LA FAVORITA (2018) -Parte 1/2-

LA FAVORITA (2018) -Parte 1/2-

YORGOS LANTHIMOS

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Microcosmos claustrofóbico, viciado, decadente y degenerado, distorsionado, deformado, ajeno a la humanidad y la sociedad en la que deciden… lugares con un punto de irrealidad y códigos propios donde se desnudan crudamente aspectos de la naturaleza humana que alcanzan al espectador de una manera retorcida, pero impactante…  así plantea Yorgos Lanthimos sus films, eso propone en esta, su cinta menos codificada, sin perder la personalidad.

Reflexiona aquí el director sobre cosas que le obsesionan, los limites y pulsos del poder, el sometimiento, la humillación… desmitifica las cintas de época, sacándolas de su rigidez formal, y resulta en todo momento imprevisible (más allá del conocimiento de la historia contada), sobre quién se impondrá finalmente en ese duelo a tres.

Pictoricista, es una película muy kubrickiana en su cruel y despiadada concepción, así como hay mucho de Welles en la dirección, en esas angulaciones y el uso del Gran Angular el Ojo de Pez, como ya comentaré. Hay mucho de “Barry Lyndon”  (Stanley Kubrick, 1975) aquí, pero también de Visconti y un “El Gatopardo” (1963) o de Bergman y un “Fanny y Alexander” (1982)… cintas de época con una mirada algo turbia, personal, distinta.

 

 

 

Cinta de época fresca, grotesca, barroca, excesiva y contenida a la vez, de buen sentido del humor, cruel, inteligente, que cuenta con grandes interpretaciones, de hecho las tres mujeres están nominadas, aunque se han olvidado de Nicholas Hoult, que está estupendo.

Aunque parezca extraño, la película no está exenta de ternura dentro de su obscenidad, turbiedad, esperpento y sus grotescas y escabrosas situaciones. Pesimista historia de destrucciones que no deja en muy buen lugar a nuestro querido género humano… Un cínico.

 

 

 

El control y la dominación, la dificultad para gestionar y administrar la muerte o las limitaciones, realidades alteradas como universos para los personajes, la soledad y el miedo que provoca, las relaciones manipuladoras (Canino de 2009; Alps de 2011; Langosta de 2015; El sacrificio de un ciervo sagrado de 2017)…

Un Lanthimos, que aquí no es guionista (el guión es de Deborah Davis y Tony McNamara), que no pretende rigor histórico, pero sí usarlo de base para desarrollar y enfatizar las ideas que son de su interés, lo que acomete con gran acierto retorciendo el realismo de la historia y creando un particular universo.

La trama ajena a las intrigas entre las tres es débil y ligera, una excusa bien tratada que sirve de motor para determinadas actitudes y acciones de los personajes. Seguir con la guerra o no. Subir los impuestos para tal menester o no hacerlo. Someter y exprimir más a las clases pobres y hacer caso omiso a sus protestas o decidir por ellos en su “beneficio”.

 

 

 

Estas dos posiciones las lideran el Primer Ministro y el jefe de la oposición (Nicolas Hoult). El partido Tory contra el Whigs. El personaje interesante será el de Harley, el jefe de la oposición, como Lanthimos terminará subrayando en una panorámica donde deja a un lado al Primer Ministro para centrarse en Harley, desde la frontalidad que los encuadraba a los dos.

 

 

 

Hay una sutil confrontación entre la concepción totalitaria y el duelo de partidos, donde Harley sería un hábil manipulador político, siendo uno de los representantes bipartidistas, mientras que la reina aglutina poder decidiendo de modo arbitrario o en función de simpatías. La “huida” de la reina desmayándose para salir del paso es un momento realmente divertido, y es que hay un gran sentido del humor en la cinta.

 

 

Estamos a inicios de 1700, pongamos entre 1704 y 1707, época de la que Lanthimos aglutina distintos hechos ocurrido en años diversos en un lapso de tiempo indeterminado y en un orden que no pretende rigor histórico. Ambientada durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1713), incluso la Batalla de Höchstädt (1704) contra los franceses.

Burbujas de irrealidad

Lanthimos plantea su claustrofóbico film encerrado en un palacio (con alguna breve escapada por un bosque y algún otro recinto cerrado), como una burbuja de distorsión de la realidad en la que, irónicamente, tiene influencia. Una realidad distorsionada, caprichosa, infantil, irreal, ajena a lo que pasa fuera de ese palacio donde sus decisiones tienen consecuencias, aunque poco les importa en general. Todo eso se escenifica con esos planos en Gran Angular y Ojo de Pez mencionados, con esos maquillajes desfasados, con esos entretenimientos burdos, grotescos y esperpénticos retratados a cámara lenta…

 

 

 

Ese palacio, donde el director contará la historia de tres mujeres con tres ambiciones muy concretas, tres anhelos muy marcados, y que se despedirán con tres derrotas igualmente claras, es un escenario, con toda la amplitud del sentido del término.

