nada forzadillo.

 

 

Claro, toda preparación es poca ante el ataque de los monstruos. Quieras que no, una batalla cada 60 años hace perder práctica, por lo que a las decenas de miles de soldados híper cualificados, se les hace imprescindible la ayuda de nuestros dos protagonistas, que se lucen a conciencia, sobre todo Damon, ante los ojos de la chica, Lin Mae. Unos monstruos que serán brutotes, salvajes y algo despiadados, pero puntuales como ellos solos, y a los 60 años justos se presentarán a la cita, acicalados y dispuestos. Y más listos, dicen.

 

Los monstruos tampoco parecen ir sobrados de inteligencia ni táctica de ningún tipo. Lograrán hacer un castell para subir los altos muros, esos que los protagonistas no vieron hasta chocarse, pero una vez lo han formado con todo el mimo del que es capaz un baboso monstruo para que suban todos a cascoporro, deciden que sólo suba uno de vez en cuando. ¿Y por qué? Pues tras un detallado análisis he comprendido que es para que Matt Damon pueda matarlos con más facilidad. De uno en uno.

 

 

 

 

Tras matar a un par de ellos, los monstruos se retirarán. ¿Por qué? Pues ni idea. Supongo que se corrió la voz de que había un tipo “mú loco” en lo alto que no dejaba títere con cabeza y había terminado con un par de los suyos, notable baja dentro de los millones que parecen componer el ejército de monstruos.

Resulta además que, en el nuevo ataque a la muralla, los bichos han abierto una brecha tremendísima en la misma, que la atraviesa entera, descubriendo que esos ataques eran una especie de truco de distracción para seguir penetrando hacia el otro lado, aunque no sabemos ni cómo ni cuándo. Los bichos se dedican a sacrificar unidades a mansalva en otro lado para seguir con su labor minera. Lo que extraña es que no suban la muralla por esa zona, habida cuenta de que es evidente de que allí la vigilancia es escasa. Tampoco dejan rastro de residuos, algo extraño, salvo que los bichos coman y traguen arena y piedras… Ni sabemos cuando han hecho esa labor si la contienda acaba de empezar… Una cosa es clara, con esto se trata de demostrar que los bichos en realidad son más listos y sí se manejan tácticamente.

 

 

Por si fuera poco, tenemos el insufrible tópico de la marabunta enjambre y la reina. Al tío que se le ocurrió incluir esto en una película deberían pagarle cuantiosos rollaties, porque es algo alucinante la falta de imaginación generalizada. Ya saben, hay una reina a la que proteger, y si se mata a esa reina todos los demás mueren por arte de magia, que será el clímax… Todos los años hay dos o tres películas de invasiones con muy malas intenciones que tienen como punto débil a una reina que si matas se va a tomar por saco la invasión.

 

 

La segunda escaramuza de los bichos contra la muralla deja flipadas para dar de comer a parte. Esa escena llena de silencio y niebla, que Yimou trata con mimo para dar algún susto, está llena de flipadas, especialmente cuando los dos amigos bajan a luchar a ciegas… Tremendo. Las bombas los salvarán.

El tema de la pólvora también es divertido, sobre todo cuando Dafoe la esconde en un lugar secretísimo. Matt se limita a pasar por allí y ver el agujero que ocultaba los secretos…

 

 

Y ese clímax, con un poco de la ideal del “Caballo de Troya” y una colección de flipadas varias en consonancia con lo anterior para matar a la reina.

Matt Damon, que es un tipo más majo que las pesetas, tendrá una evolución que queda clara desde el mismo inicio, cuando nos dicen que es algo malote, asesino y ladrón. Sabemos que, en general, Damon no es capaz de maldad, especialmente en un mainstream (tiene sus excepciones a lo largo de su filmografía, como ese Ripley que interpretó en 1999), por lo que al ver a la chica sabemos por donde irá la infantil y evidente evolución. Una evolución que comienza con sus actos heroicos en batalla y un reflejo distorsionado, que parece devolverle la imagen de su retorcido interior. Acto seguido se les verá a él y a su compañero acicalados y sin barba.

 

 

 

Es un hombre sin patria, un mercenario, un luchador con un pasado lleno de pecados. Sólo ha vivido para él. No confía en nadie. Una dramática evolución se avecina. Esto empezará a cambiar, como digo, recibiendo clases de filosofía exprés en las alturas por Lin Mae, a la que ya parece se le han pasado sus instintos homicidas. Enseñará principios para redimirlo: confiar, luchar por unos ideales, por algo superior a uno mismo… William en el fondo busca un perdón, dejar atrás ese pasado poco edificante. Terminará confiando y tal. Ya saben. Así que buscará redención desesperadamente involucrándose en la lucha contra los tao pei, que son los bichos.

¿Os he dicho la cara de Val Kilmer que se le ha quedado a Damon en esta película? ¡Como si lo hubieran sacado de “Willow” (Ron Howard, 1988)!

