LA FLAUTA

LA FLAUTA

RELATO

 

 

 

Mamá, mañana tengo que llevar una flauta al colegio”.

Así comienzan los problemas, con frases sencillas.

Las vidas de las madres solteras, divorciadas, no son fáciles. Sobre todo si trata de dar todo a su hija en medio de una disputa por su custodia… Una flauta, a última hora, lloviendo, con el centro comercial más accesible a más de media hora…

Me parapeté con mi traje especial, un chubasquero negro, y mi paraguas. Subí a mi coche personalizado y arranqué el motor dispuesta para la lucha. El entorno era sumamente hostil, postapocalíptico. Montones de seres en sus vehículos abarrotaban las carreteras. Debía estar atenta si quería mantener la integridad. Allí no se hacían prisioneros. Una moto derrapó en un charco lanzando agua y barro sobre mi luna frontal, un coche pasó por la izquierda rozándome el retrovisor. Todo aquello era un laberinto de semáforos y confusas señales que podían hacer que te perdieras y jamás lograras salir… Finalmente llegué a mi destino.

En aquella zona inhóspita hay que tener mucho cuidado, ya que se reúnen gentes poco recomendables y muy amenazantes que intentan evitar que cumplas con tus objetivos. Me preparé y me puse a la distancia adecuada para que las puertas detectaran mi presencia y se abrieran.

Acto seguido, un ejército de zombis se abalanzó sobre mí sin compasión. Tuve que recurrir a mis habilidades en el cuerpo a cuerpo adiestradas en mil batallas similares. Dando codazos, esquivando pisotones, evitando encontronazos y soltando algún mandoble que otro, atisbé la tienda que andaba buscando.

Se me acercó un tipo que también tenía un traje especial que me miró con cierto resquemor y me explicó que tan solo les quedaba una flauta… que en ese preciso instante una pareja con una niña estaba mirando con un deseo que no me gustó nada.

Mis nervios de acero fijaron mi concienzuda forma de proceder. Cogí mi látigo, en forma de bolso, y lo lancé hacia la flauta con la intención de apoderarme de ella. Desgraciadamente, quizá por mi falta de práctica, el lanzamiento salió desviado y fue a parar contra una batería que había en medio del camino, causando un tremendo estruendo al caerse por el suelo bombos y platillos.

Se armó un gran alboroto que traté de aprovechar en mi beneficio, utilizando mi especial poder sensitivo, para apoderarme de la flauta, pero cuando la cogí, para mi desconsuelo, el chico de la pareja que vi mirándola la sujetaba por el otro extremo. No quise abusar de mi tremenda fuerza, por lo que tras forcejear durante un rato con él, el dueño del establecimiento me pidió de malos modos que lo abandonara…

La cosa no estaba saliendo como yo pensaba, y si bien nunca hay que darse por vencida, no veía la forma de solucionar el entuerto.

Cuando volvía hacia mi coche, apesadumbrada y sin perspectivas de éxito, un sonido llamó mi atención. Un estridente y desagradable sonido que me sonó a música celestial, y más aún cuando vi a la niña de aquella pareja con la dichosa flauta en la mano, sola, esperando a sus padres…

Era mi momento. Resueltamente me dirigí hacia ella y le pedí el instrumento con amabilidad, intentando convencerla, a lo que la niña me respondió con indiferencia y silencio, mirándome como si fuera extraterrestre. Viendo que quizá no me comprendía y aprovechando mi superioridad física, decidí que podía con ella, así que le arranqué con decisión la flauta de sus manos, dejándola perpleja.

Dándome la vuelta con gallardía y el preciado tesoro en mis manos, emprendí mi camino, extrañada por la facilidad con la que todo se había resuelto, hasta que, sin previo aviso, la niña comenzó a llorar y chillar en un inesperado y traicionero gesto. Con enorme valentía afronté la situación y salí corriendo tan rápido como respondían mis piernas.

Exhausta y agitada llegue a casa tras mi increíble y afortunado éxito. Me lancé sobre el sofá satisfecha y sin sentir remordimiento alguno… aún.

Enseguida acudió la encantadora sonrisa de mi hija a consolarme y a decirme, con entusiasmo, que ya tenía flauta, que se la había traído su padre una hora antes, al que se la había pedido el día anterior…

sambo

There are 2 comments on this post
  1. mayo 17, 2019, 6:46 pm

    Muy bueno.
    Me ha encantado la historia. Que además, no tiene nada de ficción. Tan real como la vida misma (que dicen por ahí).
    Enhorabuena por el relato.
    Saludos

    • sambo
      mayo 17, 2019, 7:29 pm

      Muchísimas gracias por la lectura, JascNet! Un abrazo.

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