Lanthimos, aunque cruel e irónico, no muestra ni preferencias ni especial animadversión por nadie, es más, no deja títere con cabeza, sea de la clase que sea y venga de donde venga. Para él, todo ese entorno, seas reina o sirvienta, está podrido (esas sirvientas y sus bromas crueles o tratos con Abigail (Emma Stone) a su llegada son buen ejemplo).

Un mundo creado casi a imagen y semejanza de la reina, que aunque de personalidad débil y poco competente para el gobierno de una nación, aunque deje revolotear a interesados a su alrededor por interés o necesidad, sí es señora de ese entorno. Un universo donde la mentira y el halago son bienvenidos. En constante degeneración.

 

 

 

Es por ello que todo el look de la película aparece con cierta distorsión, con el uso constante del Gran Angular y el ocasional de Ojo de Pez, donde las angulaciones, con esos marcadísimos contrapicados a lo Orson Welles, enfatizan determinados momentos, y otros son destacados resaltando el artificio con otro tipo de recursos, como esas cámaras lentas con las que se describen los grotescos y esperpénticos entretenimientos de palacio, retratados de manera cuasi monstruosa, en esas carreras de patos donde los más animales parecen las personas que por allí pululan, o esa diversión consistente en lanzar frutas a un orondo y maquilladísimo tipo desnudo… Todo con ese contraste que va de lo esperpéntico de las situaciones y gestos a lo estilizado de las formas con la cámara lenta y la música clásica. Muy Kubrick también.

 

 

Contraste que tiene sentido también con el tono de la cinta, que pretende eliminar y transgredir la habitual rigidez y decoro del cine de época. Lo hace desde el primer plano, con el formal procedimiento al desvestir a la reina y la posterior conversación con Sarah (Rachel Weisz) que contradice esa rectitud…

Todo tiene una gran amplitud de foco, haciendo de los decorados algo ampuloso, inmenso, que deben entenderse casi como parte esencial de los personajes, que no tendrían sentido fuera de ellos. Siempre con un especial predominio del plano general o medio, esto último cuando marca esos contrapicados tan abundantes.

Contrapicados siempre dedicados a momentos de confrontación o donde hay sometimiento, sumisión, incluso derrota: Las discusiones políticas, Abigail suplicante ante Sarah, la reina cediendo a la gula para consolarse…

 

 

 

Y es que todos estos aspectos estilísticos no son meros formalismos o cuestiones esteticistas, sino que tienen todo el sentido con el fondo de lo pretendido, de esa aislada burbuja y su microcosmos de seres particulares, organismos que sólo pueden crecer y comportarse de esa manera allí.

Lanthimos retrata estos decorados respecto a los personajes de dos maneras significativas. Utilizando la iluminación o los movimientos de cámara.

 

 

Iluminación que se basa en velas para los momentos de sufrimiento de las tres mujeres. La reina padeciendo de gota, Abigail teniendo que codearse y dormir con el servicio, Sarah sintiéndose engañada o rechazada en el pasadizo que da acceso al dormitorio de la reina…

Y movimientos de cámara, con esas enfáticas y drásticas panorámicas de 90 grados, incluso de 180, donde vemos al personaje y luego al decorado que la va a acoger, donde en ocasiones hay otros personajes, contextos o situaciones significativas. Panorámicas calculadas a la perfección siguiendo a los personajes, pero vinculadas definitivamente con lo anímico, como la mencionada iluminación.

Esto lo podéis ver en este estupendo video, el primero que he editado en mi vida con distintos cortes, que es una obra maestra en sí mismo…

 

 

 

¡Y qué decir de esos exagerados maquillajes! Esos looks casi andróginos, donde muchos de los hombres casi asemejan ser mujeres o donde la propia Sarah aparece con vestuarios masculinizados.

 

 

O ese baile surrealista y anacrónico que despierta la ira de la reina, que parece salido de “El Baile de los Vampiros” (Roman Polanski, 1967)… No son los únicos anacronismos. Muchas de las expresiones, reacciones, comportamientos, intentos de seducción, procuran un descaro desmitificador, una cercanía que se aleje del estiramiento habitual de este tipo de producciones. Un universo propio, en suma.

 

 

 

 

Pero si algo me ha gustado en este sentido, en esta fusión de forma y fondo, esta distorsión de la realidad dentro de un particular microclima, es el uso de la banda sonora. Cada tema está calculadamente utilizado para transmitir una emoción al espectador que se corresponde a la perfección con lo que bulle en el personaje, en quien pone el punto de vista en ese momento. Esa banda sonora rítmica que aparece en momentos tensos, como el penar de la reina. Esa música enfática y enérgica ante momentos de determinación y decisión en Abigail o Sarah. O la felicidad incluso. Esos tonos casi de réquiem para la soledad de la monarca y sus depresiones.

Esas distorsiones, a veces de órgano, otras de violín, para momentos de perturbación o lindantes con la locura (ese pseudointento de suicido de la reina)…

Elementos que distorsionan la realidad y definen la de ese microcosmos. Burbuja viciada y podrida que comienza y termina en sí misma. De ahí los múltiples paralelismos que veremos en las tres protagonistas.