 

 

Su amistad con Tovar no hay por donde cogerla, llena de cambios de sentimientos y opiniones, suponemos que vertebrada en esa desconfianza de la que hablaban, hasta el punto de estar dispuestos a sacrificar al otro (Tovar, que William en el fondo es muy bueno). Tovar nos debe caer bien, ha estado en España, se nos menciona mucho, y lo veremos torear incluso.

 

 

 

Luego Damon decide que se aburre, así que se pone a presumir y se transforma en una especie de Robin Hood, ya dije que este neo Val Kilmer se había comido a Légolas, como arquero cualificado. O más bien en Ulises, ya que hace cosas en las que parece más un tejedor que enhebra agujas sin despeinarse que un arquero. Que esto lo hace para ligar, no hay más que ver los contenticos ojos de la muchacha que poco antes lo quería muerto…

 

 

El caso es que Damon cambia de opinión como de… no sé, de lo que se cambie uno mucho en aquella sucia época, como comprobamos, con mucha dificultad, en cuestión de segundos, en bochornosa evolución. Así que le soltarán al mismo tiempo que lo encarcelan (ya os digo que el guión es para enmarcarlo), cogerá al peor soldado del ejército, pero que tiene su apoyo moral, Peng Yong (Han Lu), y completamente transformado y luchando por una causa que conoce de día y medio y un supuesto y ficticio enamoramiento no consumado se irá en globo aerostático a jugarse felizmente la vida. Relaciones y motivaciones de enjundia.

 

 

Y tenemos dos personajes “importantísimos” que no importan a nadie, que sirven para desarrollar (más bien meter con patético calzador), reflexiones sobre la codicia y el heroísmo. Sí, necesitan meter dos personajes que no importan a nadie para eso. Uno es Ballard, interpretado por Willem Dafoe, que tiene acceso a la pólvora negra que tanto ansían nuestros amigos y que quiere huir de esa muralla en la que lleva años. Con él tendremos la reflexión sobre la codicia con toda esa subtrama que resulta especialmente molesta interrumpiendo la principal. Si Houston o grandes maestros del Noir vieran la “reflexión” sobre la codicia que aquí se encierra, sacarían las armas… El otro es un joven soldado interpretado por Han Lu, que está ahí porque tiene que haber de todo y hará buenas migas con William (Matt Damon), porque le salvó. Matt le dará apoyo moral cuando piense que no es un buen soldado o algo cobarde, algo que también nos interesa muchísimo, para, finalmente, dejarle herido en el mismo sitio donde fue atacado otro de la expedición en la aventura final (ante todo que el chico se encuentre seguro) y que así se redime sacrificándose por los demás… A mí el chico me dio mucha pena, no se merecía algo así el pobre desgraciado…

 

 

También es estúpida y arbitraria esa absurda set piece, que sólo tiene la intención de matar al general para que suba al mando Lin Mae. Una escena metida con calzador. Eso sí, los globos en su homenaje se encadenarán con los que nos llevarán al clímax… Supongo que también sería uno de los motivos de la escena…

Los efectos especiales son reguleros, a veces parece que estamos en una película de dibujos. Los personajes son chistes, y queda claro que los bichos son mucho más inteligentes.

 

 

Lo único destacado del film se lo adjudicaremos a Yimou y ciertos detalles visuales donde deja ver su talento. Los maravillosos entornos del inicio, impresionantes parajes bellamente mostrados con espectaculares planos aéreos. Esos planos aéreos, ampulosos, dejan algunos de los mejores momentos, mostrando toda la escena, siguiendo a proyectiles lanzados, permitiendo ver la acción, así como las espectaculares grúas, que sin corte permiten ver y disfrutar de la muralla, de sus interioridades y de los preparativos militares y funcionamiento interno. Planos sostenidos y mucho movimiento en el interior del encuadre. Picados para ver las batallas y la acción, ocurrentes soluciones esteticistas, muy de Yimou, que no logran compensar el desastre. Hay un gran uso del plano general.

 

 

El colorido, muy de Yimou, funciona de manera irregular. Muchos azules, rojos, amarillos, verdes… muy intensos. Las distintas secciones del ejército de la muralla tendrán su color. Azules las mujeres lanceras aéreas, rojos los arqueros, morados los combatientes en cuerpo a cuerpo, hierro la infantería… Un colorido que en ocasiones hace que parezca que estamos viendo a los Power Rangers.

 

 

Un desastre indigno de sus responsables (tenemos también a Edward Zwick por ahí). Un guión infame, un humor difícil y un resultado mediocre, en el que hasta los larguísimos títulos de crédito, de un cuarto de hora, se hacen eternos… claro que no es para menos.

¿Os he dicho lo mucho que se parece Matt Damon a Val Kilmer aquí?

 

 

sambo

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