 

 

Además, Lanthimos usa recursos como el flashbacks (el que nos lleva al carruaje de Abigail a su llegada para que veamos su caída al barro y la obscenidad de su acompañante) o los montajes de diverso tipo, montajes paralelos y convergentes, a la par que alternos, en un fantástico juego (por ejemplo cuando Sarah sale envenenada a cabalgar y Abigail se dirige a hablar con Harley).

 

 

 

Una narración que juega con los contrastes igualmente. Amor/Ira, Violencia/Sexo, Comedia/Drama, Ternura/Crueldad…

Dividir la narración en 8 capítulos con extraños títulos es también un recurso que marca la irrealidad del conjunto, como si fuera casi un cuento perverso.

  1. Este barro apesta. 2. Le temo a la confusión y a los accidentes. 3. ¡Vaya traje! 4. Un contratiempo menor. 5. ¿Y si me quedo dormida y me sumerjo? 6. Detén la infección. 7. De eso, me gusta. 8. Soñé que te apuñalaba en el ojo.

Paralelismos

Lanthimos dedica mucho esmero a los paralelismos en su puesta en escena, lo que denota un excelente esfuerzo y talento en la planificación y el guión. Paralelismos en dos vías, con contrastes o con situaciones que acontecerán a las tres protagonistas, aunque sea en tiempos distintos.

Abigail durmiendo en el suelo con el resto del servicio a la luz de las velas, mientras Sarah y la reina viven llenas de comodidades.

 

 

La reina sufriendo los dolores de la gota y Abigail sufriendo una quemadura con lejía (crueles bromas de sus compañeras, porque Lanthimos no deja títere con cabeza). Idea de guión que iniciará el ascenso de Abigail, ya que curará sus dolores con unas hierbas que luego aplicará a la reina mostrando ese carácter decidido, incluso descarado.

 

 

 

Las vomitonas. Nuestras tres protagonistas vomitarán, pero lo harán por distintos motivos, en función de sus caracteres, necesidades y anhelos.

La reina vomitará por culpa de las tremendas comilonas a las que se entrega para saciar sus anhelos de amor, compañía, cariño… Imágenes esperpénticas que la desvirtúan desde el mismo estilo de Lanthimos (planos en Gran Angular, contrapicados, distorsiones…).

 

 

Sarah vomitará por culpa de un envenenamiento, el que le provoca Abigail en su lucha por el favor de la reina. Es víctima de su prepotencia y soberbia, haciendo de menos a esa prima que cree vulnerable e inofensiva. Su regodeo en el poder le hace a ella vulnerable, creerse inmune.

 

 

Abigail vomitará por una borrachera, saciada en su conquista, creyendo haber logrado su propósito al hacerse con el favor de la reina y eliminar del tablero y sus objetivos a Sarah.

 

 

 

Dentro de los paralelismos podemos también incidir en los duelos. Uno de los que más me gustan es el que tiene lugar con simbólicas palomas.

La primera vez que veamos los duelos de tiro será una vez Abigail alivie los dolores de la reina. Es casi un acto de agradecimiento y camaradería. La altiva Sarah es aficionada al tiro, es una experta tiradora. Así lo demuestra llevándose a su prima Abigail a practicar. No hay rival. El dominio de Sarah es completo, dando clases, consejos y lecciones para corregir la torpeza y falta de destreza de Abigail.

La segunda ocasión será tras el encuentro de Abigail con Harley y las insinuaciones de éste para influir en la reina. Al desvelárselos a Sarah está no dudará en imponer su poder. Abigail recibirá una explícita amenaza de su benefactora, segura en su prepotencia, disparándola sin bala… Terminando la escena en posición de superioridad ante la abatida Abigail.

 

 

 

La tercera y última vez observaremos que la mejora en la puntería de Abigail ha sido tremenda, venciendo en su particular duelo por 12 a 11. Se está dirimiendo el favor de la reina. Este tercer duelo será cuando veamos la especial complicidad que va creciendo entre la reina y Abigail. El duelo finalizará con una distancia aún mayor, 13 a 11, salpicando de sangre de paloma el rostro de Sarah al conseguir un último blanco, justo antes de que un mensajero acuda a llamar a una de las dos para reunirse, precisamente, con la reina… llamar a Abigail. Una simbólica lucha de poderes ante la que Sarah se revelará mostrando sus celos…

La evolución consumada.

Y es que los animales tienen cierto carácter alegórico. Son como ese pueblo que está obligado a padecer las arbitrariedades que allí se cometen. Por eso los animales que se relacionan con los personajes son sumisos, están encerrados o son utilizados para la diversión. Los conejos de la reina, los patos usado para las carreras, las palomas que disparan y matan… paralelismo con esa sociedad de la que hablan y a la que someten, exprimen a impuestos o llevan a la guerra…

 

 

 

 

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sambo

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